El oficialismo enfrentó un escollo mayúsculo en el recinto del Senado cuando intentó avanzar con una iniciativa que redefiniría aspectos fundamentales del régimen de propiedad en el país. La sesión de este jueves terminó sin la aprobación esperada, dejando en suspenso un proyecto que había generado expectativas tanto en el Gobierno como entre sus adversarios políticos. Con 62 votos afirmativos, 3 negativos y 1 abstención, el resultado reflejó insuficiencia para consolidar las mayorías requeridas, lo que obligó a la cámara a resolver un cuarto intermedio hasta el 6 de agosto, después del receso invernal. El hecho relevante reside en que la Casa Rosada no logró tejer los acuerdos necesarios con sus socios parlamentarios, exponiendo las grietas que persisten dentro de la coalición gobernante frente a un tema que toca intereses provinciales, ambientales y sociales de envergadura.
Las negociaciones en los pasillos del Palacio Legislativo
En las horas previas al desarrollo de la sesión, el Senado se convirtió en un escenario de intensas conversaciones. La senadora Patricia Bullrich, quien encabeza el bloque oficialista, junto al secretario de Desregulación de la Nación Alejandro Cacace, se movilizó para acercar posiciones con referentes de distintos espacios políticos. Las reuniones se extendieron hasta las oficinas radicales del segundo piso del Palacio Legislativo, donde Bullrich buscó consensos con legisladores de la oposición dialoguista. A pesar de estos esfuerzos, las conversaciones no derivaron en un entendimiento que permitiera sellar un texto definitivo. El oficialismo consiguió que la sesión contara con quórum gracias al respaldo del PRO, la Unión Cívica Radical y fuerzas de carácter provincial, alcanzando así los 37 senadores necesarios para que la vicepresidenta Victoria Villarruel abriera el debate. Sin embargo, la falta de unidad para votar se haría evidente minutos después, cuando cada bloque comenzó a exponer sus reparos específicos sobre el contenido de la ley.
Mientras la sesión discurría, el recinto reconocía los logros de la selección argentina de fútbol y varios legisladores exhibían camisetas nacionales en homenaje a los campeones mundiales. Ese ambiente de celebración patria contrastaba notoriamente con la batalla legislativa que se libraba en paralelo. El oficialismo continuaba negociando un texto que satisficiera a todos los actores, pero la multiplicidad de intereses terminó tornando imposible la tarea. Las diferencias no eran menores. Mientras unos sectores enfatizaban la necesidad de proteger la soberanía nacional sobre los recursos, otros priorizaban la desregulación y la agilización de procedimientos legales. Entre medias quedaban las provincias, con sus propias preocupaciones sobre autonomía territorial.
El nudo de la discordia: tierras rurales y control territorial
El epicentro del conflicto se ubicó en el capítulo que aborda el futuro régimen de tierras rurales, uno de los pilares centrales de la iniciativa legislativa. Las provincias insistieron en preservar su capacidad de decisión y control sobre las operaciones que afecten sus territorios, y esa reivindicación terminó siendo trasversal a varios bloques. La Unión Cívica Radical, conducida en el Senado por Eduardo Vischi, encabezó los cuestionamientos dirigidos especialmente hacia la sección que regula la venta de inmuebles rurales a empresarios extranjeros. El bloque radical formuló una demanda específica: que los registros de esas transacciones permanezcan bajo la jurisdicción provincial, un poder que la administración nacional no está dispuesta a entregar. Desde la Casa Rosada consideran que esa cuestión debe quedar centralizada en manos del Ejecutivo Nacional, lo que choca frontalmente con la postura federalista que defienden los radicales y otros legisladores de corte territorial.
La senadora salteña Flavia Royón también sumó su voz a las críticas sobre este capítulo. En las reuniones previas a la votación participaron, además de los radicales Vischi y Mariana Juri, legisladores de distintos orígenes: Martín Goerling Lara del PRO, Beatriz Ávila de Independencia, Julieta Corroza de Neuquinidad y la propia Royón de Primero los Salteños. Este arco de participantes muestra la complejidad de construir consensos en torno a la propiedad del suelo. La senadora Ávila, al expresar que "es una ley que modifica muchas leyes y hay que seguir dialogando", sintetizó el sentimiento general: la magnitud de los cambios propuestos excedía la capacidad de llegar a un acuerdo en tan breve lapso. La Unión Cívica Radical nacional, liderada por Leonel Chiarella, difundió además un documento titulado "La soberanía se defiende cuidando nuestra tierra" en el cual reivindicó la existencia de límites al dominio extranjero de tierras rurales, estableciendo un máximo del 15 por ciento para el control de tierras por parte de inversores extranjeros y un tope del 30 por ciento para una misma nacionalidad.
Las objeciones sobre desalojos y protección de inquilinos
Otro terreno de disputa gravitó sobre los mecanismos de desalojo que la iniciativa propone. El bloque Convicción Federal, encabezado por la senadora jujeña Carolina Moisés, presentó un dictamen de minoría que enfatizaba especialmente la situación de los inquilinos. Según estos legisladores, la ley contenía una disposición problemática al "colocar en el mismo plano a quien alquila de buena fe y atraviesa una situación económica crítica con quien ocupa ilegalmente una propiedad". La propuesta de Convicción Federal busca distinguir jurídicamente los casos de usurpación de aquellos que derivan de conflictos contractuales, preservando el debido proceso y garantizando que ningún desalojo habitacional se ejecute sin brindar una instancia efectiva de defensa al ocupante. El bloque también manifestó su rechazo a la flexibilización de la venta de tierras a extranjeros, plantea la necesidad de mantener restricciones a la extranjerización, fortalecer los mecanismos de transparencia y proteger los recursos naturales estratégicos. Carolina Moisés, Sandra Mendoza y Guillermo Andrada fueron los senadores que firmaron esa posición minoritaria.
