El peronismo atraviesa un momento de reconfiguración política que trasciende las grietas internas que lo han caracterizado durante los últimos años. La confluencia de una docena de dirigentes alrededor de una causa común —la preservación del sistema de elecciones primarias— representa un quiebre respecto a la fragmentación que se había normalizado en la coalición de oposición. Lo que sucedió en las últimas jornadas en un hotel céntrico de Buenos Aires no es simplemente un gesto de cordialidad entre figuras enfrentadas: constituye un recalibrado de fuerzas que tiene implicaciones directas sobre la viabilidad de la unidad opositora en los próximos comicios y, más aún, sobre las posibilidades del propio Gobierno de avanzar con su agenda legislativa de reformas estructurales.
El catalizador: amenaza externa que cohesiona
Cuando la administración libertaria comenzó a delinear los contornos de una eventual eliminación de las PASO, pocos imaginaban que esta decisión funcionaría como un acelerador de consensos dentro del heterogéneo frente peronista. Sin embargo, ese fue precisamente el efecto que produjo. La iniciativa gubernamental de suprimir el sistema de elecciones primarias abiertas simultáneas y obligatorias —vigente en Argentina desde 2009— actuó como una presión externa que transformó competidores potenciales en aliados circunstanciales. Distintos sectores del justicialismo, que venían navegando sus propias ambiciones y diferencias, identificaron en esta amenaza un motivo de convergencia lo suficientemente potente como para convocar una cumbre reservada.
El encuentro del martes por la noche en la Avenida Libertador nucleó a figuras de diversa procedencia dentro del movimiento. Allí se dieron cita gobernadores como Axel Kicillof, quien en los meses previos había mantenido una distancia significativa respecto a otros núcleos de poder del peronismo; Ricardo Quintela de La Rioja; Gildo Insfrán de Formosa; Gerardo Zamora de Santiago del Estero; Sergio Ziilotto de La Pampa, y Gustavo Melella de Tierra del Fuego. A ellos se sumaron referentes legislativos y dirigentes con actuación nacional, conformando un tablero que no había presentado esta configuración desde hace considerable tiempo. El denominador común que los reunió no fue una persona ni una estructura partidaria tradicional, sino la necesidad compartida de defender una estructura institucional que consideran fundamental para la competencia política democrática.
Massa, la pieza móvil que articula desde las sombras
Aunque los conductos formales del encuentro tuvieron como organizadores a José Mayans, titular del bloque senatorial de Unión por la Patria, y a Germán Martínez, líder de la bancada de diputados, la observación política señala hacia otra figura como articulador clave de esta confluencia. Sergio Massa, jefe del Frente Renovador, se ha movido en los últimos meses con una dinámica que sugiere una reconstrucción gradual de su perfil político tras los resultados electorales de 2023. Su labor en la negociación que resultó en el bloqueo parlamentario a la reforma de la ley de tierras —donde el Gobierno tuvo que dar marcha atrás antes la deserción de aliados del interior— fue ampliamente reconocida en círculos políticos como un ejercicio de coalición que rara vez se había visto ejecutar en el presente contexto.
Lo interesante radica en que Massa, cuando se le consulta directamente sobre su rol de articulador, minimiza su participación con una sonrisa y asevera que "hay mucho de mito" en esa caracterización. Sin embargo, sus movimientos recientes —tanto la participación en la coordinación del bloqueo legislativo como su presencia prominente en la cumbre del Emperador— sugieren una estrategia de posicionamiento que excede los gestos de cortesía. Dentro de los círculos peronistas, crecen las especulaciones sobre si el exministro de Economía estaría evaluando una nueva incursión presidencial para los comicios de 2027. Este tipo de cálculos políticos no son menores en un contexto donde las ambiciones de Kicillof también están siendo consideradas por diversos actores como una posibilidad concreta. La dinámica de la negociación interna podría modificarse sustancialmente si efectivamente se produce un escenario con múltiples candidaturas presidenciales peronistas.
La ausencia de Cristina y la prevalencia de temas concretos
Un aspecto que llamó la atención de quienes observaron el encuentro fue la marcada ausencia de cualquier referencia a Cristina Fernández de Kirchner en los diálogos que se desarrollaron durante la reunión. Aunque Máximo Kirchner, su hijo, fue quien representó al núcleo kirchnerista en la cumbre, no hubo menciones públicas a la expresidenta ni a sus causas judiciales en los reportes que circularon sobre lo tratado. Esta omisión es significativa en tanto revela un corrimiento de la agenda política hacia cuestiones de política económica y fiscal que resultan prioritarias para gobernadores, especialmente aquellos provenientes de provincias del interior.
Para dirigentes como los que gobiernan Santiago del Estero, La Rioja, Formosa y Tierra del Fuego, la discusión sobre inviolabilidad de la propiedad privada o sobre las causas judiciales de figuras políticas nacionales posee una relevancia secundaria comparada con asuntos como la distribución de recursos federales, el financiamiento de obras de infraestructura y la presión tributaria que afecta a sus jurisdicciones. Este desplazamiento temático no es trivial: indica que el peronismo está recalibrando sus prioridades políticas en función de necesidades más concretas y territoriales. La convocatoria a Kicillof, según explicó su círculo cercano, obedeció a la necesidad de "hablar de temas concretos", lo que apuntala esta interpretación. El gobernador bonaerense, que había mantenido cierta distancia respecto a las definiciones partidarias de corto plazo, fue incorporado como un actor con capacidad de influencia sobre decisiones que trascienden lo puramente kirchnerista.
