La asunción que evidencia la grieta irreparable
La tarde de ayer en La Plata presenció un acto que, aunque formally protocolar, funcionó como termómetro de la enfermedad que aqueja al peronismo bonaerense desde hace meses. Axel Kicillof asumió oficialmente la conducción del Partido Justicialista provincial en un encuentro de puertas cerradas donde la tensión reinó de principio a fin. Pero lo verdaderamente significativo no fue lo que sucedió dentro de esas cuatro paredes, sino aquello que ocurría simultáneamente a cientos de kilómetros: Máximo Kirchner eligió estar en Santa Fe, lejos del epicentro del poder bonaerense, sosteniendo reuniones paralelas de armado nacional. Una decisión que, en la jerga política, habla más que mil discursos.
El gobernador bonaerense no llegó a esa reunión en solitario. Lo acompañaban referentes de La Cámpora —ese espacio que se suponía debería estar celebrando la gestión de Kirchner— como Mayra Mendoza, intendenta de Quilmes que mantiene una confrontación abierta con Kicillof. También estuvo presente Carlos Bianco, jefe de Gabinete provincial, quien no dudó en reconocer ante la prensa que el peronismo está atravesando un momento de profundo cuestionamiento interno. Su diagnóstico fue crudo: el espacio político acumula las cicatrices de dos derrotas electorales nacionales consecutivas, y eso genera necesariamente un proceso de debate sobre quién fue responsable de las decisiones que las precipitaron. Bianco, en su rol de operador político de Kicillof, dejó clara la línea que pretende impulsar la nueva conducción.
Las candidaturas presidenciales en suspenso
Uno de los temas que flotaba en el aire era la posible construcción de una candidatura presidencial para 2027. Apenas ayer, Kicillof había pronunciado un discurso en un acto del Movimiento Derecho al Futuro donde se presentaba como alternativa nacional frente a Javier Milei. Sin embargo, apenas horas después, durante la asunción de su cargo en el partido, el mandatario optó por bajar drásticamente el perfil sobre ese tema. Habló de "afiliaciones y formación", términos que suenan más a gestión administrativa que a ambiciones electorales. El gobernador prefirió no profundizar en las diferencias que laceraban a la estructura partidaria, una actitud que contrasta marcadamente con la franqueza que el jefe de Gabinete mostró públicamente.
Bianco fue más explícito al respecto: aclaró con énfasis que por ahora no existe una candidatura de Kicillof a la presidencia de la nación. Reconoció que 2027 es el año fijado para las grandes definiciones electorales, mientras que 2025 debe funcionar como espacio de reconstrucción del tejido político. Admitió que en el peronismo hay varios dirigentes que alimentan legítimas aspiraciones de acceder a la presidencia, y que los respeta. Esta postura, aunque parezca conciliadora, deja abierta la interrogante sobre si Kicillof realmente renunció a sus ambiciones presidenciales o simplemente decidió no declararlas públicamente en este momento de extrema fragilidad institucional del movimiento.
La ausencia que habla más que palabras
La no presencia de Máximo Kirchner en La Plata fue, curiosamente, el evento más importante de la tarde. El exlíder de La Cámpora, quien acababa de ceder su cargo de presidente del PJ bonaerense, eligió estar en María Teresa, un municipio santafesino, escuchando propuestas de diversos compañeros para una eventual construcción política nacional. Bianco justificó públicamente la ausencia señalando que Kirchner "no estaba formalmente invitado" y que se trataba de "su decisión política". Pero cualquier observador político de mínima agudeza entiende que no se trata simplemente de una cuestión de protocolo de invitaciones. Es un mensaje explícito de ruptura, de delineación de espacios distintos dentro del peronismo.
Desde Santa Fe, Kirchner pronunció palabras que funcionaron como contrapunto al discurso que simultáneamente Kicillof ofrecía en La Plata. El dirigente K enfatizó la necesidad de "escuchar a los compañeros", de buscar síntesis que permitieran sacar a Argentina del camino que Milei supuestamente le imprime. Pero lo fundamental estuvo en su advertencia: el peronismo no puede reducirse a una estructura simplemente "anti Milei", sino que debe pensar en positivo, en favor de los intereses de las mayorías. Las palabras de Kirchner parecen dirigidas tanto a posibles aliados externos como a Kicillof mismo, cuyo discurso de reconstrucción se articula precisamente en torno a la necesidad de aglutinar a todos los "frustrados o espantados por el programa de Milei".
