Un ascenso con cadenas invisibles
La promoción de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete marca un punto de quiebre en la arquitectura del poder dentro de la administración nacional, aunque no de la forma que podría suponerse a primera vista. El cambio administrativo no representa tanto una expansión de su influencia como el comienzo de una compleja negociación interna donde su capacidad de maniobra quedará sujeta a múltiples restricciones. Su nombramiento responde a destrezas específicas: capacidad de gestión ejecutiva, habilidad para construir consensos retóricos y destreza en la comunicación pública de las decisiones oficiales. Sin embargo, apenas asumió el nuevo cargo, le impusieron un segundo que funciona como delegado directo: Ignacio Devitt, un cuadro de tercera línea proveniente de Pro que llegó a La Libertad Avanza a través de Manuel Adorni. Devitt representa la estructura de control que caracterizan los Milei: la aversión a otorgar autonomía genuina a sus colaboradores y la necesidad de mantener supervisión continua sobre las acciones que se ejecutan en cada dependencia.
Esta disposición refleja un patrón de comportamiento que domina la toma de decisiones presidenciales desde el inicio de la gestión. Cuando Santilli llegó al Ministerio del Interior, el Presidente y su hermana Karina redujeron significativamente los espacios que podrían ocuparse de manera independiente. Ahora, en la Jefatura, replicaron la misma estrategia: prefieren mantener múltiples centros de control antes que confiar plenamente en un colaborador, incluso uno de reconocida lealtad. Esta estructura genera tensiones predecibles. Gustavo Coria, nuevo secretario de Interior, deberá navegar las limitaciones que impone Devitt mientras disimula las fricciones internas. Coria es hombre de confianza de Santilli desde sus días en el Ceamse, donde nació también la amistad del "Colo" con Claudio "Chiqui" Tapia. Su desafío será conquistar espacios de autonomía relativa sin confrontar abiertamente con los supervisores presidenciales.
El fantasma de Santiago Caputo y las facciones en disputa
Más allá de las estructuras visibles de poder, existe una fricción no declarada pero tangible entre Santilli y Santiago Caputo, conocido en los círculos políticos como el "Mago del Kremlin". Los Menem —Eduardo "Lule" y su primo Martín— esperaban que el nuevo jefe de Gabinete sirviera como palanca para remover a Caputo de su posición de asesor clave del Presidente. Esa expectativa chocará inevitablemente con la realidad política: Milei prefiere mantener a Caputo aunque esto genere conflictos internos, y la designación de Santilli expresa precisamente ese cálculo. El nombramiento no busca reemplazar al "Mago" sino convivir con la tensión factible que genera su permanencia.
Sin embargo, la coexistencia entre Santilli y Caputo está garantizada por relaciones previas que trascienden el enfrentamiento factional. El "Colo" contrató durante años los servicios de Rodrigo Lugones, líder de la consultora Move donde también trabaja Caputo. Los aproximó Bruno Screnci, antiguo compañero de colegio de Lugones y ahora operador político que maneja influencias desde Madrid. Esa red relacional funciona como colchón que evita la escalada abierta del conflicto. Santilli es, además, estructuralmente fóbico al conflicto directo, una característica que lo emparenta con Juan Bautista Mahiques, ministro de Justicia, quien posee la capacidad de simular lealtades múltiples sin comprometerse realmente con ninguna. En este contexto, Caputo puede celebrar que Santilli no husmeará en sus dominios por pura evitación de confrontación.
Una arista del comportamiento de Mahiques merece atención: ¿qué resolverá respecto del expediente remitido por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en relación con el camarista federal Leopoldo Bruglia? El juez denunció discriminación en el Poder Ejecutivo: será reemplazado por alguien surgido de un concurso porque llegó a su posición mediante traslación desde otro tribunal. Sin embargo, Carlos Mahíques, padre del ministro y también camarista de Casación, fue trasladado no solo desde otro tribunal sino desde otro fuero, y su permanencia no genera conflicto alguno. La inconsistencia normativa torna visible la selectividad con que se aplican criterios en el aparato judicial.
