Una estrategia en construcción

Mientras buena parte de los dirigentes libertarios se mueve al ritmo que marca la conducción de Karina Milei, Patricia Bullrich está tejiendo una trayectoria independiente que dialoga constantemente con el núcleo electoral que la respaldó en 2023. No se trata de una ruptura abierta ni de confrontación explícita, sino de un despliegue cuidadoso de gestos políticos que buscan recuperar la confianza entre votantes que hoy experimentan desazón respecto al rumbo del país. Los movimientos de la senadora porteña trascienden los pasillos del Congreso: representan un intento deliberado de expandir la base política del oficialismo más allá de los núcleos libertarios puros, incorporando sectores vinculados históricamente al macrismo.

El contexto sobre el cual Bullrich construye esta estrategia resulta elocuente. Según relevamientos de consultoras especializadas, apenas el 35% de quienes votaron por Bullrich en los comicios presidenciales mantiene expectativas optimistas sobre el futuro. En contraste, ese porcentaje se eleva hasta el 63% entre los electores que optaron por la fórmula libertaria, y alcanza el 64% entre quienes pueden considerarse militantes de ese espacio político puro. Los números no mienten: existe una brecha notable entre la esperanza que genera Milei en su base más sólida y la incertidumbre que prevalece entre quienes acompañaron a Bullrich. El 40% de este último grupo expresa, de hecho, sentimientos de desilusión y confusión respecto a qué deparará el futuro económico y político del país.

A pesar de esta realidad electoral compleja, la imagen pública de la senadora conserva solidez. Mediciones de diferentes firmas consultoras la ubican con más de 39 puntos de aprobación, un guarismo que incluso supera el que registra el Presidente. Sin embargo, especialistas en análisis político advierten sobre una distinción crucial: los números de imagen positiva no necesariamente se traducen en intención de voto o en capacidad de movilización electoral. Este es precisamente el terreno que Bullrich intenta convertir, mediante su estrategia de iniciativas propias y acercamientos territoriales, transformando simpatía en adhesión política más sólida.

Biocombustibles y transparencia: las banderas del retorno

En las últimas semanas, la senadora ha tomado dos decisiones que sintetizan su posicionamiento dentro del oficialismo. Primero, presentó un proyecto de regulación de biocombustibles que apunta directamente a satisfacer demandas históricas del sector agropecuario. La propuesta contempla un marco normativo de 15 años destinado a crear un mercado competitivo y desregulado para estos combustibles. En términos concretos, busca aumentar de forma progresiva el corte obligatorio de biodiesel desde el 7,5% hasta el 10%, mientras que para el bioetanol plantea un incremento del 12% al 15%, todo ello en un horizonte de doce meses.

Esta iniciativa responde a reclamos sostenidos por provincias cuyos territorios dependen fuertemente de la actividad agroindustrial: Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y sectores del interior bonaerense han venido presionando por medidas que fortalezcan esta cadena de valor. Simultáneamente, esta avanzada representa una tensión implícita con la apuesta energética del Gobierno, que ha colocado a Vaca Muerta y su producción petrolera como eje central de su modelo de desarrollo. Sin embargo, Bullrich—quien representa a la Ciudad de Buenos Aires en el Senado—logra así enviar un mensaje diferenciado al establishment empresario agropecuario, un sector neurálgico del electorado no peronista que votó por Juntos por el Cambio en ciclos previos.

Paralelamente, la senadora ha promovido gestos de mayor transparencia institucional. Tomó distancia del caso que involucra al jefe de Gabinete, exigiendo públicamente que presentara su declaración jurada de bienes antes de que ella misma adelantara la suya. Este movimiento, aparentemente protocolar, contiene una carga política significativa: Bullrich recupera aquí una de las banderas históricas del macrismo, la demanda por institucionalidad y rendición de cuentas, contrastando implícitamente con ciertos manejos del Gobierno actual. Aunque el Presidente cuestionó estos planteos en una reunión de mesa política—episodio que Bullrich atribuyó a la "emocionalidad"—, los espacios oficialistas han evitado confrontarla de manera directa, reconociendo tácitamente su relevancia política.

