La matemática aplicada al fútbol dejó de ser una curiosidad académica el día en que un masajista argentino encontró una botella de agua junto al banco de suplentes inglés. Lo que descubrió allí no era una simple anotación, sino el resultado de años de investigación científica reducido a instrucciones cifradas: un manual de penales basado en patrones estadísticos, comportamientos predecibles y teoría de juegos. Ese hallazgo casual durante la Copa del Mundo reveló algo que trasciende lo deportivo: la manera en que la información asimétrica puede transformar un juego que durante un siglo se resolvió casi por azar. El descubrimiento planteó interrogantes incómodos sobre la preparación de selecciones rivales, las ventajas que genera el acceso a datos y, sobre todo, si la ciencia económica podía inclinar la balanza en uno de los momentos más inciertos del fútbol.

Cuando un economista decidió analizar miles de disparos

Ignacio Palacios Huerta, profesor de la London School of Economics y economista español de origen vasco, dedicó años a una tarea que parecería obsesiva: recolectar, documentar y analizar el comportamiento de jugadores en situaciones de penales. No lo hacía por pasión deportiva, sino porque reconoció en esos momentos un laboratorio perfecto para estudiar cómo los actores toman decisiones bajo presión extrema. Su perspectiva era la de un investigador de la teoría de juegos, esa rama de la economía que estudia interacciones estratégicas entre múltiples agentes donde el resultado de cada uno depende no solo de sus acciones sino también de las de los otros.

Durante más de una década, Palacios-Huerta compiló dos investigaciones monumentales. La primera incluyó información de más de mil penales disputados en competiciones tanto nacionales como internacionales. Pero eso fue solo el comienzo. Su segundo estudio amplió exponencialmente el universo de datos: analizó 2.820 penales correspondientes a encuentros jugados entre 1970 y 2008. Esos números no eran arbitrarios. Buscaba patrones, regularidades, desviaciones. Buscaba, en esencia, reducir la incertidumbre mediante el análisis estadístico riguroso. El trabajo no era meramente descriptivo; tenía un propósito teórico profundo: validar o refutar proposiciones fundamentales de la teoría de juegos, particularmente el concepto de equilibrio de Nash, desarrollado décadas atrás por el matemático estadounidense John Nash.

Los penales como espejo de la racionalidad económica

La genialidad del análisis de Palacios-Huerta residía en reconocer que los penales constituyen lo que en economía se denomina un "juego de suma cero". Esto significa que los recursos en disputa son fijos: alguien gana exactamente lo que el otro pierde. No hay negociación posible, no hay cooperación estratégica, no hay zona gris. O el balón cruza la línea de meta o no lo hace. El arquero obtiene el máximo beneficio (evitar el gol) o el mínimo (concederlo). El pateador experimenta lo contrario. En ese contexto, ambos competidores deben elegir sus acciones sin saber con certeza qué hará el rival, pero teniendo información sobre cómo ese rival ha actuado históricamente.

Los hallazgos de la investigación revelaron patrones fascinantes sobre el comportamiento de los lanzadores. Los disparos no se distribuían al azar. Aproximadamente el 60 por ciento de los tiros iban dirigidos hacia la derecha de la portería, mientras que el 40 por ciento apuntaba hacia la izquierda. Esta asimetría tenía una explicación simple pero determinante: la mayoría de los futbolistas son diestros, lo que genera una preferencia biomecánica natural. Sin embargo, y aquí radica lo verdaderamente relevante, la tasa de conversión permanecía prácticamente idéntica alrededor del 80 por ciento en ambos casos. ¿Qué significaba esto? Que los arqueros, sin contar con información científica explícita, ya habían aprendido a compensar esa tendencia mediante la experiencia acumulada. Los pateadores, a su vez, sabían que los guardametas esperaban su lado débil y ajustaban sus movimientos en consecuencia. El sistema había alcanzado lo que Nash denominó un equilibrio: una situación donde ninguna de las partes podía mejorar su posición cambiando unilateralmente de estrategia.

Pero el equilibrio de Nash no es estático cuando entra en juego la información. Si un arquero o un pateador obtiene datos específicos sobre las preferencias del rival, puede explotarlos, ganando una ventaja decisiva. De allí surgió el modelo desarrollado por Palacios-Huerta: crear sistemas que proporcionaran información detallada, actualizada y personalizada sobre los patrones de comportamiento de los adversarios. Esa información, cuando es correcta, acerca el juego hacia un resultado más predecible. Y lo predecible, en una competencia, puede significar la diferencia entre ganar y perder.

