Las entrañas del poder ejecutivo hierven con conversaciones que trascienden la mera coordinación parlamentaria. Mientras la opinión pública se enfoca en coyunturas inmediatas, en los despachos de Balcarce 50 se están tejiendo acuerdos que reconfigurarían el mapa político para las próximas elecciones generales. El entendimiento que negocia el Gobierno con el PRO no es un simple pacto de apoyo legislativo, sino un esquema multidimensional que abarcaría desde la composición de candidaturas hasta la distribución de carteras ministeriales en potenciales administraciones provinciales. La magnitud de estas conversaciones refleja una realidad política: ningún espacio político con capacidad de gobernanza puede permitirse el lujo de ignorar al otro, especialmente cuando se aproximan comicios presidenciales que definirán el rumbo de la nación por los próximos años.

Tres niveles de negociación simultánea

Las conversaciones que mantienen los libertarios con la fuerza fundada por Mauricio Macri operan sobre tres planos complementarios que, en teoría, se refuerzan mutuamente. En primer lugar, existe una discusión robusta sobre la gobernabilidad legislativa durante 2027. El Gobierno requiere que el PRO respalde sus iniciativas de reforma en el Congreso, lo que implica un alineamiento programático en temas clave. En segundo término, aparece la dimensión electoral stricto sensu: qué lugares ocuparían los candidatos de cada espacio en las listas nacionales, provinciales y municipales. En tercer lugar, y quizá el más complejo, se negocia la participación en gobiernos que podrían resultar de una coalición común. Este último aspecto genera tensiones internas, ya que hay sectores libertarios que advierten sobre los riesgos de compartir la gestión con aliados sobre los que no existería control exclusivo.

La lógica estratégica del oficialismo, cristalizada en la figura de Karina Milei como coordinadora central de estas negociaciones, establece un principio rector: toda concesión electoral tiene una contraprestación. Si el PRO conserva su continuidad en la gobernación porteña, como parece ser el caso con Jorge Macri, entonces La Libertad Avanza debe obtener espacios compensatorios en las listas legislativas nacionales y cabezas de lista de otros cargos. Esta lógica transaccional se replica en cada distrito donde ambas fuerzas comparten poder político o tienen capacidad de competencia.

La Ciudad de Buenos Aires: negociación de alta complejidad

La capital argentina constituye el escenario donde la complejidad de este acuerdo alcanza su máxima expresión. En principio, el oficialismo estudia la posibilidad de respetar la continuidad de Jorge Macri en la Jefatura de Gobierno, pero esa aceptación no es gratuita. A cambio, La Libertad Avanza demanda espacios relevantes tanto en la lista de legisladores porteños como potencialmente en el gabinete de la Ciudad. Aparece en las conversaciones la figura de Pilar Ramírez, diputada porteña de confianza de Karina Milei, como posible compañera de fórmula de Macri. Esta opción permitiría al oficialismo garantizar representación dentro de una eventual administración, aunque formalmente bajo el liderazgo del PRO. La presencia de una figura libertaria en la dupla ejecutiva porteña significaría un acceso directo a decisiones de gobierno y una vitrina política de importancia.

Respecto de la contienda legislativa nacional en el distrito capitalino, circulan alternativas que reflejan el juego de ajedrez en el que están envueltos ambos espacios. Una de ellas contempla conceder a Macri capacidad de decisión sobre quién encabezaría la lista de candidatos a senador nacional, lo que constituiría un reconocimiento de su gravitación política. La contrapartida sería una distribución más generosa de lugares en el resto de la nómina para candidatos de La Libertad Avanza, además de un acuerdo político más amplio que exceda los límites geográficos de la Ciudad. Este tipo de arreglos ejemplifica cómo las negociaciones no operan de manera aislada por territorio, sino que funcionan como un todo integrado donde cada movimiento en un distrito tiene implicancias en otros.

