El dilema de los aliados que no terminan de acordar
La batalla por la aprobación del presupuesto porteño para 2027 comenzó esta semana con un panorama inusual: dos fuerzas políticas que comparten una matriz ideológica común pero que, sin embargo, encuentran puntos de fricción lo suficientemente significativos como para convertir la votación en una incógnita. El jefe de gobierno Jorge Macri presentó en la Legislatura un proyecto de $24 billones 94 mil millones en gastos, equilibrado con recursos por $24 billones 95 mil millones. La propuesta incluye disminuciones tributarias, énfasis en seguridad e inversión en infraestructura. Sin embargo, la filial porteña de La Libertad Avanza, conducida por Pilar Ramírez, delegada de Karina Milei en la ciudad, no salió a respaldar entusiastamente el documento. Por el contrario, presentó una batería de cuestionamientos que revela tensiones más profundas sobre el modelo de gestión que cada sector aspira implementar en la capital.
Lo paradójico del escenario es que ambos espacios reconocen avances genuinos en la propuesta gubernamental. Los libertarios validan las rebajas impositivas, las inversiones en seguridad y el énfasis en obras de infraestructura que contiene el proyecto. Aun así, consideran que todo queda corto. "No es un mal presupuesto. Pero podría ser mejor", resumieron desde las filas libertarias. Esta evaluación moderada contrasta con la claridad con la que expresan sus demandas: un recorte más agresivo de estructuras administrativas, una baja tributaria aún más profunda y, especialmente, una reducción del gasto corriente que garantice la sostenibilidad fiscal a largo plazo. Se trata de una sintonía ideológica que diverge en los grados de aplicación práctica.
Las exigencias libertarias: más ajuste, menos burocracia
En el seno de la Comisión de Presupuesto, donde se gesta buena parte de la negociación legislativa, los legisladores libertarios articularon con precisión sus puntos de disconformidad. Nicolás Pakgojz, vicepresidente segundo del organismo, explicó que acompañarían las reducciones de patentes únicamente si éstas se acompañaban con un recorte equivalente en gastos. La premisa es clara: no a bajas tributarias sin financiamiento mediante contracción del gasto público. Pakgojz advirtió sobre la existencia de "un montón de cajas en la Ciudad para achicar" e identificó candidatos específicos: gastos en publicidad, inversión en eventos, estructuras burocráticas redundantes y la Dirección General de Políticas Alimentarias. Esta última institución se convirtió en símbolo de lo que los libertarios consideran desperdicio administrativo.
Juan Pablo Arenaza, otro de los legisladores libertarios en la Comisión, profundizó el análisis con una perspectiva más abarcadora. Propuso avanzar en privatizaciones de empresas públicas como Subterráneos de Buenos Aires y Autopistas Urbanas, un planteo que ya forma parte de la agenda legislativa nacional. Además, instó a revisar secretarías y subsecretarías que duplican funciones, reduciendo así la máquina administrativa. Arenaza añadió una observación comparativa internacional que evidencia la postura libertaria: "La ciudad de Buenos Aires gasta más que Madrid en seguridad. No es un tema de seguir aumentando, sino de ordenar lo que tenés". Con esta afirmación, trasladó el debate de la cantidad de recursos hacia la eficiencia de su asignación, un argumento que resuena con la doctrina libertaria de optimizar mediante la reducción de la burocracia.
Un elemento adicional de tensión emergió en torno a las patentes vehiculares. Macri lanzó hace poco una propuesta que reduce el impuesto para seis de cada diez autos, mientras que el resto mantendría el mismo nivel que en 2024. La Libertad Avanza, por su parte, presentará una iniciativa propia destinada a eximir de patentes a los vehículos híbridos en la ciudad. Pakgojz explicó que esta exención fue eliminada por el macrismo en 2024, cuando se estableció una exención transitoria de dos años. Esa decisión, argumentó, generó "inseguridad jurídica" entre los propietarios de estos vehículos. Detrás de esta crítica puntual subyace una acusación más amplia: los libertarios perciben que Macri implementó políticas tributarias que luego revertió, y ahora quiere tomar crédito por bajas que, en perspectiva, apenas recuperan terreno perdido.
