Un cisma político de proporciones inéditas sacude los cimientos de la estructura de poder que ha dominado Misiones durante casi un cuarto de siglo. Lo que parecía imposible hace apenas meses —una ruptura frontal entre Hugo Passalacqua y Carlos Rovira— se materializó esta semana con declaraciones públicas que marcan el fin de una alianza que muchos creían indisoluble. El quiebre no es una disputa menor entre funcionarios; representa una reconfiguración radical de la geografía política provincial, donde la supremacía ejercida por Rovira durante más de veinte años enfrenta su desafío más serio. Las implicancias trascienden los límites de Misiones: en juego están recursos tributarios de magnitud, el control de la legislatura provincial y, eventualmente, la representación nacional que emana de esta provincia del nordeste argentino.

La ruptura que nadie esperaba

Las palabras de Carlos "Kako" Sartori, jefe de Gabinete y uno de los operadores políticos más influyentes del gobernador, sellaron públicamente lo que funcionarios de ambos lados admitían en privado hace meses: la relación entre Passalacqua y Rovira se había tornado insalvable. "Hugo Passalacqua no forma parte de Encuentro Misionero", afirmó Sartori en declaraciones que no dejaban lugar para interpretaciones ambiguas. La sentencia resonó en los pasillos del poder provincial como un disparo de advertencia. El jefe de Gabinete fue más allá: explicó que la Renovación, el partido que históricamente había servido como vehículo de la hegemonía rovierista, había dejado de existir como entidad política. Ese argumento formal escondía una realidad mucho más profunda: Passalacqua y su círculo íntimo estaban abandonando el proyecto político de Rovira.

Lo extraordinario radica en que Sartori, hombre de máxima confianza del gobernador y con ascendencia demostrada sobre los 78 intendentes de la provincia —piezas clave del engranaje político misionero—, afirmó que la ruptura contaba con respaldo de "una inmensa mayoría de funcionarios, dirigentes y militantes". Estas palabras, avaladas por un Passalacqua que por ahora ha optado por mantener un perfil bajo en términos de declaraciones públicas, constituyen un desafío frontal a la autoridad moral que Rovira ejercía sobre la estructura provincial. Nadie esperaba que quien fuera designado gobernador dos veces únicamente gracias al "dedo" de Rovira se atrevería a cuestionar públicamente su liderazgo. Passalacqua, de 68 años, gozaba de una primera gobernación entre 2015 y 2019 precisamente porque Rovira lo eligió para ese cargo. La lealtad parecía grabada en piedra.

Frialdad que escaló hacia la confrontación

Desde que Passalacqua asumió su segundo mandato en diciembre de 2023, los indicios de un distanciamiento acechaban bajo la superficie. Consultados sobre la relación entre ambas figuras, dirigentes cercanos a los dos bandos coincidían en un dato revelador: hace más de un año que no sostienen conversaciones directas. La frialdad inicial se fue transformando en diferencias cada vez más irreconciliables, hasta que los últimos dos meses precipitaron lo que muchos consideraban impensable: una confrontación abierta por el control del aparato estatal misionero.

El catalizador del quiebre llegó cuando Rovira, quien en diciembre de 2023 abandonó su histórica presidencia de la Legislatura —desde donde ejercía influencia sobre los tres poderes—, intentó relanzar a la Renovación bajo un nuevo nombre: "Encuentro Misionero". Esta maniobra, que Rovira ha replicado periódicamente a lo largo de los años para generar expectativas renovadas y realizar "limpiezas" de dirigentes que dejaban de serle funcionales, apuntaba precisamente contra Passalacqua. El gobernador representaba un problema para los planes de Rovira: estaba habilitado para renovar su mandato en 2027, gozaba de una imagen política en ascenso y había dado señales claras de aspirar a continuar en el poder. Rovira lanzó "Encuentro Misionero" hace sesenta días, excluyendo deliberadamente a Passalacqua y criticándolo públicamente por decisiones administrativas, como la disolución de MisioPharma —una empresa estatal productora de cannabis medicinal para el sistema de salud que generaba pérdidas financieras—. Esta acción fue desautorizada por Rovira en términos que resonaron como una humillación política.

La respuesta de Passalacqua llegó el 19 de mayo: convocó a 67 intendentes de los 78 que gobiernan localidades en la provincia en la localidad de Ruiz de Montoya y los hizo firmar un documento que respaldaba su liderazgo por encima de la jefatura política de Rovira. El desafío fue explícito y masivo. Rovira reaccionó primero intentando negociar una tregua, cancelando dos veces las reuniones semanales de "Encuentro Misionero" que se celebran en la Legislatura antes de las sesiones ordinarias. Pero las declaraciones públicas de Sartori el viernes pasado cerraron cualquier puerta a una reconciliación.

El desmantelamiento del poder rovierista

Lo que sucedió a continuación no fue casual ni improvisado. El mismo viernes en que Sartori hacía pública la ruptura, Passalacqua firmó el decreto 1129, publicado en el Boletín Oficial de la provincia, que ordenaba la reestructuración de la Agencia Tributaria de Misiones (ATM). Esta medida es, en términos políticos y económicos, de una envergadura considerable. La ATM no es una repartición menor en la arquitectura estatal provincial: Misiones recauda por concepto de Ingresos Brutos más dinero que Corrientes, Chaco y Formosa juntas. El control de este flujo de recursos es, en esencia, el control de la capacidad estatal para financiar políticas públicas, estructuras burocráticas y, en última instancia, redes de poder territorial. La reestructuración ordenada por Passalacqua busca, de manera directa, arrebatar ese control de las manos de Rovira y su círculo de influencia.

