Mientras la grieta política nacional sigue redibujándose a ritmo de campañas anticipadas, Axel Kicillof toca puerto en Misiones este miércoles con un mensaje que intenta zafar de las etiquetas tradicionales. No es un viaje protocolar de cortesía: es un movimiento táctico en el ajedrez de la política argentina que apunta a consolidar una tercera vía peronista, autónoma tanto del kirchnerismo como de la ortodoxia liberal que encarna el gobierno nacional. La visita llega apenas cinco días después de que Javier Milei recorriera la misma provincia y cosechara una bienvenida plagada de tensiones, donde pequeños productores yerbateros expresaron su malestar con insultos dirigidos al cortejo presidencial. Ese contraste no es casual: define el posicionamiento que Kicillof intenta construir en el territorio.

El gobernador de Buenos Aires transita 2025 configurando una estrategia de expansión territorial que ya lo llevó a recorrer cinco provincias diferentes en busca de consolidar su proyecto político denominado Movimiento Derecho al Futuro. Misiones representa la sexta escala de una peregrinación que responde a una lógica clara: si pretende disputar la presidencia en 2027, debe demostrar capacidad de construcción más allá de la provincia que gobierna. La llegada a Posadas no es un acto aislado sino un episodio dentro de una narrativa más amplia donde Kicillof se posiciona como una opción distinta al kirchnerismo que abandona, pero también al modelo económico que implementa el gobierno actual. Esta estrategia supone un riesgo político considerable: intentar ocupar un espacio intermedio en un mapa partidario que tiende a la polarización.

Un gobernador que reniega de su propia tradición

Lo que hace particular este movimiento es que Kicillof replica, a nivel personal, la estrategia de ruptura que Hugo Passalacqua ejecutó recientemente en Misiones. El mandatario provincial misionero acaba de romper con Carlos Rovira, su histórico mentor y figura dominante en la política misionera durante décadas. Passalacqua, cuyo recorrido político lo formó en las filas radicales —militó en la Juventud Radical y construyó carrera académica en la Universidad Nacional de Misiones—, se distancia del Frente Renovador que Rovira armó en su momento. Ahora forja su propio frente político desde el cual aspira a la reelección en 2027. De manera simétrica, Kicillof busca diferenciarse de Cristina Kirchner, la figura que lo apadrinó en la política nacional y que aún domina los códigos del peronismo tradicional. Ambos gobernadores comparten, entonces, un movimiento generacional de emancipación respecto de sus antecesores políticos.

El encuentro entre Kicillof y Passalacqua no representa, sin embargo, una alianza sellada de cara a 2027. Esa aclaración importa porque el contexto sugiere cautela: Passalacqua forma parte de Argentina Federal, una agrupación que articula legisladores de Salta, San Luis y Formosa bajo una lógica federalista que critica el modelo centralista. Que reciba a Kicillof mañana es un gesto de apertura, pero no implica una subordinación a su proyecto presidencial. De hecho, la delegación del peronismo federal —que integran figuras como Juan Manuel Olmos, Guillermo Michel y Victoria Tolosa Paz— ya visitó Misiones con anterioridad, tejiendo sus propias conexiones. El territorio misionero representa, en este sentido, un espacio en disputa donde múltiples proyectos compiten por hegemonía dentro del peronismo no kirchnerista.

La agenda simbólica: actos contra la narrativa de Milei

La construcción visual y simbólica de esta visita busca enviar un mensaje claro al sector productivo misionero, particularmente a los yerbateros que vieron en la gira de Milei una expresión de indiferencia hacia sus problemáticas. Cuando el Presidente recorrió la provincia la semana anterior para asistir al cierre de la 47° Convención del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas —un evento vinculado al establishment financiero—, pequeños productores organizaron un tractorazo para visibilizar la crisis que atraviesa el sector yerbatero. Ese escenario de confrontación contrasta con la agenda que Kicillof desplegará: visitará una cooperativa yerbatera, una fábrica de biotecnología y una escuela de innovación. Los convenios que firmará con Passalacqua abarcan seguridad, industria, desarrollo agrario y cooperación universitaria. No se trata únicamente de posicionamiento mediático, aunque eso también importa; implica una apuesta por mostrar que existe un modelo alternativo que toma en serio la agenda productiva territorial.

El cierre del viaje ocurrirá en la sede del Partido Justicialista de Misiones, donde Kicillof será recibido por Christian Humada, presidente del PJ provincial. Humada asumió el comando del peronismo misionero tras la intervención que decretó Cristina Kirchner—una intervención que ya caducó—, lo que lo posiciona como un dirigente emergente sin los lastre históricos de las viejas estructuras. La avanzada que realizaron Mariano Cascallares y Julio Pereyra la semana anterior preparó el terreno: ambos son armadores de la candidatura presidencial de Kicillof y ejercen influencia en el peronismo bonaerense. Cascallares, intendente histórico de Almirante Brown, y Pereyra, jefe tradicional de Florencio Varela, representan la estructura territorial que Kicillof mantiene como base política. Su presencia previa en Misiones señala que esta no es una visita improvisada sino un operativo coordinado donde cada detalle fue calibrado.

La geografía política que Kicillof ha recorrido en 2025 traza un mapa significativo: La Pampa con Sergio Ziliotto, Chaco con Jorge Capitanich, Corrientes con Juan Pablo Valdés, Tierra del Fuego con Gustavo Melella, y Córdoba —donde no lo recibió el gobernador Martín Llaryora—. Misiones cierra un circuito que abarca gobernadores de distintas tendencias dentro del espectro peronista no kirchnerista. La ausencia de Llaryora es particularmente elocuente: sugiere que el proyecto de Kicillof no cuenta con respaldos unánimes en la cúpula provincial. Córdoba, como potencia demográfica y electoral, es un territorio donde la competencia política es más crispada. Esa resistencia de Llaryora revela que construir una alternativa federal peronista no es un proceso lineal sino un ejercicio de negociación constante con resultados inciertos.

Lo que suceda en Misiones en las próximas horas tendrá consecuencias que se extenderán más allá de la provincia. Si Kicillof logra consolidar una relación de trabajo con Passalacqua y el PJ provincial, potenciará su narrativa de gobernador que construye federalismo desde el territorio. Si, por el contrario, la visita queda reducida a un acto sin resonancia política posterior, reforzará la percepción de que sus esfuerzos de expansión territorial carecen de profundidad institucional. Para el peronismo misionero, recibir a Kicillof implica un cálculo de riesgos: acercarse a su proyecto lo posiciona como alternativa al kirchnerismo, pero también puede generar tensiones con otros actores que compiten por la misma audiencia política. Argentina Federal, en particular, deberá evaluar si la presencia de Kicillof en Misiones fortalece o debilita sus propias ambiciones de articulación federal. En el contexto nacional, la visita subraya que 2027 será un ejercicio de construcción de coaliciones donde ningún proyecto hegemónico está garantizado de antemano.