La música tiene la capacidad de transformar lo rechazado en bandera. BB ASUL acaba de presentar Miss Universo, su más reciente trabajo discográfico, un proyecto que funciona menos como una colección de canciones y más como un manifiesto sonoro dedicado a quienes alguna vez sintieron que sus diferencias los excluían del mundo. En un contexto donde la industria musical argentina sigue explorando nuevas formas de expresión identitaria, esta propuesta se posiciona como una declaración potente sobre cómo convertir la marginalidad en fortaleza.

Lo que distingue a este álbum es su ambición sonora y conceptual. Producido por Dante Saulino junto a los arreglos de Alejandro Terán, Miss Universo recorre un territorio musical que abraza el grunge, el nu metal, el rock y el pop, sin pretender ser monolítico en su identidad sonora. Este eclecticismo no responde a capricho estilístico, sino a una estrategia deliberada: cada género elegido representa una forma diferente de gritarle al mundo que la diferencia existe y, más importante aún, que merece ser escuchada. Las grabaciones se realizaron en tres espacios distintos —Viet Music House bajo la dirección de Ramiro Colomer, Saulino Music y Unísono con Luciano Nicolás Gordillo— lo que sugiere un proceso de creación distribuido, reflexivo, donde cada ambiente aportó su propia acústica y sensibilidad al resultado final.

Una propuesta que antecedió a la publicación oficial

Antes del lanzamiento integral del disco, BB ASUL compartió tres adelantos que funcionaron como cartas de presentación de lo que vendría. "Tabaco Para Armar" fue el primero, seguido por "Ajedrez" en colaboración con Massacre, y luego "Colmillos" junto a Taichu. Estos single anticiparon la dirección que tomaría el álbum completo: canciones densas, con peso sonoro, que no buscan agradar a través de la simplificación sino que convidan a sumergirse en texturas más complejas. Cada colaboración trajo voces y perspectivas complementarias, expandiendo el universo creativo de la artista sin diluir su visión central. Esta estrategia de revelación gradual permitió que el público se familiarizara con la propuesta antes de acceder al obra completa, creando expectativa y contexto.

El disco lleva el nombre de uno de sus temas principales, "Miss Universo", que cuenta con la participación especial de Lali. Esta canción funciona como eje temático del proyecto: un diálogo entre dos voces que representan sendas formas de existir fuera de los márgenes establecidos. El videoclip oficial, disponible en la plataforma de YouTube, visualiza esta propuesta y se convierte en complemento visual de un discurso que trasciende lo puramente musical. La elección de título no es ingenua. Miss Universo evoca belleza, competencia, validación externa; pero aquí se invierte el significado: la verdadera belleza, sugiere el álbum, reside en aquello que fue condenado, en lo que nunca ganaría un concurso convencional, en la rareza misma.

La rareza como acto político y emocional

El corazón del proyecto radica en su declaración de amor explícita hacia "los raros, las raras, lxs deformes, los feos", una frase que rechaza cualquier eufemismo o suavidad. BB ASUL no busca reivindicar la diferencia de forma palatable o comercial; en cambio, la enfrenta de frente, sin intermediarios. Esto constituye un posicionamiento arriesgado en una industria que típicamente busca la inclusión como tema estético sin profundizar en sus implicancias. Aquí, la inclusión no es un trend sino una necesidad urgente, un reclamo de quienes aprendieron que la diferencia marcó sus trayectorias de formas profundas. El disco transforma esa experiencia en identidad activa: ya no se trata de tolerar lo diferente, sino de celebrarlo como fuente de poder y creatividad. Esta inversión de valores es donde reside la radicalidad del proyecto. Históricamente, el rock y el metal han sido géneros donde la marginalidad encontró expresión; BB ASUL retoma esa tradición pero la expande hacia territorios de introspección emocional que el metal tradicional no siempre aborda.

Los detalles técnicos del proceso de producción revelan una atención minuciosa. La mezcla y masterización estuvieron a cargo de Santiago de Simone en 7AM Suite, mientras que Agustín Siffredo participó como asistente de grabación en todo el proceso. Esta configuración de trabajo, donde cada etapa de la creación cuenta con especialistas dedicados, indica un proyecto que no fue improvisado sino pensado estratégicamente. La participación de múltiples estudios y profesionales sugiere, además, que el álbum fue gestado en diálogo con distintas miradas y sensibilidades, lo que probablemente enriqueció sus capas sonoras.

Mirando hacia adelante, BB ASUL tiene planeado llevar Miss Universo a distintos escenarios de Argentina y España en los próximos meses, con presentaciones confirmadas en Barcelona, Madrid, Santa Fe, Rosario y Córdoba. Esta gira representa una oportunidad para que el proyecto se encarne en espacios vivos, donde la música encuentre cuerpos que se sientan identificados con su mensaje. Muchas personas que han experimentado exclusión o señalamiento por sus características, gustos o formas de ser encontrarán en estos conciertos un espacio de reconocimiento mutuo, donde la rareza deja de ser una carga individual para convertirse en experiencia colectiva.

La emergencia de proyectos como el de BB ASUL señala transformaciones importantes en el ecosistema musical argentino contemporáneo. Mientras algunos sectores de la industria aún operan desde lógicas de homogeneización y mercado masivo, existen espacios de creación que apuestan por la especificidad, por hablarle a públicos particulares sin pretender universalidad. Miss Universo es tanto un disco como una propuesta política que cuestiona qué merece ser considerado hermoso, valioso y digno de ocupar espacio en el mundo. Sus consecuencias potenciales son múltiples: podría fortalecer comunidades que se sienten representadas; podría expandir los límites de qué se considera aceptable en la música argentina; o podría quedarse en el circuito independiente, conocido principalmente por sus públicos afines. Independientemente del alcance que logre, su existencia misma ya es un acto que desafía ciertas narrativas hegemónicas sobre identidad, pertenencia y arte.