La apertura de canales de negociación entre la dirigencia de Pro y funcionarios de la administración Milei ha generado una fractura interna en el partido que gobierna Buenos Aires desde hace casi dos décadas. El establecimiento de una mesa de trabajo quincenal, cuya primera sesión se realizó esta semana en la Casa Rosada, dividió las aguas entre quienes ven en ese diálogo una oportunidad para construir acuerdos electorales de cara a 2027 y aquellos que lo interpretan como una traición a los principios de autonomía política que definen al espacio. Esta tensión refleja un dilema más profundo: si Pro debe competir como aliado del Gobierno libertario o constituirse como una alternativa independiente en los próximos comicios nacionales.
El encuentro de hace poco más de una semana reunió en la residencia presidencial a dos delegaciones con misiones claramente diferenciadas. Del lado gubernamental participaron el jefe de Gabinete Diego Santilli, el subsecretario de Gestión Institucional Eduardo "Lule" Menem y el titular de la Cámara de Diputados Martín Menem. Por parte de Pro asistieron Cristian Ritondo, quien encabeza el bloque de diputados del partido, y Fernando de Andreis, legislador nacional y secretario general de la estructura partidaria. Desde las filas macristas se caracterizó el encuentro como un "primer paso para construir un trabajo conjunto y blindar el cambio", frase que deja abierta la interpretación sobre si se trata efectivamente de un preámbulo para un pacto electoral o meramente una instancia de coordinación administrativa.
La reacción del interior partidario
Sin embargo, la recepción de esta iniciativa dentro de Pro dista mucho de ser unánime. Dirigentes de provincias ajenas a Buenos Aires expresaron abiertamente su descontento con el giro que parecen estar tomando las negociaciones, particularmente porque consideran que los intereses que impulsan el acercamiento responden únicamente a las prioridades electorales de la Capital federal y del conurbano bonaerense. Estos referentes advierten que la mesa de diálogo responde a cálculos territoriales específicos, impulsados por la gestión de Jorge Macri en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y por el control que Ritondo ejerce dentro de Pro a nivel provincial. Un dirigente relevante del partido señaló con franqueza que "hay una gran parte de Pro, sobre todo del interior, que no está de acuerdo y que no ve bien el acercamiento", y lamentó que la reunión introdujera "ruido y confusión" en la estructura partidaria.
A pesar de esta decepción, los críticos del acercamiento con Milei dejaron en claro que no abandonarán su plan de construir una candidatura presidencial que compita directamente con La Libertad Avanza en 2027. Un dirigente comprometido con esta alternativa expresó escepticismo respecto a que esta vez el diálogo derive en algo concreto, evocando el historial de encuentros similares sin resultados tangibles: "Tenemos miles de esas fotos y reuniones en el álbum. Cada vez que mostramos independencia, nos invitan a comer milanesas. Pero después no pasa nada". Esta frase resume la desconfianza acumulada por sectores de Pro que ven en estos encuentros maniobras de contención antes que genuinas intenciones de asociación política.
Lacunza mantiene su apuesta presidencial
Hernán Lacunza, exministro de Hacienda durante la gestión de Mauricio Macri, anunció su intención de ser precandidato presidencial apenas catorce días antes de que Pro formalizara la creación de la mesa con el Gobierno. Este timing no es casual: para varios analistas dentro del partido, la postulación de Lacunza funcionó como catalizador para el acercamiento oficial con Milei, en tanto representaba una amenaza a la hegemonía electoral de La Libertad Avanza. Una fuente cercana a las negociaciones sugirió que "hubo un cambio de actitud casi instantáneo" desde el Gobierno tras el lanzamiento de Lacunza, interpretando que la convocatoria a diálogo buscaba desarticular la iniciativa de una alternativa presidencial dentro de Pro. Sin embargo, Lacunza y sus allegados aseguran que su precandidatura continúa vigente y que no será condicionada por encuentros políticos o comunicados de prensa. En declaraciones recientes, enfatizó que su proyecto tiene "fundamentos profundos, no oportunistas" y que "no va a cambiar nada por una foto", en referencia a la imagen de la reunión en la Casa Rosada que circuló públicamente.
La construcción de Lacunza no es presentada por sus impulsores como una iniciativa individual, sino como un proyecto que germinó del diálogo interno con múltiples dirigentes de Pro que coincidieron en darle continuidad a su precandidatura. Entre esos respaldadores figura nada menos que Mauricio Macri, expresidente del país, quien según fuentes confiables le "pidió explícitamente que siguiera construyendo porque es un proyecto serio; no depende de que haya una reunión con el Gobierno". Esta información es relevante porque sitúa a Macri en una posición dual: como promotor del diálogo oficialista a través de sus representantes, pero simultáneamente como impulsor de una alternativa presidencial que compite con los planes de Milei. Esta duplicidad aparente responde a la intención de mantener vivos todos los escenarios posibles y evitar que Pro quede cautiva de decisiones que aún no están cristalizadas.
