La maquinaria de una gira musical se detiene cuando el cuerpo falla. Eso aprendió nuevamente Rod Stewart hace apenas unos días, cuando a horas de presentarse en la ciudad de Cincinnati, Ohio, los organizadores del evento anunciaron la postergación de lo que debería haber sido una noche más de su actual "One Last Time", la gira que supuestamente marcará el retiro de los escenarios para el artista británico de 81 años. Lo que comenzó como un domingo normal de agosto se convirtió en una demostración de cómo, incluso para quienes durante décadas dominaron estadios y teatros alrededor del globo, la fragilidad física puede imponer sus propias reglas sin avisar.
A través de un comunicado difundido apenas horas antes de que abrieran las puertas del Riverbend Music Center, la producción del evento explicó que Stewart requería someterse a un procedimiento médico que no podía esperar. Los términos utilizados fueron cuidadosos: "una intervención menor pero que requería atención inmediata". La frase, aunque relativamente vaga, dejaba clara una realidad incómoda: el show simplemente no acontecería según lo programado. Los organizadores aclararon que todas las entradas previamente vendidas mantendrían su validez para la fecha reprogramada, aunque en ese momento aún no había certeza sobre cuándo podría concretarse esa reasignación. La información adicional llegó recién dos días después, el martes, dejando en suspenso a miles de espectadores que ya se preparaban para escuchar clásicos como "Maggie May" o "Tonight's the Night".
Un cuerpo que muestra sus límites en pleno movimiento
Este episodio no constituye un hecho aislado en los últimos meses de Stewart. Apenas dos semanas antes, durante una actuación en Utah, el intérprete se vio obligado a hacer una pausa en medio del espectáculo cuando casi se desvanece sobre el escenario. Con su característico sentido del humor, le preguntó a la audiencia si les molestaba que tomara asiento para continuar con las siguientes canciones. Aquello fue síntoma de un agotamiento físico que aparentemente viene acumulando hace tiempo. Semanas antes de eso, había cancelado una presentación completa en California luego de que sus médicos diagnosticaran una infección respiratoria aguda con laryngitis como consecuencia. En esa oportunidad, Stewart mismo se dirigió a sus seguidores para disculparse por la frustración que su ausencia les generaba, explicando que aunque su cuerpo respondía al tratamiento, su voz aún no estaba en condiciones de soportar el esfuerzo de una función completa.
Lo paradójico fue que justamente después de cancelar aquella presentación californiana, Stewart fue capturado alentando a la selección escocesa en un partido del torneo mundial de fútbol, lo que desató críticas por la aparente contradicción entre la gravedad de su condición para cantar y su disposición para otras actividades públicas. Sin embargo, ver a un hombre de más de ocho décadas celebrando el deporte de su país no es lo mismo que pedirle que lance su voz por dos horas consecutivas bajo luces cegadoras y amplificación de estadio. El cuerpo humano a esa edad responde de maneras impredecibles y selectivas.
Una gira que persevera pese a los obstáculos médicos
Pese a estos inconvenientes, Stewart ha logrado mantener su gira "One Last Time" en movimiento. Apenas días antes de la cancelación en Cincinnati, se presentó en Connecticut, en una función que siguió a otras en Virginia y Nueva York. Su itinerario incluye una parada programada para Cleveland, Ohio, apenas a poco más de una hora de distancia de la ciudad donde se canceló el show, con la intención de mantener su agenda en movimiento durante lo que resta de agosto y se extiende hacia septiembre. Además, tiene previsto un residenciado en Las Vegas, en el histórico "The Colosseum at Caesars Palace", donde innumerables artistas han dejado su marca en la industria del entretenimiento norteamericano.
La denominación de esta gira como "One Last Time" responde a declaraciones que el mismo Stewart formuló hace apenas unos meses. El pasado año, durante el festival de Glastonbury, donde ocupó el espacio de "Legends Slot" en el escenario Pyramid, el cantante sugirió que probablemente cerraría su carrera en vivo con una serie de presentaciones en el Reino Unido programadas para 2027. A principios de 2025, aclaró que sus funciones de arena que iba a realizar serían las últimas de lo que llamó "giras de larga escala mundial". Sin embargo, también dejó la puerta abierta a futuras actuaciones puntuales al aclarar que no tenía intención alguna de retirarse completamente de la vida pública. Era una forma de decir: termina una era, pero no desaparece un artista.
La trayectoria de Stewart abarca más de seis décadas en la industria musical. Desde sus inicios en bandas como The Faces hasta su consolidación como solista con éxitos que atravesaron generaciones, el artista británico acumuló un legado que lo posiciona entre los intérpretes más influyentes del rock contemporáneo. Alcanzó ventas de más de 250 millones de discos a nivel mundial y fue induido al Rock and Roll Hall of Fame. Esa longevidad en los escenarios, sin embargo, también significa que su cuerpo ha sido sometido a décadas de exigencias físicas intensas: viajes, cambios de horarios, noches de práctica, funciones consecutivas. La acumulación de esos esfuerzos no simplemente desaparece con los años; al contrario, tiende a manifestarse de maneras cada vez más insistentes.
Lo que sucedió en Cincinnati, entonces, debe leerse dentro de un contexto más amplio. No se trata solo de un concierto pospuesto, sino del encuentro entre la voluntad de un artista de seguir ofreciendo al público lo que sabe hacer mejor y las realidades biológicas de un organismo octogenario. Las sucesivas interrupciones médicas en esta gira de despedida plantean preguntas que van más allá del entretenimiento: qué tanto puede exigírsele al cuerpo humano en nombre del arte y la profesión, cómo se equilibra la responsabilidad del artista con su público contra la necesidad de preservar la propia salud, y si las giras de "último acto" de veteranos de la música generan presiones adicionales que complican la recuperación. Los organizadores de eventos, las promotoras, los equipos médicos y el mismo Stewart deberán navegar estas tensiones en los meses que restan de una gira que, al parecer, seguirá enfrentando los desafíos que la edad y la resistencia física imponen.



