La gobernación bonaerense ya convoca los primeros movimientos de una interna que promete ser tan compleja como relevante. Mientras el actual mandatario sigue en funciones, el espacio político que lo respalda se desmorona en múltiples direcciones, cada una con su propio mapa de ruta y sus propios aspirantes. No se trata de rumores de pasillo ni de especulaciones de café político: son despliegues territoriales concretos, reuniones organizadas, distritos visitados, agrupaciones movilizadas. El peronismo bonaerense, en la antesala de definiciones que marcarán el futuro de la provincia más poblada del país, comienza a mostrar sus costuras internas de manera cada vez más explícita. Las implicancias son profundas: la provincia que representa casi el 40% del padrón electoral nacional está en proceso de decisión sobre quién la conducirá en los próximos años, en un contexto donde las fuerzas políticas buscan recuperar terreno tras el terremoto electoral de 2023.
El recorrido sin tregua de Ferraresi
Entre los nombres que suenan con mayor fuerza figura Jorge Ferraresi, quien abandonó hace poco la intendencia de Avellaneda tras una gestión que se extendió durante más de una década y media. Su salida del ejecutivo municipal abrió el camino a Magdalena Sierra, su esposa y exjefa de Gabinete, quien asumió el cargo el 3 de julio. Desde mediados del mes anterior, Ferraresi inició un operativo de visitación a distritos que hasta el momento suma un número considerable de jurisdicciones recorridas: Tres de Febrero, San Nicolás, Chivilcoy, San Miguel, Necochea, Tandil y Ayacucho forman parte de un itinerario que, según revelan fuentes cercanas, continuará expandiéndose hacia otros rincones de la provincia.
El exfuncionario nacional, quien durante la administración de Alberto Fernández llevó adelante la cartera de Desarrollo Territorial y Hábitat, articula sus encuentros bajo el formato de "plenarios de la militancia". En cada localidad, Ferraresi convoca a actores comunitarios de distinto tipo, sectores organizados y referentes territoriales, aunque deliberadamente evita hablar de competencia interna peronista. La estrategia aparenta ser la de construir un discurso centrado en gestión y resultados concretos. Para ello, recurre a un análisis comparativo entre los distritos que recorre y la gestión que desarrolló en Avellaneda, tomando como eje indicadores fiscales y presupuestarios que demuestren eficiencia administrativa. Así, plantea que mientras en 2009 el municipio avellanedino dependía de la coparticipación federal en un 30% de su presupuesto, hoy esa cifra se redujo al 8%, lo que sugeriría una mejora en la capacidad de autogeneración de recursos. Este argumento, repetido en diferentes geografías, busca demostrar capacidad para gobernar en contextos de restricción fiscal, un factor clave en el actual escenario de limitaciones presupuestarias.
Katopodis: infraestructura como puente político
En paralelo, Gabriel Katopodis, quien ocupa la cartera de Infraestructura y Servicios Públicos en el gabinete provincial, despliega una metodología distinta pero igualmente territorial. Su iniciativa, denominada "¿Cuánto futuro cabe en la provincia?", consiste en encuentros organizados por región que convocan a múltiples referentes municipales de una zona geográfica. El jueves anterior, encabezó el cuarto de estos encuentros en Trenque Lauquen, con la participación de representantes de 14 distritos del noroeste bonaerense. Según se indica desde su círculo cercano, restan cuatro encuentros más en el calendario, lo que sugiere un despliegue coordinado y de largo aliento.
A diferencia de Ferraresi, Katopodis niega explícitamente que se trate de actos políticos en sentido electoral. Sus colaboradores enfatizan que los encuentros giran en torno a la presentación de un plan de infraestructura con horizonte de 10 a 15 años, y que rescatan la metodología de las "reuniones compañeras" que comenzaron en 2023, tras el fracaso electoral peronista ante Javier Milei, pero ahora con un enfoque más orientado al proyecto que al lamento. La operatoria política de Katopodis cuenta, además, con un antecedente que sus propios equipos no dejan de mencionar: fue candidato en 2025 en la "sección más compleja" de la provincia, refiriéndose a la primera sección electoral, y logró aventajar al candidato de La Libertad Avanza en más de diez puntos porcentuales. Este dato funcionaría como respaldo de su capacidad electoral en territorios de difícil penetración para el peronismo en la actualidad. Una semana atrás, tanto Ferraresi como Katopodis coincidieron en Mendoza, donde participaron en la apertura de un local del PJ en esa provincia, un acto que refuerza la imagen de dirigentes alineados con Kicillof pero con proyecciones propias.
