En poco más de una semana, la agenda de los operadores del comercio exterior argentino tendrá un punto de referencia ineludible. El 16 de septiembre, desde las 8:30 de la mañana hasta pasadas las 13:30, el espacio físico de Libertad 1340 se transformará en epicentro de discusiones que prometen dar forma a cómo empresas, instituciones financieras y profesionales enfocarán sus estrategias en los próximos meses. Más allá de la simple transmisión de información, esta convocatoria representa un momento donde convergen múltiples capas de la economía real: desde las pequeñas y medianas empresas que dependen de la importación y exportación, hasta los grandes corporativos multinacionales que movilizan volúmenes significativos de comercio bilateral. Lo que suceda en esas horas incidirá directamente en cómo se toman decisiones sobre inversión, financiamiento y posicionamiento en mercados externos.
El panorama complejo del comercio argentino en 2026
La realidad que enfrentarán los asistentes es la de un país que busca redefinir su rol en los circuitos internacionales de negocios. Argentina históricamente ha sido un actor relevante en el comercio global, pero los últimos años han traído transformaciones regulatorias, cambios en los regímenes cambiarios y nuevas exigencias normativas que obligan a replantear estrategias. La jornada que se avecinará llevará el título explícito de "Comercio Exterior 2026: evolución y desafíos aduaneros, cambiarios y operativos", una denominación que sintetiza exactamente dónde radica la atención: no en nostalgias por modelos previos, sino en cómo navegar el presente y proyectarse hacia adelante. Los temas que se abordarán van más allá de lo teórico; tocan directamente procedimientos, trámites, normas que atraviesan cada transacción comercial. Para una pyme que necesita importar insumos o para un exportador de commodities que enfrenta fluctuaciones cambiarias, estos detalles operativos significan la diferencia entre rentabilidad y pérdida.
El público convocado no es homogéneo. La invitación apunta a empresas de todos los tamaños que participen en flujos de importación y exportación, instituciones bancarias y financieras que estructuran estos negocios, agentes aduanales que tramitan la documentación, profesionales del derecho, contadores que manejan la complejidad fiscal, y especialistas en regulaciones cambiarias. Esta diversidad de participantes refleja una realidad: el comercio exterior no es asunto de un único actor sino de un ecosistema donde cada pieza juega un rol. Cuando se reúnen bajo un mismo techo agentes de aduana con directivos de multinacionales, y abogados especialistas con funcionarios públicos, emergen perspectivas múltiples sobre un mismo problema.
Las piezas del rompecabezas: qué se debatirá en profundidad
La apertura correrá a cargo de Juan Carlos Lannutti, titular de la Cámara de Sociedades, quien dará tono a la jornada. Luego, la primera sesión formal apuntará directamente a diagnosticar dónde se encuentra el comercio exterior argentino en este momento. Fernando Brun, funcionario con responsabilidad sobre relaciones económicas internacionales, expondrá sobre la actualidad del sector. Su presentación será moderada por Carlos Oteiza Aguirre, director ejecutivo de la entidad organizadora. Este segmento inicial es crucial porque establece un baseline: qué está pasando ahora, cuáles son los números, cuál es el contexto macro en el que operan todos los demás actores.
La segunda sesión escalará hacia una dimensión más estratégica: la inserción internacional y la atracción de inversiones. Aquí entra en juego la OCDE, organización que durante décadas ha funcionado como referente normativo y de mejores prácticas para países desarrollados. Marcelo Scaglione, director del Centro Internacional para la Convergencia con la OCDE, presentará cómo este organismo puede actuar como herramienta para que Argentina consolide su posición competitiva en flujos de capital internacional. Para un país que históricamente ha tenido relaciones fluctuantes con organismos multilaterales, el enfoque en OCDE sugiere una apuesta hacia mayores estándares de regulación y transparencia como atractivo para inversores.
