Un movimiento de envergadura inédita en la historia penitenciaria argentina puso en marcha durante este fin de semana uno de los operativos más complejos jamás coordinados en materia de seguridad carcelaria. La mudanza de aproximadamente 1.500 detenidos desde el histórico Complejo Penitenciario Federal de Villa Devoto hacia la nueva instalación de máxima seguridad ubicada en Marcos Paz marca el cierre de un capítulo de casi un siglo y medio de funcionamiento del establecimiento porteño. Lo que sucedió representa, además, la concreción de un reclamo sostenido durante décadas por los vecinos del barrio que padecían la presencia de esta cárcel federal en el corazón de la ciudad. En la primera etapa del procedimiento, ejecutada durante el domingo, se trasladaron 326 personas, iniciando así una operación que promete transformar significativamente el perfil de seguridad y la gestión penitenciaria en la región metropolitana.
Un protocolo de precisión militar para garantizar el control
La envergadura de este traslado obligó a diseñar un sistema de coordinación sin antecedentes recientes en el país. El operativo fue orquestado bajo lo que se denominó un "Comando Unificado" que integró recursos de cinco instituciones de fuerzas federales diferentes: el Servicio Penitenciario Federal, la Policía Federal Argentina, la Gendarmería Nacional, la Prefectura Naval y la Policía de Seguridad Aeroportuaria. Esta convergencia de organismos respondió a la necesidad de garantizar múltiples capas de seguridad durante cada etapa del movimiento, desde la identificación de los internos dentro de Devoto hasta su ingreso a las nuevas instalaciones. El marco normativo que amparó estas acciones fue formalizado mediante la Resolución 1018/2026, estableciendo protocolos específicos para cada fase del procedimiento.
La documentación visual del proceso, divulgada por el Ministerio de Seguridad de la Nación, permitió observar detalles notables de cómo se ejecutó la logística. Cada detenido fue identificado y registrado mediante un sistema de pulseras con código QR que funcionaban como dispositivos de trazabilidad, permitiendo monitorear en tiempo real el paradero de cada persona desde su salida del complejo devotense hasta su arribo en Marcos Paz. Los agentes del Servicio Penitenciario Federal, distinguibles por sus chalecos identificatorios, llevaron adelante controles sistemáticos y coordinaron el abordaje de los internos a los vehículos de traslado, principalmente camionetas especialmente acondicionadas para estos fines. La caravana que se desplazó entre ambas cárceles estuvo escoltada por motociclistas y otros móviles de las fuerzas de seguridad, generando un despliegue visual de considerables proporciones en la vía pública.
Criterios médicos y criminológicos en la reubicación
Detrás de la aparente simplicidad del traslado físico existió un trabajo de clasificación y evaluación extremadamente detallado. Las autoridades consideraron el perfil criminológico de cada interno, realizando un análisis pormenorizado de antecedentes, delitos de los cuales se les acusa o fueron condenados, y nivel de peligrosidad potencial. Este triaje no fue meramente administrativo, sino que incluyó una evaluación médica exhaustiva, reconociendo que el movimiento de un número tan significativo de personas podría generar complicaciones sanitarias. Las medidas de prevención de riesgos estuvieron presentes en cada momento del recorrido, contemplando escenarios de posibles contingencias que pudieran surgir durante el transporte. La entrada y salida de ambos complejos penitenciarios fueron custodiadas por efectivos apostados en las puertas de acceso, constituyendo puntos de control adicionales en el dispositivo general de seguridad.
La ministra de Seguridad de la Nación realizó comunicaciones públicas sobre el avance de la operación, describiendo el traslado como "histórico" y enfatizando la importancia de la coordinación entre las instituciones federales. Su intervención en redes sociales subrayó que los primeros 326 internos fueron movidos en la jornada inicial, posicionando el hecho como un mojón significativo en la gestión penitenciaria nacional. Esta comunicación institucional buscaba proyectar una imagen de orden y precisión en la ejecución de una tarea que, reconocidamente, presenta complejidades operativas y potenciales riesgos de seguridad.