Mientras Kirchner hablaba en Santa Fe, Kicillof en La Plata desplegaba su propia visión de futuro. El gobernador bonaerense sostuvo que la etapa actual requiere de una "ampliación hacia sectores económicos, sociales y culturales" que históricamente han resultado adversarios del peronismo. No se refería a alianzas electorales temporales, aclaró, sino a genuinas aproximaciones con aquellos que hoy se sienten desorientados frente al programa mileísta. Describió la tarea del peronismo como la de "escuchar, discutir y convencer" a esos sectores descontentos. Y enfatizó que el rol histórico y principal de la fuerza es "terminar con esta pesadilla", ofreciendo un "sueño y una alternativa" que devolviera esperanza al pueblo. Frente a lo que denominó "antipolítica", convocó a estar en las calles, acompañando y resistiendo.
Los nombres que rodean el poder renovado
La asunción de Kicillof incluyó la designación de nuevas autoridades en la estructura del partido bonaerense. Verónica Magario fue designada vicepresidenta primera, mientras que Federico Otermín asumió como vicepresidente segundo. Para la Secretaría General se eligió a Mariano Cascallares, intendente con peso político propio en la región de San Isidro. Julio Alak quedó a cargo de Formación Política, y Mariel Fernández encabezará el área de Mujeres y Género. Se ratificó además a Ariel Sujarchuk como secretario de Finanzas y Tesorería, y a Noelia Castaño en el cargo de subtesorera. Esta composición de poder refleja una búsqueda de balance entre diferentes sensibilidades dentro del peronismo bonaerense, aunque claramente inclinada hacia el ala cercana al gobernador.
Lo que trascendió desde el cónclave clausurado indicaba que la atmósfera fue de máxima tensión. Los diferentes espacios que componen el peronismo se encontraban cara a cara, particularmente los seguidores de Cristina Kirchner y aquellos nucleados alrededor de Kicillof. Estos últimos, aunque militan dentro del mismo partido, funcionan prácticamente como adversarios políticos en la interna. La estructura que Kicillof ahora dirige debe convivir con estas fracturas, intentando mantener una precaria unidad sobre bases que claramente no son sólidas.
El documento de cierre y las reivindicaciones
Una vez finalizado el encuentro, la dirigencia bonaerense del Justicialismo emitió un comunicado que sintetizaba su posición frente al gobierno nacional. El documento apuntaba directamente contra la administración Milei, reclamando la libertad de Cristina Kirchner y la del exfuncionario Julio De Vido. En este aspecto, el peronismo bonaerense recuperaba un elemento de cohesión: la crítica compartida a las políticas del presidente libertario, aunque sea desde ópticas distintas. Sin embargo, esto no alcanza para resolver las contradicciones internas que quedan expuestas apenas se deja de hablar de los adversarios externos.
El peronismo también anunció una movilización programada para el próximo miércoles que incluiría a intendentes en marcha hacia el Ministerio de Capital Humano. El objetivo sería reclamar por los recursos que corresponde desembolsar a la Nación para sostener los servicios alimentarios en las escuelas bonaerenses. El reclamo es sustancial: la provincia aporta el 40 por ciento de los recursos nacionales pero recibe menos del 7 por ciento de lo recaudado, situación que ha sido calificada como "desfinanciamiento inédito" e "injusticia". Esta movilización se enmarca en una denuncia más amplia que el peronismo realiza sobre lo que considera una "persecución política" diseñada para disciplinar a las mayorías populares y anular a su dirigencia. El movimiento también hizo un llamado a participar en la marcha del 30 de abril a Plaza de Mayo, en conmemoración del Día del Trabajador, lo que sugiere una estrategia de creciente confrontación con el gobierno nacional.

