La Argentina experimenta estos días un peculiar fenómeno donde pasados políticos lejanos vuelven a cobrar protagonismo de la mano de nuevas circunstancias. Mario Eduardo Firmenich, quien comandó Montoneros en la década del setenta, ha retornado al escenario público mediante la publicación de su libro "Orígenes, las raíces de nuestra militancia", un texto que desentraña su trayectoria desde la infancia hasta su decisión de encabezar una de las organizaciones guerrilleras más influyentes del siglo XX en la región. Este reaparición no es menor: tras años de bajo perfil—dividiéndose entre su rol como asesor en Nicaragua y su labor como docente en España—el exlíder montonero vuelve a generar movimiento en distintos espacios políticos, especialmente entre quienes alguna vez formaron parte de aquella generación que eligió la confrontación armada como estrategia de transformación social.

Un libro que incomoda y cuestiona

Lo curioso de esta reaparición es que el propio Firmenich parece no necesitar ocultarse en territorio argentino. Su indulto, otorgado por Carlos Menem a inicios de los noventa, lo dejó sin causas abiertas en el país, lo que en teoría le permitiría transitar libremente por las calles porteñas. Sin embargo, quienes lo conocen aseguran que cuando se encuentra en Argentina prefiere mantenerse fuera del alcance de las cámaras y los reflectores mediáticos. El libro que acaba de publicar representa una ruptura con esa estrategia de invisibilidad. En sus páginas, Firmenich traza un recorrido personal que vincula su formación y sus experiencias tempranas con el contexto histórico nacional, construyendo así una narrativa donde la lucha armada aparece como consecuencia lógica de su enfrentamiento contra lo que él denomina la "democracia liberal proscriptiva" y sus adversarios políticos, a los que llamaba "gorilas".

Los testimonios de quienes integraron aquella estructura organizativa revelan una obra que resulta de lectura ardua incluso para sus propios compañeros de ruta. Uno de ellos, aún vinculado a espacios de poder, confesó de manera casi clandestina que el texto "te toma examen"—expresión que sugiere que Firmenich plantea preguntas incómodas sobre coherencia política y compromiso ideológico que quienes lo conocen no necesariamente están dispuestos a responder. Esta característica del libro es significativa porque refleja que el exlíder montonero no ha modificado sustancialmente su postura respecto de los hechos del pasado. Nunca se arrepintió de sus acciones guerrilleras, según registros históricos, y la autobiografía parece mantener esa línea argumentativa sin los "artilugios" que podrían suavizar su mensaje.

Incomodidad en el peronismo de hoy

La aparición de este libro genera una cierta tensión en los actuales espacios del peronismo, particularmente entre aquellos dirigentes que trabajan en la construcción de una alternativa de poder para los próximos ciclos electorales. El gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, quien integra las estructuras que respaldan la candidatura de Axel Kiciloff, optó por ignorar deliberadamente el lanzamiento de la autobiografía firmenichista. Cuando consultado al respecto, respondió con una afirmación destinada a marcar distancia: "Nunca fui zurdo". Esta declaración busca señalar que el peronismo contemporáneo no se identifica con las metodologías ni con la narrativa de la generación de los setenta, intentando así desvincularse de un pasado que, para sectores amplios de la sociedad, representa violencia y confrontación sin salida.

Sin embargo, la realidad es más compleja. Aunque la mayoría de quienes participaron en aquella "generación maravillosa"—como algunos aún la denomina con cierta nostalgia—se encuentran actualmente dentro del juego democrático, el reaparición de Firmenich con su libro funciona como espejo incómodo para el peronismo. Recordar públicamente que el líder de Montoneros nunca renunció a la justificación de sus métodos contrastan con la necesidad de los peronistas contemporáneos de presentarse como actores democráticos confiables. Esta tensión no es nueva en la política argentina, pero la publicación de "Orígenes" la reactualiza de manera directa.

Cambios de bando y lealtades políticas en cuestión

Mientras Firmenich retorna a través de las páginas de su libro, en la Casa Rosada se desarrollan otras dinámicas donde los cambios de posición política y las lealtades volátiles se ponen en evidencia. Cristian Ritondo y Fernando de Andreis, dirigentes históricos de Pro, asistieron recientemente a encuentros protocolares en el palacio presidencial para escenificar una "reconciliación" entre su partido y el gobierno de Javier Milei. Durante esos encuentros, interactuaron con los hermanos Menem—Martín y Eduardo—y de manera significativa con Diego Santilli, quien actualmente se desempeña como jefe de Gabinete.

Lo que resulta particularmente revelador es cómo periodistas presentes en la sala de prensa de Casa Rosada cuestionaron a los delegados de Pro sobre la cantidad de macristas que ya se han integrado al gobierno libertario. Las preguntas fueron incisivas: se mencionó que Santilli proviene del riñón macrista, y más provocativamente, se recordó que Sturzenegger—otro funcionario actual de importancia—también era parte de Pro. Este señalamiento generó cierta incomodidad. Mientras Ritondo buscó desestimar el tono con humor ("Si me van a agredir, me voy"), De Andreis intentó frenar la línea de cuestionamientos ("Tampoco tienen por qué recordarnos todo"), sin adentrarse en detalles sobre el vínculo específico con Sturzenegger. Este último pasó de trabajar en la campaña de Patricia Bullrich en 2023 a convertirse en un pilar fundamental de la administración libertaria, evidenciando cómo las fronteras políticas se han vuelto permeables en los últimos tiempos.

