Una grieta que se profundiza en territorio electoral
La fractura que divide al peronismo bonaerense dejó de ser un debate de cúpula para instalarse en las calles de los distritos que concentran mayor cantidad de votantes. Lo que hasta hace poco tiempo era tensión declarativa en las radios y redes sociales ahora adquiere forma concreta con candidaturas antagónicas en municipios estratégicos. La pugna entre los seguidores de Cristina Kirchner y quienes respaldan a Axel Kicillof no es meramente ideológica: se trata de una competencia por el control institucional de espacios que, en conjunto, reúnen millones de electores y representan puntos neurálgicos del poder político provincial.
Cinco municipios —Morón, Lanús, La Matanza, Avellaneda y General Pueyrredón— funcionan como epicentros visibles de esta contienda interna. Estos distritos agrupan a 2.857.350 electores, una cifra que ilustra la relevancia territorial de lo que está en juego. La Matanza, particularmente, concentra 1.223.009 votantes, lo que la convierte en el municipio más poblado de la provincia. En estos escenarios, ambas facciones ya tienen nombres, estrategias y mensajes diseñados para conquistar intendencias que, en algunos casos, han sido tradicionalmente peronistas.
Morón: el regreso de Sabbatella contra el intendente en ejercicio
En Morón, la interna adquiere formas casi teatrales. El exintendente Martín Sabbatella, quien alguna vez fue paladín del nuevo progresismo en la región, se perfila como candidato cristinista para recuperar la administración municipal. Su adversario será Lucas Ghi, actual intendente alineado con Kicillof, quien fuera alguna vez su discípulo en Nuevo Encuentro antes de girar hacia otros rumbos políticos. Los círculos sabatellistas describen la situación como "la anomalía moronense": la base electoral que construyó el exjefe comunal parece superior al poder actual que detenta quien lo sucedió.
Sabbatella ya recorre barrio por barrio, haciendo trabajo territorial de raíces, buscando reconstruir su estructura de poder. En el campamento de Ghi no han definido públicamente su estrategia electoral, pero sus adversarios especulan sobre posibles candidatos alternativos en caso de que no se habilite la reelección indefinida para intendentes. Estefanía Franco, jefa de Gabinete, o José María Ghi, hermano del intendente y funcionario del área de educación, podrían ser alternativas. A este triángulo se suma Martín Marinucci, ministro de Transporte bonaerense, quien representa al Frente Renovador de Sergio Massa y también busca espacios en la contienda moronense.
Lanús bajo vigilancia: cuando el oficialismo regional cuestiona al local
En Lanús, la Cámpora gobierna a través de Julián Álvarez. La cercanía entre el intendente y la organización kirchnerista parecería garantizar continuidad, pero la realidad muestra otra cara. Agustín Balladares, quien se desempeña como asesor en el Ministerio de Gobierno provincial bajo la dirección de Carlos Bianco —funcionario de máxima confianza de Kicillof—, ya se está moviendo en barrios y espacios mediáticos locales. Sus discursos abordan problemas concretos como la inseguridad, buscando marcar diferencias con la gestión de Álvarez y con la conducción de La Cámpora en el territorio.
El objetivo es claro: posicionar una alternativa kicillofista frente a la representación camporista. La red de poder que sostiene a Balladares incluye al senador provincial Emmanuel González Santalla, de Avellaneda, quien funciona como articulador de la estrategia regional de Kicillof. Esta estructura permite que el kicillofismo desafíe a La Cámpora incluso en municipios donde gobiernan sus propios intendentes.
La Matanza: el tablero más complejo del conurbano
La Matanza presenta un escenario más fragmentado. Fernando Espinoza gobierna el municipio más grande de la provincia, alineado con Kicillof. Sin embargo, Facundo Tignanelli, diputado provincial y jefe del bloque peronista en la legislatura bonaerense, se perfila como candidato cristinista. En el acto realizado frente a la residencia donde Cristina Kirchner cumple prisión domiciliaria, Tignanelli no dudó en cuestionar tanto a Espinoza como a la vicegobernadora Verónica Magario, acusándolos de alejarse de los lineamientos de la expresidenta.
Fuentes del oficialismo matancero reconocen que La Cámpora tiene una apuesta prioritaria en este distrito: "El apellido Kirchner pierde en todo el país; uno de los pocos lugares que puede ganar es el conurbano, y en particular La Matanza". Sin embargo, la alianza Espinoza-Magario parece consolidada y difícil de fracturar. A este duelo central se suma Fernando Asencio, vinculado a Sergio Massa, quien también mira la intendencia desde su espacio político. En La Matanza convergen así tres fuerzas: el cristinismo agresivo, el kicillofismo institucional y el massismo que busca recuperar terreno.
General Pueyrredón: la disputa peronista en territorio ajeno
En General Pueyrredón, Mar del Plata es gobernada por Pro, con Agustín Neme como intendente. Pese a no controlar la administración municipal, el peronismo mantiene su batalla interna. Fernanda Raverta, vinculada a La Cámpora, y Gustavo Pulti, alineado con Kicillof, ya se mueven en el territorio con mensajes diferenciados. Mientras Raverta alterna movilizaciones hacia San José 1111 —la dirección donde Cristina Kirchner reside— con otras actividades, Pulti y su estructura denuncian por redes sociales problemas de infraestructura: baches, basurales, carencias de gestión que supuestamente solo un intendente comprometido podría resolver.
