La política argentina entra en un territorio de mutaciones silenciosas. Mientras Javier Milei declara públicamente que compite consigo mismo y que la economía será el factor determinante en 2027, las entrañas del oficialismo y la oposición procesan movimientos que anticipan una reconfiguración electoral profunda. Lo que ocurre no es simplemente una sucesión de hechos políticos aislados, sino el armado de estructuras que definirán cómo se verá el poder en la Argentina en los próximos años. El Presidente parece haber delegado la política a otros, mientras que en la provincia de Buenos Aires múltiples actores trazan sus propios caminos hacia el poder, transformando el tablero electoral en un espacio de incertidumbres y fracturas.
El discurso presidencial revela una convicción particular: Milei sostiene que su continuidad depende exclusivamente de su propia capacidad de gestión. Su lógica es directa: si los números económicos no cierran, regresa a casa y punto. Esta percepción de que todo está en sus manos convive con un dato que circula en los círculos políticos con insistencia: aproximadamente el 60% de la población expresa descontento con la gestión, mientras que del 35% que respalda al Presidente, la mitad corresponde al mileísmo puro. Esta fragmentación del apoyo constituye un espejo del estado actual de una coalición que gana elecciones pero que pierde consistencia política en su administración cotidiana.
La sombra de un Plan B y el liderazgo de Bullrich
Patricia Bullrich ha identificado una oportunidad que otros no vieron con tanta claridad. La senadora libertaria ha construido una diferenciación estratégica utilizando herramientas que estaban disponibles para cualquiera: el caso que investiga la Justicia respecto al crecimiento patrimonial de un funcionario de primer nivel actuó como catalizador para que ministros alineados con ella se posicionaran públicamente. Esta maniobra no fue casual ni espontánea, sino el resultado de una lectura atenta de las dinámicas internas. Bullrich nunca estuvo tan cerca de la Casa Rosada como posibilidad política, y esa proximidad genera tanto entusiasmo como inquietud en diferentes sectores del oficialismo. Lo que algunos denominan un "Plan B" responde a la lógica de quien reconoce que la estabilidad del Presidente en términos políticos no es garantizada, y que la economía podría efectivamente "llevarse puesta" a la política, en términos que utilizó el ministro de Economía.
La interna libertaria que más consume energía política ocurre entre Karina Milei y Santiago Caputo. La secretaria general de la Presidencia actúa como filtro y guardiana de los códigos mileístas, mientras que el asesor presidencial se mueve desde una lógica más tradicional de gestión política. Entre ambos circulan conflictos que trascienden lo personal: representan dos formas de entender la relación entre poder presidencial y estructura política. La confrontación escaló cuando los operadores cercanos a Caputo arremetieron contra Martín Menem. Este tipo de enfrentamientos genera fracturas que se trasladan hacia el territorio, especialmente en la provincia de Buenos Aires, donde la política tradicional sigue siendo materia inevitable para cualquier proyecto de poder nacional.
La provincia de Buenos Aires como campo de batalla y laboratorio político
En el territorio bonaerense, las alianzas se redefinen constantemente. Sebastián Pareja, armador político que responde a la lógica de Karina Milei, cerró una operación conjunta con Bullrich y se ha posicionado como el conductor de una estructura que agrega militancia y capacidad territorial. Diego Valenzuela, que se autodefine como integrante del círculo bullrichista, ha firmado acuerdos con Pareja y ambos conducen las reuniones de "Hojarasca", un proyecto provincial que busca consolidar la presencia libertaria en municipios clave. Simultaneamente, en Tres Arroyos ocurrió un episodio que resume la fragilidad de las alianzas: concejales del PRO que integraban la coalición libertaria-pro expulsaron a una concejal pura libertaria. Estos hechos son síntomas de una realidad incómoda para la coalición de gobierno: la unidad electoral no se convierte automáticamente en unidad de gestión.
Diego Santilli, ministro del Interior, ejecuta una estrategia de largo plazo. Mientras lidia con los gobernadores desde su cartera, sus ojos también se posan en la dinámica bonaerense como laboratorio para un eventual lanzamiento a la gobernación. Su posición institucional le permite una visibilidad que otros carecen. José Luis Espert, en tanto, representa un caso de sometimiento político que contrasta con su pasado independiente. Fue candidato a gobernador bajo el paraguas presidencial, pero requirió de una genuflexión implícita ante Karina Milei para obtener visibilidad pública. El episodio donde pidió un tuit o un gesto de apoyo a la secretaria general y fue rechazado inicialmente, para luego recibir una invitación a la Casa Rosada donde "nos vean", revela las dinámicas de subordinación que caracterizan el mileísmo en su fase territorial. Espert tiene media candidatura dentro de las posibilidades, pero su carrera política depende de factores ajenos a su voluntad.