Buenos Aires: el laboratorio del acuerdo

La provincia de Buenos Aires, donde residen casi un tercio del electorado nacional, emerge como el segundo escenario crítico de estas conversaciones. Aquí, el esquema se repite con actores distintos pero lógica similar. Diego Santilli aparece como el principal nombre que el oficialismo baraja para disputar la gobernación provincial, potencialmente contra el peronismo. La mención de Santilli no es casual: aunque el dirigente ha transitado diversos espacios políticos, su vinculación histórica con el PRO y su experiencia en gestión lo convierten en alguien aceptable para ambas fuerzas. Sin embargo, así como en el caso de la Ciudad, la participación del PRO en una eventual gobernación compartida generaría negociaciones sobre la composición del gabinete bonaerense.

Dentro de algunos sectores del oficialismo existe preocupación sobre este punto específico. La inquietud radica en que, si La Libertad Avanza no controla de manera exclusiva una administración provincial, podría terminar cargando con responsabilidades políticas por decisiones que no provienen de su órbita decisoria. Hay funcionarios que advierten sobre los riesgos reputacionales de asociarse a gestiones donde existe un poder compartido: si algo sale mal, el oficialismo puede quedar asociado al fracaso sin tener herramientas para evitarlo. A pesar de estas resistencias internas, la estrategia de Karina Milei continúa enfocada en maximizar la cantidad de espacios de poder, entendiendo que la participación en gobiernos es una moneda de cambio valiosa tanto para consolidar alianzas como para asegurar una presencia territorial antes de los comicios presidenciales.

La maquinaria operativa: Menem como articulador

Detrás de las escenas públicas, existe una estructura operativa que coordina estas complejísimas negociaciones. Eduardo "Lule" Menem, subsecretario de Asuntos Políticos, funciona como uno de los principales interlocutores del Gobierno en estos diálogos. Menem, hermano del ministro de Defensa Martín Menem, mantiene conversaciones directas con gobernadores, legisladores y referentes de diversos espacios políticos, actuando como un engranaje clave en el ordenamiento de acuerdos territorio por territorio. Su rol se cristalizó de manera explícita en la reunión que se llevó a cabo en la Casa Rosada hace poco, donde Cristian Ritondo y Fernando de Andreis, referentes del PRO, se reunieron con Diego Santilli, Menem y Martín Menem. Aunque en declaraciones públicas los dirigentes macristas señalaron que aún es prematuro discutir candidaturas y pactos distritales, los voceros oficiales reconocen que en esa conversación la agenda de fondo ya abarcaba las condiciones precisas para un entendimiento nacional de mayor alcance.

El Gobierno se propuso desde entonces mantener encuentros cada quince días con los referentes del PRO, lo que indica la intención de que estas conversaciones no sean episódicas sino parte de una estructura de negociación permanente. Esta institucionalización de los diálogos sugiere que el oficialismo considera que el PRO es un interlocutor estratégico cuya participación es fundamental para viabilizar el proyecto político de mediano plazo. Los encuentros regulares funcionan, así, como una cámara de compensación donde se ajustan permanentemente los términos del acuerdo conforme evolucionan las circunstancias políticas.

La reelección como norte inamovible

Por detrás de cada una de estas movidas, existe un objetivo estratégico que las unifica: blindar la reelección de Javier Milei y conseguir el respaldo de Mauricio Macri a nivel nacional. Este es el eje sobre el cual giran todas las demás negociaciones. Para el oficialismo, contar con el apoyo explícito del principal referente de la fuerza que gobernó la nación entre 2015 y 2019 representaría un activo político de consideración. Macri no es simplemente un dirigente más: posee capital político acumulado, redes territoriales en múltiples provincias y una base electoral que, aunque ha fluctuado, sigue siendo relevante en varios distritos clave. Su endorsement no sería una formalidad, sino un aval que tendría peso en segmentos del electorado que valoran la continuidad y la estabilidad institucional.

