La ausencia de Axel Kicillof en el acto de homenaje al cura Enrique Angelelli realizado en La Rioja representa un punto de quiebre más en la trama política del peronismo bonaerense. Lo que Ricardo Quintela había orquestado como una cumbre de reconciliación entre los dos principales referentes de la oposición terminó siendo un espacio desigual donde solo uno de los invitados compareció. La no concurrencia del mandatario provincial no fue casual ni improvisada: se trató de una decisión deliberada que comunica un mensaje cristalino sobre el rumbo que pretende transitar el gobernador en los próximos años, especialmente de cara al ciclo electoral que se abre en 2027. En lugar de buscar consensos bajo el paraguas del kirchnerismo, Kicillof opta por construir una estructura propia, autónoma y expansiva que le permita competir sin depender de alineamientos externos.

La jugada política de Quintela y la respuesta silenciosa de La Plata

El gobernador riojano había planeado cuidadosamente este encuentro con la intención de descomprimir la creciente tensión que existe entre Máximo Kirchner y el mandatario bonaerense. La presencia simultánea de ambos en el homenaje a una figura icónica como Angelelli —quien fuera un sacerdote comprometido con los derechos humanos durante la dictadura militar— habría resultado en una imagen poderosa para la coalición opositora. Sin embargo, Kicillof eligió no viajar. La explicación oficial sostuvo que existían impedimentos de agenda para ausentarse de Buenos Aires durante ese fin de semana. Sus asesores fueron enfáticos al negar que la decisión estuviese vinculada con la presencia del diputado nacional kirchnerista. Pero la política, como bien sabe cualquier observador medianamente atento, funciona también con lo que no se dice y con lo que se deja de hacer.

Para evitar un gesto que pudiera interpretarse como desplante hacia Quintela —con quien Kicillof mantiene una alianza contra el gobierno de Javier Milei—, La Plata envió a María Cristina Álvarez Rodríguez, su jefa de asesores. Se trataba de un gesto de cortesía política que permitía mantener la relación sin comprometerse personalmente con el acto. Al mismo tiempo, mientras se desarrollaba el homenaje a Angelelli en La Rioja, el gobernador desplegaba otra estrategia de consolidación territorial: Carlos Bianco, su ministro de Gobierno, viajaba hacia Entre Ríos para articular políticamente el Movimiento Derecho al Futuro. Este despliegue simultáneo de funcionarios en diferentes espacios geográficos no es un detalle menor. Representa una apuesta clara por expandir la base electoral y el tejido político más allá de los límites provinciales, sin necesidad de validación ecclesiastical kirchnerista.

La construcción de una alternativa peronista sin dependencia de Máximo

El Movimiento Derecho al Futuro se ha convertido en el instrumento mediante el cual Kicillof busca diferenciarse del kirchnerismo tradicional. El trabajo de expansión territorial corre por cuenta de ministros como Bianco, Andrés Larroquey (Desarrollo de la Comunidad) y Walter Correa (Trabajo). Este trío forma la estructura ejecutiva de un proyecto que pretende alcanzar dimensiones nacionales. No se trata solo de reforzar posiciones en Buenos Aires, sino de construir un liderazgo que trascienda los feudos locales. Para Kicillof, esta estructura federal permite llegar a las elecciones presidenciales con músculo propio, independientemente de lo que decida hacer o decida impulsar la línea de La Cámpora.

La semana anterior al acto riojano, Kicillof ya había enviado señales inequívocas de esta autonomía. Mariel Fernández, intendenta de Moreno y potencial sucesora del gobernador en Buenos Aires, había convocado a un homenaje por el aniversario de la muerte de Eva Perón. Máximo Kirchner estaba invitado. Kicillof no asistió. En su lugar, optó por participar en otro acto realizado en La Plata, acompañado por Julio Alak, intendente de la capital provincial y uno de los armadores principales del Movimiento Derecho al Futuro. Esta acción tiene implicancias profundas: sugiere que el gobernador no solo rechaza espacios donde predomina la influencia kirchnerista, sino que activamente construye sus propios epicentros de poder. El acto en La Plata no fue improvisado ni de segundo orden; fue una apuesta deliberada por reforzar vínculos con dirigentes que responden a su órbita política.

Máximo aprieta la candidatura de Cristina mientras Kicillof teje su propia tela

Mientras el gobernador implementaba su estrategia de distanciamiento, Máximo Kirchner intensificaba la campaña por la candidatura de Cristina Kirchner. En sus intervenciones públicas durante los últimos días, el diputado nacional repitió de manera casi ritual que "nuestra candidata es Cristina". El énfasis no es casual. Al mismo tiempo que en La Rioja, Kirchner visitaba una fábrica de Puma cerrada en ese territorio —un escenario simbólico de crisis económica y desempleo—y hacía críticas que, sin mencionarlo directamente, apuntaban hacia Kicillof. "Ver esa fábrica vacía en un pueblo de 3.000 o 4.000 personas, donde hablamos de 60 o 70 puestos de trabajo, es la vida del pueblo", expresó. El reclamo por el empleo perdido en el conurbano bonaerense y otras regiones funcionaba como una crítica implícita a la gestión provincial, al tiempo que reclamaba una construcción nacional bajo liderazgo cristinista.