Marcos Paz: una fortaleza carcelaria de nuevo diseño
El destino de los detenidos trasladados desde Devoto es un establecimiento construido recientemente por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en un terreno que se extiende sobre 80 hectáreas de superficie. El Complejo Penitenciario de Marcos Paz fue entregado formalmente a la Nación mediante un acta de recepción provisoria que fue suscripta durante una ceremonia oficial realizada el jueves anterior al inicio de los traslados. La rúbrica de este acuerdo corrió a cargo de la secretaria general de la Presidencia y el jefe de Gobierno porteño, simbolizando una coordinación entre niveles estatales que históricamente han presentado tensiones en materia de seguridad carcelaria. El nuevo establecimiento posee una capacidad proyectada de aproximadamente 2.240 internos, lo que le permite albergar no solo a la población que provendrá de Devoto, sino también disponer de espacios adicionales para futuras necesidades del sistema penitenciario.
Las características infraestructurales del complejo reflejan estándares contemporáneos en diseño carcelario. La instalación comprende cuatro unidades de alojamiento separadas, reconociendo que la segregación física de grupos de detenidos responde a criterios de manejo de riesgos internos. Complementando estas áreas residenciales, el predio cuenta con zonas dedicadas a servicios de salud, espacios educativos y áreas designadas para visitas de familiares. Un aspecto destacado en la seguridad perimetral es la existencia de un doble anillo de seguridad, representando una estrategia de contención multinivel que dificulta potenciales intentos de evasión o ingreso no autorizado de elementos desde el exterior. Esta configuración responde a los aprendizajes acumulados en décadas de funcionamiento de cárceles de máxima seguridad, incorporando tecnología y diseño arquitectónico como herramientas preventivas.
Más allá de recibir a los aproximadamente 1.500 detenidos provenientes de Devoto, las autoridades proyectan destinar plazas adicionales en el nuevo complejo a personas alojadas actualmente en comisarías y alcaidías del ámbito porteño. Esta estrategia busca descongestionar instalaciones de seguridad que no fueron originalmente diseñadas como cárceles permanentes, mejorando potencialmente las condiciones de alojamiento de esos detenidos y liberando recursos en comisarías para funciones más vinculadas a la seguridad preventiva.
Implicancias y perspectivas futuras del cierre de Devoto
El desalojo definitivo del Complejo Penitenciario Federal de Villa Devoto representa el final de una era que se remonta a tiempos del sistema carcelario nacional del siglo diecinueve. La presencia de esta institución en territorio urbano consolidado generó, a lo largo de más de cien años, tensiones permanentes con la población residente en el barrio. Los vecinos han sostenido reclamos constantes sobre las implicancias de convivir con una cárcel federal que alberga a población detenida por delitos graves, generando preocupaciones sobre seguridad, ruidos, olores y la simple cuestión de tener un establecimiento penitenciario como vecino. La deslocalización hacia Marcos Paz, ubicada en territorio fuera del radio urbano denso, modifica dramáticamente esta ecuación territorial. Sin embargo, esta mudanza también plantea interrogantes sobre cómo afectará el uso futuro del predio que ocupó Devoto durante tanto tiempo, y qué transformaciones urbanas podría experimentar una zona que actualmente cuenta con una "cicatriz" institucional de esa magnitud.
Desde múltiples ángulos, este operativo puede interpretarse de distintas maneras según la perspectiva desde la cual se lo analice. Para los vecinos de Devoto y sectores que vieron en la presencia carcelaria una carga sobre la calidad de vida del barrio, la mudanza representa una victoria administrativa de largo aliento. Para los trabajadores del Servicio Penitenciario Federal y otros agentes que participaron en el operativo, el desafío operacional de trasladar 1.500 personas con seguridad refleja la capacidad institucional de coordinación interagencial. Para la población carcelaria, el cambio de instalación puede significar tanto mejoras en infraestructura y servicios, como también transformaciones en dinámicas de convivencia interna y relaciones con el sistema de vigilancia. Para el sistema de justicia penitenciaria en su conjunto, la creación de esta nueva capacidad en Marcos Paz abre posibilidades para reorganizar la población detenida según criterios de riesgo y clasificación, potencialmente mejorando la gestión de seguridad. Cada una de estas lecturas es válida en su propio contexto, y juntas conforman el cuadro completo de lo que significa esta reubicación sin precedentes recientes en la historia carcelaria argentina.



