Cuando una banda que definió una generación se desmorona, quedan cicatrices. Preguntas sin respuesta. La sensación de que algo incompleto quedó flotando en el aire. Johnny Marr, el músico que fue la columna vertebral sonora de The Smiths durante toda su trayectoria, enfrentó precisamente eso en 1987. Pero en medio de esa turbulencia, tuvo la fortuna de cruzarse con alguien que ya había vivido situaciones similares: Paul McCartney. Lo que sucedió en ese encuentro casual terminó siendo, según el propio Marr, una de las frases más sabias que escucharía en toda su vida. No fue un consejo sofisticado ni cargado de teoría. Fue algo mucho más simple, mucho más verdadero, y justamente por eso, mucho más poderoso.
Un día extraordinario con una leyenda viviente
Durante los primeros meses posteriores al colapso de The Smiths, Marr tuvo la oportunidad de pasar "un día largo e increíble" junto a McCartney y su esposa Linda. No fue un evento formal ni una sesión de trabajo programada. Fue algo más orgánico, más humano. Mientras estaban juntos, Marr comenzó a desahogarse. La banda se había fracturado en julio de ese mismo año. El guitarrista había sido el primero en irse, dejando el proyecto que lo había llevado a la cúspide del reconocimiento mundial. Lo que vino después fue un intento de continuar sin él. Ivor Perry, un músico que provenía de Easterhouse, asumió la guitarra por un breve período. Pero la química simplemente no funcionó. Cuando salió el cuarto y último disco de The Smiths, "Strangeways, Here We Come", en septiembre, la banda ya estaba prácticamente muerta.
Marr le contó todo esto a McCartney. Le describió la ruptura, probablemente con la mezcla de frustración y nostalgia que caracteriza esos momentos en que alguien revive un duelo artístico. Linda, la pareja de Paul, se mostró generosa y atenta, preguntándole detalles sobre su vida. Y entonces llegó el momento crucial. Marr esperó una respuesta profunda, quizá una reflexión erudita sobre la naturaleza de los proyectos artísticos o sobre las dificultades de mantener unidos a creadores con egos potencialmente conflictivos. Lo que obtuvo fue algo diferente, algo que con el tiempo terminaría siendo más valioso que cualquier discurso académico.
Tres palabras que lo cambiaron todo
McCartney simplemente dijo: "That's bands for you" (Así son las bandas). Tres palabras. Según Marr, fue una respuesta "brillante". No porque fuera ingeniosa o inesperada, sino porque encapsulaba una verdad incómoda que muchas personas necesitan años para entender. Las bandas se rompen. No es una tragedia personal ni un fracaso del universo. Es simplemente lo que sucede cuando varias personas talentosas, con visiones propias y egos necesariamente desarrollados, intentan crear algo juntos durante el tiempo suficiente. La sabiduría no estaba en ofrecer consuelo falso ni en prometer que todo estaría bien. Estaba en normalizar lo que estaba pasando. En reconocer que McCartney mismo había pasado por algo parecido años antes, cuando The Beatles se disolvieron en 1970, generando debates que duraron décadas.
Marr ha reflexionado sobre esta lección con el paso de los años. Incluso ha llegado a aplicarla en su propia vida cuando otros músicos lo buscaban para pedir orientación. Ha descubierto que a veces, la mejor respuesta que se puede dar es simple y desapasionada. "Hay un tiempo para decir 'así son las bandas'", explicó Marr en una entrevista reciente. No se trata de cinismo ni de rendirse frente a lo inevitable. Se trata de aceptar que los proyectos artísticos, como todas las cosas en la vida, tienen ciclos. Nacen, crecen, maduran y eventualmente terminan. Intentar luchar contra eso puede ser tan destructivo como ignorarlo.
De la ruptura al renacimiento creativo
Lo fascinante del período posterior a 1987 es que Marr no se quedó paralizado. En lugar de precipitarse a formar una nueva banda o de caer en la depresión que podría haber sido comprensible, optó por convertirse en lo que él denomina un "ringer": un músico versátil que colaboraba con diferentes artistas según lo requería. Trabajó con The The, específicamente con Matt Johnson, quien se convirtió en uno de sus amigos más cercanos. Colaboró con Bernard Sumner y con Chrissie Hynde. Tocó junto a Bryan Ferry, apareciendo en varios de sus registros. Si uno observa su carrera desde una perspectiva meramente profesional, podría parecer que simplemente estaba "dando vueltas", aceptando trabajos sin una dirección clara. Pero Marr vio algo diferente. Comprendía que se estaba rodeando de personas talentosas, de gente que lo hacía crecer músicamente, y que no había presión alguna en formar la próxima "banda definitiva".
Es importante contextualizar que en los años ochenta y principios de los noventa, la industria musical tenía una estructura diferente a la de hoy. La idea de que un músico debía estar asociado a una "banda oficial" era mucho más fuerte. Cambiar de proyecto constantemente podría parecer inestabilidad. Pero Marr entendió que el consejo de McCartney también aplicaba a esto: así funcionaba la industria, así eran los proyectos colaborativos. No todos duraban forever. No todos debían ser el "gran proyecto" de una vida. A veces, el trabajo consistía en aparecer en los registros correctos, en trabajar con personas correctas en momentos correctos, y luego seguir adelante.
