La cadena de custodia de los escritos que funcionan como esqueleto probatorio en uno de los procesos penales más transcendentes de la última década acaba de reforzarse en términos técnicos y pericial. Durante la jornada de ayer, dos profesionales del área informativa comparecieron ante el tribunal para certificar, mediante su testimonio directo, que los materiales conservados en poder del Tribunal Oral Federal 7 guardan correspondencia exacta con aquello que vieron, tocaron y procesaron durante el trabajo de investigación periodística que derivó en esta acusación masiva. Este movimiento procesal resulta fundamental para solidificar la validez de unos apuntes que, más allá de cualquier controversia sobre su origen o manejo, constituyen la base documental sobre la cual descansa gran parte de la imputación.

El primero en ofrecer su declaración fue Santiago Nasra, integrante de los equipos que colaboraron en la sistematización y procesamiento de la información contenida en aquellos registros manuscritos. Su contribución al trabajo fue específicamente técnica: transformar los datos anotados a mano en un formato digital ordenado, catalogable y consultable. Cuando los magistrados le exhibieron el material original, protegido bajo guantes de látex para preservar cualquier evidencia potencial, Nasra realizó una certificación visual inmediata. Confirmó que lo que veía frente a él reproducía fielmente lo que había transcripto. La coincidencia, según su apreciación, era absoluta: la grafía, las dimensiones físicas de los cuadernos, la disposición de los renglones, la estructura general del documento. Nasra profundizó en los detalles metodológicos de su tarea, explicando cómo había procedido a la digitalización línea por línea, asegurando que no había distorsiones entre el original y la versión electrónica que pasaría a formar parte de la base de datos de la investigación.

La perspectiva del académico y su primer contacto con los registros

Héctor Guyot, quien durante más de dos décadas ha desarrollado tareas de análisis y comunicación en el ámbito periodístico, fue el segundo en comparecer. Su rol en esta historia presenta características distintas. Guyot no fue un ejecutor de tareas de procesamiento de información, sino más bien un enlace y un validador temprano del material. De acuerdo con su relato, el investigador principal le cursó una solicitud inicial bastante hermética: necesitaba incorporar a un par de alumnos avanzados de un programa de posgrado que Guyot coordinaba, pero sin revelar inicialmente cuál era el propósito. Solo posteriormente, cuando la pesquisa ya estaba en movimiento, le fue confiada información más sustancial y se le permitió acceder a los cuadernos físicamente. Esa experiencia única de manipular directamente los documentos le permitió ahora ofrecer una descripción sensorial de los mismos. Guyot recordó con precisión el impacto visual que le causó la lectura de aquellas anotaciones: un estilo que le pareció notarialmente austero, despojado de ornamentación, donde cada línea contenía información concreta sin divagaciones ni comentarios personales. Era, en su descripción, un registro de datos puros.

Lo que resulta significativo en el testimonio de Guyot es su referencia al régimen de discreción bajo el cual operó todo el proceso investigativo. Mencionó explícitamente que el manejo de la información se ejecutó "con mucho sigilo", lo que implica que hubo protocolos deliberados para resguardar la identidad de fuentes, la ubicación del material, y el círculo de personas que accedían a los documentos. Esta dimensión metodológica no es menor: en un contexto donde la autenticidad de los registros ha sido objeto de cuestionamientos legales, poder demostrar que hubo cuidados protocolares sobre su manejo contribuye a descartar hipótesis de manipulación o deterioro accidental. Ambos testigos debieron responder preguntas provenientes de tres flancos distintos: el ministerio público, los abogados defensores de los acusados, y los propios jueces. Las preguntas se concentraron en aspectos técnicos de los documentos: si existían tachones o enmiendas, cuál era el estado general de conservación, si faltaban páginas, si ciertos nombres aparecían o no. Algunos defensores, como el letrado que representa a la expresidenta, solicitaron acercarse al estrado para observar directamente los cuadernos sin tocarlos, una práctica que el tribunal autorizó dentro de los protocolos de evidencia.

