Durante mucho tiempo, Nicolás Btesh fue ese nombre que aparecía en los créditos cuando el disco ya estaba terminado. El productor, el ingeniero, el artesano del sonido ajeno. Pero hay un momento en la vida de ciertos músicos en que seguir trabajando para otros se vuelve insuficiente, casi una deuda con uno mismo. Ese instante llegó, y el resultado tiene nombre propio: "Asuntos Pendientes", un álbum que no es simplemente un debut solista, sino la cristalización de una identidad artística que venía madurando en silencio detrás de los equipos de grabación. Lo que cambia con este lanzamiento no es menor: uno de los productores más influyentes de la escena local decide pararse frente al micrófono, asumir el riesgo y mostrar qué tiene para decir cuando nadie más le pide que se borre.

Un productor que conoce todos los atajos, pero elige el camino largo

El recorrido de Btesh dentro de la música argentina reciente es extenso y heterogéneo. Su nombre aparece ligado a proyectos que trazaron el mapa del indie y el rock nacional de la última década: trabajó junto a Conociendo Rusia, El Zar, Ainda, Indios y Jaze, entre otros. Cada uno de esos proyectos supone un universo sonoro diferente, y haber transitado por todos ellos sin perder el hilo implica una capacidad técnica y creativa que va mucho más allá del manejo de consolas. Un productor que acumula ese tipo de experiencia aprende a escuchar de una manera particular: sabe cuándo una canción necesita más y cuándo necesita que te alejes. Sabe, también, cómo suena una banda cuando encuentra su lugar. Ese conocimiento acumulado está puesto ahora al servicio de su propio proyecto, y eso le da al álbum una densidad que no es frecuente en los debuts.

Lo que llama la atención desde el primer contacto con "Asuntos Pendientes" es que no suena como el disco de alguien que quiere demostrar algo. No hay exceso de producción, ni artificios que delaten el nerviosismo del que sale por primera vez. Al contrario: hay una tranquilidad extraña, casi la confianza de quien ya sabe lo que está haciendo porque lo vio hacer muchas veces y ahora simplemente lo aplica a sus propias canciones. Esa soltura tiene un nombre técnico: criterio. Y Btesh lo tiene de sobra.

Una banda, un sonido, una decisión estética que va a contramano

El álbum no es un proyecto en solitario en el sentido estricto del término. En 2025 tomó forma Los Asuntos Pendientes, la banda que construyó este trabajo desde adentro. La integran Nicolás Btesh, Tatito Selzer y Bruno Dante Ferro, y desde ese núcleo se fueron levantando las canciones con una dinámica que recupera algo que el mercado musical contemporáneo fue dejando de lado: el ensayo, el encuentro, la sala. Tocar juntos. Equivocarse juntos. Encontrar el ritmo de un tema no en la pantalla de una computadora sino en el intercambio físico entre músicos que comparten un espacio.

Esa lógica se traduce en una decisión de registro que hoy tiene algo casi disruptivo: gran parte del álbum fue grabado en vivo y en cinta. En un contexto donde la producción digital domina casi la totalidad del proceso creativo, volver a la cinta magnética no es nostalgia, es posicionamiento. Es decir, con hechos concretos, que hay una forma de hacer música que vale la pena preservar. El sonido que resulta de esa elección es orgánico, imperfecto en el sentido más humano del término, con la respiración del músico adentro de cada nota. Las canciones no están esterilizadas. Respiran. Y eso se escucha. El proceso se llevó adelante en dos espacios: El Attic y Estudio El Mar, con Btesh a cargo también de la producción y la mezcla, y con el master a cargo de Francisco Holzmann.

Las referencias que emergen de ese sonido no son accidentales. Hay ecos de Pescado Rabioso en la rugosidad de algunos momentos, de Dire Straits en el tratamiento de las guitarras, de The Rolling Stones en la actitud general, y de Los Ratones Paranoicos en esa manera porteña y directa de agarrar el rock y hacerlo propio. Pero ninguna de esas referencias aparece como cita académica ni como homenaje explícito. Están digeridas, procesadas, convertidas en parte de un lenguaje que ya es de Btesh y de nadie más. Es la diferencia entre un artista que imita y uno que asimiló.

Colaboraciones que suman sin opacar el centro

Aunque el núcleo del álbum es la banda de tres, "Asuntos Pendientes" incorpora una serie de colaboraciones que amplían la paleta sonora sin desviar la dirección del proyecto. Participaron Germán Wiedemar, Federico Pellegrini, Juan Luqui, Joaquín Vitola, Marina Claypole y Joaquín Carámbula, entre otros músicos que aportaron capas y texturas sin imponer sus propios universos. Ese equilibrio entre apertura y control es, de nuevo, algo que solo alguien con experiencia en producción puede lograr de manera consciente. Saber hasta dónde invitar y dónde poner el límite es una habilidad que se aprende trabajando para otros. Btesh la aprendió bien.

Antes del lanzamiento completo, el álbum fue anticipado con tres adelantos que funcionaron como ventanas a lo que vendría: "Mucha suerte", "Dispuesto a morir" y "Mariposas en el mar". Cada uno de esos singles dejó entrever aspectos distintos del disco: el primero con una energía más directa, el segundo con una carga emocional más oscura, el tercero con una apertura melódica que sugería matices. Juntos, construyeron una expectativa que el álbum completo termina de justificar. No hay canciones de relleno ni momentos donde se note que el material se estiró para completar una duración. Cada track tiene razón de estar donde está.

El momento del paso al frente y lo que significa

En la historia del rock argentino hay varios casos de técnicos o productores que en algún punto decidieron salir del segundo plano para construir una obra propia. Algunos lo intentaron sin demasiada convicción y el resultado fue discreto. Otros lo hicieron con todo y dejaron huella. La diferencia, en la mayoría de los casos, no pasó por el talento sino por la honestidad con la que encararon ese cambio. Cuando alguien hace ese movimiento buscando reconocimiento, suena hueco. Cuando lo hace porque genuinamente tiene algo que decir y ya no puede callarlo más, se nota de inmediato. "Asuntos Pendientes" suena a lo segundo.

Que Btesh haya esperado hasta este momento para lanzar un proyecto de estas características también dice algo. No es el debut impaciente de alguien que quiere ser famoso. Es el movimiento calculado, pero no frío, de un músico que sabía que primero tenía que aprender todo lo que tenía para aprender, y que cuando llegara el turno de hablar en primera persona, iba a tener cosas concretas para decir. El título del álbum, en ese sentido, funciona en varios registros a la vez: como programa estético, como declaración personal y como guiño irónico hacia el mundo de la producción musical, donde siempre hay algo que ajustar, algo que queda para después, algo que nunca termina de cerrarse del todo.

Lo que viene después de este lanzamiento abre más preguntas que certezas. Si el álbum logra trascender el círculo de quienes ya conocían el trabajo de Btesh como productor, podría consolidar a Los Asuntos Pendientes como una banda con proyección real en el circuito del rock nacional. Si, por el contrario, queda circunscripto a ese entorno más reducido, igualmente habrá marcado un antes y un después en la trayectoria personal de su autor. Para el ecosistema musical argentino, el hecho de que un productor de esa envergadura decida apostar por su propia voz también genera una pregunta más amplia: ¿cuántos otros artistas que trabajan en las sombras tienen un disco así esperando ser hecho? Las respuestas, como los asuntos pendientes, llevan su tiempo.