El fantasma de Angelici en los campos de batalla futbolísticos

Cuando Lionel Messi y sus compañeros desplegaban su mejor fútbol en los estadios estadounidenses, uno de los personajes más influyentes de la política porteña se movía entre las sombras, casi como una presencia espectral. Daniel Angelici, el empresario multirubro que transitó desde la conducción de Boca Juniors hasta consolidarse como operador de peso en los pasillos judiciales y políticos de Buenos Aires, estaba efectivamente en territorio norteamericano desde finales de junio. Pero a diferencia de otros funcionarios que cometieron el "error" de dejarse fotografiar en las tribunas, el expresidente azul mantuvo un perfil tan bajo que ni una sola cámara logró captar su rostro. Su invisibilidad no fue accidental: fue una decisión deliberada, una lección de discreción que contrasta con la torpeza de quienes ocupan cargos públicos y no miden las consecuencias de sus actos en redes sociales.

Dos colaboradores cercanos a Angelici confirmaron su presencia en la competencia internacional, aunque con la salvedad de que no asistió a todos los encuentros del equipo nacional. La estrategia fue precisa: algunas apariciones, ninguna evidencia. Mientras tanto, el teléfono del operador porteño se mantuvo cerrado a cualquier consulta periodística, reforzando la imagen de alguien que prefiere actuar desde las bambalinas. Su itinerario contemplaba trasladarse posteriormente a España, con un retorno estimado hacia finales del mes, justo cuando la política interna del país comenzaba a caldearse nuevamente. El timing, por supuesto, no fue casualidad. Angelici regresaría en el corazón de la precampaña electoral, en un momento en el que el gobierno porteño tejía acuerdos con La Libertad Avanza, la fuerza que encabeza Javier Milei.

Lo que resulta particularmente interesante es la contradicción que rodea la figura de Angelici en este contexto. Por un lado, mantiene una posición teórica de resistencia hacia cualquier acuerdo entre Pro —su partido de acción política tradicional— y el gobierno nacional. Según fuentes que conocen su pensamiento político, Angelici aboga por la construcción de una coalición "moderada" que se sitúe fuera de la órbita mileísta. Sin embargo, simultáneamente cultiva vínculos de vieja amistad con Darío Wasserman, presidente del Banco Nación, y con su esposa Pilar Ramírez, quien preside el bloque de legisladores porteños de La Libertad Avanza y goza de la confianza de Karina Milei, la influyente secretaria general de la Presidencia. Estos no son detalles menores: revelan una capacidad de navegación política que mantiene puertas abiertas en múltiples direcciones, una habilidad que caracteriza a los operadores de largo aliento en la política argentina.

La sorpresa del think tank larretista y otros movimientos en la sombra

En los salones donde se toman decisiones políticas de mayor envergadura, Gustavo Beliz hizo una inesperada aparición en el Movimiento al Desarrollo (MAD), el espacio de reflexión política que impulsa Horacio Rodríguez Larreta en su preparación para disputar nuevamente la jefatura de gobierno porteño el próximo año. Beliz, un funcionario que integró gabinetes bajo administraciones de signo político completamente disímil —desde Carlos Menem hasta Néstor Kirchner, pasando por Alberto Fernández—, ofició de expositor en una charla abierta sobre Inteligencia Artificial. La presencia del ex secretario de Asuntos Estratégicos generó sorpresa en sectores que no esperaban verlo en la órbita larretista.

Desde el movimiento que comanda la legisladora porteña Guadalupe Tagliaferri, se apresuró a relativizar cualquier interpretación de carácter político. Argumentaron que Beliz había sido convocado únicamente por su expertise en la materia, sin que mediara fotografía política alguna. Sin embargo, en la dirigencia radical la percepción fue distinta. En la sede histórica de la calle Alsina, donde funciona el Comité Nacional de la Unión Cívica Radical, perduraba el malestar generado por el movimiento fallido de Rodrigo de Loredo, el ex diputado nacional que aspiraba a la gobernación de Córdoba. De Loredo intentó, a través de una convocatoria por zoom realizada el sábado previo al partido contra Suiza, dilatar los mandatos de las autoridades del partido. El problema radicó en que no reunió la cantidad de congresales necesaria —requería dos tercios— para consumar la maniobra. El fracaso lo obligó a convocar de todas formas a elecciones de autoridades para septiembre.

Los radicales que desconfían de De Loredo —particularmente aquellos cercanos al intendente de Mina Clavero, Luis Quiroga— interpretan esta jugada como un intento de obtener respaldo de Casa Rosada para posicionarse como candidato provincial. La reacción de Quiroga fue clara: enfatizó que decisiones de envergadura deben tomarse respetando los órganos partidarios y la voluntad de los afiliados. Se trataba de una advertencia velada sobre los riesgos de los arreglos de escritorio.

Diplomacia judía, ausencias estratégicas y sorteos provinciales

Mientras tanto, una misión de la Antidifamation League (ADL) llegaba a Buenos Aires coincidiendo con el aniversario del atentado a la AMIA. La delegación, encabezada por Jonathan Greenblatt y Marina Rosenberg, con base en Nueva York, mantuvo una agenda de reuniones con figuras del oficialismo, incluyendo al presidente de la Cámara de Diputados Martín Menem, la senadora Patricia Bullrich y el ministro de Justicia Juan Bautista Mahiques. Intentaron también coordinarse con el canciller Pablo Quirno, pero desde la Cancillería informaron que un viaje a Estados Unidos hacía imposible el encuentro.