Las posturas dentro de Pro respecto a Lacunza se dividen en al menos tres categorías: quienes apoyan abiertamente su candidatura; dirigentes que valorizan su vocación política pero prefieren no comprometerse activamente en su construcción; y referentes que la rechazan de manera categórica, grupo compuesto mayormente por los sectores que apuestan a un acuerdo con el Gobierno libertario. Un legislador cercano a este último grupo llegó a descalificarlo públicamente, argumentando que "es de mal gusto, nunca hizo política", frase que expone la dureza del debate interno. Esta fragmentación refleja una realidad más amplia: Pro no ha logrado resolver si su identidad política pasa por ser un socio confiable del Gobierno de Milei o por constituirse como un polo alternativo dentro del espectro opositor.
Equilibrios territoriales y proyecciones electorales
En términos electorales, los números resultan elocuentes. En las elecciones locales porteñas de 2025, La Libertad Avanza obtuvo el 30,7% de los votos, superando ampliamente al 16,2% conseguido por Pro. El peronismo, por su parte, alcanzó el 27,8%. Sin embargo, cuando ambos espacios compitieron juntos en las elecciones nacionales, su confluencia permitió superar el umbral del 40%, sugiriendo que la alianza amplía las bases electorales de Pro. Este dato es particularmente relevante para comprender por qué Jorge Macri, quien gobierna la Ciudad de Buenos Aires de manera ininterrumpida desde 2007, defiende activamente un acuerdo electoral con La Libertad Avanza para los comicios de 2027.
En la provincia de Buenos Aires, la dinámica es parcialmente distinta. Ritondo trabaja en la conformación de una coalición amplia que incluya a diversos espacios opositores al gobierno de Axel Kicillof, con énfasis en una alianza con La Libertad Avanza. No obstante, esta iniciativa genera incomodidad en Pro a nivel nacional, particularmente entre dirigentes de otras provincias que advierten que cerrar dos o tres distritos podría condicionar la estrategia política en la dimensión nacional. Un dirigente de una provincia donde aún no hubo acercamientos con LLA expresó su deseo de que "las discusiones distritales y la nacional sean distintas, y no que cerrar dos o tres distritos condicione todo", evidenciando las tensiones que genera subordinar decisiones nacionales a cálculos locales.
Paralelamente, Pro impulsa una estrategia de fortalecimiento institucional a nivel municipal, independientemente de cómo resulte el debate sobre alianzas nacionales. El partido se ha fijado la ambiciosa meta de presentar 150 candidatos a intendente en las elecciones de 2027, y para ello estableció un programa de capacitación dirigido a dirigentes locales. Este plan, auspiciado por De Andreis, busca fortalecer capacidades en gestión, liderazgo y comunicación. Durante esta semana, la escuela nacional de dirigentes de Pro organizó tres jornadas virtuales como "prueba piloto" para un grupo reducido de referentes territoriales, con exposiciones de Andrés Ibarra (exministro de Modernización), Carlos Javier Mac Allister (exsecretario de Deporte) e intendentes como Soledad Martínez de Vicente López, Ramón Lanús de San Isidro, Javier Martínez de Pergamino, Esteban Allasino de Luján de Cuyo y Adela Arning de Mendiolaza. La iniciativa continuará con un programa más extenso dirigido al conjunto de los 150 aspirantes a jefe comunal.
En un gesto que algunos interpretan como compensación hacia el sector que rechaza acuerdos con Milei, Mauricio Macri participó del cierre de una de estas jornadas de capacitación esta semana. Según fuentes partidarias, su intervención tuvo un tono de "arenga", en la que alentó a los dirigentes locales a construir en sus territorios, destacando la importancia de los intendentes y de contar con equipos técnicos preparados para ejecutar políticas públicas. Este mensaje parece dirigido a recordar que la fortaleza de Pro reside en su capacidad de gestión municipal y que esa dimensión no debe ser subestimada en el debate sobre alianzas nacionales.
Perspectivas de mediano plazo
De cara a 2027, los escenarios posibles son múltiples y dependerán de cómo evolucione el diálogo ya iniciado y si efectivamente se traduce en un acuerdo electoral vinculante. Si la mesa de trabajo prospera, Pro podría consolidarse como socio privilegiado de La Libertad Avanza, mejorando potencialmente su rendimiento electoral en buena parte del país, aunque al costo de perder autonomía estratégica y de alienar a sus dirigentes más críticos con Milei. Alternativamente, si el diálogo fracasa o resulta en encuentros que no derivan en acuerdos concretos, la precandidatura de Lacunza podría adquirir mayor relevancia como expresión de una Pro independiente que compite en su propio carril. Un tercer escenario, menos probable pero plausible, sería que Pro logre mantener distintas estrategias según el territorio: alianzas locales en CABA y PBA, pero construcción autónoma en otras provincias, una opción que algunos dirigentes internos ya están esbozando. Cualquiera de estos desenlaces tendrá implicaciones profundas no solo para Pro, sino para la estructura del sistema político argentino en su conjunto.



