Un fenómeno político de magnitud considerable está tomando forma en Colombia de cara a los comicios presidenciales de junio. Abelardo de la Espriella, un abogado especializado en derecho penal sin experiencia en cargos públicos electivos, encabeza las preferencias electorales para la segunda vuelta que enfrenta la república andina a una encrucijada democrática de consecuencias imprevisibles. Su ascenso no constituye un hecho aislado en la región, sino que se inscribe dentro de un movimiento más amplio que ha ido desplazando del poder a gobiernos de orientación progresista en buena parte de América Latina. Lo que distingue a De la Espriella de otros candidatos similares que han ganado elecciones en años recientes es la minuciosidad con la que ha absorbido y adaptado estrategias de figuras políticas tan diversas como Nayib Bukele en El Salvador, Donald Trump en Estados Unidos, Javier Milei en Argentina y Daniel Noboa en Ecuador.

Una carrera construida sobre la marca personal

Antes de ingresar en la contienda política, De la Espriella cultivó una imagen pública mediante la creación de una marca comercial que abarcaba desde bebidas alcohólicas hasta prendas de vestir, pasando por novelas y discos musicales en los que interpreta clásicos del repertorio popular. Todo esto bajo la denominación comercial "De la Espriella Style", un rótulo que encapsula la estrategia que lo distingue: la transformación de la personalidad en producto, la comercialización de sí mismo como una entidad consumible. Su evolución estética—el cambio progresivo desde trajes ejecutivos hacia camisetas informales, gorras de béisbol y una barba cuidadosamente perfilada—refleja con claridad la influencia del líder salvadoreño, quien ha sabido proyectar la imagen de un político diferente a los cuadros tradicionales del establishment.

Sin embargo, las similitudes entre De la Espriella y Bukele trascienden ampliamente lo meramente superficial. Ambas figuras comparten una narrativa central: la promesa de resolver mediante la represión brutal lo que décadas de política convencional no han logrado solucionar. Bukele ha encarcelado al menos el 2% de la población adulta de El Salvador en el marco de su controvertida ofensiva contra las pandillas. De la Espriella ha prometido de manera aún más radical: terminar el conflicto armado de Colombia en apenas noventa días, construyendo para ello "mega cárceles" de carácter privado y eliminando a los criminales con un lenguaje que equipara a los seres humanos con plagas e insectos. Esta retórica deshumanizadora constituye un elemento clave en su estrategia de comunicación política.

Un bricolaje ideológico extraído de múltiples fuentes

Lo significativo en la trayectoria de De la Espriella radica en su capacidad para sincretizar elementos programáticos de distintos líderes de la derecha latinoamericana, creando un híbrido político que amplifica cada componente según el contexto local. Adoptando la metodología argumentativa de Trump, quien le ha otorgado su "respaldo total y completo", el candidato colombiano se desplaza protegido permanentemente por cristales blindados durante sus intervenciones públicas. Asimismo, ha anunciado su intención de hundir embarcaciones identificadas como potenciales transportistas de estupefacientes, una medida que evoca los ataques aéreos estadounidenses que han causado más de doscientas muertes en el Caribe y el Pacífico oriental. Del modelo argentino ha extractado la propuesta de un ajuste fiscal de carácter "motosierra", con reducciones profundas del gasto público federal, aunque preservando invariablemente el presupuesto militar. De Ecuador toma prestada la disposición a recurrir a estados de emergencia para reprimir actividades delictivas organizadas. De Brasil, particularmente del legado Bolsonaro, ha incorporado la apropiación política de símbolos nacionales tales como la camiseta de fútbol, transformándola en un estandarte de su movimiento político.

Según Tiziano Breda, analista senior de la organización Acled dedicada al estudio de conflictos armados, De la Espriella ha modelado conscientemente su trayectoria política sobre la de Bukele, quien se autodenomina irónicamente el "dictador más cool del mundo". "Aspira a convertirse en Bukele", afirmó el especialista. Pero las aspiraciones y las realidades políticas frecuentemente divergen de manera sustancial. A diferencia de Bukele, quien ejerce un control férreo sobre el aparato legislativo de El Salvador, De la Espriella debe confrontar una realidad parlamentaria que lo limita severamente: su partido dispondrá únicamente de cuatro escaños de los ciento ocho senadores y tan solo uno de los ciento ochenta y ocho diputados. Esta carencia de mayoría legislativa constituiría un obstáculo significativo para la concentración del poder ejecutivo que caracteriza al modelo salvadoreño.

La ola anti-incumbente y el rechazo al sistema de partidos tradicionales

Según los análisis disponibles, el liderazgo de De la Espriella no refleja tanto una ola de ascenso de las fuerzas de extrema derecha como una manifestación más general de rechazo hacia los gobiernos en ejercicio. Breda describe este fenómeno como una "ola anti-incumbente" que ha expulsado del poder a presidentes identificados con el progresismo, quienes hace cuatro o cinco años eran considerados parte de la nueva "marea rosa" que caracterizó la primera década del siglo veintiuno en América Latina. Paralelamente existe una "insatisfacción generalizada dirigida hacia el sistema de partidos políticos", que tiende a favorecer a candidatos que se presentan como externos al establishment convencional. Se suma a esto una presión creciente desde Washington, que ha puesto de manifiesto que la "alineación ideológica más estrecha con la capital estadounidense acarrea beneficios concretos, tales como asistencia económica en Argentina o cooperación en seguridad en Ecuador".