La ironía fue palpable en los comentarios de voceros de la comunidad judía: especulaban con cierta sorna si Quirno se quedaría hasta la final del Mundial, insinuando que la invitación del secretario de Estado estadounidense Marco Rubio —quien convocaba a 66 cancilleres a una cumbre en Washington para "combatir el extremismo de izquierda"— podría tentarlo a quedarse en el país norteamericano. La incertidumbre se disipó el viernes, cuando Quirno apareció en la Exposición Rural de Palermo. Desde sectores cercanos al gobierno se describió su regreso como evidencia de que no "sucumbió a la tentación mundialista". La Argentina jugaba la final contra España, pero el canciller eligió estar presente en una exposición ganadera. Los cálculos políticos y los compromisos previos ganaron la batalla contra la euforia futbolística.

En tanto, en San Luis pululaban movimientos de otro tipo. Bartolomé Abdala, senador libertario y presidente provisional del Senado, organizó desde su despacho una serie de sorteos de pelotas y camisetas de la Selección destinados a sus coterráneos. Abdala, cuyo pasado lo vincula a la dirigencia futbolística provincial, aprovechó la momentum de la participación nacional para fortalecer vínculos con su electorado. En uno de los videos promocionales previos a la final, se refirió al equipo como "la scaloneta" y celebró un "triunfazo" contra Inglaterra. Su estrategia resulta comprensible en el contexto de una provincia donde la política es territorio de disputa entre varios actores: el gobernador Claudio Poggi y los hermanos Alberto y Adolfo Rodríguez Saá, cada uno moviéndose en sus propias campañas. Abdala confía en su cercanía con los hermanos Milei para ser ungido como candidato a gobernador cuando llegue el momento. Esta semana, precisamente, Poggi sostuvo una reunión en Casa Rosada donde se anunciaron obras para la provincia, un recordatorio de que mientras se jugaba fútbol, la arquitectura del poder seguía reorganizándose.

Los dilemas de la visibilidad política en tiempos de Mundial

Lo que emerge de estos movimientos simultáneos es un cuadro complejo de cálculos políticos entrecruzados. Para algunos actores, la Mundial fue una oportunidad para consolidar espacios de influencia sin interferencias mediáticas; para otros, un peligro latente de cometer errores de visibilidad. La torpeza del viceministro de Justicia Santiago Viola, capturado en fotografía en un estadio portando la camiseta argentina "con licencia y por el fin de semana largo", generó una crisis institucional menor que puso de manifiesto los riesgos de dejarse ver en el lugar equivocado en el momento equivocado. Angelici aprendió la lección que Viola no supo evitar: la invisibilidad, para ciertos operadores, es una inversión política más valiosa que cualquier aparición pública.

Las reuniones del MAD larretista, los intentos fallidos de De Loredo en la UCR, la misión diplomática judía, la ausencia estratégica de Quirno y los sorteos provinciales de Abdala conforman un tapiz de acciones que se desplegaron en paralelo a la épica futbolística. Mientras la Selección avanzaba hacia la final, la política porteña y nacional continuaba su propio partido, uno donde los tantos no se cuentan en goles sino en alianzas consolidadas, espacios de influencia ampliados y promesas de futuras candidaturas calibradas.

Perspectivas sobre las consecuencias políticas del silencio y la visibilidad

Las dinámicas observadas durante el Mundial estadounidense plantean interrogantes sobre los modos en que el poder político se ejerce en Argentina en contextos donde la atención pública se desplaza temporalmente hacia asuntos no estrictamente políticos. Por un lado, la discreción de Angelici y su capacidad para mantener espacios de influencia sin exponerse públicamente sugiere que la verdadera toma de decisiones ocurre en espacios opaca, lejos de las cámaras y los focos. Por otro lado, los movimientos visibles —la aparición de Beliz en MAD, los sorteos de Abdala, la presencia de delegaciones internacionales— revelan que ciertos actores aprovecan estos períodos para ganar visibilidad y construir narrativas favorables. Las consecuencias de estas dinámicas podrían manifestarse en la arquitectura de alianzas que conduzca las próximas elecciones, en la capacidad de ciertos operadores para negociar desde posiciones fortalecidas, o en cambios en las correlaciones de fuerzas dentro de los partidos políticos. El regreso de Angelici a mediados de mes, coincidiendo con el reinicio de la actividad electoral, podría marcar un punto de inflexión en las negociaciones entre Pro y el gobierno nacional. La resolución de la pugna interna en la UCR entre de Loredo y Quiroga definirá orientaciones futuras de la segunda fuerza opositora. Y el comportamiento de figuras como Quirno y Abdala continuará condicionando los equilibrios del poder provincial. Lo cierto es que mientras Argentina celebraba o lamentaba los resultados en cancha, los hilos invisibles de la política seguían siendo tejidos por manos que prefieren no dejarse ver.