Preacuerdos rotos y desconfianzas mutuas
La relación entre ambos bloques se enturbia por un episodio que la bancada libertaria interpreta como un acto de apropiación. Semanas atrás, Pilar Ramírez presentó un proyecto de reducción de patentes en sincronización con los acuerdos que ambos espacios negociaban sobre la coparticipación porteña. Según fuentes libertarias, existía un acuerdo implícito de que esa iniciativa se trataría junto con el presupuesto. Sin embargo, cuando Macri anunció su propio paquete de bajas impositivas mediante un spot televisivo con su gabinete, los libertarios sintieron que les quitaban autoría sobre una propuesta que consideraban suya. "Nos copiaron", expresaron con visible fastidio desde la bancada libertaria. Este incidente revela que las desconfianzas entre ambos espacios trascienden las cuestiones de fondo para incluir competencias por el posicionamiento mediático y el reconocimiento electoral.
El contexto de esta tensión incluye un dato político relevante: en las elecciones locales de 2025, Pro quedó tercero, por debajo tanto de La Libertad Avanza como de los peronistas. Esta derrota electoral parece haber impulsado a Macri a acelerar medidas de popularidad inmediata, como las rebajas tributarias anunciadas con pompa. Desde la perspectiva libertaria, esta urgencia política no puede primar sobre la coherencia fiscal. Además, existe otra variable que condiciona las negociaciones: la postura que La Libertad Avanza asuma hacia el presupuesto porteño no es independiente de cómo Pro vote el presupuesto nacional en el Congreso. Según fuentes consultadas, esta interdependencia es explícita en los cálculos de ambas bancadas.
A esto se suma que ambas fuerzas están "abiertas" a un acuerdo electoral para 2027, pero las negociaciones al respecto están "frías", según pudo confirmarse. El viaje que realizó Macri a París acompañando a Javier Milei durante la Argentina Week fue un gesto de alineamiento con el gobierno nacional, pero no parece haber destrabar las discrepancias sobre la política fiscal porteña. La Libertad Avanza, con 14 legisladores, posee una banca decisiva: sin su apoyo, el bloque de Pro con sus 12 diputados enfrenta dificultades para asegurar la aprobación del presupuesto.
Consensos que no alcanzan para cerrar la negociación
Más allá de las objeciones, los libertarios reconocieron acuerdos sustantivos con la propuesta de Macri. La inversión en seguridad, que representa el 15% del presupuesto y se mantiene en los niveles actuales, fue valorada positivamente por ambas fuerzas. Esto obedece a que "ley y orden" se convirtió en la agenda principal del gobierno porteño, especialmente luego del mal desempeño electoral de Pro en 2025. Según analistas de opinión pública, esta orientación ha permitido a Macri mejorar su imagen entre los electores. Sin embargo, Pilar Ramírez realizó una crítica matizada al respecto, sugiriendo que "a veces sentimos que el orden está un poco sobreactuado", lo cual indica que incluso en temas de convergencia existe espacio para discrepar en los énfasis.
Respecto a la inversión en infraestructura, particularmente en subterráneos donde se prevé el presupuesto más alto de los últimos 20 años, los libertarios también encontraron motivos para aplaudir. Arenaza señaló que esta orientación contrasta favorablemente con la política nacional, donde el gobierno federal frenó la obra pública. El razonamiento es que corresponde a la Ciudad llevar adelante proyectos de infraestructura local, argumento que el mismo gobierno nacional esgrime para justificar su retraimiento en materia de inversión pública. Esta coincidencia en la valoración de la infraestructura sugiere que los libertarios no son contrarios al gasto per se, sino a ciertos tipos de gasto: el administrativo, el burocrático, el destinado a estructuras innecesarias. El gasto en infraestructura que genera activos duraderos encuentra más receptividad en su visión económica.