Desde la periferia del peronismo también surgieron cuestionamientos. La diputada Cecilia Moreau, desde el espacio Unión por la Patria, disparó críticas que llevaban una carga irónica: "Por redes hablan de patria, de soberanía, muestran mucho la bandera argentina… pero cuando llega el momento de sentarse y votar, con carita de piedra hacen entrega de nuestras tierras a extranjeros, habilitan la quema de los bosques nativos y le quitan herramientas al Estado para proteger a los argentinos". Su intervención apuntaba a lo que considera una contradicción entre el discurso nacionalista del Gobierno y las políticas que impulsa en materia de inversión extranjera y protección ambiental.
El contenido del proyecto: desalojos rápidos y modificaciones ambientales
El proyecto que permanece congelado incorpora modificaciones respecto de la versión inicial que el Gobierno impulsó, la cual proponía eliminar todas las restricciones para que empresarios extranjeros adquieran tierras rurales. La redacción actual establece que cuando los inmuebles se encuentren en zonas de frontera, las operaciones deberán contar con un doble aval: el de la provincia correspondiente y el del Poder Ejecutivo Nacional. Entre los cambios más controversiales figuran los denominados desalojos exprés para inmuebles usurpados o con tenedores precarios. El mecanismo autoriza al juez a ordenar la restitución inmediata de la propiedad cuando el derecho invocado por el propietario resulte verosímil y presente caución juratoria. El procedimiento establece que el magistrado podrá intimar, en un plazo de 72 horas, la devolución del inmueble cuando el propietario acredite mediante documentación la titularidad del terreno, la vivienda o el campo en disputa. Esto se incorporaría al Código Procesal Civil y Comercial de la Nación.
En materia ambiental, el proyecto deroga un artículo de la Ley de Manejo del Fuego, sancionada en 2020, que impide durante 30 años modificar el uso de las superficies rurales incendiadas en zonas agropecuarias, praderas, pastizales, matorrales y áreas periurbanas. Desde la perspectiva oficial, esa restricción "atentó directamente contra la producción". Sin embargo, para los sectores ambientalistas y varios legisladores, la derogación de esa protección abre la puerta a una reconversión de territorios que habían sido afectados por incendios, algo que podría facilitar un avance sobre bosques nativos. El proyecto también modifica la Ley de Tierras, el régimen de expropiaciones y otros aspectos legales conexos, constituyendo una reforma de envergadura en los fundamentos jurídicos sobre los cuales se asienta la propiedad en el territorio nacional.
Un aplazamiento estratégico hacia nuevas negociaciones
Con la decisión de trasladar el debate al 6 de agosto, el Senado buscó ganar tiempo para permitir que el oficialismo y sus aliados continúen negociando durante el receso invernal del Congreso. La intención explícita es acercar posiciones para volver a insistir con la ley en una nueva sesión. Mientras tanto, quedó descartada la posibilidad de reabrir el debate en las comisiones de Asuntos Constitucionales y de Legislación General, lo cual sugiere que cualquier modificación futura será negociada directamente en el recinto. En caso de que la iniciativa logre aprobación en el Senado en su próxima presentación, deberá transitar la Diputados para su sanción definitiva, etapa donde previsiblemente encarará obstáculos adicionales considerando la composición de esa cámara.
La postergación representa tanto un fracaso como una oportunidad para el oficialismo. Por un lado, expone que el Gobierno carece de la capacidad de hacer pasar una iniciativa legislativa de importancia sin el respaldo de sus aliados tradicionales. Por otro lado, permite que durante las próximas semanas se realicen gestiones detrás de escenas, intercambios de favores políticos, compromisos sobre otros temas legislativos y redefiniciones de prioridades que podrían allanar el camino hacia una votación exitosa. La posición de bloques como la UCR resulta crucial: si estos legisladores modifican su postura respecto de los registros de tierras y la autonomía provincial, el escenario podría revertirse. También existe el interrogante sobre la posición que adoptará Convicción Federal en una próxima votación, considerando que en esta oportunidad sus integrantes no asistieron a la sesión.
Las consecuencias de este diferimiento se proyectan hacia múltiples direcciones. Un eventual fracaso definitivo de la ley significaría un golpe político al Gobierno en términos de capacidad legislativa, aunque también preservaría las restricciones actuales sobre extranjerización de tierras y mantendría vigentes las protecciones ambientales cuestionadas. Una aprobación, por el contrario, aceleraría procesos de transferencia de propiedad rural a capitales extranjeros, agilizaría los mecanismos de desalojo habitacional y permitiría la reconversión de territorios afectados por incendios. Ambos escenarios generarán repercusiones en sectores agrarios, ambientalistas, poblaciones vulnerables y provincias que ceden o retienen autonomía territorial según sea el resultado final.



