Tres décadas y media después de que el apellido Saadi ocupara la máxima magistratura provincial, la política catamarqueña vuelve a girar alrededor de esa dinastía regional. No se trata de un regreso accidental ni de un movimiento espontáneo, sino del resultado de negociaciones internas dentro del peronismo local que comienzan a cobrar forma pública. Gustavo Saadi, actual intendente de San Fernando del Valle de Catamarca, emerge como el candidato con mayor respaldo dentro del justicialismo provincial para competir en los comicios presidenciales y legislativos de 2027, cuando finalice el mandato del gobernador Raúl Jalil. Lo significativo no radica únicamente en la identidad del postulante, sino en las implicancias que este movimiento representa para el equilibrio político provincial y para la redefinición de alianzas que viene experimentando el país.
La decisión de Jalil de no buscar un tercer período consecutivo marca un quiebre importante en la dinámica política catamarqueña. Aunque la Constitución provincial le hubiera permitido presentarse nuevamente, el gobernador optó por adherirse a la legislación sancionada en 2023 que establece un máximo de dos mandatos consecutivos para la fórmula en ejercicio. Esta determinación abrió las compuertas para que diversos sectores del peronismo comenzaran a mover filas y a posicionar candidatos. Jalil, quien llegó al poder en 2019 y fue reelecto en 2023, no solo cierra un capítulo de su gestión sino que también genera un vacío de poder que múltiples figuras aspiran a llenar. Su respeto por los límites constitucionales contrasta con prácticas históricas en distintas provincias argentinas y sitúa a Catamarca en una dinámica donde las reglas institucionales funcionan como marcos efectivos de competencia.
Las redes de poder y los apellidos que gobiernan
El tejido político catamarqueño se caracteriza por una particular concentración de poder en torno a algunos apellidos que se perpetúan a través de alianzas matrimoniales, parentescos lejanos y acuerdos generacionales. Gustavo Saadi es sobrino del exsenador nacional Vicente Saadi y primo hermano del exgobernador Ramón Saadi, quien estuvo en el poder durante la crisis provincial de 1991, cuando Catamarca fue intervenida en medio de una profunda convulsión social. Esa época quedó marcada en la memoria colectiva por las protestas conocidas como "marchas del silencio", desencadenadas tras el homicidio de María Soledad Morales. A pesar de este legado controvertido, el apellido Saadi conserva capacidad de movilización política y estructura territorial en varios municipios.
La trayectoria de Gustavo Saadi dentro de la estructura estatal provincial refleja un ascenso metódico dentro de la administración peronista. Cuando Raúl Jalil ejercía como intendente de San Fernando del Valle de Catamarca, Saadi se desempeñaba como secretario de Gobierno municipal. Posteriormente, transitó hacia la esfera provincial como funcionario del Ministerio de Gobierno durante la gestión de Lucía Corpacci, quien asumió la gobernación en 2011 tras vencer al radical Eduardo Brizuela del Moral. En 2017, Saadi competía como candidato a diputado nacional en comicios donde enfrentó al mismo Brizuela del Moral y se impuso. Su elección como intendente en 2019 y su posterior reelección en 2023 consolidaron su presencia territorial y su poder de convocatoria en la capital provincial.
Los acuerdos históricos que sostienen las estructuras
Comprender la actual pugna sucesoria requiere retrotraerse a 1987, cuando José Guido Jalil, padre del gobernador actual, llegó a un acuerdo político con el saadismo que transformó la geografía electoral de Catamarca. Antes de ese pacto, ambos sectores funcionaban como adversarios directos. El arreglo permitió que Jalil accediera a la intendencia de la capital y que Vicente Saadi ocupara la gobernación. Este antecedente histórico no es anecdótico: demuestra que las alianzas y rupturas en Catamarca responden a lógicas de negociación donde los pactos tácitos adquieren una importancia equivalente a la de los institucionales. Cuando Corpacci regresó al poder en 2011, lo hizo bajo una alianza en la que participaron activamente tanto Jalil como Ramón Saadi. El acuerdo tripartito de 2019 consolidó esta coalición: Corpacci accedió a una banca de diputada nacional que luego transformó en un escaño en el Senado en 2021; Jalil llegaba a la gobernación; y Gustavo Saadi era electo intendente de la capital. Ese equilibrio se revalidó en 2023 con las reelecciones de Jalil y Saadi.
El apoyo que Lucía Corpacci brindó públicamente a la candidatura de Saadi esta semana constituye un mensaje político de considerable peso. Corpacci, quien preside el Partido Justicialista catamarqueño, manifestó su predisposición favorable hacia una eventual postulación de Saadi, argumentando que resultaría beneficioso para la provincia. Esta declaración funciona como un respaldo institucional dentro de la estructura partidaria y como una señal dirigida hacia otros sectores del peronismo para alinearse tras su apoyo. Sin embargo, la posición de Corpacci también refleja sus propias coordenadas políticas: ella mantiene una cercanía explícita con Cristina Kirchner, a quien respalda públicamente y cuyo liderazgo en el peronismo destaca de manera recurrente en sus intervenciones públicas.
El panorama se complica cuando se observan las derivas que han tomado Jalil y Corpacci en tiempos recientes. Aunque históricamente trabajaron en conjunto y mantienen diálogos, hoy ocupan espacios políticos distintos. El gobernador se posiciona dentro del sector denominado "dialoguista" del peronismo y ha establecido una alianza funcional con el gobierno nacional. De hecho, Jalil actúa como aliado de los libertarios en el Congreso y respalda iniciativas consideradas prioritarias por la administración nacional. A finales del año anterior, Jalil se distanció de Fuerza Patria y conformó un bloque legislativo con los tres diputados que responden a su liderazgo. La visita que realizaron a Catamarca el jefe de Gabinete Diego Santilli y el ministro de Economía Luis Caputo para inaugurar la Red de Acueductos y Plantas Potabilizadoras Albigasta materializó esta alineación. En contraste, Cristina Kirchner elogió públicamente a Jalil tras las elecciones nacionales de 2025, aunque el gobernador ha optado por tomar distancia de la expresidenta.
