La pugna por el timón de la Unión Cívica Radical porteña acaba de ganar un nuevo protagonista con capacidad de fuego político real. Alfredo Cornejo, gobernador de Mendoza cuya reelección le está vedada por ley, está montando una estrategia para instalarse en la escena capitalina y cuestionar el dominio que ejerce Martín Lousteau sobre las estructuras radicales en la Ciudad. La movida trasciende la simple reorganización partidaria: representa una disputa ideológica profunda sobre hacia dónde debe dirigirse el radicalismo en tiempos de transformación política acelerada. Para Cornejo y su círculo íntimo, la propuesta que Lousteau ha encarnado durante estos meses resultó insuficiente electoralmente y desconectada de lo que demanda buena parte de la militancia centenaria.
El mecanismo elegido para este desembarco resulta estratégico y requiere análisis minucioso. El lanzamiento de la fundación Deliberar, cuya presentación oficial estaba prevista para esta semana en Buenos Aires, funciona como plataforma institucional para discutir propuestas de política pública sin necesidad de competir directamente en estructuras partidarias tradicionales. Lucas Clark, prosecretario administrativo del Senado Nacional y hombre de confianza del gobernador mendocino, encabezará este emprendimiento. La fundación no representa apenas un think tank convencional abocado a producir papers y documentos de análisis. Según lo que trascendió en círculos políticos, Deliberar funcionará como centro de gravedad para construir una identidad política diferenciada dentro del radicalismo porteño, capaz de recuperar adhesiones que migraron hacia otros espacios o que simplemente abandonaron la participación política tras decepcionarse con los rumbos asumidos.
La crítica a la conducción actual del radicalismo capitalino
El timing de esta iniciativa no es casual. Hace poco más de treinta días, la filial porteña de la UCR renovó su conducción. Hernán Rossi asumió la presidencia de la estructura partidaria tras un acuerdo entre Daniel "Tano" Angelici y Emiliano Yacobitti. Este último, vicerrector de la Universidad de Buenos Aires, se ha convertido en figura destacada de lo que los propios radicales llaman la corriente Evolución, la cual viene marcando la impronta del espacio desde hace tiempo. Desde el entorno cornelista llueven críticas hacia esa reconfiguración de autoridades. Clark utilizó sus redes sociales para cuestionar abiertamente el rumbo que ha tomado la UCR capitalina. Señaló que lo que una vez fue la voz política auténtica de los radicales porteños se transformó en una suerte de oficina administrativa desprovista de conexión territorial e ideológica. La acusación tiene peso: cuando un partido pierde brújula política, argumentó, el territorio se torna irrelevante, y los militantes se sienten huérfanos de representación genuina.
Esta crítica debe contextualizarse dentro de la posición que Lousteau ha adoptado desde que Javier Milei llegó a la presidencia en diciembre de 2023. El diputado nacional se posicionó como uno de los opositores más duros al gobierno libertario. Durante la contienda electoral de 2023, encabezó la boleta por la Cámara baja dentro de Ciudadanos Unidos, la estructura que nucleaba a seis gobernadores que pretendía ofrecer una tercera vía alternativa tanto al oficialismo como al kirchnerismo. El resultado fue modesto: la alianza cosechó apenas el 6% de los votos a nivel nacional, obteniendo una sola banca en Diputados. La lista legislativa porteña que Lousteau impulsó también registró un desempeño magro. Para los estrategas cornelistas, estos números hablan por sí solos: el electorado radical no respaldó mayoritariamente esa propuesta de resistencia frontal al nuevo gobierno.
Divergencias estratégicas sobre cómo posicionarse ante Milei
Aquí emerge la verdadera grieta política dentro del radicalismo. Cornejo y su entorno sostienen un diagnóstico radicalmente opuesto al que maneja Lousteau. Mientras el diputado rechaza tajantemente cualquier aproximación a la Casa Rosada y se dedica a criticar el ajuste fiscal, Cornejo considera que la postura puramente oppositora es incompleta e insuficiente. "No se puede solo pedir 'resistir el ajuste', sino también tener propuestas", señalaron fuentes cercanas al gobernador mendocino. Este pensamiento refleja una filosofía política distinta: la idea de que un partido debe elaborar alternativas constructivas y no conformarse con la denuncia permanente de lo que el gobierno hace mal. La divergencia se vuelve aún más explícita cuando se observa la trayectoria del propio Cornejo. El año pasado, selló una alianza con el partido de Milei para la contienda nacional. En octubre, esa coalición llevó como primer candidato a Luis Petri, exministro de Defensa, quien se impuso con más del 50% de los votos en Mendoza. La alianza funcionó electoralmente en el territorio que Cornejo gobierna.
