Las grietas dentro del peronismo bonaerense alcanzan dimensiones alarmantes y ponen en jaque la capacidad de gestión de quienes conducen la provincia. En el centro de esta tormenta política se encuentran las tensiones entre Axel Kicillof y el sector kirchnerista encabezado por Máximo Kirchner, una fricción que se profundizó con los cuestionamientos públicos formulados durante actos políticos recientes y continuados en el Senado provincial. Lo que sucede en La Plata no es apenas un intercambio de reproches entre dirigentes rivales: representa el quiebre manifiesto de una alianza que durante años funcionó como eje del poder peronista en el territorio más poblado del país. A medida que se acerca el ciclo electoral de 2027, los protagonistas de esta disputa comienzan a abandonar los códigos tácitos que permitían coexistencia incómoda, forzando decisiones que podrían redefinir el mapa político nacional.
La presión desde adentro: los intendentes y funcionarios reclaman ruptura
Dentro del círculo más cercano del mandatario provincial se respira un clima de exasperación. Los intendentes del conurbano y los funcionarios que integran la mesa decisoria del gobernador comienzan a expresar con creciente énfasis sus expectativas de una confrontación abierta y sin ambigüedades con la estructura kirchnerista. Estos actores locales advierten que la estrategia de evitar responder a los ataques públicos derivados del Parque Lezama y reiterados en la Cámara de Senadores constituye una debilidad política potencialmente letal. Desde sus perspectivas, la permisividad genera espacios que el adversario interno no duda en explotar. La demanda que transmiten es clara: desplazar funcionarios de origen cristinista como Florencia Sainetout y Juan Martín Mena, adelantar los comicios provinciales previstos para 2027, y proyectar una "muestra de autoridad" que demuestre capacidad decisoria independiente. Estos reclamos no provienen de sectores marginales sino del corazón mismo de la estructura de poder local, lo que magnifica su potencial disruptivo.
Durante dos encuentros realizados en La Plata el viernes pasado —uno convocado por el Movimiento Derecho al Futuro y otro de carácter más reducido en las propias dependencias de la gobernación— se materializó esta tensión. Los dirigentes presentes escucharon del mandatario su insistencia en mantener un "tono propositivo" y una "mirada puesta en un programa" antes que en la confrontación. Kicillof reiteró que su agenda política no gira en torno a la lucha intestina sino a la construcción de respuestas programáticas a los desafíos que enfrenta la provincia. No obstante, el discurso fue matizado con una señal dirigida específicamente al kirchnerismo: enunció su convicción de que "el próximo gobierno popular no puede tener presos políticos", refiriéndose indirectamente a Cristina Kirchner, al exministro Julio de Vido y a la extitular de la Organización de Trabajadores de la Jujeña Milagro Sala. Para Kicillof, las condenas que pesan sobre estas figuras tienen naturaleza política antes que penal, interpretación que busca abrir una línea de diálogo con el espacio que las considera víctimas de persecución.
El fantasma de Cristina: admiración conflictiva y la obsesión del reconocimiento
En los despachos de la gobernación circula una frase que revela los estratos emocionales de esta crisis. "Para mí, Cristina es San Martín", ha expresado reiteradamente Kicillof en conversaciones con su círculo íntimo. La comparación no es casual ni superficial: San Martín representa en la mitología política argentina la figura fundacional, el líder cuya ausencia deja un vacío que nadie puede colmar. Quienes rodean al gobernador entienden que esta declaración sintetiza el drama existencial que atraviesa: la dificultad para aceptar que su referente histórica no lo considere como su sucesor natural en la candidatura presidencial peronista. El encuentro del 1 de octubre de 2025 entre ambos, cuando la expresidenta compartió con Kicillof "un listado de situaciones que la disgustaron", dejó heridas que aún no cicatrizan. Las palabras que Cristina dirigió al gobernador fueron, según los relatos disponibles, de tono severo y contenido crítico pronunciado.