Las tensiones internas y los candidatos alternativos
Precisamente estas divergencias ideológicas y estas orientaciones políticas distintas generan fracturas dentro del peronismo catamarqueño que no resultan visibles en los espacios públicos pero que operan en la trastienda de la política provincial. Dirigentes cercanos a Jalil, en conversaciones privadas, expresan reservas respecto de la candidatura de Saadi. Sus objeciones no se formalizan en declaraciones públicas pero alimentan una tensión subterránea que podría emerger cuando se acerquen las fechas electorales. Como respuesta a esta situación, ha comenzado a circular como una alternativa viable el nombre de Fernando Jalil, hermano del gobernador y actual presidente de Yacimientos Mineros de Agua de Dionisio (YMAD). Este organismo pasó a control provincial hace apenas un mes, cuando la Nación transfirió su administración, lo que coloca a Fernando Jalil en una posición institucional relevante y le otorga capacidad de gestión sobre un recurso estratégico como los yacimientos mineros.
La posibilidad de que Fernando Jalil emerja como candidato representa una alternativa que mantendría la gobernación dentro de la órbita familiar de Raúl Jalil, a la vez que resolvería algunas de las tensiones internas respecto de la orientación política provincial. Sin embargo, también complicaría el consenso que Corpacci ha procurado construir en torno a Gustavo Saadi. En un distrito donde los apellidos se entrelazan de manera compleja y donde la memoria política posee una vigencia que trasciende décadas, cualquier decisión sobre la sucesión gubernamental involucra cálculos que rebasan los nombres específicos de los candidatos e implican definiciones sobre la dirección estratégica que adoptará Catamarca en los próximos años.
El recorrido institucional de Saadi dentro de la administración provincial y municipal lo posiciona como un candidato con cierta trayectoria administrativa y con una base electoral consolidada en la capital. Su desempeño como intendente de San Fernando ha construido una narrativa de continuidad con gestiones anteriores y lo vincula directamente con sectores que prosperaron bajo gobiernos peronistas. No obstante, su vinculación histórica con el saadismo le impone la necesidad de diferenciarse respecto de un pasado que, aunque lejano, permanece en la memoria de amplios sectores de la sociedad catamarqueña. La década de los noventa y el proceso de intervención provincial quedaron asociados en el imaginario colectivo con crisis, desorden institucional y conflictividad social. Aunque Gustavo Saadi no fue actor protagonista en aquellos eventos, el apellido que porta carga con esa herencia.
El contexto nacional y sus implicancias regionales
La definición sucesoria en Catamarca no ocurre en un vacío político sino que está atravesada por la reconfiguración del mapa político nacional. El peronismo en su conjunto experimenta una fragmentación sin precedentes, con múltiples espacios que rivalizan por la conducción y por la definición de lineamientos estratégicos. La presencia de gobiernos peronistas en provincias que simultanean gestas con orientaciones políticas diferenciadas respecto del gobierno nacional ha generado una multiplicidad de prácticas, acuerdos y tensiones que reflejan la complejidad del sistema político argentino. En este contexto, la opción que adopte Catamarca respecto de su próxima gobernación tendrá implicancias que exceden los límites provinciales y tocará aspectos relativos a las formas de construcción política que prevalecerán en el peronismo regional.
El viaje de Santilli y Caputo a Catamarca para inaugurar obras de infraestructura hídrica simboliza una estrategia nacional de vinculación con gobiernos locales mediante inversiones y reconocimiento. Jalil, al recibir a estos funcionarios de primera línea, refrendó su disposición a mantener vínculos funcionales con la administración libertaria. Esta orientación del gobernador actual no necesariamente será compartida por su sucesor, sea Saadi, Fernando Jalil o cualquier otro candidato que finalmente se imponga. La redefinición de la conducción provincial podría implicar un viraje hacia mayores grados de confrontación con el gobierno nacional o, por el contrario, la consolidación de la actual sintonía. Todo dependerá de quién acceda a la gobernación y de cuál sea la base de apoyo político que lo sostiene.
Perspectivas y consecuencias posibles
Los meses venideros presenciarán una competencia interna dentro del peronismo catamarqueño que, aunque formal y aparentemente centrada en la presentación de candidatos, en realidad expresa disputas más profundas sobre orientaciones políticas, lealtades territoriales y definiciones sobre la estructura de poder provincial. Si la candidatura de Gustavo Saadi prospera conforme a los acuerdos previos que Corpacci ha comenzado a verbalizar, el peronismo catamarqueño podría consolidar una coalición que abarque tanto a los sectores kirchneristas como a segmentos que mantienen vínculos con la administración nacional. Esto permitiría una continuidad institucional relativa, aunque con un cambio en la conducción política. Por el contrario, si emergen candidatos alternativos como Fernando Jalil o si sectores internos del peronismo deciden no respaldar a Saadi, la competencia por la sucesión se intensificaría y podría fracturar los acuerdos que han permitido al peronismo mantener la gobernación provincial desde 2011. Las consecuencias de uno u otro escenario repercutirán no solo en la capacidad de gestión provincial sino también en la posición relativa de Catamarca dentro del mapa político nacional, en su vinculación con el gobierno central y en las posibilidades de que sus demandas de inversión y reconocimiento institucional reciban respuestas acordes.