Del laboratorio a la cancha: cómo Chelsea y la FA inglesa adoptaron la ciencia

La teoría académica cruzó el umbral hacia la práctica profesional cuando instituciones deportivas decidieron contratar los servicios de Palacios-Huerta. El equipo inglés Chelsea fue uno de los primeros en implementar su modelo de análisis de penales. Pero el verdadero punto de inflexión llegó cuando la Federación de Fútbol de Inglaterra incorporó el sistema de manera formal. Esto significaba que todas las selecciones que participasen en torneos bajo la jurisdicción de esa federación tendrían acceso a las listas de preferencias de sus rivales: información compilada, analizada y presentada en formatos accesibles durante los encuentros.

Cuando Thomas Tuchel asumió como director técnico de la selección inglesa en 2024, comentó en términos que revelaban su confianza en el método: señaló que había decidido implementar un programa de preparación de penales basado en principios simples pero eficaces. La esencia de su enfoque era clara: concentrarse en entrenar a los lanzadores más confiables y proporcionarles información estructurada sobre los patrones de sus adversarios. No se trataba de entrenamientos infinitos o estrategias improvisadas, sino de optimizar recursos mediante datos.

El máximo símbolo de esta nueva realidad fue el descubrimiento durante el partido entre Inglaterra y Argentina disputado en la Copa del Mundo. El arquero Jordan Pickford tenía pegado a su botella de agua un documento que, de haber permanecido oculto, habría pasado desapercibido. Pero fue hallado por el cuerpo técnico argentino después del encuentro. El contenido era revelador: se trataba de una lista titulada "Argentina Penalty Taker List", un catálogo con instrucciones precisas para cada jugador de la selección argentina que participaría en una tanda de penales.

El machete de Pickford y sus revelaciones incómodas

Las instrucciones en la botella de Pickford seguían un formato que replicaba el sistema de Palacios-Huerta: cada futbolista argentino tenía asociadas palabras clave en inglés que indicaban qué debía hacer el arquero en respuesta. "Fake left, dive right" significaba que el jugador tendía a amagar hacia la izquierda para finalmente disparar hacia la derecha. "Fake right, dive left" invertía ese patrón. Para algunos futbolistas, como se consignaba para Montiel, la instrucción era más directa: "dive left" (tirarse a la izquierda).

Las indicaciones se aplicaban a los pateadores más peligrosos de la delegación argentina. Messi tenía anotado que amargaba hacia la izquierda antes de tirar hacia la derecha. Enzo Fernández aparecía en la lista. También Nicolás González, Alejandro Montiel y Alexis MacAllister. Cada uno de estos futbolistas, sin saberlo, había sido estudiado a través de sus actuaciones previas, sus tiros en entrenamientos captados por cámaras o su historia de lanzamientos en partidos oficiales. Su conducta había sido codificada, reducida a patrones, transformada en instrucciones tácticas.

Cuando Marcelo D'Andrea, masajista de la selección argentina, encontró la botella y un grupo de jugadores se acercó a descifrar su contenido, ocurrió algo que ningún economista había anticipado completamente en sus modelos. Enzo Fernández, al leer que su patrón de tiro había sido identificado (disparar al medio), reaccionó no con frustración sino con determinación. Su respuesta fue casi desafiante: "Dice que pateo al medio, ojo, eh... la próxima la pico, gracias". Esas palabras encerraban una lección que trasciende los modelos matemáticos. Fernández no solo reconocía haber sido identificado, sino que anunciaba, de manera explícita, que cambiaría su comportamiento futuro precisamente porque sabía que el rival poseía esa información.

El dilema de la información imperfecta y la reacción estratégica

Lo que sucedió en ese momento fue una manifestación práctica de un principio que los economistas conocen pero que rara vez logran capturar en sus ecuaciones con precisión: la reacción del otro ante el descubrimiento de que ha sido descubierto. John Maynard Keynes, uno de los pensadores económicos más influyentes del siglo XX, una vez afirmó algo que resume esta problemática: cuando los hechos cambian, él cambia su opinión. ¿Qué hace el otro? La pregunta de Keynes contenía una ironía implícita: la mayoría de las personas, cuando se enteran de que su comportamiento ha sido mapeado y estudiado, modifican ese comportamiento.

