Cuando la historia de Brasil estaba a punto de torcer hacia un rumbo incalculable, un aviador retirado de 65 años se levantó de su asiento y caminó hacia la puerta. No era un gesto dramático ni premeditado. Era un acto de rechazo visceral ante lo que consideraba inaceptable. Carlos de Almeida Baptista Júnior, quien comandaba la Fuerza Aérea brasileña en los momentos más críticos del gobierno de Jair Bolsonaro, acaba de revelar públicamente los pormenores de cómo se gestó un intento de golpe de Estado que pudo haber transformado el destino político de Latinoamérica. Su decisión de permanecer fuera del complot, junto con la del comandante del Ejército, fue determinante para que el golpe nunca se consumara. Ahora, mediante un libro que será publicado esta semana, Baptista Júnior rompe años de reserva militar para contar, con precisión de testigo directo, cómo intentó Bolsonaro mantenerse en el poder tras perder las elecciones de octubre de 2022.

La escena que describe tiene tintes de thriller político. Seis semanas después de su derrota electoral, el entonces presidente convocó a los máximos jefes militares a una reunión de dimensiones históricas. El ministro de Defensa, general Paulo Sérgio Nogueira de Oliveira, extrajo de una carpeta de plástico un documento mimeografiado: un proyecto de decreto que proponía nada menos que invalidar la victoria electoral de Luiz Inácio Lula da Silva y perpetuar a Bolsonaro en la presidencia. Lo que sucedió en aquella sala fue decisivo para la historia de Brasil. Cuando Baptista Júnior comprendió las implicancias de lo que le presentaban —que Lula quedaría impedido de asumir el cargo para el cual había sido elegido—, tomó una determinación que lo marcaría para siempre: rechazaría el documento sin ni siquiera recibirlo. Se puso de pie y abandonó la sala, dejando constancia verbal de su negativa inquebrantable.

La arquitectura del complot y sus eslabones débiles

La investigación exhaustiva que posteriormente condenó a Bolsonaro por intento de golpe de Estado llegó a una conclusión que resuena como un recordatorio de la fragilidad de las instituciones: el golpe fracasó principalmente porque dos de los tres comandantes militares se negaron a participar. Baptista Júnior en la Fuerza Aérea y Marco Antônio Freire Gomes en el Ejército fueron los eslabones que impidieron la consumación del golpe. En contraste, el almirante Almir Garnier Santos de la Marina y el ministro de Defensa Nogueira fueron condenados y actualmente cumplen sus sentencias en instalaciones militares. Bolsonaro, por su parte, permanece bajo arresto domiciliario mientras aguarda otros procesos judiciales.

El silencio de Baptista Júnior durante más de un año resultó ser temporal. Recién cuando fue citado a declarar ante la policía federal en 2024 —ya después de haber dejado su cargo— reveló públicamente los detalles de aquello que había presenciado. Esta demora en hacerlo público ha generado cuestionamientos sobre las responsabilidades institucionales de los militares. Críticos académicos, como Juliano da Silva Cortinhas, investigador del Instituto de Seguridad de la Universidad de Brasilia, señalan que aunque fue positivo que Baptista Júnior dijera no al golpe, su deber cívico habría exigido reportarlo inmediatamente a las autoridades policiales. El tiempo transcurrido entre el intento y la denuncia plantea interrogantes sobre los mecanismos de control interno dentro de la institución castrense.

Años en la política y meses en la obsesión golpista

En su testimonio, Baptista Júnior caracteriza a Bolsonaro como alguien con limitaciones significativas en experiencia política, institucional y administrativa, además de una impermeabilidad casi total a información que contradijera sus creencias preestablecidas. Durante la campaña electoral y después de su derrota, Bolsonaro —quien había pasado tres décadas en puestos políticos menores antes de llegar a la presidencia— ordenó a las fuerzas armadas investigar irregularidades en el sistema electoral. Cuando los militares reportaron que no hallaban anomalías, simplemente rechazó sus conclusiones. Baptista Júnior especula que el expresidente quizá aún hoy no acepta el resultado electoral, aunque reconoce no saber si esto responde a cuestiones de personalidad o si tiene raíces más profundas.

Durante una de las múltiples reuniones entre Bolsonaro y sus comandantes militares —de las cuales Baptista Júnior presenció más de una docena— se produjo un intercambio memorable. Cuando el presidente presentó una propuesta de ruptura institucional, el comandante del Ejército le respondió con una frialdad institucional demoledora: "Si hace eso, tendré que arrestarlo". Bolsonaro negó que este intercambio haya ocurrido, al igual que Freire Gomes. Pero Baptista Júnior lo mantiene en su relato escrito, argumentando que se trata de un momento que ninguno de los presentes podría olvidar. Esta divergencia entre las narrativas de los militares ilustra las tensiones que atravesaron las conversaciones en torno al golpe fallido.

El precio personal de la negativa

El ex pilot militar ha pagado un costo social significativo por su rechazo. Amistades que cultivó a lo largo de años se disolvieron, y en los círculos castrenses algunos lo llaman "traidor" o "sandía" —un insulto militar que refiere a soldados verdes por afuera pero rojos por dentro—. Los ataques comenzaron rápidamente después de que Baptista Júnior se negara a participar del golpe. El general Walter Souza Braga Netto, a quien consideraba amigo y que era compañero de fórmula presidencial de Bolsonaro, ordenó a otros oficiales que lo atacaran en redes sociales con el objetivo expreso de hacer su vida y la de su familia "un infierno". Braga Netto también fue condenado por su rol en el intento de golpe. A pesar de todo, Baptista Júnior decidió escribir el libro que sale a la luz este mes de septiembre, titulado "¡Dije No! Un Dique Contra Golpes", con la convicción de que es necesario documentar la experiencia para evitar que la historia se repita.

