Los engranajes de la política provincial bonaerense volvieron a activarse con especulaciones sobre los posibles candidatos que podrían disputar la gobernación cuando culmine el mandato actual. En esta ocasión, el nombre de Juan Román Riquelme, máxima autoridad de la institución xeneize, emergió en conversaciones vinculadas a estrategias electorales del peronismo. La hipótesis circuló con cierta circulación en círculos políticos, generando interrogantes sobre si el exfutbolista podría transitar un camino hacia la administración provincial. Sin embargo, desde la estructura gubernamental bonaerense la respuesta fue categórica: tal escenario no forma parte de ninguna consideración seria.
Andrés Larroque, quien ocupa la cartera de Desarrollo de la Comunidad en la administración provincial, fue el encargado de desactivar públicamente estas especulaciones. Consultado en un programa radial, el funcionario se expresó con una contundencia que no dejaba lugar a interpretaciones alternativas. Su negativa no fue formulada como una posibilidad descartada entre varias opciones, sino como algo que directamente nunca fue considerado en los espacios de deliberación del oficialismo. "No, nunca, nunca lo escuché, la verdad que no, en el espacio nuestro nunca lo escuché", afirmó en declaraciones que buscaban cerrar la cuestión de manera definitiva.
Las rumores que circulaban en los pasillos políticos
Las versiones sobre una eventual participación de Riquelme en la contienda electoral provincial habían adquirido cierta consistencia tras trascender información sobre supuestos diálogos en los "laboratorios de campaña" del peronismo bonaerense. Según relatos que comenzaron a difundirse, el nombre del mandatario de Boca Juniors había sido mencionado como una eventual alternativa para competir en territorio provincial. Lo más delicado de estas especulaciones era que incluían una anécdota atribuida al propio Axel Kicillof, quien supuestamente habría manifestado algo similar a: "Empezá a hacer tu campaña de Boca y de gobernador". Este tipo de declaraciones, si hubieran sido auténticas, habrían constituido un respaldo explícito del gobernador hacia una posible candidatura.
Las trascendencias que llegaban a los medios sugerían que existía un análisis serio sobre las posibilidades electorales que podría representar una figura como la de Riquelme, quien cuenta con un enorme reconocimiento público derivado de su extensa carrera como deportista. Su capacidad de convocatoria, su identificación con la provincia y su posición como presidente de uno de los clubes más importantes del país podían parecer activos políticos significativos para cualquier estrategia electoral. No obstante, esta lectura encontró una respuesta inmediata desde el oficialismo que la descalificó rotundamente.
La negativa sin ambigüedades desde el Gobierno bonaerense
Larroque fue claro al sostener que la cuestión ni siquiera había sido tema de conversación en los distintos espacios donde participa de deliberaciones políticas. Su insistencia en repetir que "jamás escuchó algo así" en "todas las reuniones que participo" funcionaba como una doble negativa: no solo rechazaba la hipótesis de una candidatura de Riquelme, sino que también afirmaba que la administración provincial ni siquiera había considerado explorar esa alternativa. Esto implicaba que no había mesas de trabajo donde se evaluara la viabilidad de tal opción, lo cual resultaba más contundente que un simple desacuerdo con la idea.
El funcionario también esgrimió un argumento pragmático para explicar por qué la propuesta carecía de sentido. Recordó que Riquelme actualmente se desempeña como presidente de Boca Juniors, institución que demanda una dedicación considerable. "Me parece que es presidente de Boca y debe tener mucho trabajo con eso", expresó, señalando que las responsabilidades inherentes a la conducción de un club de semejante envergadura resultarían incompatibles con una eventual competencia por la gobernación bonaerense. Esta observación no era meramente una valoración casual, sino una descripción de las exigencias reales que representa administrar una organización deportiva de alcance masivo.
Las manifestaciones de Larroque adquieren mayor relevancia cuando se considera el contexto político en el que se producen. El peronismo bonaerense atraviesa un período complejo, con tensiones internas que se han hecho evidentes en actos públicos recientes. Los reclamos de militantes en un evento del Partido Justicialista en La Plata, donde se plantearon demandas relacionadas con la situación de la expresidenta Cristina Kirchner, generaron visibles incómodos para la gobernación. Estas manifestaciones de divisiones internas en el movimiento peronista contrastan con la necesidad de proyectar una unidad cohesionada hacia el exterior. En este contexto, el surgimiento de especulaciones sobre candidatos alternativos podría interpretarse como un signo de debilidad organizativa o de búsqueda de figuras que revitalizaran al espacio político.
Larroque fue enfático al rechazar que este tipo de episodios de fricción interna contribuyan a fortalecer al movimiento peronista. Consideró que las discusiones sobre la situación judicial de Cristina Kirchner, cuando se producen de modo conflictivo en actos públicos, generan escenarios que perjudican más que benefician. "Creo que no le suma a nadie ni le aporta a la propia Cristina", señaló el funcionario, argumentando que los peronistas deben ser "muy cuidadosos" de no profundizar estas divisiones. Su perspectiva es que cuando los conflictos internos se visibilizan de manera contenciosa, terminan por "complejizar aún más" el panorama político general, restándole energía al movimiento para enfrentar los desafíos externos.
En opinión de Larroque, la verdadera concentración de fuerzas debe orientarse hacia la confrontación con la administración nacional. Insistió en que es necesario "poner en el centro de discusión a Milei" y definir "la mejor estrategia para resolver eso". Esta perspectiva refleja una visión donde el peronismo bonaerense requiere canalizar sus recursos políticos, mediáticos y organizacionales hacia la crítica de las políticas nacionales, evitando que debates internos sobre sucesiones, candidaturas o situaciones judiciales de figuras históricas desmoronen la cohesión necesaria para esa confrontación. "Si después nos enredamos en situaciones internas, no estamos ayudando", remarcó en otra intervención radial.
Las implicancias de estas declaraciones trascienden la simple negación de una candidatura específica. Señalan hacia la forma en que el peronismo provincial intenta gestionar sus equilibrios internos mientras procura mantener una imagen de fortaleza institucional. La mención de Riquelme como eventual candidato había surgido en un contexto donde la búsqueda de figuras con capacidad de convocatoria resulta relevante para cualquier proyecto electoral. Sin embargo, el rechazo oficial indica que la estructura de poder actual en la provincia considera que sus propias figuras cuentan con suficiente legitimidad para competir en futuras contiendas sin necesidad de recurrir a personalidades provenientes de otros ámbitos.
Los próximos años resultan decisivos para definir cuáles serán los candidatos que el peronismo bonaerense presentará cuando llegue el momento de disputar nuevamente la gobernación. Las dinámicas de tensión interna, las evaluaciones sobre qué figuras poseen mayor potencial electoral y las definiciones sobre cómo el movimiento se posiciona frente a la administración nacional serán factores determinantes. Mientras tanto, las negativas categóricas como la de Larroque funcionan como señales sobre las prioridades políticas que predominan en la administración provincial, al menos en las narrativas públicas que comunica.