Un encuentro breve que nunca se cristalizó
Curiosamente, aunque McCartney y Marr no colaboraron en ningún proyecto discográfico formal, los dos músicos sí pasaron tiempo tocando juntos. En las sesiones que compartieron, fue un encuentro intenso: aproximadamente ocho o nueve horas de música continua, tocando de forma vigorosa y con volumen. Marr quedó impresionado con las habilidades de McCartney no solo como bajista sino también como cantante. Aunque estas sesiones nunca resultaron en grabaciones oficiales ni en una asociación permanente, Marr las recordaría como "algo divertido", como una de las primeras cosas que realizó después de que The Smiths dejara de existir como entidad funcional. Desde entonces, se han visto en un par de ocasiones. Nunca volvieron a tocar juntos formalmente, pero McCartney siempre se ha mostrado amigable y generoso con el músico británico.
El regreso inesperado de una banda que creíamos cerrada
Décadas después, ocurrió algo que muchos creían imposible. A principios de este año, tanto Morrissey como Marr colaboraron nuevamente en un proyecto conjunto: una edición de siete pulgadas completamente nueva de The Smiths. Esto sucedió como parte de un boxset próximo a lanzarse por Rough Trade, la legendaria discográfica independiente de Londres. El catálogo de Rough Trade siempre ha sido considerado un archivo de la historia del rock independiente, y decidieron lanzar un segundo volumen de sencillos clásicos reimpresos bajo el título "Rough Trade 45s: Volume 2". La lista de artistas participantes es un compendio de la historia de la música independiente británica: The Fall, Aztec Camera, Mazzy Star, Scritti Politti y Robert Wyatt, entre muchos otros. The Smiths merecía estar en esa compilación. Pero en lugar de simplemente reeditar un sencillo existente, Marr y Morrissey decidieron hacer algo especial. Seleccionaron dos canciones que originalmente aparecieron en "Meat Is Murder", el álbum de 1985: "The Headmaster Ritual" como cara A y "I Want The One I Can't Have" como cara B. A pesar de ser temas clásicos del repertorio de la banda, nunca habían sido lanzados como sencillo en Rough Trade. Ahora lo serían, en un formato limitado a solo 1.000 copias, con disponibilidad a partir del 30 de octubre.
Este lanzamiento representa algo más que una mera operación comercial de nostalgia. Es una señal de que, aunque The Smiths terminó en 1987, la relación entre sus miembros fundamentales no es completamente hostil ni irreparable. La colaboración en la selección de las canciones y en la aprobación del proyecto sugiere un acuerdo mutuo sobre qué es lo que merece preservarse del legado de la banda. No es una reunión completa. No es un anuncio de gira ni de nuevas grabaciones. Pero tampoco es nada. Es un punto medio, un reconocimiento de que aquello que crearon juntos sigue siendo relevante, sigue siendo buscado por audiencias nuevas y antiguas.
Las lecciones de un adiós que no fue total
La historia de Johnny Marr después de The Smiths, y específicamente el encuentro con Paul McCartney que lo ayudó a procesar esa ruptura, ofrece perspectivas interesantes sobre cómo los artistas navegan los finales. En primer lugar, existe la cuestión de aceptación: McCartney no intentó arreglarlo. No ofreció esperanzas falsas de reunión. Simplemente lo normalizó. Para muchas personas en la industria creativa, esto puede ser profundamente liberador. La presión de mantener vivo algo que organicamente está muriendo puede ser más destructiva que el propio acto de dejar ir. En segundo lugar, está la diversificación creativa: la carrera de Marr después de The Smiths demuestra que los músicos pueden tener relevancia y satisfacción artística incluso sin estar atados a una sola banda. Finalmente, existe la posibilidad de que las cosas terminen sin necesidad de enemistades irreconciliables. El lanzamiento conjunto de 2024 con Morrissey sugiere que incluso después de décadas, hay espacio para el respeto mutuo y la cooperación puntual.
Lo que sucede a partir de aquí dependerá de múltiples factores. La recepción del público al nuevo sencillo de The Smiths podría generar presiones renovadas para una reunión más completa, o podría satisfacer la demanda de material inédito sin comprometer a los artistas a nada más. Los integrantes de The Smiths están en diferentes lugares de sus vidas profesionales y personales. Marr ha construido una carrera sólida como músico de sesión y colaborador. Morrissey ha perseguido una carrera como solista con resultados desiguales pero siempre controvertidos. Cualquier movimiento futuro sería resultado de decisiones conscientes, no de presiones comerciales o sentimientos de nostalgia. El consejo de McCartney sigue siendo válido: así son las bandas. Nacen, brillan, se rompen, a veces dejan un legado, y ocasionalmente, sus miembros encuentran maneras de reconectar sin necesidad de recrear lo que una vez fue.



