A poco más de un año del encuentro tenso durante el Te Deum de julio en el que se negó el saludo, la relación entre Jorge Macri y Javier Milei experimenta un giro visible pero sin resolver sus contradicciones de fondo. El abrazo cordial que sellaron durante la ceremonia por el 9 de julio, donde el presidente aprovechó para felicitar al jefe de Gobierno por el reciente nacimiento de su hijo, marca un cambio de temperatura en la superficie. Sin embargo, el reacomodamiento táctico no equivale a un acuerdo electoral definido. Es precisamente en este escenario de mejora relacional pero sin alianza sellada donde la estructura libertaria planea sus movimientos para fortalecer su posición en la Ciudad cara al ciclo electoral que comienza a tomar forma.
En este contexto de indefiniciones, Karina Milei convocará la próxima semana a los diputados y diputadas porteños de su bloque para trazar la hoja de ruta de La Libertad Avanza en el distrito. El encuentro, que se realizará el próximo jueves, congregará a la bancada que responde a Pilar Ramírez, quien funciona como la principal constructora política del espacio en Buenos Aires y mantiene una vinculación directa con la secretaría General de la Presidencia. Según revelaron fuentes cercanas al bloque, el objetivo declarado es evaluar "todo lo alcanzado durante los primeros seis meses del año y proyectar la agenda por venir". No obstante, los asistentes reconocen que la presencia de Milei inevitablemente llevará la conversación hacia el tablero electoral que se abre a partir de 2027, año en que tanto la presidencia como los gobiernos subnacionales enfrentarán nuevas competencias.
El fantasma del 2025 y sus implicancias territoriales
Los números de los comicios porteños de 2025 están presentes como telón de fondo de todas estas movidas. La victoria contundente de Manuel Adorni en las elecciones de la Ciudad, con 30,7% de los votos frente al 16,22% de Silvia Lospennato, demostró la potencia electoral que mantiene el proyecto libertario en el territorio más densamente poblado del país. Ese resultado no fue anécdota: significó prácticamente duplicar en adhesión a la candidata oficialista de Juntos por el Cambio. Para La Libertad Avanza, esa performance abrió interrogantes sobre su capacidad de crecer aún más y de disputar el control de la administración. Para el PRO, representó una advertencia sobre los límites de su dominio en la Ciudad que gobierna desde 2007.
Sin embargo, desde entonces ocurrieron desplazamientos que complejizaron el mapa. Adorni, quien fue el rostro de ese triunfo, dejó de ser considerado como candidato presidencial de relevo dentro del esquema mileiísta. Su rol se redefinió, abriendo especulaciones sobre quién ocuparía ese lugar en futuras contiendas electorales. En el círculo próximo a Patricia Bullrich, la jefa de la bancada oficial en el Senado, se sostiene que ella se ubicará "donde el proyecto la requiera". Para dimensionar esta disponibilidad, alcanza con recordar que Bullrich consolidó un triunfo importante en las elecciones de octubre y mantiene presencia territorial en la Ciudad. De hecho, su agenda para los próximos días incluye una actividad conjunta con Ramírez en una organización social de mujeres que trabaja en temáticas relacionadas con lo social. Estos movimientos, aunque parecen meramente administrativos, cargan con significados políticos claros sobre dónde apunta la articulación interna del espacio.
¿Acuerdo o confrontación? El dilema sin resolver
Macri, por su lado, ha manifestado explícitamente su intención de competir por un nuevo período como jefe de Gobierno porteño. Desde la Casa Rosada se observa con atención esta posibilidad, considerando que un pacto con el PRO podría resultar funcional para respaldar la reelección presidencial de Milei. No obstante, en los cuadros de La Libertad Avanza que operan en la Ciudad enfatizan que por ahora no existe ningún acuerdo formalizado con Juntos por el Cambio. "Por ahora no está sobre la mesa", afirmaron responsables del bloque cuando se consultó sobre negociaciones concretas. Esta afirmación revela una postura que mezcla apertura táctica con desconfianza de fondo, típica de negociaciones que aún no encuentran su punto de equilibrio.
Mientras se dirimen estas cuestiones de gran calado electoral, el espacio libertario porteño ha decidido concentrarse en fortalecer su estructura territorial, ampliar su presencia legislativa y avanzar con una agenda de reformas que replica a nivel distrital el modelo implementado a escala nacional. La Legislatura porteña se ha transformado en un laboratorio donde La Libertad Avanza prueba iniciativas destinadas a "desregular" y "simplificar" la administración pública. A mediados de junio, el bloque logró sancionar una Ley Hojarasca local, inspirada en el proyecto impulsado por Federico Sturzenegger a nivel nacional, que busca derogar normativas consideradas obsoletas y eliminar lo que denominan como "trabas burocráticas" en el funcionamiento de la Ciudad. La medida funciona como herramienta para presionar al oficialismo porteño, demostrando que el espacio cuenta con capacidad legislativa y propositiva en la arena local.
Para la segunda mitad del año, el bloque libertario porteño ha definido como proyecto emblemático la sanción de una Ley Bases de carácter local, que reúne 125 artículos y propone transformaciones estructurales en el aparato estatal. Entre sus disposiciones, contempla reformas administrativas, procesos de privatización de empresas públicas, esquemas de concesión de servicios, modificaciones en el régimen de trabajadores públicos, entre otros aspectos. La iniciativa fue presentada originalmente en 2024 pero perdió su estatus parlamentario sin ser debatida. Ramírez presentó nuevamente el proyecto en el presente ciclo legislativo, intentando darle impulso nuevamente. Complementando esta agenda, el espacio también trabaja en proyectos de reforma a códigos de planeamiento y transporte, así como en una reducción del gravamen sobre ingresos brutos, contribuciones que apuntan al mismo objetivo de achicamiento estatal y desburocratización.
El mensaje cifrado en la legislación
El discurso que Ramírez esgrimió en su última intervención en el parlamento porteño sintetiza la estrategia: "Así como cuando nos escucharon les fue bien, escúchenos en esto. Tomen nuestra Ley Bases, achiquen el Estado. Tienen una herramienta concreta. Menos plata para estructura y más resultados concretos". El mensaje no es solo legislativo, es político. Dice: el oficialismo puede incorporar nuestras propuestas y demostrar eficacia sin necesidad de un acuerdo electoral explícito. Es una invitación velada a que el PRO adopte la agenda libertaria como propia, convirtiéndose en ejecutor de sus políticas en el territorio donde gobierna. Si lo hace, gana legitimidad basada en resultados. Si no lo hace, La Libertad Avanza estará en condiciones de señalar que su competencia legislativa ofreció herramientas que la administración no supo o no quiso aprovechar.
El panorama electoral porteño para 2027 presenta, entonces, múltiples escenarios posibles cuyas implicancias trascienden la política local. Un acuerdo entre La Libertad Avanza y el PRO consolidaría una alianza amplia que se extendería desde la presidencia hasta los gobiernos subnacionales, multiplicando capacidades de implementación política. Una confrontación abierta dividiría el voto no peronista-kirchnerista, potencialmente beneficiando a otras fuerzas y debilitando a ambas. Un escenario de competencia donde La Libertad Avanza crece sin abandonar diálogos tácticos mantendría la incertidumbre pero permitiría a ambos espacios negociar desde posiciones de fortaleza. Cada opción presenta ventajas y riesgos que los actores políticos continuarán calibrando mientras avanzan en sus gestiones y proyectos legislativos en el territorio porteño.