Cambios de escena en la administración libertaria

Javier Lanari, quien se desempeñaba como secretario de Comunicación y Prensa del gobierno libertario, experimentó un giro en su trayectoria laboral. Su alejamiento de ese cargo fue consecuencia directa de los eventos que rodearon a Manuel Adorni, episodio que terminó con cambios significativos en la estructura de gobierno. Lanari fue designado por decreto presidencial al directorio del Banco Nación el 21 de julio, institución presidida por Darío Wasserman. Su incorporación a esta nueva función marca un cambio de escenario: pasó de estar en el epicentro de la comunicación oficial a un cargo que, aunque de relevancia en la estructura estatal, lo aleja del foco mediático.

Su primer participación en una reunión de directorio del Banco Nación fue caracterizada por quienes estuvieron presentes como una actuación de "perfil bajo". Lanari llegó acompañado de Carolina Píparo, quien también integra este organismo tras su paso por la Cámara de Diputados y sus idas y venidas en el universo político libertario. Sorprendentemente, según testimonios recabados, Lanari "no extraña" su anterior responsabilidad en Balcarce 50, ahora en manos de Fabián Fernández. Esta información sugiere que el cambio no fue vivido como un castigo o un descenso, sino más bien como un desplazamiento natural dentro de estructuras de poder que siguen siendo accesibles para él.

El radicalismo se prepara para 2027

En otro frente político, la Unión Cívica Radical se prepara activamente para los enfrentamientos electorales de 2027. Los espacios tradicionales de deliberación radical—comités de barrio y foros políticos—hierven con discusiones sobre la mejor estrategia para competir en la próxima contienda presidencial. La aparición de dos economistas, Hernán Lacunza y Carlos Melconian, como precandidatos presidenciales ha movilizado a los sectores históricos de la UCR a buscar sus propias opciones.

En una actividad denominada "Radicales, estamos a tiempo", presentada en un auditorio porteño hace algunos días, Mario Negri—figura de peso en el radicalismo—pronunció una afirmación programática: "El radicalismo debe tener candidato presidencial". A su lado estaban Ernesto Sanz, Jesús Rodríguez, Walter Ceballos, Facundo Suárez Lastray y Ricardo Gil Lavedra, entre otros referentes históricos del partido. Un nombre ganó protagonismo en ese espacio: Alfonso Prat-Gay, exministro de Economía de Mauricio Macri. Varios dirigentes radicales ven en Prat-Gay un potencial candidato presidencial, alimentando conversaciones que lo vinculan también con la Coalición Cívica, algunos sectores de Pro y la conducción del partido que encabeza el joven Leonel Chiarella.

Interesantemente, los impulsores de Prat-Gay dentro de estos espacios mantienen un enfoque estratégico sobre los tiempos. Según confesó uno de ellos, "el que se adelanta, se manca"—expresión que refleja la convicción de que aún no es momento de definiciones precipitadas. Esta prudencia contrasta con la urgencia que sienten en construir una alternativa radical que logre diferenciarse de las opciones ofrecidas por los candidatos economistas Lacunza y Melconian, apuntando hacia una propuesta que combine raíces históricas con una gestión económica sólida.

La cuestión judía divide agendas políticas

En un terreno completamente distinto pero no menos revelador de las dinámicas políticas actuales, el vínculo entre el gobierno de Javier Milei y el Estado de Israel—así como la cultura judía en general—se ha convertido en un eje de disputa. La cercanía entre Milei y las instituciones israelíes es ampliamente conocida y se refleja en decisiones concretas de política pública. Un ejemplo reciente es que la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) comenzó a impartir cursos básicos de idioma hebreo a sus integrantes, justificado oficialmente como un esfuerzo para "fortalecer la comunicación con pasajeros israelíes" ante la inminencia de vuelos directos de la aerolínea El Al hacia Argentina.

Esta decisión ha generado reacciones encontradas que reflejan divisiones profundas respecto del rol que debe jugar el Estado respecto de la comunidad judía y sus conexiones internacionales. José Glinski, director de la PSA durante el gobierno de Alberto Fernández y actualmente diputado nacional de orientación kirchnerista, ha expresado su preocupación de manera crítica. Para Glinski, el vínculo que el gobierno libertario construye con Israel y la comunidad judía representa una "sobreactuación" que, paradójicamente, podría resultar perjudicial para quienes viven en Argentina con identidad judía. Su argumentación es sutil pero clara: no se trata de dudar de intenciones, sino de advertir que los excesos en la demostración de afinidad pueden generar reacciones adversas en otros sectores.

Esta posición será presentada públicamente en un foro contra el antisemitismo programado para el fin de semana en Santo Domingo, donde Glinski chocará con posiciones que sustentan desde el oficialismo libertario, como la de la diputada Sabrina Ajmechet, con quien ya ha debatido en ocasiones anteriores. El hecho de que esta cuestión se haya convertido en un tema de disputa política entre kirchneristas y libertarios indica que la relación de Argentina con Israel y la comunidad judía no es percibida uniformemente dentro del espectro político nacional.

En síntesis, los hechos de estas últimas semanas revelan una Argentina donde múltiples capas de conflicto político coexisten simultáneamente. El pasado guerrillero reaparece mediante la voz de quien lo comandó, mientras que en el presente se reconfigura constantemente la composición de alianzas, con funcionarios que migran entre espacios políticos aparentemente antagónicos. La competencia electoral que se avecina estimula búsquedas de candidatos que logren combinar legitimidad histórica con viabilidad electoral. Y finalmente, temas identitarios como el vínculo con Israel y la comunidad judía se convierte en materia de disputa partidaria. Todos estos procesos acontecen en paralelo, sugiriendo una estructura política fragmentada donde los consensos son precarios y las lealtades constantemente sometidas a negociación. Las diferentes perspectivas sobre cómo el país debe relacionarse con su pasado, su presente institucional y sus vínculos internacionales seguirán siendo disputados en los espacios públicos de deliberación política.