La jugada en el corazón financiero

Mientras las máquinas del poder oficial plantean escenarios de gobernabilidad a corto plazo, un economista de perfil técnico decidió viajar a Nueva York a mediados de semana para presentarse como alternativa presidencial ante los actores que manejan dinero en los mercados internacionales. Hernán Lacunza desembarcó en Manhattan con una misión clara: convencer a inversores interesados en el país que existe una opción de derecha distinta a la que actualmente ocupa la Casa Rosada, y que esa opción merece financiamiento para competir en los comicios de octubre de 2027. Lo que sucedió en esos encuentros revela tanto sobre las intenciones del precandidato como sobre la frialdad con que el establishment financiero analiza la política doméstica argentina.

El contexto de su viaje no es menor. En los últimos días, Mauricio Macri había reabierto canales de diálogo con el Gobierno, generando una onda de incertidumbre sobre si Pro mantendría un candidato propio o se alinearía con los libertarios. Fue precisamente ese momento de ambigüedad el que Lacunza aprovechó para demostrar que su candidatura presidencial no es un capricho pasajero, sino un proyecto con recursos y respaldo. Su recorrido por la costa neoyorquina funcionó como mensaje político interno: aquí hay alguien que no espera a que Macri decida el rumbo, sino que ya está construyendo su propia ruta.

El dinero entra por donde sale la política

Una campaña presidencial en la Argentina contemporánea no es tarea de aficionados. Los especialistas en materia electoral estiman que instalar un candidato viable requiere inversiones que rondan los 40 millones de dólares. Esa cifra cubre desde encuestas de opinión hasta operaciones en redes sociales, pasando por traslados, producción de contenidos y labores de fiscalización. Con apenas catorce meses de distancia hasta la competencia electoral, Lacunza ya tiene perfilado un esquema de recaudación: apelará al sector privado y rechazará activamente fondos públicos. Esa decisión no es casual. Implica posicionarse como un candidato que no depende del aparato estatal, un mensaje que potencialmente resuena con ciertos segmentos del empresariado que ven con preocupación tanto el desorden macrista como los excesos libertarios.

En Manhattan le preguntaron más sobre sus convicciones políticas que sobre las grietas del modelo económico vigente. Eso dice algo importante: los inversores que conversaron con él no parecen demasiado inquietos por la posibilidad de que emerja una tercera opción de derecha moderada. Algunos analistas cercanos al Gobierno deslizan una hipótesis distinta. Sostienen que si Pro presenta un candidato competitivo, eso fraccionaría el voto de derecha y abriría puertas al peronismo. Los números que manejan en las oficinas de Olivos sugieren que Pro podría aportar aproximadamente diez puntos a La Libertad Avanza en una hipotética segunda vuelta. Pero los dialoguistas —aquellos más inclinados a un acuerdo con Milei— desestiman esa aritmética. Para ellos, Pro carece de los consensos internos necesarios para competir a escala nacional.

Las fracturas internas que nadie quiere reconocer públicamente

Dentro de Pro conviven al menos dos visiones antagónicas sobre qué hacer en 2027. De un lado están los gobernadores Rogelio Frigerio, Ignacio Torres y Jorge Macri, además de Cristian Ritondo al frente de la estructura porteña, quienes gestores de negociaciones con el oficialismo libertario buscando espacios parlamentarios y, eventualmente, acuerdos electorales. Del otro lado fermenta un sector que cree que semejante convergencia sería suicida: que Pro terminaría absorbido por La Libertad Avanza o simplemente desaparecería si no ofrece una alternativa propia. Este segundo grupo cuenta con peso específico. Lo integran miembros de la histórica guardia macrista como María Eugenia Vidal, Gabriela Michetti, Jorge Triaca, Humberto Schiavoni, Paula Bertol, Eugenio Burzaco y Martín Goerling. Vidal, además, posee un vínculo particular con Lacunza: fue su jefa política cuando él servía como ministro de Hacienda bonaerense. Ahora colabora desde la sombra para blindar su precandidatura.

La ausencia de afiliación de Lacunza a Pro es un punto que sus críticos internos utilizan. ¿Cómo competir por la presidencia de un partido sin estar inscripto en sus registros? Los cercanos al economista desdeñan esa objeción: argumentan que la militancia formal es un asunto irrelevante, una preocupación de la dirigencia tradicional. Lo que importa, contraargumentan, es que Lacunza representa una propuesta política coherente. Su principal arma crítica apunta a los déficits del programa económico en curso: en días recientes alertó sobre la expansión de créditos en dólares para empresas y cuestionó la pasividad oficial frente a la crisis de endeudamiento de las familias. Esos señalamientos funcionan como recordatorio de que existe lugar para una candidatura que critique los desórdenes de Milei sin renunciar al marco liberal.