La otra cara de esta moneda es que el Gobierno pretende asegurar que Macri no impulse una candidatura presidencial alternativa dentro del espacio opositor. La mención de Hernán Lacunza como posible candidato del PRO ha generado inquietud en el oficialismo, ya que una competencia donde ambas fuerzas disputaran directamente la presidencia podría fragmentar el voto anti-peronista y facilitar un retorno del kirchnerismo. Por ello, el acuerdo integral que negocia La Libertad Avanza busca, implícitamente, que Macri se comprometa a no impulsar una alternativa nacional que compitiera frontalmente contra Milei. Esta es una de las cuestiones más delicadas del acuerdo, porque toca aspectos de autonomía política que ningún partido importante está dispuesto a ceder completamente.

Otras provincias en la mira

Aunque la Ciudad y Buenos Aires ocupan el centro del tablero, las conversaciones se extienden hacia otros distritos donde el PRO mantiene o ha mantenido alguna capacidad de gobernanza. Entre Ríos, Chubut y Santa Fe aparecen en los diálogos como territorios donde La Libertad Avanza busca replicar esquemas similares. En cada una de estas provincias existen gobernadores que, al menos formalmente, mantienen relaciones de alianza con el Gobierno nacional, pero que también tienen sus propias agendas y capacidades de negociación. El objetivo del oficialismo es, en estos casos, fragmentar esas alianzas cuando sea conveniente o consolidarlas bajo términos más favorables para La Libertad Avanza, extendiendo la lógica de participación electoral y administrativa que se negocia en Buenos Aires y la Ciudad. Este enfoque territorial refleja una visión estratégica que entiende la política nacional no como una disputa unificada, sino como un mosaico de negociaciones locales que, en su conjunto, determinarán la viabilidad del proyecto presidencial.

Tensiones internas en el oficialismo

No todo es armonía dentro del espacio libertario mientras se tejen estos acuerdos con el PRO. Existe fricción entre Karina Milei y los Menem, por un lado, y Patricia Bullrich por el otro. La ministra de Seguridad ha sido protagonista de algunos tropiezos parlamentarios recientes, y sus posiciones en torno al armado electoral de 2027 no siempre convergen con las de la conducción. Específicamente, hay diferencias sobre quién debería acompañar a Milei en la fórmula presidencial, un tema que trasciende las meras definiciones de estrategia política para entrar en cuestiones de poder interno y liderazgo futuro. Estas tensiones internas tienen el potencial de afectar las negociaciones con el PRO, especialmente si el partido de Macri percibe que el Gobierno está dividido y que, en consecuencia, su poder de negociación aumenta. Por ello, aunque no sea parte de la agenda explícita de los encuentros, la capacidad del oficialismo de presentarse unido ante sus interlocutores es un factor que influye en los términos finales de cualquier acuerdo.

¿Qué está realmente en juego?

Más allá de los detalles específicos de candidaturas y carteras ministeriales, estas negociaciones reflejan una redefinición de la arquitectura política del país. Se está discutiendo implícitamente quién gobernará Argentina durante los próximos años, bajo qué coaliciones, con qué respaldos y bajo qué términos de interdependencia. El Gobierno apuesta a que una alianza sólida con el PRO le permitirá tanto gobernar de manera más efectiva durante 2027 como competir de manera más ventajosa en los comicios presidenciales de ese año. El PRO, por su parte, aparentemente ve en estas negociaciones una oportunidad para recuperar espacios de poder perdidos, aunque bajo términos que le permitan mantener cierta autonomía política y territorial.

Lo que todavía permanece sin resolverse es si estos acuerdos conseguirán cristalizarse en términos estables o si, por el contrario, evolucionarán hacia conflictos cuando llegue el momento de implementarlos. La historia política argentina ofrece numerosos ejemplos de alianzas que parecían sólidas en el escritorio pero que se desmoronaban cuando la realidad electoral y administrativa obligaba a tomar decisiones concretas. Por ahora, sin embargo, ambas fuerzas parecen estar apostando a que el beneficio mutuo de permanecer juntas es superior al que obtendrían compitiendo de manera independiente o enfrentada.