El movimiento del tablero político

La provincia de Buenos Aires enfrenta una encrucijada política que trasciende los límites del calendario electoral. Axel Kicillof, quien no puede reelegirse como gobernador, ha comenzado a desplegar una estrategia territorial sin precedentes para consolidar su legado político más allá de su mandato. Lo que sucede en estos meses no es simplemente una carrera por la sucesión: es el reflejo de una fracturas profundas dentro del peronismo bonaerense, donde el gobernador intenta blindar su continuidad ideológica contra actores que buscan capitalizar su salida del poder para redibujar el mapa político provincial.

Las últimas semanas han sido intensas en movimientos. Kicillof ha retomado una modalidad de campaña que había pausado: recorridas de alto perfil, inauguraciones de obras, declaraciones de tono combativo contra el gobierno nacional. Esto no ocurre por casualidad. Tras la victoria de la selección argentina en el Mundial, el gobernador reanudó públicamente su actividad política territorialmente intensiva, marcando un punto de inflexión en su estrategia. Las presentaciones junto a sus posibles sucesores no son simples actos administrativos, sino cuidadas coreografías políticas diseñadas para fortalecer candidaturas que aún no se han declarado explícitamente, pero cuya intención es evidente para cualquier observador del juego político provincial.

Los candidatos en el espejo de Kicillof

El Movimiento Derecho al Futuro, la estructura política que Kicillof construyó durante su gestión, ha identificado varios nombres como potenciales sucesores. Gabriel Katopodis, ministro de Infraestructura provincial, encabeza la lista de aspirantes. Su trayectoria combina experiencia en dos gobiernos: fue ministro nacional durante la administración de Alberto Fernández y actualmente dirige la cartera de obras en Buenos Aires desde 2023. Este posicionamiento le ha permitido acumular capital político en un área sensible: la infraestructura y el financiamiento de obras son monedas de cambio fundamental en la política territorial bonaerense.

Katopodis cuenta con un activo electoral significativo. En las elecciones legislativas de 2025, encabezó la lista de senadores provinciales por la Primera Sección, la zona más poblada de la provincia de Buenos Aires. El resultado fue contundente: logró una ventaja de diez puntos de diferencia sobre su competidor directo. Este triunfo no es menor en el contexto de una sucesión: demuestra capacidad de arrastre electoral en el territorio más densamente poblado de la provincia. Además, cuenta con apoyo de múltiples intendentes, tanto en el conurbano como en el interior, lo que sugiere una red territorial sólida que trasciende los límites de su ministerio.

En segunda línea figuran Jorge Ferraresi e Julio Alak, intendentes que también ostentan aspiraciones sucesoras pero cuyo perfil es diferente. Ferraresi, quien tomó licencia de su cargo en Avellaneda para dedicarse abiertamente a su precandidatura, representa a un sector del territorio bonaerense menos visto que el del conurbano tradicional. Alak, por su parte, cuenta con una trayectoria más amplia en la administración pública: fue ministro de Justicia durante la presidencia de Cristina Kirchner, lo que le permitió construir redes con actores del poder judicial que se mantienen activas hasta hoy. Su conexión con distintas corrientes del peronismo le otorga una flexibilidad política que otros candidatos no poseen.

Carlos Bianco, actual ministro de Gobierno, aparece como una figura más orientada hacia la construcción nacional de Kicillof que hacia la competencia por la gobernación. Su rol se centra en sostener la candidatura presidencial del gobernador para 2027 y expandir el Movimiento Derecho al Futuro hacia otras provincias. Sin embargo, su presencia en los actos territoriales sugiere que no cierra completamente la puerta a una eventual competencia. Fernando Espinoza, intendente de La Matanza, completa el elenco de nombres que suenan para la sucesión, aunque su perfil ha mantenido un bajo perfil comparado con el de sus pares.

La amenaza kirchnerista y el fragmento de poder

Lo que Kicillof intenta contener es la expansión de una estructura alternativa alineada con Máximo Kirchner. El diputado nacional bonaerense, hijo de la expresidenta Cristina Fernández, ha comenzado a caminar la provincia con la intención de armar una estructura propia para la sucesión de 2027. No está totalmente confirmado si competirá personalmente por la gobernación, pero sus movimientos sugieren que está preparando las condiciones para una eventual candidatura o para apoyar a candidatos afines.

En este espacio kirchnerista se inscriben figuras como Mayra Mendoza, intendente de Quilmes en uso de licencia quien ahora se desempeña como diputada provincial. Gustavo Menéndez, intendente de Merlo, también mantiene una cercanía con el círculo kirchnerista. Esta fractura dentro del peronismo bonaerense no es nueva: lleva años acumulando tensiones que la salida de Kicillof de la gobernación amenaza con explotar. Los actos que Kicillof realiza con sus candidatos deben entenderse en este contexto: son intentos de consolidar un candidato único del MDF que pueda competir con fortaleza contra la estructura que Máximo Kirchner está tejiendo.