A pesar de estos cortocircuitos que, según expresiones de allegados, "pasaron de castaño oscuro", Kicillof mantiene su insistencia en que cualquier acercamiento futuro con Cristina Kirchner debe ocurrir bajo "condiciones de igualdad, no de sumisión". Esta formulación revela la naturaleza del conflicto: no se trata simplemente de divergencias programáticas sino de una disputa sobre el reconocimiento político y la jerarquía dentro de la estructura peronista. El gobernador desea ser tratado como interlocutor equivalente, no como subordinado. Sin embargo, simultáneamente reconoce que para cualquier iniciativa presidencial peronista que aspire a viabilidad electoral, el apoyo o al menos la no interferencia de la expresidenta resulta fundamental. Este dilema lo mantiene en un equilibrio inestable que se manifiesta en declaraciones que oscilan entre la deferencia simbólica y la reivindicación de autonomía.
La agenda concreta que Kicillof espera discutir con Cristina
Más allá de los reclamos de su tropa por confrontación y los sentimientos de desaprobación que lo acechan, existe en el círculo del gobernador una reflexión sobre los temas sustantivos que debería negociarse con la expresidenta para desandar la crisis. Esta agenda incluye, en primer término, la cuestión de cómo se resolverá la competencia presidencial peronista: Kicillof considera imprescindible que cualquier candidato sea definido a través de una PASO, lo que implicaría una contienda abierta donde su capital político en la provincia de Buenos Aires resultaría decisivo. En segundo lugar, busca avanzar con la reelección de intendentes, tema que también genera tensiones con sectores kirchneristas que tienen sus propias aspiraciones territoriales. Un tercer eje refiere al régimen tributario de inversiones: ¿qué hará un eventual gobierno peronista con el RIGI y el Súper RIGI impulsados exitosamente por Javier Milei? Esta interrogante no es menor porque define posicionamientos sobre política económica que pueden resultar electoralmente decisivos en distritos como Córdoba, Santa Fe y Mendoza.
La deuda externa constituye el cuarto pilar programático sobre el cual Kicillof entiende que debe existir consenso peronista amplio. Pero quizás la reflexión más profunda que anima al gobernador se vincula con el desempeño electoral de 2023: el peronismo perdió en varias provincias clave precisamente donde el rechazo a su propuesta fue determinante. Kicillof se pregunta, con la mira puesta en el cordobesismo y en los partidos provinciales, cómo ofrecer algo diferente a aquellos sectores que en 2023 optaron por otras alternativas. "¿Qué les vamos a ofrecer a otros sectores para que no nos pase lo mismo que en 2023?", interrogan en el entorno del gobernador, conscientes de que la fórmula del pasado resultó insuficiente. Esta pregunta sintetiza la verdadera apuesta: no se trata de quién ganará la interna peronista sino de cómo lograr que el peronismo vuelva a ser competitivo en distritos donde ha perdido relevancia electoral.
La amenaza de candidatos alternativos: Hadad, Brito y otros fantasmas
Mientras el conflicto entre Kicillof y el kirchnerismo se despliega, circulan en los pasillos políticos nombres que funcionan como perturbadores de los escenarios esperados. El empresario de medios Daniel Hadad ha cobrado centralidad en estas conversaciones, presentándose como una eventual opción presidencial dentro del peronismo. No es casual que su nombre emerja en este contexto: dirigentes del peronismo interpretan que su mención busca contrarrestar las aspiraciones del gobernador bonaerense. Del mismo modo, circulan atribuciones sobre candidaturas ligadas al banquero Jorge Brito, aunque estas versiones se vinculan más explícitamente con el entorno macrista. Para Kicillof y su círculo, la proliferación de estos nombres alternativos funciona como una estrategia de desgaste: si existen múltiples opciones sobre la mesa, la candidatura del gobernador deja de ser inevitable y entra en competencia abierta.