El modelo de Palacios-Huerta se construía sobre el supuesto de que los datos reflejaban patrones consolidados y, en cierta medida, automáticos. Un futbolista que ha pateado mil veces hacia un lado tiende a hacerlo nuevamente. Pero esa tendencia es una probabilidad, no una ley física. Una vez que el futbolista sabe que su rival está consciente de esa inclinación, el cálculo cambia. La información deja de ser asimétrica (uno sabe y el otro no) y se convierte en común (ambos saben que ambos saben). En esa circunstancia, la ventaja del que posee datos se erosiona significativamente.

El contexto laboral de estos futbolistas añade otra dimensión. Pickford juega para el Everton en la Premier League inglesa. Fernández, por su parte, desempeñaba sus funciones en el Chelsea en el momento en que este hecho ocurrió. Es decir, ambos competidores tenían la posibilidad de volver a enfrentarse, potencialmente en un contexto donde la información ya había sido compartida entre ellos. Pickford sabría que Fernández conoce sus análisis, y Fernández sabría que Pickford sabe que él sabe. Este es el problema de la información en contextos repetidos: la revelación de datos destruye la utilidad de esos datos.

La pregunta que Argentina no se formuló

Palacios-Huerta, siendo vasco y aficionado del Athletic Club, probablemente siguió con interés especial los torneos en los que participaba la selección española. La pregunta que emerge naturalmente es si España, competidor tradicional de Argentina en competiciones internacionales, también tenía compilada una lista equivalente: un análisis de los patrones de tiro de los futbolistas argentinos. ¿Poseía España información sistemática sobre cómo pateaban sus rivales potenciales? Y, simétricamente, ¿tenía Argentina una lista equivalente sobre los penales de los futbolistas españoles?

La respuesta a estas preguntas define el alcance real de la ventaja competitiva que genera este tipo de investigación. Si solo una de las partes posee datos, la asimetría informativa puede ser decisiva. Si ambas partes los poseen en igual medida, el equilibrio se restaura, aunque ahora operando desde un nivel superior de conocimiento mutuo. Si una parte desconoce que la otra posee esa información, la ventaja es máxima. Pero si ambas saben que la otra sabe, como ocurrió después del descubrimiento de la botella de Pickford, el terreno se nivela nuevamente.

Lionel Messi, siendo el futbolista más experimentado de la delegación argentina, había pateado innumerables penales a lo largo de su carrera. Su nombre específico aparecía en la lista de Pickford: "Amagar a la izquierda, tirarse a la derecha". Eso significaba que los analistas habían identificado una tendencia en su comportamiento. Messi, con toda probabilidad, ya conocía esa tendencia en sí mismo. La pregunta era si cambiaría su comportamiento ahora que sabía que el rival también lo conocía. O si, cálculando que el rival esperaría un cambio, mantendría su patrón para sorprender nuevamente. Este es el tipo de cálculo que la teoría de juegos estudia como "pensamiento de orden superior".

Penales, probabilidad y el destino de las finales

Existe una verdad estadística que Palacios-Huerta también investigó: la secuencia de lanzamientos en una tanda de penales confiere una ventaja objetiva al equipo que comienza. Sus datos revelaron que el equipo que realiza el primer disparo gana aproximadamente en el 60 por ciento de los casos. El equipo que corre en segundo lugar enfrenta una presión psicológica adicional: debe responder, no solo convertir, sino hacerlo mejor que el rival anterior. Ese factor psicológico, difícil de cuantificar pero real, pesa más de lo que muchos análisis reconocen.

En las últimas cinco Copas del Mundo disputadas hasta el momento del descubrimiento de la botella de Pickford, dos finales se definieron mediante penales. La primera fue Alemania versus Italia en 2006. La segunda fue Francia versus Argentina en Catar en 2022. Eso significa que una de cada 2.5 finales mundialistas se resolvió desde los doce pasos. Si la próxima final también se definiera por penales, estaríamos ante una tercera en cinco oportunidades, lo que supondría una desviación interesante respecto a las frecuencias históricas.

Sin embargo, los propios análisis de Palacios-Huerta sugieren que los penales siguen siendo, en esencia, una "lotería", como él mismo los