Su motivación es clara y casi urgente. A pesar de la abundancia de pruebas presentadas durante el juicio a Bolsonaro, encuestas de opinión recientes muestran que aproximadamente un tercio de la población brasileña aún no cree que haya habido un intento de golpe de Estado. Para Baptista Júnior, esta brecha entre los hechos judicialmente establecidos y la percepción ciudadana representa un peligro democrático. Considera que mantener en el poder a alguien que perdió una elección constituye, por definición, un golpe de Estado. Su libro, publicado poco antes de la primera vuelta de nuevas elecciones presidenciales donde Lula podría enfrentarse a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente y senador de extrema derecha, ha generado acusaciones de que intenta influir en el voto. Baptista Júnior responde aclarando que no votará ni por Lula ni por Flávio, y que critica a ambos en sus páginas. Respecto al timing de la publicación, sostiene que simplemente obedece al proceso natural de redacción y edición.

Paradójicamente, aunque Baptista Júnior ha votado por Bolsonaro en 2018 y 2022, su libro es profundamente crítico con el expresidente. Incluso recuerda un momento descontracturado en una asado donde vio a la entonces primera dama reprender al presidente por beber cerveza. Pero esa familiaridad no lo ha impedido evaluar críticamente el desempeño de Bolsonaro, particularmente su rechazo visceral a información que contradice sus convicciones, como la evidencia científica sobre la efectividad de las vacunas contra el covid-19. Lo que emerge del relato de Baptista Júnior es un retrato de un presidente "completamente consumido por sus esfuerzos por mantenerse en el cargo", alguien cuya obsesión lo llevó a cuestionar constantemente el sistema electoral sin jamás encontrar irregularidades reales que sustentaran sus dudas.

Las sombras que quedan: militancia golpista en las fuerzas armadas

El libro aborda tangencialmente, sin desarrollar extensamente, una de las revelaciones más escalofriantes de la investigación sobre el golpe: un plan gestado por fuerzas especiales del Ejército para secuestrar o asesinar a Lula, a la entonces vicepresidenta electa y a un ministro de la Corte Suprema. Baptista Júnior señala que no fue convocado a esas reuniones y solo se enteró por la prensa. Sin embargo, su testimonio sobre los encuentros donde se discutieron mecanismos para mantener a Bolsonaro en el poder proporciona una ventana sin igual a los mecanismos institucionales de un intento de golpe moderno. En la era de las comunicaciones digitales y en una democracia que cuenta con sistemas judiciales relativamente robustos, el golpe de 2022 en Brasil asumió formas distintas a las de 1964, pero igualmente peligrosas.

El punto final de la reflexión de Baptista Júnior, y quizá el más inquietante, refiere a una realidad incómoda: persisten dentro de las fuerzas armadas brasileñas elementos que considerarían justificado un golpe de Estado bajo ciertas circunstancias. No es posible determinar con precisión cuántos militares en actividad comparten esta visión, pero su existencia documenta una fragilidad institucional que trasciende el fracaso del intento de 2022. Para Baptista Júnior, esto signif que "la vigilancia eterna es el mejor camino". Una frase simple pero que encapsula la tensión permanente entre la normalidad democrática y el riesgo latente que persiste en la región.

Las implicancias futuras en un contexto latinoamericano convulso

La perspectiva de académicos como Cortinhas abre un panorama preocupante para los próximos años. Aunque es positivo que altos oficiales hayan sido condenados por un intento de golpe —un precedente histórico para Brasil—, muchos otros involucrados en la trama escaparon a la justicia y algunos ni siquiera fueron identificados. El sistema de justicia brasileño, a pesar de su avance, permanece incompleto en su capacidad de esclarecer todas las dimensiones del complot. Más aún, Cortinhas advierte que existe un riesgo amplificado de futuros intentos golpistas. El factor novedoso en esta ecuación es la presencia de Donald Trump en la presidencia estadounidense, quien ha buscado influir en elecciones latinoamericanas apoyando candidatos de extrema derecha como Flávio Bolsonaro. En 2022, cuando Joe Biden ocupaba la Casa Blanca, el entonces vicepresidente brasileño reconoció públicamente que un golpe colocaría a Brasil en una "posición difícil ante la comunidad internacional". Aquella consideración del costo geopolítico podría desvanecerse bajo una administración estadounidense con disposiciones distintas.

La pregunta que flota en el aire es cuántos militares brasileños podrían sentirse emboldados si un resultado electoral adverso a candidatos de extrema derecha se produjera mientras la administración Trump niega su legitimidad desde Washington. La comunidad de investigadores en seguridad y política identifica la persistencia de grupos proclives a golpes dentro de las fuerzas armadas como el indicador más preocupante. El castigo judicial a Bolsonaro, Nogueira, Garnier Santos y Braga Netto representa un punto de inflexión institucional, pero no clausura la posibilidad de que nuevos intentos se gesten. La decisión de Baptista Júnior de escribir su testimonio responde, en última instancia, a esta realidad: la democracia brasileña requiere de documentación permanente de sus amenazas y de los actos que las frenaron, porque sin esa memoria inscrita, las tentaciones autoritarias pueden regresar bajo nuevas formas. El tiempo transcurrido entre el intento fallido y su revelación completa plantea interrogantes sobre velocidad de la justicia y sobre cuándo exactamente una sociedad puede considerarse verdaderamente protegida de sus propias instituciones militares.