En cuanto a la expansión de esta estrategia hacia la Capital Federal, los colaboradores del gobernador mendocino aún no cierran puertas ni abren completamente las suyas. No descartan acercamientos con referentes del mundo libertario, particularmente con Patricia Bullrich, senadora nacional que conduce el bloque de La Libertad Avanza en la Cámara alta. Bullrich ha levantado considerablemente su perfil durante las últimas semanas mediante recorridas en distintos barrios porteños, críticas a la gestión del intendente Jorge Macri y posicionamiento como eventual candidata a jefa de gobierno. Cornejo y su círculo miraron con cierta prevención la administración Macri, aunque tampoco descartan confluir en un frente común si las circunstancias lo ameritan. De hecho, según trascendidos, consideran que Macri está remediando ahora problemas que su propia gestión anterior, bajo la administración Horacio Rodríguez Larreta, había dejado parcialmente resueltos.
El modelo Cornejo como propuesta para la Ciudad
La fundación Deliberar operará en múltiples niveles simultáneamente. Por un lado, está concebida para la producción de pensamiento y diseño de políticas públicas adaptadas a las realidades porteñas. Pero su naturaleza no se agota ahí. Clark tiene previsto un despliegue territorial ambicioso: recorrer las quince comunas de la ciudad y establecer referentes en la mayoría de los barrios. La lógica es clara: recuperar la relevancia del partido en el territorio, donde históricamente la UCR tuvo presencia, pero donde las últimas dos décadas la vieron desplazada por Pro en tanto fuerza predominante. El equipo cornelista busca repensar un modelo de ciudad que —en su evaluación— fue pensado "desde arriba" sin suficiente consideración por las perspectivas del ciudadano común. Clark y sus colaboradores plantean escuchar al vecino, dialogar con los sectores más dinámicos, y desde esa base construir una agenda diferenciada.
Entre los ejes de trabajo que Deliberar priorizará figuran la seguridad —especialmente enfocada en delitos menores— y el espacio público. Son dos dimensiones donde Cornejo acumula experiencia de gestión en Mendoza y donde considera que hay margen para implementar políticas innovadoras o al menos distintas a las vigentes. La prioridad inmediata no es lanzar un candidato para competir por la intendencia capitalina. Esa decisión quedará para más adelante, cuando el terreno esté mejor preparado y las fuerzas mejor posicionadas. Lo que importa ahora es disputar la agenda del radicalismo porteño, fortalecer el rol del partido en un bastión que históricamente fue suyo pero que Pro transformó en zona de influencia propia, e instalar una narrativa alternativa a la que Lousteau ha estado promoviendo. El despliegue territorial será fundamental: no basta con tener una fundación con presencia mediática, sino que resulta imprescindible estar en los barrios, conversando con la gente, recogiendo demandas, construyendo legitimidad desde la base.
Las implicancias de este movimiento se proyectan hacia múltiples direcciones. Para la UCR porteña, la llegada de Cornejo con este armado institucional representa una ruptura con la exclusividad que venía ejerciendo la corriente Evolución. Las próximas meses definirán si esa disputa se resuelve mediante competencia interna que fortalece al partido o si, por el contrario, genera fracturas que debiliten al radicalismo en la Capital. Para el propio Lousteau, quien ha construido su perfil nacional sobre la base de una oposición intransigente al gobierno de Milei, la presencia de Cornejo disputando el espacio representa un cuestionamiento a su estrategia política. Algunos analistas consideran que el gobierno nacional podría beneficiarse de una división en el radicalismo porteño que debilite su capacidad de articulación opositora. Otros sugieren que el surgimiento de una propuesta cornelista más dialoguista podría servir de puente entre sectores moderados y la administración nacional. Lo cierto es que Buenos Aires, historicamente territorio radical, será escenario de una contienda política que trascenderá lo partidario y tocará aspectos fundamentales sobre la orientación que debe asumir la política argentina frente a los desafíos actuales.