Buenos Aires: la provincia que define todo
El verdadero problema de Santilli no radica en sus conflictos con Caputo sino en la competencia electoral que lo aguarda en Buenos Aires. Sebastián Pareja, diputado nacional y delegado de Karina Milei en la conducción de La Libertad Avanza en la provincia, también aspira a ser candidato a gobernador. Esta disputa no es meramente personal: la provincia de Buenos Aires define el escenario político nacional en su conjunto. Para ganar la gobernación —una elección que se decide por simple pluralidad de votos sin ballotage— Santilli necesita la unificación de todo el espectro que se extiende desde el centro hasta la derecha en el campo no peronista. Allí está el primer obstáculo: Milei, apenas anunció la promoción de su ministro, declaró que Mauricio Macri estafó a los argentinos cuando reestructuró la deuda en pesos. Esa acusación pública dificulta la construcción de acuerdos amplios que cualquier candidato no peronista necesita en el territorio bonaerense.
Macri, por su parte, está en condiciones de postular una fórmula alternativa en Buenos Aires no con la intención de que Pro gane, sino con el objetivo de que La Libertad Avanza pierda. Santilli sentiría los tironeos de un conflicto que podría derivar en su derrota electoral. Desde el fin de semana pasado pesa sobre la carrera bonaerense de Santilli un interrogante fundamental: ¿ser jefe de Gabinete de una administración identificada con medidas de ajuste fiscal es una ventaja o un castigo en el conurbano y en el interior de la provincia? La respuesta dependerá de cómo evolucione la economía en los próximos meses y de la capacidad del nuevo jefe de Gabinete para proyectar una imagen de ejecutividad que compensesocialmente las tensiones generadas por la política económica nacional.
El calendario electoral como arma política
La elección de la provincia de Buenos Aires plantea un dilema que trasciende a Santilli: si se celebra de manera independiente respecto de los comicios presidenciales de 2027, el impacto del resultado sobre los mercados puede ser determinante. ¿Cómo reaccionarían los operadores de cambios frente a un eventual triunfo de un candidato kirchnerista? ¿Y si, por el contrario, prevalece un elegido de Milei? En 2019, algunos dirigentes de Juntos por el Cambio propusieron a María Eugenia Vidal adelantar los comicios provinciales para que su eventual reelección oxigenara a Macri en la competencia nacional. Vidal rechazó la propuesta. Ahora surge la pregunta simétrica: ¿qué conviene más al Presidente? ¿Elecciones desdobladas en las que Santilli o Pareja consigan un triunfo proyectable al escenario nacional? ¿O una contienda unificada donde prevalezca la agenda de la Casa Rosada?
La llave del calendario pertenece al peronismo bonaerense, específicamente a los intendentes cuya gravitación en el territorio es crucial. Ellos sueñan con adelantos de comicios provinciales como sucede en otros distritos, pero estarían dispuestos a plegarse a la campaña nacional a cambio de un beneficio superior: la eliminación de la cláusula que limita a dos mandatos consecutivos a los jefes municipales. Exigen restaurar la reelección indefinida. La gran dificultad para suprimir esa limitación es la resistencia de Sergio Massa. Quienes lo conocen mencionan razones diversas: algunos hablan de principios, otros de su odio hacia los intendentes, y un tercero apunta a su intención de bloquear una nueva candidatura de Julio Zamora, quien lo derrotó en Tigre. No obstante, Massa declinaría su reticencia si el candidato a presidente fuera él mismo. En ese escenario, se resignaría a la reelección indefinida a cambio de que los intendentes acepten que los comicios bonaerenses coincidan con los nacionales.
La fragmentación peronista y sus consecuencias
Mientras tanto, el peronismo atraviesa una crisis de profundidad inédita. La ruptura entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof parece haber alcanzado un punto de no retorno. El escenario más resonante del conflicto es la Legislatura bonaerense, donde dos senadores provinciales subordinados a la expresidenta —Sergio Berni y Mario Ishii— insultaron públicamente a Verónica Magario, presidenta de la Cámara, quien debió cerrar sus micrófonos para contener las agresiones. Hay quienes temen que el Poder Legislativo provincial haya perdido su funcionalidad. Una enemistada irreversible con Kicillof deja a Cristina Kirchner sin candidato obvio para la gobernación. En esa grieta se asoma la posibilidad de que Massa reingrese al ruedo electoral como postulante presidencial.