Los demás contendientes en la sombra
Julio Alak, intendente de La Plata y aliado histórico de Kicillof, también está protagonizando recorridas territoriales cuya interpretación electoral es apenas velada por sus colaboradores. El jefe comunal platense ha visitado jurisdicciones como Bahía Blanca e Ituzaingó en las últimas semanas. Desde su entorno sostienen que tales desplazamientos responden a la necesidad de fortalecer acuerdos intermunicipales y potenciar las fortalezas de cada distrito, objetivos que encuadran sus movimientos en la lógica de la gestión pública más que en la competencia política. Sin embargo, existe un factor adicional: Kicillof le ha asignado a Alak la responsabilidad de ser secretario de Formación del PJ bonaerense, cargo que le proporciona legitimidad institucional y visibilidad dentro de la estructura partidaria. Desde el equipo del intendente platense, dejan que la interpretación sobre una eventual candidatura a gobernador quede "a interpretación" de quienes observan su accionar, una frase que en política suele funcionar como una confirmación tácita.
Dentro de la estructura conocida como "Liga de Intendentes", un colectivo de doce jefes comunales peronistas que ampliaba lo que alguna vez se denominó "Grupo AFA" por su cercanía con Claudio "Chiqui" Tapia, aparecen dos nombres que se inscriben en la carrera sucesoria. Mariel Fernández, intendenta de Moreno, transita su segundo mandato y, por tanto, no puede volver a candidatearse al municipio bajo la actual legislación bonaerense. Es vicepresidenta del PJ nacional bajo la conducción de Cristina Kirchner y cuenta con su propia agrupación, Reconquista, con la que tiene presencia territorial activa, como lo demostró en la marcha del jueves contra la ley de inviolabilidad de la propiedad privada. Por su parte, Federico Otermín, intendente de Lomas de Zamora, aún no blanquea públicamente ambiciones respecto a la gobernación. Transita su primer mandato y legalmente podría buscar la reelección municipal, lo que otorga a sus movimientos una ambigüedad estratégica. Según observadores de sus desplazamientos políticos, cultiva relaciones equilibradas con el camporismo, el kicillofismo y el massismo, una multiplicidad de vínculos que sugiere flexibilidad respecto a su futuro político. Es vicepresidente segundo del PJ bonaerense, estructura que comanda el propio Kicillof.
La Cámpora y sus movidas
Finalmente, el camporismo bonaerense permanece en una posición especialmente estratégica. La Cámpora podría impulsar un candidato propio o, como especulan algunas fuentes, apuntar a un nombre que no pertenezca orgánicamente a la agrupación pero que goce de sintaxis favorable con su línea política. Mayra Mendoza, diputada provincial y exintendenta de Quilmes, aparece como una figura que podría encarnar los intereses del camporismo en la contienda. Sin embargo, el sector mantiene sus cartas bien cerradas, sin revelar aún cuál será su estrategia de cara a la competencia interna. Mendoza posee una trayectoria relevante en la provincia y cuenta con una base electoral que construyó durante su paso por la intendencia quilmeña, lo que la posiciona como una candidata viable desde distintas perspectivas, aunque el camporismo prefiera por ahora mantener el suspenso respecto a sus verdaderas intenciones.
Un escenario de múltiples variables
Lo que emerge de este movimiento político de piezas sobre el tablero bonaerense es un peronismo que, lejos de presentar un frente unificado, exhibe su heterogeneidad interna como característica estructural. Los recorridos de Ferraresi, los encuentros regionales de Katopodis, las visitas de Alak, la presencia de Fernández y el prudente silencio de Otermín conforman un ecosistema de candidaturas potenciales que aún no se definen de manera abierta. Esta fluidez responde, en parte, a que los tiempos electorales aún no están completamente fijados, a que existen cálculos sobre cuándo anunciar las propias intenciones para maximizar ventajas y minimizar desgastes, y a que la interna peronista suele resolverse a través de negociaciones que pueden modificar posicionamientos hasta el último momento. La provincia de Buenos Aires, con su magnitud electoral y su importancia simbólica en la política nacional, se perfila como el escenario de una definición que trascenderá lo meramente provincial y que incidirá sobre el mapa político del país en su conjunto.