La matemática de la resistencia legislativa
Para obstaculizar la eliminación de las PASO, el peronismo requiere acumular 36 votos en el Senado y 129 en Diputados, umbrales que representan una exigencia significativa en el mapa legislativo actual. Históricamente, durante la gestión anterior de Cristina Kirchner, cuando el peronismo gozaba de mayorías legislativas más cómodas, estos números hubieran constituido una cuestión menor. No obstante, en la presente coyuntura, donde la fragmentación política es más pronunciada que en años recientes, la tarea de congregar estos votos requiere tanto de disciplina partidaria interna como de negociaciones con otros espacios políticos. Los contactos que llevaron a cabo figuras como Massa, Wado de Pedro y Juliana Di Tullio entre sectores peronistas y legisladores de otras fuerzas políticas resultaron en lo que se denomina en jerga parlamentaria como "voto no positivo", es decir, ausencias o abstenciones estratégicas.
La convergencia de estos esfuerzos ya produjo resultados concretos en sesiones recientes del Senado, donde tanto la reforma a la ley de tierras como la modificación a la ley del fuego fueron bloqueadas. La retirada de la iniciativa sobre inviolabilidad de la propiedad privada por parte de Patricia Bullrich, ministra de Seguridad, evidenció que la administración Milei no contaba con los apoyos suficientes para avanzar. Este antecedente operó como validación de la estrategia de coordinación opositora y probablemente funcionó como incentivo adicional para consolidar una estructura de negociación más permanente. El peronismo, que había presentado síntomas de desorganización severa, demostró capacidad de reagruparse alrededor de objetivos legislativos específicos cuando los incentivos fueron los correctos.
Amenazas y límites de la cohesión alcanzada
A pesar de los avances en materia de coordinación, existen señales de alerta respecto a la solidez de esta unidad. En el contexto del encuentro del Emperador circuló una advertencia explícita: cualquier gobernador peronista que decidiera apoyar la eliminación de las PASO enfrentaría la imposición de listas propias en su provincia, lo que en términos electorales significa una competencia agresiva dentro de su propio territorio. Esta amenaza fue formulada sin tono agresivo, según se reportó, pero sus implicaciones políticas son claras y alude directamente a experiencias como las de Osvaldo Jaldo en Tucumán y Raúl Jalil en Catamarca, gobernadores que provienen del peronismo pero que en años recientes han establecido alianzas con la Casa Rosada, lo que les permitió obtener beneficios ejecutivos.
La estructura de incentivos que sostiene a la coalición peronista sigue siendo frágil. No se definió una cadencia de reuniones regulares; de hecho, uno de los participantes ironizó señalando que no consideraban necesario juntarse cada quince días "para eso están ellos", refiriéndose a la coalición de Gobierno. Esta declaración refleja una comprensión realista de las limitaciones de la unidad: se trata de una confluencia funcional alrededor de temas específicos, no de una integración profunda de los distintos espacios. El peronismo, como se reconoció implícitamente, nunca ha sido un colectivo políticamente pulcro en términos organizacionales. Sus dinámicas internas combinan siempre dosis de negociación, competencia velada y acuerdos circunstanciales que se reconfiguran según el contexto.
Implicaciones para el futuro político inmediato
La reagrupación que se materiализó en las últimas jornadas proyecta sus efectos sobre múltiples dimensiones de la política argentina. En primer término, indica que el peronismo identifica una ventana de oportunidad política que trasciende su propia fragmentación. La percepción de que la sociedad ha llegado a un punto de agotamiento respecto al ajuste económico permanente genera incentivos para que distintos sectores de la oposición coordinen sus acciones. El bloqueo simultáneo a dos iniciativas desreguladoras en el Senado dentro de la misma sesión no fue casualidad: fue resultado de una estrategia deliberada de coordinación.
En segundo término, el esquema que se ensayó plantea preguntas sobre la sostenibilidad de mayorías legislativas para la administración libertaria. El Gobierno, que llegó al poder con una coalición parlamentaria heterogénea que combinaba deputados propios, aliados del PRO y gobernadores provinciales de diversa extracción, enfrenta ahora un escenario donde esos aliados pueden ser susceptibles de "voto no positivo" si las iniciativas afectan sus intereses territoriales o políticos. La reforma de tierras fue retirada precisamente por deserción de gobernadores aliados del norte del país. Esto sugiere que el Gobierno tiene un piso de votación más bajo de lo que las matemáticas legislativas formales indicarían.
Finalmente, en lo que respecta a la estructura interna del peronismo, la convergencia observada no resolve sino que simplemente difiere las tensiones sobre liderazgo y candidaturas presidenciales. La participación de Kicillof, los movimientos de Massa, la representación de Máximo Kirchner y el rol de gobernadores del interior conforman un tablero donde las ambiciones políticas siguen coexistiendo con la necesidad táctica de coordinarse. ¿Qué sucederá cuando llegue el momento de definiciones electorales concretas? ¿Prevalecerá la unidad en torno a PASO o reaparecerán los fracturas internas? Las respuestas a estas interrogantes determinarán si lo que se vivió en el Emperador fue el inicio de una reconstrucción duradera o simplemente un paréntesis en el ciclo de fragmentación que ha caracterizado al peronismo desde hace años. Los próximos meses serán decisivos para precisar estas cuestiones.