Su imagen sigue siendo problemática: según datos disponibles, presenta 60,7% de desprestigio contra 32,8% de prestigio. Además, diversos escándalos salpican su trayectoria: desde movimientos de dólares de Javier Faroni vinculados a la AFA, pasando por intervenciones opacas en operaciones de comercio exterior de su vecino Germán Cervantes, hasta los rulos cambiarios del ex de Jésica Cirio, Elías Piccirillo, durante el gobierno de Alberto Fernández. Respecto de Piccirillo: ¿quién pagó la fianza para que le otorgaran prisión domiciliaria? En círculos del PJ bonaerense circula el rumor de que fue alguien que no desea que Piccirillo, devastado emocionalmente, exponga en detalle los negociados con el cepo cambiario. A pesar de estas fragilidades, Massa está tentado. Especialmente cuando constata la crisis catastrófica del PJ bonaerense y la virtual imposibilidad de que Kicillof logre unificar a su fuerza política.
El tablero porteño y los riesgos de Santilli
Los riesgos bonaerenses para Santilli son numerosísimos, y su nueva condición de jefe de Gabinete parece multiplicarlos. Comienza a evaluarse en círculos oficialistas si no sería más beneficioso para él regresar a la Ciudad de Buenos Aires y presentarse como candidato a jefe de Gobierno. Esa opción permitiría a Milei ejecutar una operación paradójica: para los que exigen que La Libertad Avanza respete el feudo histórico de Pro, se cedería la candidatura a ese partido. Pero con Santilli, no con un representante de los Macri como Jorge Macri. Una curiosidad sin resolver: ¿Fernando de Andreis y Guillermo Dietrich también compiten, alentados por Mauricio? ¿Cómo está la relación entre los primos Macri?
Jorge Macri ejecuta todos los deberes para satisfacer a la Casa Rosada como potencial candidato porteño. Especialmente uno: radicaliza su posicionamiento hacia la derecha. Recientemente, en un video que viralizó, reprobó a la Iglesia Católica por llenar de pobres la Capital Federal, ofreciéndoles comida en los atrios de los templos. "Porque adentro nunca los llevan", agregó. Se trata de un audacia retórica que señala su disposición a ocupar espacios discursivos crecientes. Si Santilli termina siendo el candidato de los Milei en la Ciudad, el más joven de los Macri se habrá arrepentido de haber saludado el ascenso del "Colo" a la Jefatura a través de un mensaje en redes sociales.
Tampoco aquí Santilli busca conflicto. Lo demostró en diciembre pasado cuando Daniel Angelici, hombre fuerte del gobierno porteño, le arrebató dos "cajas" clave: la secretaría administrativa de la Legislatura y la oficina que controla la renegociación de contratos de recolección de residuos. La basura, su reino histórico, le fue arrebatada sin que generara confrontación pública. A propósito de Angelici: no cesa de repetir que, si los Macri pactan con Milei, él se abre del oficialismo envuelto en la bandera radical, una amenaza que proyecta otra línea de fractura electoral.
Un panorama de fragmentación sin precedentes
El panorama de conflictos que se despliega plantea un escenario electoral inquietante: ¿podrían competir cuatro fuerzas electorales simultáneamente? Dos versiones del peronismo —una respondiente a Kicillof, otra al kirchnerismo—, y dos del no peronismo —los Milei y Pro, posiblemente con candidatos diferentes—. Cristina Kirchner presiente ese formato, que cobija resultados impredecibles. Lo peculiar es que el PJ se quiebra por su propia dinámica interna, no por intervención deliberada de Milei. El Presidente habla poco de Kicillof, menciona a Cristina Kirchner solo cuando necesita disimular escándalos en sus propias filas, y mantiene un misterio absoluto sobre Massa, el ministro de Economía cuya herencia fue una crisis terminal. A Milei le interesa mucho más dividir su propio campo político. Comenzó por Victoria Villarruel y desde hace meses está en conflicto con Macri. Solo se detiene ante una figura: Patricia Bullrich, la dirigente más valorada por la opinión pública según los datos disponibles y cuyo ascenso fue la consec