Las fuentes locales del peronismo marplatense reconocen que en una competencia abierta, como las PASO, Pulti tendría ventajas sobre Raverta. Sin embargo, esta última apuesta a la fuerza electoral que aún concentra Cristina Kirchner en ciertos sectores, incluso cuando no gobierna el distrito. Acción Marplatense, el sello local de Pulti, ya confirmó su intención de presentar candidato, aunque aún no formaliza públicamente la postulación.
Avellaneda y Hurlingham: otros focos de confrontación
En Avellaneda, Emmanuel González Santalla, senador provincial cristinista, se perfila como candidato para disputar la intendencia. Su rival será el oficialismo municipal, alineado con Kicillof. El intendente Jorge Ferraresi renunció hace poco más de una semana, dejando la administración a cargo de Magdalena Sierra, su esposa y exjefa de Gabinete. En el sector de Ferraresi, lejos de ver la renuncia como debilidad, validan la posibilidad de una interna contra La Cámpora: "Ojalá, sería bueno para todos", reconoce una fuente cercana al intendente saliente.
En Hurlingham, Damián Selci, intendente de La Cámpora, transita su primer mandato con posibilidad de reelección. Pero Juan Zabaleta, quien gobernó el distrito años atrás, está dispuesto a competir bajo la bandera de Kicillof. Zabaleta participó en las elecciones de 2025 como parte de Somos Buenos Aires, fuera del peronismo, y quedó satisfecho con los resultados. Su apertura a volver depende de que Kicillof "ponga un límite a la locura de La Cámpora", según expresó en diálogo con medios nacionales.
Las raíces ideológicas de una contienda territorial
Detrás de cada candidatura hay, además, discursos que intentan justificar las posiciones. Desde la Cámpora, Máximo Kirchner enfatizó que la propuesta de Cristina como candidata presidencial no responde a intenciones malintencionadas, sino a la convicción de que es "la mujer más capacitada" para conducir el país. En la misma línea, Mayra Mendoza, diputada bonaerense, habla de "recuperar un proyecto de país" que devuelva "políticas de inclusión".
Por su parte, los kicillofistas evitan confrontaciones directas de índole ideológica. Su estrategia se concentra en cuestiones de gestión: señalan problemas de inseguridad, infraestructura, servicios. Buscan posicionarse como alternativa pragmática frente a lo que consideran una obsesión cristinista por las candidaturas presidenciales. Massa, aunque debilitado nacionalmente, mantiene presencia en algunos distritos, buscando espacios propios en la fragmentación peronista.
El contexto nacional y provincial que explica esta grieta
Conviene recordar que la interna peronista bonaerense no es nueva, pero sí ha adquirido niveles de visibilidad y organicidad inéditos. En 2023, Kicillof ganó las elecciones provinciales con un voto que se interpretó, en parte, como crítica a la administración nacional de Alberto Fernández y como respaldo a un modelo de gestión provincial menos dependiente de los lineamientos cristinistas. La llegada de Javier Milei al gobierno nacional en 2023 reconfiguró los términos del conflicto: mientras Kicillof intenta gobernar acotando confrontaciones, La Cámpora busca posicionar a Cristina Kirchner como alternativa política futura, utilizando territorio provincial para construir esa candidatura.
La Cámpora, organización que emergió con fuerza en la década de 2000 vinculada a Néstor y Cristina Kirchner, ha consolidado presencia territorial en municipios como Lanús y Hurlingham. Sin embargo, su poder no es monolítico: enfrenta resistencias internas del peronismo que, aunque comparten la tradición justicialista, no necesariamente respaldan sus estrategias de confrontación constante. Kicillof, a su vez, busca equilibrar su gobernanza provincial sin romper definitivamente con el peronismo nacional, pero tampoco cede ante las exigencias de alineamiento que La Cámpora le impone.
Proyecciones y consecuencias de la fragmentación
Las elecciones de intendencias se aproximan sin que exista certeza sobre cómo se resolverá esta contienda interna. Algunos escenarios posibles incluyen la sanción de un régimen de PASO que fuerce internas abiertas, la negociación entre sectores que reduzca candidatos, o la confirmación de una fragmentación que multiplicaría opciones en las boletas.
La fragmentación peronista en territorio bonaerense genera al menos tres tipos de consecuencias posibles: primero, podría fortalecer electoralmente al gobierno nacional y a la oposición no peronista, al debilitar la capacidad de competencia unitaria del peronismo en la provincia que concentra mayor población del país. Segundo, podría resultar en una reconfiguración de liderazgos internos, donde algunos dirigentes emerjan fortalecidos y otros vean reducido su poder político. Tercero, podría abrir espacios a terceros actores políticos —como el massismo o fuerzas provinciales locales— que aprovechan la dispersión peronista para ganar relevancia. En cualquier caso, los próximos meses definirán no solo quiénes gobernarán municipios estratégicos, sino también la viabilidad del peronismo como fuerza política unificada en Buenos Aires.