Otro elemento de acuerdo radica en las bajas tributarias específicas que contempla el proyecto: reducción del ABL para gastronómicos, hoteles y librerías, sectores que Waldo Wolff, titular de la Comisión de Presupuesto por Pro, asoció explícitamente a la contracción de demanda provocada por la política económica nacional. En este punto, emerge un reconocimiento implícito de que parte de las dificultades fiscales de la Ciudad derivan de contextos macroeconómicos nacionales que la gestión porteña no controla. Wolff mencionó asimismo partidas destinadas al Banco Ciudad para acompañar a deudores privados a tasas preferenciales, y bonificaciones en la Plusvalía Urbana para impulsar la construcción, todas medidas que buscan paliar efectos de la contracción económica nacional.
Las incertidumbres que rodean la votación
A pesar de los puntos de contacto identificados, la aprobación del presupuesto sigue siendo incierta. Pakgojz enfatizó que La Libertad Avanza mantiene "voluntad de acompañar" y reconoció que trabaja "legislativamente bien" con Pro, pero aclaró que será "muy rígido" en sus exigencias. La condicionalidad es explícita: apoyo a la baja de impuestos sólo si se acompaña de reducción equivalente de gasto corriente que la haga sostenible. Esta postura es consistente con lo que La Libertad Avanza ha votado en el pasado: rechazó el presupuesto de 2024 pero apoyó el de 2025, lo que indica una evaluación caso a caso según mérito propio y contexto político.
Wolff, por su parte, se mostró optimista respecto de la negociación y expresó confianza en que "con buena voluntad de todos" se logrará un acuerdo. Sin embargo, también deslizó una advertencia velada sobre las presiones macroeconómicas que enfrenta la Ciudad: una caída en la recaudación superior al 6% y cuentas pendientes sobre coparticipación que se negocian "en buenos términos" con Nación. Estos factores condicionan el margen de maniobra fiscal disponible y explican por qué el gobierno porteño se ve obligado a pilotos de bajas tributarias incluso en un contexto donde los recursos se contraen.
Las próximas semanas serán decisivas para determinar si ambos espacios logran construir una propuesta presupuestaria que reconcilie sus visiones. Lo que está en juego trasciende los números: es una definición sobre qué tipo de gestión estatal es viable y deseable en la capital argentina, en un contexto donde dos fuerzas ideológicamente afines pero políticamente competitivas luchan por influencia, reconocimiento electoral y poder legislativo. El resultado de esta negociación resonará no sólo en Buenos Aires, sino en las dinámicas políticas nacionales, donde la interacción entre bloques libertarios y macristas define buena parte de las posibilidades de gobierno.
Perspectivas abiertas: qué revelaría cada desenlace
La resolución de este conflicto presupuestario puede interpretarse de múltiples formas. Si La Libertad Avanza termina votando a favor, la lectura será que la ideología común pudo más que las diferencias tácticas, o bien que lograron extraer concesiones significativas del gobierno de Macri que justificaban el acompañamiento. Una aprobación con estos votos consolidaría una coalición explícita en Buenos Aires entre ambos espacios, con implicancias para 2027. Por el contrario, un rechazo libertario evidenciaría que la competencia política predomina sobre la afinidad programática, fragmentando el espacio de la centroderecha porteña y fortaleciendo potencialmente otras fuerzas en la ciudad. Un escenario intermedio, donde los libertarios aprueban parcialmente o condicionan su voto a modificaciones específicas, revelaría una negociación más sofisticada pero también la persistencia de desacuerdos profundos sobre el modelo de Estado.
Cualquiera sea el resultado, el proceso en curso refleja transformaciones más amplias en la política argentina: la emergencia de La Libertad Avanza como actor de poder legislativo real, la necesidad de que fuerzas ideológicamente próximas negocie en lugar de confluir automáticamente, y la creciente presión fiscal que enfrentan gobiernos subnacionales cuando la política macroeconómica nacional contrae la demanda y la recaudación. La capacidad de resolver este dilema sin ruptura definirá no sólo el presupuesto 2027 de Buenos Aires, sino las bases sobre las que ambas fuerzas construirán alianzas futuras en la ciudad y, probablemente, en el plano nacional.



