En el marco de una competencia silenciosa pero creciente por el liderazgo interno de La Libertad Avanza de cara a los comicios presidenciales de 2027, emerge un fenómeno político que refleja tensiones no resueltas dentro de la coalición gobernante: la senadora Patricia Bullrich ha iniciado una serie de señalamientos críticos hacia la administración de Jorge Macri en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, tocando aspectos que van desde la infraestructura del transporte metropolitano hasta la capacidad estatal de contener la conflictividad social. Este movimiento, lejos de ser casual o aislado, forma parte de una estrategia más amplia de posicionamiento que la exparlamentaria viene desplegando en las últimas semanas y que marca un distanciamiento respecto de la gestión capitalina, justamente en el momento en que su figura gana tracción dentro de los espacios de poder libertarios.
El antecedente que no se olvida: seguridad bajo su comando
Durante su permanencia al frente del Ministerio de Seguridad nacional, Bullrich implementó un conjunto de iniciativas vinculadas al orden público que marcaron su identidad política y que ahora recupera como capital acumulado en su disputa por la candidatura. El Protocolo Antipiquete, en particular, se convirtió en un instrumento de gestión que ella reclama como propio y que, según su narrativa, logró resultados concretos en la reducción de cortes de vías públicas. Cuando el gobierno porteño exhibió una publicidad que celebraba una "Ciudad sin piquetes" mediante un antes y después visual de una avenida despejada, Bullrich no tardó en responder con una provocación que mezcla ironía y reivindicación: atribuyó expresamente a las políticas que ella misma diseñó durante su gestión ministerial la responsabilidad de esos cambios. "Justo esa avenida vivía cortada hasta que implementamos el Protocolo Antipiquete y cortamos el curro de los gerentes de la pobreza", escribió en su cuenta de X, recuperando terminología que utilizaba frecuentemente cuando ocupaba la cartera de Seguridad.
Lo relevante aquí no es únicamente el reclamo de autoría sobre una medida específica, sino el mensaje más profundo que subyace: Bullrich está afirmando que las condiciones de estabilidad social que el gobierno capitalino ahora promociona son el resultado directo de decisiones políticas tomadas durante el primer año de la administración Milei, cuando ella ejercía influencia en esa área. Esta operación discursiva cumple una función múltiple en su estrategia de precampaña. Por un lado, la vincula a resultados tangibles en orden público, un tema que tradicionalmente ha sido central en su perfil político. Por otro lado, implícitamente cuestiona la capacidad de Macri para sostener y profundizar esos logros sin la impronta que ella les imprimió originalmente.
La infraestructura como segundo frente de disputa política
Pero las críticas de Bullrich no se limitan al terreno de la seguridad. En las últimas semanas, la senadora ha apuntado también contra el estado de la red de transporte subterráneo porteño, lo cual representa una línea de cuestionamiento que toca aspectos más estructurales de la gestión urbana. "Los subtes nos pasaron por arriba", señaló en una publicación en redes sociales, aludiendo al rezago histórico de la red de transporte capitalina en comparación con otras urbes latinoamericanas. Argumentó que Buenos Aires, siendo la primera ciudad del subcontinente en incorporar este servicio allá por 1913, paradójicamente no ocupa hoy posiciones de privilegio en términos de extensión y conectividad dentro de la región, más de 113 años después de ese hito inaugural.
Este tipo de crítica resulta particularmente interesante porque se dirige hacia un terreno donde Macri ha intentado construir narrativa de cambio respecto de su antecesor, Horacio Rodríguez Larreta. El jefe de Gobierno porteño respondió directamente a la senadora, reconociendo el diagnóstico compartido pero enfatizando que su administración "diagnostica y hace", en un intento por diferenciarse de gestiones anteriores. Macri detalló acciones concretas: licitación de la Línea F (primera en 25 años), compra de 174 coches para renovar la Línea B, y 50 unidades adicionales para las líneas A y C. Sin embargo, no respondió al cuestionamiento irónico de Bullrich respecto de los piquetes, lo cual constituyó un silencio que puede interpretarse de múltiples formas.