Paralela a esta disputa, existen otros sectores del peronismo que también buscan protagonismo en la sucesión. Un grupo de intendentes integrado por Federico Otermín de Lomas de Zamora, Federico Achával de Pilar, Gastón Granados de Ezeiza y Nicolás Mantegazza de San Vicente se ha denominado a sí mismo "grupo AFA", debido a que se reunían para conversar en los alrededores de la Asociación de Fútbol Argentino. Este sector representa una tercera vía dentro del peronismo bonaerense: ni están completamente alineados con Kicillof ni con el kirchnerismo, sino que negocian su propio espacio de poder.

El escenario electoral y sus posibilidades

La estrategia de Kicillof contempla dos escenarios posibles. Primero, que el Movimiento Derecho al Futuro logre consolidar un candidato único internamente, elegido entre sus figuras destacadas. Una vez que ese nombre esté definido, ese sector competiría en una Primaria Abierta Simultánea y Obligatoria (PASO) o en una negociación directa con otros sectores del peronismo para conformar una fórmula única para las elecciones generales de 2027. Las PASO en Buenos Aires siguen vigentes, lo que abre la posibilidad de que múltiples candidatos peronistas compitan en una única elección de carácter obligatorio antes de la general.

Este mecanismo electoral tiene implicancias profundas. Una PASO con múltiples candidatos peronistas podría fragmentar aún más el voto justicialista, permitiendo que actores políticos no peronistas ganen espacio. O bien, si los sectores logran negociar antes de las primarias, podría resultar en una fórmula peronista fortalecida que concentre todo el voto de la coalición. La historia política bonaerense muestra que la provincia ha sido históricamente el bastión del peronismo, lo que hace que cualquier decisión que se tome aquí tenga repercusiones nacionales.

Otros actores en competencia

La complejidad de la sucesión bonaerense no se limita a la competencia dentro del universo del MDF o entre kicillofistas y kirchneristas. Mariel Fernández, intendenta de Moreno, aspira a la gobernación bajo la bandera del Movimiento Evita y ha lanzado una campaña territorial con la consigna "Se viene Mariel". Su estrategia implica que hay actores peronistas que buscan construir candidaturas propias sin depender de la bendición de ninguno de los sectores dominantes. Juan Andreotti, intendente de San Fernando, representa al Frente Renovador en esta contienda, añadiendo una capa más de fragmentación. Desde el interior provincial, los hermanos Santiago y Manuel Passaglia también asoman como aspirantes, ampliando la geografía política de la competencia.

Este mapa de candidatos revela una realidad incómoda: el peronismo bonaerense está lejos de estar unificado en torno a una visión común de futuro. Cada sector, cada intendente, cada espacio político ve en la sucesión de Kicillof una oportunidad para reposicionarse o ampliar su influencia territorial. Lo que formalmente debería ser una transición ordenada dentro de un movimiento político coherente, en realidad es un campo de batalla donde múltiples fuerzas compiten por hegemonía.

Las consecuencias del fragmento y el juego hacia adelante

Las acciones de Kicillof en las próximas semanas y meses determinarán en gran medida cómo se resuelve esta crisis de sucesión. Si logra consolidar un candidato único fuerte, el MDF podría mantener control sobre la provincia. Si la competencia interna se descontrola, el peronismo bonaerense podría fragmentarse de manera que beneficie a fuerzas políticas externas al movimiento. La asimetría de poder es evidente: Kicillof, siendo gobernador, controla recursos del estado que puede canalizar hacia sus candidatos preferidos. Sin embargo, esto también puede generar resentimiento entre los sectores que se sienten postergados, empujándolos hacia alianzas alternativas.

Las tensiones entre la estructura que Kicillof construyó y la que Máximo Kirchner está armando reflejan una disputa ideológica más profunda sobre el futuro del peronismo bonaerense. ¿Continuará la línea de gobierno pragmática que Kicillof implementó, enfocada en administración y gestión? ¿O habrá un giro hacia posicionamientos más confrontacionales con el gobierno nacional que caracterizan al kirchnerismo? Estas preguntas no tienen respuesta única, y el resultado dependerá de qué candidato logre ganar la competencia y qué alianzas construya en el camino.

Por otro lado, la ambición presidencial de Kicillof añade otra variable. Si el gobernador se convierte en candidato a presidente en 2027, esto podría debilitar su capacidad de negociación en el plano provincial y fortalecer a actores que ven en su salida del ejecutivo estadual una oportunidad para reclamar mayor poder. Los intendentes, en particular, podrían usar este período para consolidar sus propias bases antes de que se defina quién sera el próximo gobernador. La provincia de Buenos Aires, con sus 17 millones de habitantes aproximadamente y su importancia económica y política, no es un territorio que pueda dejarse librado a la improvisación. Sin embargo, el actual escenario sugiere que múltiples actores están intentando escribir simultáneamente el final de una historia cuyo desenlace aún está abierto.