La aparición del pastor Dante Gebel en las conversaciones políticas generó especulaciones sobre su eventual vinculación con Sergio Massa, aunque desde La Plata niegan categóricamente cualquier fricción con el jefe del Frente Renovador. "Con Sergio estamos bien, ya nos conocemos mucho", aseguran en los círculos cercanos a Kicillof. Sin embargo, el silencio de Massa respecto a sus movimientos políticos futuros ha dejado un espacio de incertidumbre que alimenta rumores sobre sus propias ambiciones presidenciales. Esta nebulosa de candidatos potenciales no es accidental: forma parte de la dinámica de debilitamiento mutuo que caracteriza al peronismo en sus momentos de menor cohesión. Kicillof comprende que mientras existan alternativas creíbles en el mercado político, su posición se ve socavada, lo que lo obliga a negociar desde una posición debilitada tanto con Cristina Kirchner como con su propia estructura de poder.
Las fracturas visibles: desconfianzas que afectan la gestión pública
Las tensiones internas del peronismo bonaerense no permanecen confinadas a los espacios de deliberación política sino que se manifiestan en la gestión cotidiana de la provincia. Un episodio particularmente revelador fue la protesta registrada en el acceso a la municipalidad de La Plata, que incluyó quema de neumáticos y destrucción de infraestructura pública. Lo que debería haber sido una cuestión de seguridad y orden público se convirtió en escenario de especulaciones sobre responsabilidades políticas cruzadas. Algunos atribuyeron la organización del disturbio a Juan Grabois, mientras que otros apuntaron hacia Andrés "Cuervo" Larroque. Esta multiplicación de culpables potenciales no es un asunto menor de chismes políticos: revela la fragmentación del peronismo en niveles que comprometen el ejercicio de funciones básicas del estado provincial.
El intendente platense Julio Alak se encuentra en el centro de esta tormenta, no apenas como autoridad local sino como aspirante a la sucesión de Kicillof en la gobernación. Su figura se ve afectada por los ecos de conflictos que lo exceden, mientras múltiples dirigentes se posicionan para eventual competencia interna. Esta multiplicación de candidatos provinciales potenciales genera su propia dinámica perversa: en lugar de concentrar fuerzas para competir electoralmente contra adversarios externos, el peronismo bonaerense gasta energías en luchas intestinas que debilitan su capacidad de gobierno. Un nombre que ha desaparecido de los rumores recientes es el de Martín Insaurralde, exintendente de Lomas que fue designado jefe de Gabinete de Kicillof por pedido explícito de Cristina Kirchner, pero que nunca gozó de la preferencia del gobernador. Su ausencia en las conversaciones actuales señala cómo las coaliciones políticas se reconfiguran según las coyunturas.
Escenarios futuros: el impacto de estas fracturas en la competencia de 2027
El pulso entre Kicillof y el kirchnerismo, observado desde la perspectiva de sus posibles desenlaces, abre múltiples caminos que podrían alterar significativamente el mapa electoral nacional. Si el gobernador logra consolidar una ruptura con el sector de Máximo Kirchner sin afectar su relación con Cristina, podría emerger como candidato competitivo capaz de articular apoyo desde diversos sectores peronistas. Alternativamente, si las presiones de su propia estructura lo fuerzan a una confrontación abierta que no cuenta con el respaldo de la expresidenta, su viabilidad electoral se vería dramáticamente comprometida. Un tercer escenario contempla que la proliferación de candidatos alternativos termine fragmentando el voto peronista en la PASO, permitiendo que emerge un ganador que no necesariamente representa al sector mayoritario del movimiento. En cualquier caso, la gestión provincial seguirá pagando costos por estas tensiones políticas: decisiones de política pública serán rehenes de equilibrios de poder que no siempre responden a criterios de eficiencia o respuesta a demandas ciudadanas. La provincia de Buenos Aires, en tanto territorio político donde conviven múltiples proyectos y ambiciones, seguirá siendo el escenario donde se dirima, al menos parcialmente, el futuro del peronismo nacional.