Territorio y diálogos paralelos

Más allá de las iniciativas legislativas, Bullrich despliega una actividad territorial que contrasta con su rol anterior de jefa de bloque libertario, rol que había ejercido principalmente respaldando proyectos del Ejecutivo. En las últimas semanas ha visitado la Bolsa de Comercio de Córdoba, participado de actividades en Montevideo junto a referentes del Partido Nacional uruguayo, sostenido encuentros con legisladores hondureños sobre democracia y seguridad, viajado a Chile para reunirse con el presidente José Antonio Kast, y participado de encuentros en la Universidad Torcuato Di Tella. Para las próximas semanas tiene programada una visita a Mendoza para participar en un evento académico sobre ciberseguridad. Santa Fe aparece como un territorio particularmente relevante en este esquema de despliegue político.

Un evento reciente ilustra las dinámicas que Bullrich está generando. Federico Angelini, dirigente cercano a la senadora que se desempeñaba como subsecretario de Intervención Federal en el Ministerio de Seguridad, abandonó su cargo en la administración nacional para integrarse al equipo del gobernador Maximiliano Pullaro. Los dos líderes habían consolidado una relación fluida durante la implementación del Plan Bandera, la estrategia federal de seguridad diseñada para Rosario y su zona de influencia. Según se conoció, Angelini compartía con Bullrich la evaluación de que el jefe de Gabinete no debería continuar en su posición. Este movimiento de personas entre la administración nacional y gobiernos provinciales revela cómo Bullrich está tejiendo redes que trascienden la estructura de poder vertical del libertarianismo puro.

En el círculo cercano a Bullrich buscan evitar cualquier lectura de ruptura respecto a la conducción libertaria. Admiten que ella alberga ambiciones políticas de largo plazo, aunque sostienen que el momento no es apropiado para discutir candidaturas. Describen en cambio un proceso de construcción "de abajo hacia arriba", orientado a ampliar la base política del oficialismo captando sectores no peronistas que históricamente no han sido parte del núcleo duro libertario. Esta lógica difiere significativamente de la que predomina en la estructura de Karina Milei, que prioriza la preservación de la identidad libertaria en su forma más pura. Desde el entorno de Bullrich argumentan que esta estrategia busca dotar de mayor gobernabilidad al Presidente y reducir indicadores de riesgo país, mientras que aseguran que "todo apunta a fortalecer la reelección de Milei".

Puentes hacia el pasado reciente

Bullrich también mantiene un canal de comunicación indirecta con Mauricio Macri. Aunque la relación actual es cordial, carece de la intensidad política y personal que los caracterizó en etapas previas. Allegados a ambos afirman que no descartan un eventual reencuentro político en el futuro, aunque advierten que si llegara a producirse estaría motivado por cálculos pragmáticos más que por un acercamiento de índole personal. Esta apertura hacia el expresidente de Juntos por el Cambio sugiere que Bullrich está manteniendo opciones abiertas en un escenario político que podría presentar transformaciones significativas en los próximos años.

Lo que está en juego en esta construcción de Bullrich trasciende lo anecdótico. Su estrategia representa un intento de mantener viva una identidad política alternativa dentro del oficialismo—ni peronista, ni libertaria en su versión más radical—que puede resultar crítica dependiendo de cómo evolucione la gestión Milei. Si los indicadores económicos y de satisfacción ciudadana mejoran sustancialmente, esta agenda paralela de Bullrich podría quedar subsumida en una narrativa de éxito común. Si por el contrario las dificultades persisten o se agudizas, los espacios que ella está abriendo hoy podrían convertirse en nucleamientos alternativos que le permitan diferenciarse del Gobierno sin haber roto con él explícitamente.

El posicionamiento de Bullrich genera lecturas divergentes en el establishment político. Algunos analistas perciben en sus movimientos un ejercicio de ambición personal que busca preservar opciones para momentos electorales futuros. Otros ven en su despliegue territorial y en sus iniciativas legislativas una genuina preocupación por mantener vigentes banderas históricas del electorado no peronista—transparencia institucional, vinculación con el agro, gobernabilidad—que consideran erosionadas por las dinámicas del oficialismo libertario. Lo cierto es que mientras Karina Milei consolida estructuras de poder verticales centradas en la ortodoxia libertaria, Bullrich teje redes más horizontales que buscan expandir la coalición de gobierno hacia espacios que históricamente no fueron parte del núcleo duro mileiista. Los próximos años dirán si este ejercicio de construcción paralela logra transformarse en una alternativa política viable o si simplemente anticipa futuras divisiones dentro de un oficialismo que hoy exhibe síntomas de heterogeneidad creciente.