El derrumbe de una fortaleza política

El kirchnerismo atraviesa su momento más delicado en términos de representación legislativa, especialmente en la cámara que tradicionalmente funcionó como su bastión de poder. Una fractura interna en el bloque peronista dejó al descubierto una realidad incómoda: la capacidad de veto y la influencia de quienes responden a la expresidenta se han reducido drásticamente en el transcurso de apenas un año. Lo que sucedió hace pocas semanas en torno a la votación sobre la confirmación de un magistrado revelador de esta crisis: solo 11 de los 25 senadores que integraban la estructura bajo el control kirchnerista votaron de acuerdo con la línea impulsada desde la prisión domiciliaria de San José 1111. Este número, aparentemente simple, encierra un significado político de profundas dimensiones.

Hasta hace poco más de doce meses, la expresidenta se consideraba protagonista indispensable en cualquier conversación sobre la conformación del máximo tribunal de justicia. Su bloque de legisladores representaba una herramienta negociadora de primer orden. Hoy esa realidad se esfumó. Con una representación reducida a menos de media docena de legisladores comprometidos incondicionalmente, resulta imposible alcanzar el tercio más uno de 25 votos necesarios para bloquear la designación de un juez. Esta pérdida de poder tiene consecuencias concretas: la construcción de un nuevo integrant de la Corte escapa ya a su capacidad de control, transformando la ecuación política de manera sustancial.

Las fisuras internas que exponen el desmoronamiento

Lo verdaderamente notable de esta crisis no reside únicamente en los números, sino en el quiebre de una disciplina que caracterizó al bloque durante años. Legisladores peronistas rompieron con la narrativa central del kirchnerismo respecto a la persecución judicial sistemática que sostiene ser víctima su lideresa. Esta ruptura marca un punto de inflexión: nunca antes tantos senadores se habían atrevido a desvincularse de manera tan evidente y frontal del relato kirchnerista sobre el denominado "lawfare". El gesto representa algo más que un voto disidente; expresa un alejamiento ideológico y político respecto a los ejes que estructuran el discurso de la expresidenta.

Para contextualizar la gravedad de esta cifra, es necesario retroceder hasta diciembre de 2017, en plena etapa electoral de Mauricio Macri, cuando Miguel Ángel Pichetto encabezó una ruptura peronista de envergadura. En aquella oportunidad, nueve senadores más la propia Cristina Kirchner conformaron el bloque denominado Frente para la Victoria bajo conducción de Marcelo Fuentes. La comparación es elocuente: hoy la cifra de senadores leales apenas supera aquella marca histórica, sugiriendo que la base de sustentación política se ha erosionado más allá de lo que los números indican. Uno de los legisladores presentes en esa votación reciente, que votó contra la línea oficial, comentó con crudeza: "Algo se rompió, y no se trata solamente de la conducción de José, creo que también existe una fuerte señal hacia Cristina de que es momento de cambiar de página". El comentario resuena como una declaración de independencia política.

El desgaste de la conducción de Mayans

José Mayans, senador formoseño que asumió la jefatura de la bancada peronista a mediados de 2019, cuando Pichetto decidió sumarse a la fórmula macrista, nunca antes enfrentó un cuestionamiento a su liderazgo de esta magnitud. Durante años logró mantener cierta cohesión a pesar de fracturas internas y partidas de legisladores. Sin embargo, la situación actual presenta características distintas. Dentro del bloque circulan evaluaciones demoledoras sobre su desempeño: "Esto implica un trabajo de veinticuatro horas, siete días a la semana. José hace rato que tiene la cabeza en otro lado. Si el bloque mantiene funcionalidad es por la profesionalidad de algunos legisladores que se interiorizan para analizar con conocimiento de causa los proyectos legislativos", expresó un colega que lo conoce desde hace varios años. Las críticas no quedan en lo abstracto sino que se materializan en disputas concretas sobre gestión y decisiones tácticas.

