Durante seis décadas, el calendario de Pirelli fue sinónimo de un patrón inquebrantable: modelos occidentales, cuerpos estandarizados, una visión única de la belleza global. Ese paradigma acaba de romperse de manera definitiva. La legendaria publicación de la manufacturera italiana de neumáticos, convertida a lo largo de los años en uno de los documentos visuales más influyentes de la industria de la moda, ha tomado una decisión sin precedentes al comprometerse completamente con talentos, escenarios y narrativas originarias de la India. No se trata simplemente de un cambio de locación o de una diversificación superficial: es una reimaginación fundamental de lo que representa la marca en el nuevo contexto global. Las implicancias van más allá del universo de la pasarela, tocando cuestiones de representación, reconocimiento artesanal y la reconfiguración del poder simbólico en la industria creativa internacional.

Un precedente que marca territorio

Desde su lanzamiento en los años sesenta como un simple obsequio promocional para clientes corporativos, el calendario de Pirelli evolucionó hacia algo mucho más complejo: una plataforma donde se definían estándares de belleza, se legitimaban carreras profesionales y se establecían tendencias visuales globales. Durante décadas, esa plataforma operó bajo parámetros de homogeneización estética. La historia es particularmente elocuente: en 1987, la publicación incluía a una Naomi Campbell de apenas dieciséis años en topless, dentro de un elenco compuesto exclusivamente por modelos negras. Sin embargo, incluso esa apuesta por diversidad racial mantuvo los principios visuales de objetificación erótica que caracterizaron el proyecto.

El giro comenzó a hacerse evidente a partir de 2016, cuando la legendaria fotógrafa Annie Leibovitz asumió la dirección creativa. Esa edición celebró a mujeres influyentes de diferentes orígenes y profesiones: desde Serena Williams hasta Yoko Ono. Dos años después, Tim Walker propuso una dirección aún más específica, reservando todo el calendario para modelos negras y situándolas dentro de una narrativa temática que las alejaba de la lógica de exposición corporal pura. No obstante, el retorno en 2025 a imágenes sensuales y desnudas, tanto de mujeres como de hombres, generó una fricción considerable en el contexto contemporáneo de conciencia sobre dinámicas de poder y consentimiento. Es en ese momento de interrogación y crítica donde Pirelli toma su decisión más osada: trasladar la totalidad de su producción 2027 a territorio indio y trabajar exclusivamente con talentos originarios del subcontinente.

El despertar de la India en la moda global

Esta decisión no ocurre en el vacío histórico. Los últimos años han presenciado un cambio palpable en la visibilidad y el reconocimiento de artistas del sur asiático en las esferas más altas de la industria creativa internacional. En marzo de 2023, Christian Dior realizó algo sin precedentes: una presentación de moda de envergadura en el monumento Gateway of India en Mumbai, la primera vez que una gran casa de lujo europea montaba un desfile de colecciones completo en territorio indio. Esa elección no fue estética sino política: implicó posicionar a artesanos e instituciones de bordado indio en el corazón de la narrativa de marca.

Sin embargo, apenas dieciocho meses después, Prada se vio envuelta en una polémica que expuso las tensiones subyacentes en este nuevo orden. Durante un desfile en junio de 2025, la casa italiana presentó sandalias de cuero que replicaban, de manera demasiado similar, las características de los kolhapuri chappals, sandalias tradicionales originarias del occidente indio con siglos de antigüedad. La reacción fue inmediata y contundente. Tras la presión pública, Prada debió reconocer explícitamente los orígenes indios del diseño y envió una delegación para reunirse con los artesanos locales. El episodio ilustra una realidad incómoda: durante generaciones, los textiles, bordados y técnicas artesanales de la India han alimentado las colecciones de las grandes marcas sin que ese aporte fuera siquiera mencionado o compensado. El trabajo de Pirelli emerge, entonces, dentro de un contexto de redistribución de crédito y reconocimiento.

Los rostros y las narrativas de esta nueva India

Bhavitha Mandava, una mujer de veintiséis años nacida en Hyderabad, representa el perfil de esta transformación. Hace apenas meses, su vida cambió de trayectoria de manera abrupta. De ser una estudiante de la Universidad de Nueva York, pasó a convertirse en una de las caras más reconocibles del panorama fashionista internacional. En 2024 se convirtió en la primera mujer india en abrir un desfile de alta costura para Chanel en su emblemática presentación de Métiers d'Art. Su atuendo posterior en la gala del Met, el evento más exclusivo de la moda global, generó conversación internacional. Ahora, fotografiada descalza y envuelta en oro contra los muros milenarios del fuerte de Jaigarh en las colinas de Jaipur, es portavoz de una generación que cuestiona los supuestos previos. Mandava admitió una cierta inquietud inicial frente al proyecto. La historia de objetificación sexual y erotismo asociada al calendario de Pirelli despertaba reservas en ella, considerando el contexto cultural más conservador de la India. "Honestamente, no estaba muy entusiasmada con el erotismo pasado del calendario de Pirelli y esas asociaciones", reconoció. Pero el trato recibido durante la producción transformó su perspectiva, permitiéndole sentir que pertenecía genuinamente al proyecto.

