Una decisión corporativa tomada en los últimos días marca un quiebre significativo en la historia industrial de Mendoza. Unilever ha discontinuado las operaciones de su planta de deshidratación de hortalizas ubicada en Guaymallén, cerrando una instalación que durante casi seis décadas fue referencia global en su rubro. Con este cierre se desvinculan 60 trabajadores que formaban parte de la operación local. Lo que muchos no saben es que esta fábrica era única en su tipo dentro de toda la estructura productiva de la multinacional holandesa-británica. El traslado de estas funciones hacia la planta de Pilar, en la provincia de Buenos Aires, representa no solo una reorganización territorial, sino un cambio en la estrategia de la compañía frente a transformaciones profundas en las preferencias del consumidor contemporáneo.
Seis décadas de historia industrial en la región
El complejo mendocino posee raíces que se remontan a 1964, cuando fue construido bajo el nombre de Refinerías de Maíz. Durante cuatro décadas funcionó bajo esa denominación, hasta que en 2005 Unilever adquirió la operación, incorporándola a su portafolio de marcas y procesos productivos. Lo que comenzó como una iniciativa de procesamiento de granos evolucionó hacia un centro especializado en la transformación de vegetales frescos en productos deshidratados de consumo masivo. La instalación se convirtió en un engranaje fundamental de la cadena de valor de Knorr, la línea de sopas y condimentos más emblemática del grupo. Durante años, esta planta fue la responsable de un eslabón crucial: tomar hortalizas crudas provenientes del campo y convertirlas en ingredientes estables que permitieran la comercialización y distribución de sopas instantáneas a nivel mundial.
El alcance geográfico de la operación era considerablemente amplio. La fábrica se abastecía de más de 20 predios agrícolas distribuidos entre Mendoza, San Juan y Córdoba, tejiendo una red de proveedores que extendía los beneficios económicos más allá de la provincia anfitriona. Anualmente, ingresaban a las instalaciones aproximadamente 15.000 toneladas de materia prima fresca, que mediante procesos de transformación se convertían en más de 3.000 toneladas de vegetales en presentaciones deshidratadas: escamas finas, granulados y polvos. Este volumen de procesamiento posicionaba a Guaymallén como un nodo productivo de relevancia en la industria de alimentos procesados del Mercosur.
El proceso productivo y su complejidad técnica
Lo que sucedía dentro de esas instalaciones era una operación compleja que requería conocimiento especializado y tecnología calibrada. Las hortalizas, una vez recibidas, ingresaban a siete hornos de deshidratación donde se sometían a aire caliente controlado que reducía progresivamente su contenido de humedad. El proceso no terminaba allí: una vez deshidratadas, las muestras pasaban por etapas de almacenaje, pesaje, selección y separación según estándares de calidad establecidos por normas internacionales. Este ciclo completo —desde la recepción de la hortaliza fresca en el campo hasta su empaque como ingrediente final— ocurría completamente dentro de las paredes de esta única instalación global. No existía otra fábrica de Unilever en el mundo que realizara la totalidad de este proceso integrado. Eso la hacía insustituible desde la perspectiva técnica, aunque no desde la óptica económica o estratégica.
La compañía había comenzado a realizar ajustes en su operativa mucho antes del cierre definitivo. Durante 2023, cuando aún regían restricciones cambiarias en Argentina, Unilever ejecutó una estrategia de sustitución de importaciones: los vegetales deshidratados que tradicionalmente provenían del extranjero fueron reemplazados por producción nacional. Parte de lo que se fabricaba en Mendoza se exportaba hacia mercados como Brasil y México, consolidando la posición de la planta como proveedora regional. Otra porción significativa se trasladaba hacia el complejo de Pilar, donde se utilizaba como ingrediente en otras presentaciones de sopas, pastas y productos afines de la marca Knorr.
La metamorfosis del consumo y la reconfiguración empresarial
Los ejecutivos de Unilever han argumentado que esta decisión responde a cambios estructurales en los hábitos de consumo que atraviesan mercados globales. Según la compañía, las sopas instantáneas presentan un patrón de demanda estacional, concentrado principalmente en los meses invernales. En contraste, categorías como arroces, pastas y platos listos mantienen una demanda más constante a lo largo del año. Frente a esta realidad, Knorr ha lanzado al mercado una nueva generación de productos: ramen, risottos de preparación rápida, pastas saborizadas y comidas que requieren un tiempo mínimo de cocción. La lógica detrás de esta transformación es clara: los consumidores contemporáneos priorizan la practicidad y la versatilidad temporal de los alimentos, rechazando categorías asociadas a momentos específicos del calendario climático.
Desde la perspectiva corporativa, Unilever plantea que esta reestructuración forma parte de una evolución permanente del modelo operativo. La compañía destaca que lleva más de un siglo operando en la Argentina, acumulando experiencia en adaptación a contextos cambiantes. La concentración de la deshidratación de vegetales en Pilar permitiría, teóricamente, optimizar costos fijos, mejorar eficiencias logísticas y responder con mayor velocidad a demandas de mercado. El comunicado oficial señala que la decisión "no afecta la continuidad de las operaciones de Unilever en el país ni a la marca Knorr, que seguirá desarrollando y comercializando sus productos". Se subraya que la medida representa parte de un proceso de "transformación permanente del modelo operativo para seguir fortaleciendo la competitividad y adaptarse a los cambios que atraviesan los hábitos de consumo y la industria a nivel global".
El impacto laboral y los acuerdos sindicales
Para los 60 trabajadores desvinculados, la decisión corporativa representa una disruption inmediata en sus trayectorias profesionales y económicas. Sin embargo, la compañía ha expresado que acompañará "con responsabilidad y respeto a las personas alcanzadas por esta decisión" y que cumplirá "con todas las obligaciones previstas en el marco legal vigente". En el sector, se informó que todos los acuerdos de desvinculación ya han sido suscritos tras diálogos con la representación sindical. Esto sugiere que se alcanzó algún tipo de consenso respecto a indemnizaciones y condiciones de separación, aunque los detalles específicos de esos arreglos no han sido divulgados públicamente.
Perspectivas y consecuencias en el mediano plazo
El cierre de esta instalación abre múltiples interrogantes sobre las dinámicas futuras del sector agroalimentario argentino y las estrategias de las grandes multinacionales en contextos de volatilidad económica. Por un lado, existe la posibilidad de que empresas más pequeñas o locales intenten ocupar el espacio dejado por Unilever, desarrollando capacidades en la deshidratación de vegetales para abastecer tanto al mercado doméstico como a exportaciones. Por otro, el traslado de operaciones a Buenos Aires refuerza una tendencia de concentración industrial en la región metropolitana, con potenciales consecuencias para el empleo en regiones productoras como Mendoza, San Juan y Córdoba. Algunos analistas podrían argumentar que esta decisión evidencia la dificultad que enfrentan las provincias para retener inversión industrial en contextos de cambio tecnológico y presión por eficiencia operativa. Otros, en cambio, podrían interpretarla como un ajuste pragmático frente a transformaciones reales en los patrones de consumo que ninguna empresa puede ignorar sin riesgo de perder relevancia comercial. Lo cierto es que esta reestructuración marca un punto de quiebre en la geografía productiva de un segmento que durante décadas fue emblemático de la industrialización regional argentina.