El andamiaje probatorio que se consolida semana a semana

Estas declaraciones se inscriben en un cronograma procesal que arrancó hace poco más de un mes, en noviembre de 2025. El tribunal se propuso desarrollar dos audiencias cada siete días, un ritmo que busca mantener momentum en un juicio de características colosales. Los acusados suman aproximadamente varias decenas de personas, entre funcionarios que se desempeñaron en distintas administraciones y empresarios que supuestamente participaron en un esquema de captación de fondos no declarados. Los cuadernos del conductor constituyen la primera línea probatoria, porque contienen anotaciones contemporáneas de operaciones que presuntamente integraban un circuito de recaudación extraoficial. Pero existe un segundo pilar: el testimonio de sujetos que participaron activamente en ese sistema, quienes han optado por declararse arrepentidos y colaborar con la justicia, ofreciendo sus versiones sobre cómo funcionaba el mecanismo y qué rol cumplía cada participante. En semanas previas, el periodista que lideró la investigación original compareció como testigo durante aproximadamente doce horas. Su exposición fue pormenorizada: explicó los canales por los cuales accedió al material inicial, los procedimientos que siguió para verificar la información, cómo incorporó a colaboradores como Nasra, y de qué forma se construyó la base de datos que permitió mapear las operaciones registradas. Durante esa declaración, los defensores intentaron en varias oportunidades que el testigo revelara detalles sobre encuentros y conversaciones que mantuvo a lo largo de la investigación. El tribunal resolvió unánimemente que existía un derecho legítimo a preservar la identidad de personas que habían actuado como fuentes, una protección tradicional en el ejercicio del periodismo de investigación que la jurisprudencia reconoce y resguarda.

Los próximos pasos en el calendario forense resultan tan relevantes como los anteriores. Jorge Bacigalupo, un exintegrante de fuerzas de seguridad, será quien comparezca en la próxima sesión. Su función en esta cadena de eventos fue decisiva: fue él quien recibió originalmente los cuadernos del conductor y quien decidió compartirlos con el periodista, su vecino. Luego intervendrá Hilda María Horovitz, la expareja del conductor. Su testimonio será explorado probablemente en relación con detalles sobre la vida cotidiana de Centeno, sus hábitos, sus vínculos, elementos contextuales que podrían contribuir a establecer la credibilidad de los registros o aclarar circunstancias sobre cómo se originaron y mantuvieron durante años. Cada declaración añade capas de corroboración sobre la realidad de los hechos que se investigan. No se trata únicamente de validar papeles, sino de reconstruir un contexto donde esos papeles adquieren significado como reflejo de prácticas concretas.

Las implicancias de estos testimonios trascienden el ámbito meramente probatorio. En primer lugar, la confirmación de la autenticidad de los documentos mediante múltiples observadores reduce significativamente el espacio para argumentaciones sobre fabricación o alteración de evidencia. En segundo lugar, el hecho de que profesionales del periodismo de investigación estén dispuestos a comparecer y responder preguntas en un marco judicial establece un precedente sobre el rol que ese tipo de trabajo puede desempeñar dentro del proceso penal moderno. En tercer lugar, la información que emerge de estas audiencias sobre los mecanismos de recaudación extraoficial genera un registro público que, independientemente del resultado final del juicio, contribuye al conocimiento colectivo sobre cómo operaban ciertas dinámicas de concentración de recursos fuera de los circuitos formales. Las perspectivas sobre lo que suceda en adelante son múltiples. Para los acusadores, cada testimonio que valida la documentación fortalece la estructura acusatoria. Para las defensas, las declaraciones abren oportunidades para cuestionar detalles, inconsistencias o posibles interpretaciones alternativas de lo que los cuadernos registran. Para los observadores del sistema judicial, el proceso en su conjunto representa un test sobre la capacidad de los tribunales para procesar información compleja y múltiple en contextos donde la gravedad de las imputaciones demanda un estándar muy elevado de comprobación.