La construcción de una alternancia política nacional comienza a tomar forma lejos de las luces porteñas. Axel Kicillof, gobernador de la provincia de Buenos Aires, ha iniciado una intensa ronda de encuentros con sus pares provinciales, buscando consolidar consensos que trascienda las fronteras tradicionales del peronismo. Este miércoles viajará a Corrientes para reunirse con Juan Pablo Valdés, figura radical que comanda la provincia desde la alianza Vamos Corrientes, un movimiento donde su hermano ocupa un rol protagonista. La maniobra responde a una estrategia deliberada: ampliar la base de sustentación política en vistas a las elecciones presidenciales de 2027, donde Kicillof aparece como uno de los postulantes más viables de la oposición.

El encuentro en Corrientes no es casual ni improvisado. Carlos Bianco, ministro de Gobierno bonaerense, confirmó que existe una comunicación previa con la administración provincial para coordinar firmas de convenios en distintos áreas de cooperación. Desde la Casa de Gobierno correntina también validaron la visita, aunque Valdés intentó minimizar su carga simbólica con declaraciones que buscan relativizar el significado político de la foto. Sin embargo, cualquier encuentro entre dos gobernadores de fuerzas políticas diferentes, en el contexto actual de fragmentación del tablero nacional, carga con un peso específico que trasciende lo administrativo. Esta cita se produce apenas una semana después de que Maximiliano Suescun, presidente del Foro de Intendentes Radicales, visitara a Kicillof en La Plata, generando especulaciones sobre posibles convergencias políticas entre el gobernador bonaerense y sectores del radicalismo.

Un viaje que consolida una estrategia territorial

La visita a Corrientes se inserta dentro de un itinerario que Kicillof ha venido desplegando hace varios meses por el territorio nacional. No se trata de iniciativas aisladas, sino de una política sistemática que el funcionario ha reconocido públicamente. El gobernador bonaerense ya se ha reunido con sus colegas de Santa Fe, Maximiliano Pullaro; de Chubut, Ignacio Torres; y de Río Negro, Alberto Weretilnek. En cada uno de estos encuentros ha suscrito convenios de cooperación que reflejan la disposición de trabajar en conjunto contra lo que describe como el retiro del gobierno nacional de sus responsabilidades constitucionales. En abril pasado viajó a Tierra del Fuego, donde se entrevistó con Gustavo Melella y con Ricardo Quintela, gobernador de La Rioja. En mayo estuvo en Córdoba, territorio gobernado por radicales, donde participó en un acto junto al intendente de Cosquín.

Bianco fue claro al caracterizar estos viajes: "La idea es hacer una visita del tipo que hicimos a Córdoba. No estamos en campaña. Es articular cooperación, como lo hicimos con Santa Fe, con Chubut. Es una decisión de cooperar con todas la provincias frente a un gobierno nacional que se retira de sus responsabilidades constitucionales". Esta formulación intenta deslindar la actividad de Kicillof de cualquier insinuación de que se trata de precampaña. Sin embargo, la realidad política sugiere que estas acciones tienen múltiples lecturas: por un lado, genuina coordinación entre administraciones subnacionales; por otro, acumulación de capital político territorial que será decisivo cuando llegue el momento de medir fuerzas electorales.

Proyección internacional y consolidación interna

La ambición de Kicillof excede las fronteras argentinas. En mayo pasado participó de una cumbre mundial de líderes progresistas celebrada en España, donde se reunió con figuras como Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, y Gustavo Petro, presidente de Colombia. En esa cumbre, el kirchnerismo se diferenció de otras expresiones de la izquierda latinoamericana, marcando así un posicionamiento propio dentro del espectro progresista regional. Este tipo de vinculaciones internacionales agregan legitimidad y visibilidad a una eventual candidatura presidencial, situando a quien las cultiva como un interlocutor válido en el escenario geopolítico.

Pero paralelamente a esta expansión externa, el gobernador bonaerense debe resolver frentes internos complejos. La Cámpora, sector kirchnerista que no reconoce su liderazgo, representa una competencia por el control de la estructura peronista en Buenos Aires. En respuesta, Kicillof ha impulsado el fortalecimiento del Movimiento Derecho al Futuro, su propia estructura territorial. El próximo fin de semana lanzará la rama juvenil de esta organización en San Martín, buscando disputar a La Cámpora la capacidad de movilización y organización de los sectores jóvenes. Ya ha armado espacios específicos en Ciencia, Salud y Universidades, construyendo así una estructura de poder paralela. Las tensiones salieron a la luz hace poco: mientras que militantes del Movimiento Derecho al Futuro pegaban carteles con la consigna "Axel o Milei", sectores internos respondieron con pintadas que rezaban "Cristina Libre". En el lanzamiento del Instituto de Capacitación Política de La Plata también se registraron enfrentamientos entre seguidores de Kicillof y de la expresidenta Cristina Kirchner.

Respecto a la situación de la expresidenta, quien se encuentra con prisión domiciliaria tras su condena, Kicillof ha descalificado la medida como "injusta". No obstante, se rehúsa a adelantar posiciones sobre eventuales indultos en caso de llegar a la presidencia, manteniendo así cierta ambigüedad estratégica que le permite no cerrar puertas ni con sectores kirchneristas ni con otros actores políticos. Esta cautela refleja el delicado equilibrio que debe mantener quien aspira a construir una coalición amplia en tiempos de polarización.

Las movidas de Kicillof trazan un panorama político que se distancia del bipartidismo y apunta hacia la construcción de una tercera fuerza o, al menos, de una alternancia que amalgame distintos actores territoriales. La receptividad de gobernadores radicales, la expansión internacional, la consolidación interna de su propio movimiento y los convenios de cooperación con provincias de distinto signo político conforman una estrategia multidireccional. Los meses y años venideros determinarán si esta trama de alianzas horizontales logra cristalizarse en una propuesta presidencial competitiva, o si las fracturas internas, las lealtades partidarias históricas y la dinámica electoral nacional terminan pulverizando estos intentos de articulación. Lo cierto es que la política argentina está presenciando el surgimiento de una nueva geografía de coaliciones, donde los gobernadores provinciales —especialmente aquellos que controlan territorios con peso electoral— adquieren relevancia estratégica inédita en el contexto post-2023.