Pero la jornada no eludiría las cuestiones técnicas de fricción regulatoria. Un bloque específico abordará las posibles reformas al Código Aduanero, documento legal que estructura todo lo referido a trámites fronterizos. El abogado Horacio F. Alais, especialista con trayectoria en la materia, encabezará esta sesión mientras Gustavo Enrique Müller la moderará. El Código Aduanero es uno de esos instrumentos que parece abstracto hasta que una empresa enfrenta una clasificación incorrecta de sus productos o un procedimiento que puede demorar semanas. Discutir sus reformas potenciales es meterse en el corazón operativo del comercio.
Inmediatamente después del descanso del mediodía, el programa pivotea hacia un tema de resonancia política y económica mayúscula: el acuerdo negociado entre Mercosur y Unión Europea. María Victoria Pavicich, funcionaria responsable de política comercial externa, expondrá sobre este proceso. El tratado entre ambos bloques representa potencialmente uno de los mayores impactos para el comercio argentino en la última década. No es un acuerdo menor; implica acceso a mercados, armonización de estándares, oportunidades pero también desafíos competitivos. Las empresas presentes necesitarán entender cómo posicionarse ante estos cambios de reglas de juego.
Los detalles que mueven dinero: regulaciones y novedades legales
La coda de las exposiciones estará dedicada a temas que pueden parecer áridos a los no iniciados pero que son centrales en la gestión cotidiana: valoración en aduana versus precios de transferencia, procesos de armonización regulatoria, y la cuestión espinuda de pagos de importaciones y cancelación de endeudamientos financieros. Estos tópicos tocan directamente el bolsillo. Una valoración incorrecta en aduana dispara el pago de aranceles. Los precios de transferencia —lo que una subsidiaria le cobra a otra— es territorio de vigilancia tanto para autoridades tributarias como para acreedores internacionales. Las tendencias en armonización determinan si una empresa puede usar en Argentina los mismos procedimientos que en otros países o si debe adaptarse. Y la situación de los pagos de importaciones remite a una realidad concreta: cuándo y cómo se liquidan dólares para traer mercadería.
Para participar, los interesados deberán registrarse previamente a través del sitio web de la Cámara de Sociedades. Este requisito, aparentemente administrativo, refleja que se espera una concurrencia significativa. No se trata de una reunión informal sino de un evento estructurado donde se anticipa alta demanda de lugares. La acreditación comenzará a las 8:30, lo que sugiere que algunos llegarán más temprano para garantizar su entrada y para poder conversar en los espacios previos.
Contextualizando históricamente, Argentina ha experimentado ciclos donde el comercio exterior ha sido pivote del crecimiento económico y otros donde restricciones cambiarias y regulatorias lo han limitado. En las últimas décadas, el país ha transitado desde regímenes de control de cambios a períodos de mayor apertura y nuevamente a restricciones de diversa índole. Cada cambio en el marco normativo obliga a los operadores a adaptarse, a reimaginar sus cadenas logísticas, a replantear su financiamiento. Una jornada como la del 16 de septiembre cobra sentido precisamente en estos momentos de transición, cuando hay incertidumbre sobre qué viene pero también oportunidad de influir sobre cómo se definen las reglas.
Las implicancias de esta convocatoria trascienden el evento mismo. Si estas discusiones generan consensos sobre qué reformas aduaneras son necesarias, esos consensos pueden alimentar propuestas legislativas. Si hay claridad sobre cómo las empresas entienden el acuerdo Mercosur-UE, los funcionarios pueden ajustar su comunicación o sus políticas de implementación. Si se visibilizan problemas en la regulación cambiaria o financiera, eso puede catalizar cambios. Por otro lado, reuniones de este tipo también funcionan como espacios donde los actores públicos escuchan preocupaciones del sector privado, detectan trabas que no veían desde sus escritorios, entienden mejor cuál es el impacto real de sus decisiones. La información que fluya en esas horas tiene potencial para convertirse en vectores de cambio en los meses subsiguientes.