El enfrentamiento más visible se produjo entre Mayans y Anabel Fernández Sagasti, la senadora mendocina que integra el núcleo ejecutivo de la bancada junto a Juliana Di Tullio. El conflicto pivotea sobre la elección de la Defensora del Niño, un puesto que transcurrió en medio de las pugnas entre sectores "celestes" y "verdes" del peronismo. Fernández Sagasti acusa públicamente a Mayans de sabotaje deliberado: asegura que en noviembre existían los votos para confirmar a María Paz Bertero, abogada pro legalización del aborto, pero que el jefe de bancada permitió que el concurso caducara intencionalmente. El costo político de esta decisión fue enorme: ahora los libertarios controlan la comisión bicameral responsable del nombramiento, incrementando su poder de bloqueo. La disputa trascendió lo privado cuando Sagasti, en la última sesión plenaria, abandonó su histórica banca en la primera fila a la derecha de Mayans—ocupada durante más de una década—y se trasladó a un escaño en la última fila del recinto. Aunque allegados a la senadora mencionan razones vinculadas a su embarazo, la mudanza fue interpretada por los observadores políticos como un gesto de distancia y descontento.

No es Sagasti la única legisladora afectada por el fiasco del nombramiento. Daniel Bensusán, senador por La Pampa, también expresó malestar contra Mayans. Bensusán fue uno de los constructores del acuerdo interbloque entre sectores de la Unión Cívica Radical y Pro para impulsar la candidatura de Bertero por fuera de lo que pretendía el oficialismo. Su labor logró movilizar 156 votos en la Cámara de Diputados bonaerense. Todo ese trabajo, toda esa construcción política, quedó anulada con la declaración de caducidad del concurso votada en la comisión bicameral hace dos semanas. El resultado es un doble desgaste: interno, por la acusación de mala conducción, y externo, por la pérdida de credibilidad ante posibles aliados.

El fantasma de María de los Ángeles Sacnun y las ambiciones sobre la Corte

Mientras tanto, circuló la información de que Cristina Kirchner albergaba intenciones de colocar a María de los Ángeles Sacnun en la Corte Suprema. La abogada, cuyo principal aval consistía en su lealtad hacia la expresidenta, logró obtener una banca en el Senado por Santa Fe en circunstancias en las que todos los analistas daban por perdida esa elección para el peronismo. El proyecto de Kirchner para instalarla en el tribunal superior refleja tanto su ambición de influir en la institución que ella considera responsable de su persecución judicial como su capacidad reducida de concretarlo. Con menos de una docena de senadores seguros, ese proyecto resultó inviable desde el momento mismo en que fue concebido. La expresidenta que en 2003 asumió la presidencia con una alianza política incipiente y que durante sus dos gobiernos reformuló la composición de varios poderes del estado, hoy carece de las herramientas básicas para influir en decisiones de envergadura dentro del Congreso.

Las implicancias de un reordenamiento político inevitable

El conjunto de estos sucesos sugiere un reordenamiento político más amplio cuyas consecuencias aún están por determinarse completamente. Por un lado, algunos analistas interpretan los hechos como un llamado de atención hacia la expresidenta para que abandone ciertos objetivos o dinámicas que considera prioritarias. La cifra de senadores leales puede interpretarse también como un piso de respaldo irreductible, pero también como un techo que difícilmente sea superado en el corto plazo sin cambios sustanciales en las prioridades políticas de la fracción. Por otro lado, el cuestionamiento a la conducción de Mayans abre interrogantes sobre si el bloque peronista podría reorganizarse bajo liderazgos alternativos o si continuar bajo estructuras de poder fragmentadas. La emergencia de figuras como Sagasti o Bensusán como actores que se resisten a decisiones controversiales apunta hacia una mayor horizontalidad y menor concentración de poder vertical dentro del bloque. Algunos observadores consideran que esta dispersión debilitaría la capacidad negociadora peronista en su conjunto; otros sostienen que podría facilitar alianzas más amplias y flexibles con sectores moderados del resto del espectro político. En cualquier caso, lo sucedido en las últimas semanas marca un quiebre en la dinámica de poder que caracterizó al peronismo de los últimos años, con implicancias que trascienden el Senado y tocan aspectos más profundos de la reconfiguración política nacional.