Macri juega al ajedrez mientras Lacunza corre carreras cortas

La reapertura de diálogos entre Pro y el Gobierno esta semana no generó quiebre en la estrategia de Lacunza. Cristian Ritondo y Fernando de Andreis, figura de máxima confianza del expresidente en el Congreso y en el partido, se sentaron con Diego Santilli y los Menem para abordar cuestiones parlamentarias. Esos encuentros, programados cada quince días, fueron presentados como un reinicio de la convivencia política. Pero Lacunza mantiene su calendario intacto. Cree que esa nueva etapa no alterará sustancialmente la dinámica de rivalidad entre libertarios y macristas. Su razonamiento se basa en que Macri, hasta ahora, ha procurado no cerrar ninguna puerta. El expresidente confesó a su círculo íntimo sus reparos frente al intento de Karina Milei de restablecer contactos. Pero aceptó la convocatoria porque rechazarla habría sido costoso políticamente. Simultáneamente, mantuvo conversaciones con Lacunza para alentarlo a persistir. El mensaje implícito de Macri es que abrir diálogos no significa renunciar a fortalecer el partido a nivel nacional.

La gira nacional de Macri, titulada "El Próximo Paso", permanece en pausa desde su regreso del Mundial de Fútbol. Tiene previsto recorrer el noroeste y la Patagonia antes de fin de año, pero la demora responde a cálculos tácticos vinculados al contexto local de los distritos que visitará. Tampoco ha convocado a una cumbre de la mesa ejecutiva de Pro para dirimir asuntos neurálgicos, como la posición partidaria frente al intento del Gobierno de eliminar o suspender las PASO. Los puristas defienden la continuidad de las primarias; los acuerdistas están dispuestos a debatir modificaciones si el oficialismo les garantiza espacios destacados en las listas de 2027. Lacunza ya se pronunció: se opone al proyecto del Gobierno. La falta de claridad sobre estas cuestiones básicas refleja la parálisis que caracteriza al partido en este momento específico.

El escenario económico como variable de cambio

Los integrantes del sector independentista de Pro están convencidos de que el contexto económico jugará a su favor. Milei, especulan, enfrentará dificultades crecientes para contener la pérdida de apoyo social en un escenario marcado por desempleo persistente, caída de expectativas y disparidades en la actividad económica. Esa combinación, razonan, generará incentivos para que Pro presente batalla electoral con candidato propio. Es un cálculo que apuesta a que la realidad económica deteriorada termine por resquebrajar el equilibrio político que Milei ha logrado mantener. Desde esa perspectiva, esperar es la estrategia correcta: mientras el Gobierno se desgasta, Pro gana tiempo para consolidar su oferta.

Lacunza, por su parte, no puede permitirse el lujo de la paciencia que sí tiene Macri. Necesita ganar visibilidad y consolidar su imagen como alternativa creíble. Por eso intensificó sus apariciones mediáticas después de que Macri reabriera los diálogos con el oficialismo. Intenta demostrar que mientras otros negocian, él está construyendo. Su viaje a Nueva York encaja en esa lógica: mostrar que tiene apoyo externo, que inversores lo escuchan, que su proyecto trasciende las trincheras domésticas. Aunque los resultados de esos encuentros no hayan generado entusiasmo entre los actores del mercado —más interesados en estabilidad que en competencia política—, el mensaje hacia adentro es claro: Hernán Lacunza está en serio.

Lo que se avecina: escenarios probables e imprevistos

El panorama que se abre en los próximos meses combina elementos de incertidumbre que ningún actor político puede controlar completamente. Si Pro termina convergiendo con Milei, Lacunza quedará como marginal dentro de su propio espacio político, aunque posiblemente mantendrá apoyo entre empresarios y técnicos descontentos con la gestión libertaria. Si por el contrario el partido se decide por una candidatura propia, la pugna interna entre la visión de Lacunza y los gobernadores podría fracturar el voto de derecha de formas impredecibles. El Gobierno, por su lado, enfrenta la incógnita de si logrará mantener la cohesión de su coalición electoral en un contexto de desgaste económico. Cada uno de estos escenarios tiene implicancias distintas para la dinámica política de 2027: desde una segunda vuelta entre peronismo y libertarismo, pasando por un triángulo político entre libertarios, peronistas y una tercera opción de derecha moderada, hasta posibilidades aún más complejas si el deterioro económico genera sorpresas electorales inesperadas.