El contexto de una carrera aún no declarada
El timing de estos movimientos no es aleatorio. Mientras Bullrich intensifica su estrategia de crítica constructiva hacia la administración Macri, otros referentes que hace meses aparecían como posibles candidatos han visto debilitadas sus posiciones. Manuel Adorni, jefe de Gabinete, enfrentan una investigación por presunto enriquecimiento ilícito que ha generado una nube de incertidumbre sobre su viabilidad electoral. En este contexto, Bullrich se posiciona como una alternativa sólida dentro de La Libertad Avanza, alguien que puede exhibir un perfil de gestión y resultados sin estar atravesando cuestionamientos judiciales de la envergadura que afecta a otros competidores internos.
Su acercamiento a figuras del mundo político internacional, como fue el caso de su encuentro con el alcalde de Santiago de Chile, Mario Desbordes, también responde a esta lógica de construcción de imagen. Durante ese encuentro, aprovechó para elogiar la gestión en el país vecino e inmediatamente contrastó ese modelo con lo que ocurre en Buenos Aires, sugiriendo que "el orden, la seguridad y la gestión eficiente son la base obligatoria de una ciudad que crece". Este tipo de comparaciones internacionales funcionan como herramientas retóricas poderosas en contextos de campaña, porque permiten situar al interlocutor en una escala de desempeño global y, por extensión, sugerir que hay soluciones comprobadas que podrían aplicarse localmente.
Rivalidades dentro de la coalición y sus implicancias
La disputa entre Bullrich y Macri por la candidatura a jefa de Gobierno no debe ser interpretada como una ruptura fundamental de la coalición gobernante, sino más bien como la expresión natural de competencias por poder dentro de estructuras políticas heterogéneas. La Libertad Avanza es una agrupación que nuclea a diversos sectores y figuras que, más allá de convergencias programáticas generales, mantienen agendas y aspiraciones políticas propias. Bullrich, quien fuera miembro de Pro antes de migrar hacia espacios libertarios, trae consigo una experiencia de gobiernos locales y nacionales que la posiciona como candidata con cierto peso institucional. Macri, por su parte, cuenta con el apoyo de su estructura partidaria y una continuidad de gestión en la ciudad que representa.
Lo que resulta significativo es que ambas figuras, en lugar de atacarse frontalmente, están operando mediante la crítica a aspectos específicos de gestión. Bullrich no cuestiona la legitimidad de Macri en su cargo actual, sino que señala deficiencias o áreas de mejora. Macri, a su turno, no rechaza los diagnósticos de la senadora, sino que intenta demostrар que está actuando sobre esos mismos problemas. Este tipo de competencia "velada" es característica de coaliciones que aún necesitan mantener cierta cohesión para enfrentar adversarios externos, pero que internamente ya están jugando las partidas de la sucesión.
Perspectivas y posibles desenlaces de la contienda interna
De cara a los próximos meses y años, varios escenarios son plausibles. En primer lugar, la intensidad de las críticas de Bullrich podría aumentar conforme se acerque el período electoral, dependiendo de cómo evolucionen las investigaciones y escándalos que afecten a otros competidores potenciales. En segundo lugar, es posible que Macri logre demostrar avances tangibles en infraestructura urbana que neutralicen los cuestionamientos sobre su gestión capitalina, reforzando su posición como candidato natural de La Libertad Avanza. En tercer lugar, no puede descartarse que factores externos—cambios en la economía, reconfiguración de alianzas políticas a nivel nacional, o movimientos de otros actores políticos—terminen inclinando la balanza de maneras hoy impredecibles.
Lo cierto es que la dinámica actual refleja un proceso natural dentro de los sistemas democráticos donde múltiples figuras con poder institucional compiten por espacios de mayor relevancia. Las críticas de Bullrich hacia aspectos de la gestión Macri, aunque formuladas en tono de contribución constructiva, funcionan simultáneamente como diferenciación política. Cada señalamiento sobre subtes deficientes o sobre la capitalización política de logros en seguridad que ella reclama, contribuye a construir una narrativa alternativa sobre cómo deberían gobernarse la Ciudad y, por extensión, el país. El resultado de esa disputa dependerá tanto de la capacidad de cada actor para traducir críticas en propuestas creíbles como de la evaluación que hagan los votantes de los resultados concretos que cada administración logre entregar en los próximos años. La ausencia de respuesta de Macri al cuestionamiento sobre los piquetes, en particular, sugiere que hay aspectos donde prefiere no profundizar el debate, lo cual constituye en sí mismo un dato político relevante que podría ser explotado por sus competidores internos en fases posteriores de esta incipiente carrera electoral.