Sin embargo, Kicillof no ha lanzado su candidatura presidencial de manera formal. Tampoco ha cerrado esa puerta. Su movimiento crece en las provincias, se fortalece en la estructura local de Buenos Aires, y gana espacios territoriales sin necesidad de proclamas grandilocuentes. Esta táctica de acumulación silenciosa contrasta con la estrategia más mediática de Máximo, quien busca instalar la candidatura kirchnerista mediante intervenciones públicas constantes. Mientras el diputado nacional clama que la unidad peronista debe orbitar alrededor de Cristina, el gobernador está construyendo las bases materiales de una alternativa que podría competir sin depender de ese nombre.

Entre los intendentes peronistas también hay movimiento. Mariel Fernández, Federico Otermin, Federico Achaval, Federico Susbielles, Marisa Fassi, Juan Pablo García, Gastón Granados, Juan de Jesús, Gustavo Menéndez, Hernán Arranz y Nicolás Mantegazza están siendo observados como potenciales sucesores de Kicillof en la provincia de Buenos Aires. Esta multiplicidad de aspirantes genera fragmentación, pero también abre espacios para que el gobernador mantenga un rol árbitro y preservador de su poder territorial. Algunos de estos alcaldes aprovecharon el acto de homenaje a Eva Perón en Moreno para encontrarse y conversar, consolidando redes que eventualmente podrían disputar la gobernación. La ausencia de Kicillof en ese espacio fue deliberada: permitió que los intendentes conversen sin tutela gubernamental, lo cual, paradójicamente, refuerza la posición del gobernador como actor independiente de esas negociaciones secundarias.

El mensaje de Máximo: unidad bajo la bandera de Cristina o fragmentación

En sus expresiones públicas, Máximo Kirchner ha insistido en que la "balcanización" del peronismo juega a favor de Milei. Su planteo contiene lógica: si la oposición se divide en múltiples proyectos personales y territoriales, la capacidad de confrontación contra el gobierno nacional se ve comprometida. "Nos quieren separar por provincias", afirmó, "pero hay una bandera que nos une y esa bandera la debemos proteger. Porque si nos dividen, si nos balcanizan, si nos parten, les vamos a hacer muy fácil el trabajo". El llamado a la construcción nacional bajo liderazgo cristinista es, en realidad, una advertencia velada a proyectos como el de Kicillof: la fragmentación peronista beneficia al gobierno libertario. Sin embargo, esta advertencia asume que Máximo y Cristina poseen la legitimidad moral o política para establecer los términos de esa unidad, algo que Kicillof claramente cuestionaba mediante su ausencia en La Rioja.

El gobernador bonaerense ha comenzado a tejer una narrativa diferente. No se opone frontalmente al kirchnerismo; simplemente actúa como si existieran otras opciones viables dentro de la coalición opositora. Cuando envía a Carlos Bianco a Entre Ríos para armar el Movimiento Derecho al Futuro, no está saboteando nada. Está construyendo. Cuando participa en actos en La Plata en lugar de asistir a convocatorias donde predomina la influencia kirchnerista, no está siendo desleал. Está siendo independiente. Esta sutileza es lo que hace que la estrategia de Kicillof sea más sofisticada que una ruptura directa. No necesita confrontación abierta; le basta con actuar como si el futuro político fuera una cuestión abierta donde múltiples proyectos pueden competir.

Hacia 2027: incertidumbre en el mapa electoral de la oposición

El fracaso de la cumbre riojana que Quintela había imaginado refleja una realidad más profunda: el peronismo bonaerense está en proceso de reconfiguración territorial y política. No se trata de una ruptura apocalíptica, sino de un proceso de diferenciación progresiva donde los liderazgos ensayan caminos distintos hacia 2027. Kicillof, al no viajar a La Rioja, eligió un lenguaje de acción sobre otro de palabras. Máximo, al insistir públicamente en la candidatura de Cristina, dobló la apuesta por una construcción que asuma el liderazgo kirchnerista como indispensable. Ambos sostienen que sus estrategias son las correctas para enfrentar a Milei; ambos creen que sus proyectos representan el futuro del peronismo.

Las consecuencias de esta dinámica pueden ser múltiples. Por un lado, la diversificación de liderazgos opositores dentro del peronismo podría fortalecer las capacidades de penetración territorial en diferentes regiones del país. Si Kicillof construye estructura federal a través del Movimiento Derecho al Futuro, mientras Máximo moviliza la red kirchnerista, la suma podría resultar en una oposición más extendida geográficamente. Por otro lado, la fragmentación en múltiples proyectos presidenciales podría debilitar la capacidad de articular una alternativa unificada contra Milei. La historia del peronismo demuestra que sus períodos de mayor poder político han coincidido con momentos de liderazgo claro y centralizado, mientras que sus debilidades se han manifestado cuando el movimiento se fractura en núcleos enfrentados. Tampoco puede descartarse que estas dinámicas sean simplemente expresiones del trabajo de fortalecimiento territorial que ambas fuerzas realizan antes de que exista una negociación más seria sobre candidaturas presidenciales, momento en el cual los cálculos podrían variar significativamente. Lo que hoy parece una divergencia podría transformarse en una reasignación táctica de roles, o podría consolidarse como una ruptura duradera que redefina la composición interna del peronismo bonaerense y nacional.