Otra presencia igualmente significativa en este calendario es Anoushka Shankar, una figura que ha redefinido completamente la percepción global del sitar, el instrumento tradicional indio. Su obra ha quebrado géneros y formatos: sus composiciones han aparecido en el último álbum de Gorillaz, legitimando el instrumento en contextos de música contemporánea global. Para Shankar, la participación en el calendario, aparecer con su sitar en sus páginas, representa algo que alguna vez habría parecido impensable. Ella articuló una experiencia que atraviesa a muchos artistas del sur asiático: durante su adolescencia en Reino Unido y Estados Unidos, la identidad india no era percibida dentro de los cánones de belleza occidental. Había momentos en que sentía incomodidad al entrar en ciertos espacios por su herencia cultural. Pero la última década ha reconfigurado ese escenario. La presencia del sur de Asia en la cultura popular global ha experimentado una transformación tan radical que ha desafiado estereotipos antiguos.

Padma Lakshmi, nacida en Tamil Nadu hace cincuenta y cinco años, regresa al calendario de Pirelli por segunda ocasión, pero esta vez con una significación diferente. Su presencia a los cincuenta y cinco años en un proyecto histórico de moda es en sí misma una declaración. Lakshmi, cuya carrera abarca tanto la modelaje como la gastronomía y la conductancia televisiva, vinculó su participación a una conexión profundamente personal con la India. Fue criada en una casa rodeada de mujeres indias, y asocia sus primeros referentes de feminidad a esas mujeres. Regresar a la India para este proyecto le otorga una dimensión de autenticidad emocional. A los cincuenta y cinco años, ella carga consigo una perspectiva histórica única: ha visto cómo la India era representada, casi siempre bajo estereotipos reductores, casi siempre fabricada según gustos occidentales específicos. "Durante mucho tiempo vimos un solo tipo de belleza india, manufacturada para ciertos gustos o ciertos estereotipos estrechos", señaló. "Pero esto demuestra las múltiples caras de lo que significa ser una mujer india en el mundo".

La visión fotográfica y el legado generacional

La dimensión visual del proyecto estuvo originalmente concebida como una colaboración entre dos fotógrafos: Raghu Rai, considerado pionero de la fotoperiodismo indio, y Sølve Sundsbø, fotógrafo noruego de renombre. Los registros de Rai constituyen algunas de las representaciones más vividas y penetrantes de la India jamás capturadas. Sin embargo, en abril de este año, Rai falleció. Su hija, Avani Rai, también fotógrafa, asumió la responsabilidad de continuar con la porción del proyecto que su padre había iniciado. La decisión fue personalmente traumática. "Mi padre siempre fue mi audiencia", expresó Avani. "Y al principio pensé: si él no va a ver estas fotos, ¿por qué debería fotografiar?" La respuesta llegó a través de un proceso de diálogo interno. Avani comenzó a hablar con su padre en su mente, y sintió que él "aparecía en espacios divinos".

Representar la vastedad y la multiplicidad de la India resultaba, por definición, imposible. En cambio, Avani decidió capturar una esencia, enfocándose en las contradicciones y en lo que ella denomina "múltiples universos coexistentes". Como homenaje a su legado, llevó el proyecto de Pirelli hacia las calles: fotografió escenas en las zonas antiguas y deterioradas de Delhi, sus mercados de flores, sus callejones estrechos y sus viejos cines. Esos espacios, cargados de historia y de vida cotidiana, reemplazan el minimalismo o los paisajes exóticos típicos de producciones anteriores. La decisión de Avani representa una filosofía: no se trata de exhibir la India como un escenario decorativo, sino de tejer la belleza femenina dentro del tejido mismo de sus ciudades vivas.

Implicancias y preguntas abiertas

La decisión de Pirelli de enfocar el calendario 2027 completamente en India y en talentos indios abre interrogantes que trascienden el universo de la moda comercial. Por un lado, representa un reconocimiento formal de que la belleza y la sofisticación no son monopolios de Occidente, y que los estándares globales pueden ser reconfigurados por actores fuera del eje tradicional Europa-Estados Unidos. Ello potencialmente alentará a otras instituciones culturales y comerciales a repensar sus propias jerarquías de representación. Por otro lado, existe el riesgo de que se interprete esta iniciativa como un gesto cosmético de inclusión sin transformación estructural más profunda. El hecho de que un calendario dedique una edición a la India no implica necesariamente cambios en cómo se compensan artesanos locales, cómo se distribuyen ingresos, o cómo se redefinen relaciones de poder en la cadena creativa global. Mandava misma, consciente de estas tensiones, advirtió contra la tentación de convertir a mujeres como ella en "representaciones" de un país entero o una raza completa. "Me gusta pensar que mi raza no es lo más interesante de mí", señaló. Esa resistencia a la esencialización sugiere que las beneficiarias de estas plataformas están plenamente conscientes de los límites y las complejidades involucradas. Los próximos años mostrarán si este giro es el comienzo de una reconfiguración duradera o un episodio aislado en la historia de una institución que continúa reproduciéndose sobre los mismos principios subyacentes.