En el peronismo, la situación bonaerense presenta un mapa electoral disperso donde ningún candidato a gobernador descuella con claridad. El gobernador Axel Kicillof almorzó con Julio Alak, Jorge Ferraresi y Gabriel Katopodis, todos con aspiraciones gobernativas. Alak, del sector kicillofista, ejecuta una estrategia que incluye visitas a Cristina Kirchner. Ferraresi, que viene de encuentros con artistas en municipios del conurbano, representa otra vertiente. Katopodis suma capacidad territorial. Por el lado de La Cámpora, Mayra Mendoza y Wado de Pedro también son considerados como opciones. El Frente Renovador presenta a Sebastián Galmarini. Esta fragmentación de candidaturas refleja un partido que no ha logrado cerrar una candidatura unificada. Sergio Massa, quien fue candidato presidencial en 2023, espera nuevamente a que "la rueda gire" para reposicionarse como opción nacional. Sergio Uñac, el sanjuanino que compite por la presidencia, ha tejido contactos en la provincia de Buenos Aires a través de Leonardo Nardini, intendente de Malvinas Argentinas. El peronismo se parece a una estructura que sabe dónde quiere ir, pero aún no ha designado quién conducirá el viaje.
La Hidrovía como síntoma de conflictos más profundos
La asignación del contrato para la administración de la Hidrovía representa un eje de tensión que es simultáneamente económico y político. La ruta comercial fluvial de 3.300 kilómetros que conecta cinco países (Brasil, Bolivia, Paraguay, Uruguay y Argentina) es el corredor por donde transita el 80% del comercio exterior argentino. Sin embargo, la Aduana solo controlaba un 3% de la carga que pasaba por esa vía en 2021. Esta desproporción entre volumen y control constituye un verdadero vacío de regulación que ha beneficiado a diversos actores, algunos de los cuales operan en espacios grises de la legalidad. La empresa belga Jan De Nul compite por obtener este contrato, y existe un dato que circula en los pasillos de poder: la misma empresa también participa en licitaciones portuarias en Bahía Blanca, donde el Puerto acaba de llamar a una licitación para dragado cuya apertura de sobres ocurrirá el 27 de julio. Esta sincronía no es azarosa. La decisión sobre quién administrará la Hidrovía se entrelaza con disputas internas sobre quién controla qué en la estructura de gobierno. Entre Karina Milei y Santiago Caputo, la Hidrovía representa más que un contrato: simboliza la capacidad de uno u otro para direccionar recursos hacia sus propias estructuras de poder.
Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación, ofrece un contraste interesante con la dureza que caracteriza a otros funcionarios. Durante una exposición en Viena, Sturzenegger se emocionó al recordar una escena de la película "El Núcleo", donde un científico se justifica diciendo que no está para salvar a la humanidad sino a su esposa e hija. El ministro comparó esa lógica de proteger lo propio con la motivación de quienes integran el gobierno: "Sentíamos ese miedo de perder a nuestros hijos". Este discurso apela a motivaciones emocionales y domésticas, alejándose de la grandilocuencia política característica de otros miembros de la administración. Para La Libertad Avanza, los jóvenes constituyen un electorado crucial. En 2027, el 52% del padrón será menor a 40 años. Este grupo demográfico es parte de lo que algunos llaman "Las Fuerzas del Cielo", militancia desplazada y frecuentemente decepcionada que anhelaba un Milei rebelde, pero que enfrenta un Milei que negocia con estructuras tradicionales. Contra ello, existe "Las Fuerzas del Suelo", el poder territorial encarnado en figuras como Pareja y en los Menem, donde los lugartenientes políticos tradicionales ganaron la pulseada contra los influencers sin estructura.
Lo que ocurre en Argentina en este período intermedio entre elecciones es la reconfiguración de estructuras de poder bajo nuevas lógicas. Milei compite consigo mismo porque la política la ha delegado a otros. Bullrich teje alianzas que podrían resultar en un liderazgo inesperado si los números económicos no cierran. El peronismo se reorganiza sin un claro comando, lo que puede resultar tanto en fragilidad como en capacidad de adaptación según cómo se desarrollen los eventos. La Hidrovía, los puertos, las licitaciones, los nombramientos ministeriales: cada decisión aparentemente técnica es en realidad una batalla política donde se definen equilibrios de poder para la etapa que viene. En democracia, estas dinámicas internas son inevitables. La pregunta que permea todo es si estas reconfiguraciones resultarán en mayor estabilidad institucional o en fragmentación creciente de las coaliciones de poder que gobiernan y aspiran a gobernar la Argentina.