Además del movimiento sobre la tributaria, Passalacqua anunció la eliminación de ministerios en las próximas semanas. Las carteras que corren mayor riesgo de desaparecer son aquellas cuyos titulares mantienen vínculos estrechos con la estructura rovierista. Se trata de una limpieza sistemática de los mecanismos de poder que Rovira había construido y consolidado durante más de dos décadas. Los últimos días han traído señales que confirman esta transformación en marcha. En locales partidarios afines al rovierismo, carteles con la leyenda "Rovira Conductor" fueron retirados. Medios de comunicación que históricamente actuaban como voceros del exmandatario comenzaron a cuestionarlo abiertamente. Funcionarios que asistían religiosamente a las reuniones semanales en la Legislatura empezaron a ausentarse. Todo apunta a un cambio de era política en Misiones, marcada históricamente por un fuerte personalismo centrado en Rovira.

El telón de fondo: la retirada estratégica de Rovira

Para entender plenamente la magnitud de esta ruptura, es necesario examinar los movimientos que Rovira realizó desde que asumió Javier Milei. El antiguo líderes provincial, de 70 años, parece haberse mostrado cada vez más dispuesto a ocupar un segundo plano. Los últimos años lo han visto pasar casi la mitad de su tiempo fuera de la Argentina, con París como uno de sus destinos frecuentes. Esta retirada no es accidental: Rovira aparentemente ha iniciado un experimento que genera "grandes resistencias", según fuentes cercanas: desplazar a los veteranos que lo acompañaron durante décadas y ubicar en posiciones clave a figuras jóvenes que permitan que su hijo, Ramiro Rovira (30 años), se haga gradualmente con los hilos del poder provincial. El vicegobernador Lucas Romero Spinelli emerge como el gran referente de esta movida denominada "NEO".

Sin embargo, esta estrategia de sucesión generacional choca frontalmente con las ambiciones de Passalacqua. El gobernador ha demostrado que no está dispuesto a ser desplazado como parte de una "limpieza" de dirigentes viejos. Su base de apoyo —demostrada en la firma de 67 intendentes— y su control sobre la administración estatal le otorgan recursos suficientes para resistir y contraatacar. Es en este contexto que la ruptura cobra sentido estratégico: no se trata únicamente de una disputa personal entre dos dirigentes envejecidos, sino de una pugna por determinar quién gobernará Misiones en los próximos años y, eventualmente, qué estructura de poder emerge cuando ambos se retiren definitivamente de la escena política.

Las implicancias políticas y territoriales

Una dimensión importante de este conflicto que trasciende lo provincial es el manejo de la representación nacional. Rovira ejerce influencia sobre cuatro de los siete diputados nacionales que representan a Misiones en el Congreso Nacional. Estos legisladores han sido, históricamente, leales colaboradores del oficialismo nacional cuando ha resultado conveniente. La ruptura con Passalacqua abre interrogantes sobre cómo se posicionará esta bancada en los próximos años. ¿Seguirá Rovira ejerciendo control sobre estos diputados mientras se retira a segundo plano? ¿Passalacqua buscará captar legisladores hacia su órbita? ¿Cómo impactará esta fragmentación interna en la capacidad de Misiones para negociar recursos o políticas con el gobierno nacional?

Curiosamente, el alineamiento con la Casa Rosada no fue el motivo de la ruptura. Tanto Passalacqua como Rovira mantienen diálogos fluidos y buenos vínculos con la administración Milei. En ese sentido, ambos han logrado navegar el cambio de gobierno nacional sin mayores traumas. La pelea es, fundamentalmente, por la distribución del poder interno en Misiones, no por diferencias ideológicas o geopolíticas con Buenos Aires.

Consecuencias abiertas y futuro incierto

Los próximos meses mostrarán la envergadura real de esta ruptura. Varios escenarios posibles se abren ante la provincia. En uno, Passalacqua consolida su control sobre la estructura estatal, desmantelando el poder rovierista y posicionándose como el líder indiscutible para las elecciones de 2027. En otro, Rovira logra mantener influencia desde un segundo plano, utilizando a Ramiro y Romero Spinelli como instrumentos para recuperar poder gradualmente. Un tercer escenario, menos probable pero posible, sería una recomposición parcial de diferencias si ambas partes calculan que la división los debilita frente a amenazas externas. Los 78 intendentes, pieza clave del tablero, tendrán que elegir bandos de manera más explícita. La reestructuración de la Agencia Tributaria y la eliminación de ministerios revelarán qué tan profundo es el cambio que Passalacqua está operando. Lo cierto es que Misiones, provincia que ha conocido una relativa estabilidad política bajo la hegemonía rovierista, ingresa ahora en un territorio inexplorado donde las reglas del juego están siendo reescritas mientras se juega la partida.