Colombia permanece actualmente como uno de los pocos países latinoamericanos aún gobernados por fuerzas políticas de izquierda, junto con México, Uruguay y Brasil. El panorama regional muestra transformaciones políticas aceleradas: Perú celebrará este domingo una segunda vuelta entre la candidata de extrema derecha Keiko Fujimori y el postulante de izquierda Roberto Sánchez. Brasil enfrentará elecciones en octubre, en las cuales el presidente en ejercicio, Luiz Inácio Lula da Silva, se medirá frente a Flávio Bolsonaro, senador de orientación derechista e hijo del anterior mandatario. Significativamente, Flávio Bolsonaro sostuvo recientemente una videoconferencia con De la Espriella. El candidato colombiano ha consolidado el respaldo de la tercera fuerza electoral, representada por Paloma Valencia, además del respaldo de Trump. En Argentina, el apoyo presidencial estadounidense—acompañado de amenazas explícitas de retirar una asistencia financiera previamente comprometida—fue interpretado como determinante en la victoria de Milei en los comicios legislativos de mitad de período, aunque el respaldo de la Casa Blanca fracasó posteriormente en su intento por garantizar la reelección de Viktor Orbán en Hungría.

En el frente opositor, Iván Cepeda, senador de filiación izquierdista respaldado por el presidente Gustavo Petro, propugna la continuación del plan denominado "paz total", que descansa en la negociación para la desarticulación de todos los grupos criminales. Hasta ahora, este enfoque no ha logrado reducir los niveles crecientes de criminalidad violenta que azotan al país. Los primeros movimientos de Cepeda en busca de votos incluyeron amplificar las acusaciones de fraude electoral formuladas por Petro, acusaciones que han sido exhaustivamente desmentidas, así como criticar la utilización que De la Espriella hace de la indumentaria deportiva nacional. Gabriel Cifuentes, analista político, ha señalado que Petro estaría "ocasionando daños considerables a Cepeda" al fungir como "su jefe de campaña", a pesar de que la normativa electoral prohíbe explícitamente la participación abierta de un presidente en ejercicio en contiendas electorales. "La campaña de Cepeda ha manifestado que no desafiará a Petro, pero al no distanciarse de él, están enajenando a sectores centrististas importantes que perciben cada intervención presidencial como un acto autoritario", expresó el analista.

Implicancias democráticas y riesgos de escalada represiva

Independientemente de las limitaciones legislativas que enfrentaría, Breda advierte que la eventual llegada de De la Espriella a la presidencia entraña riesgos significativos para las instituciones democráticas colombianas. El candidato ha demostrado un menosprecio marcado hacia los mecanismos de contrapeso democrático y hacia las consideraciones de derechos humanos en general. Ha interpuesto más de cien demandas contra periodistas y realiza regularmente saludos militares a pesar de no haber prestado nunca servicio en las fuerzas armadas, actos simbólicos que remiten a la apropiación de códigos autoritarios. El especialista manifestó particular preocupación respecto a la posibilidad de que "operaciones de seguridad pudieran tornarse más letales, sin impacto significativo sobre grupos armados pero con consecuencias graves en términos de represalias y exposición de civiles al conflicto".

Breda ha publicado recientemente un informe que demuestra cómo la presión ejercida desde Washington sobre países latinoamericanos y caribeños para que adopten retóricas belicistas contra el narcotráfico propició un aumento del 18% en enfrentamientos entre fuerzas de seguridad y grupos armados durante 2025. Este incremento en la conflictividad podría intensificarse de manera sustancial bajo un gobierno de orientación represiva como el que De la Espriella promete. La paradoja central que surge es que estrategias basadas exclusivamente en la represión, al no dirigirse a las causas estructurales de la violencia—desigualdad económica, acceso limitado a oportunidades, debilidad institucional en territorios periféricos—tienden históricamente a generar ciclos de represalia y contra-represalia que profundizan el conflicto.

Un desenlace incierto con múltiples escenarios posibles

Los comicios del próximo 21 de junio representan un momento de definición para Colombia. Las consecuencias potenciales de un triunfo de De la Espriella se desglosan en múltiples dimensiones. Desde una perspectiva institucional, su limitada presencia legislativa podría actuar como cortapisa ante intentos de concentración de poder, permitiendo que organismos como la Corte Constitucional mantuviesen cierto margen de acción. Alternativamente, un líder menos preocupado por las formas legales podría utilizar decretos de emergencia, presiones sobre fiscales y jueces, y movilizaciones de seguidores para superar esas limitaciones. Desde la perspectiva de seguridad ciudadana, políticas represivas más agresivas podrían lograr resultados tactácticos a corto plazo—reducciones visibles en ciertos indicadores de criminalidad—o acelerar la fragmentación de grupos criminales hacia estructuras más pequeñas y menos predecibles. Bajo una perspectiva de derechos humanos, la implementación de operaciones de seguridad de mayor letalidad entraña riesgos documentables de incremento en víctimas civiles. Desde el ángulo de política regional, un giro hacia políticas más alineadas con directrices estadounidenses podría significar acceso a mayor cooperación en inteligencia y armamento, o podría cristalizar en una estrategia fallida que replique fracasos previos de enfoques militarizados del problema del narcotráfico. Lo que permanece incierto es cuál de estos escenarios—o qué combinación de ellos—terminaría materializándose en la práctica.