La tensión que emerge entre los actores políticos de mayor influencia en Buenos Aires no responde al azar ni a coyunturas menores. Se trata de un enfrentamiento calculado que anticipa el verdadero tablero electoral, el del 2027, cuando los votantes porteños volverán a las urnas para elegir autoridades. Aunque el calendario político sugiera que aún falta tiempo, las maniobras ya están en marcha, y el territorio capitalino aparece como la pieza fundamental en cualquier estrategia que se diseñe desde las principales fuerzas políticas actuales. Lo que cambió en estos días no es sólo el tono de los comunicados públicos, sino la evidencia de que la alianza entre La Libertad Avanza y el PRO, lejos de estar blindada, contiene fracturas que amenazan con expandirse.
El episodio que destapó las inconsistencias comenzó de manera aparentemente rutinaria. Jorge Macri, jefe de Gobierno de la Ciudad, anunció acciones de clausura en la Villa 31, el emblemático asentamiento ubicado en el corazón porteño que ha sido durante décadas símbolo de desigualdad y conflictividad urbana. Su mensaje fue contundente: "Se terminó el descontrol en la Villa 31. Todas las nuevas obras serán clausuradas. Ley y orden". Parecía un gesto más dentro de la línea que el PRO viene promoviendo en materia de seguridad y orden público en la capital. Sin embargo, desde el oficialismo libertario interpretaron la comunicación de forma diferente, no como una convergencia de criterios sino como una oportunidad para marcar distancias y reclamar coherencia ideológica.
El reclamo libertario por coherencia legislativa
Pilar Ramírez, presidenta de La Libertad Avanza en la Ciudad, respondió casi de inmediato a través de sus redes sociales. Su intervención trascendió el reconocimiento superficial del anuncio de Macri para cuestionar la falta de acompañamiento legislativo del PRO en iniciativas que el oficialismo libertario considera fundamentales. En particular, señaló la ausencia de apoyo parlamentario al proyecto de "Inviolabilidad de la Propiedad Privada", una bandera ideológica que La Libertad Avanza ha enarbolado desde sus inicios como movimiento político. La dirigenta reformuló su crítica de manera ingeniosa: reconoció que la clausura de obras ilegales "siempre está bien", pero inmediatamente añadió que el orden constituye la bandera específica de su espacio. Luego lanzó el cuestionamiento de fondo: pedía que el PRO fuese "consecuente" y acompañara en el Congreso los proyectos legislativos que el libertarianismo considera estructurales.
Ramírez no se limitó a este primer intercambio. Profundizó su crítica apuntando hacia el pasado político de la Ciudad, remarcando que durante dos décadas previas se implementaron políticas que, según su perspectiva, generaron la proliferación de villas en territorio capitalino. Su insistencia en que el PRO "defienda la propiedad privada de verdad" representa algo más que un desacuerdo táctico: constituye un cuestionamiento sobre los fundamentos ideológicos que debería sostener cualquier alianza entre ambas fuerzas. La cercanía de Ramírez con Karina Milei, secretaria general de la Presidencia, añade peso político a sus palabras, sugiriendo que no se trata de una voz aislada sino de una posición respaldada desde instancias de decisión central en el Ejecutivo nacional.
Escalada de acusaciones y competencia electoral
Lo que comenzó como un intercambio entre dirigentes locales escaló cuando Lilia Lemoine, diputada nacional cercana al presidente Javier Milei, decidió intervenir públicamente. Su aporte fue aún más incisivo: caracterizó el cambio discursivo del alcalde porteño como "repentino" e impugnó sus motivaciones, atribuyéndolas exclusivamente a cálculos electorales antes que a convicciones ideológicas genuinas. Lemoine fue más allá del reproche puntual: realizó una afirmación sobre la genealogía política de Macri, sugiriendo que sin la presencia y la presión de La Libertad Avanza, el gobierno de la Ciudad habría continuado operando bajo paradigmas que ella caracteriza como "woke", utilizando la jerga que la derecha libertaria emplea para criticar lo que considera excesos progresistas. Este giro en la acusación trasformó el debate de una cuestión de políticas específicas hacia una disputa más profunda sobre quién representa verdaderamente los intereses políticos de la ciudadanía porteña.
Detrás de estos enfrentamientos públicos subyacen decisiones estratégicas complejas sobre cómo competir en 2027. Dentro de La Libertad Avanza conviven dos visiones contrapuestas respecto de la mejor forma de enfrentar los comicios capitalinos. Un sector de dirigentes propone mantener negociaciones con el PRO e incluso contempla la posibilidad de que Pilar Ramírez encabece una fórmula como candidata a vicejefa de Gobierno bajo un acuerdo conjunto. Esta propuesta respondería a una lógica defensiva: evitar que la fragmentación del voto no peronista termine beneficiando a fuerzas de oposición. Sin embargo, otra corriente dentro del libertarianismo sostiene una posición más combativa y soberana. Este sector aboga por que La Libertad Avanza presente candidatos propios en la capital, aunque reconoce que tales figuras carecen del nivel de conocimiento público que poseen personalidades establecidas. Manuel Adorni, ex jefe de Gabinete nacional, era inicialmente el nombre que encabezaba esta estrategia alternativa de competencia independiente, pero su salida del Ejecutivo obligó al movimiento a repensar completamente sus opciones de candidaturas.
El cálculo electoral que realiza el núcleo duro del Gobierno es significativamente diferente al que expresan otros dirigentes libertarios. Desde Balcarce 50, la sede presidencial, se estima que la Ciudad permanece dentro de una órbita favorable para el oficialismo prácticamente sin importar cuál sea la configuración de candidatos y alianzas. Según esta evaluación interna, con cualquier opción que presente, La Libertad Avanza lograría acceder al ballottage, lo que simplificaría el escenario hacia una segunda vuelta. Esta confianza contrasta agudamente con la posición de otros sectores libertarios que consideran más prudente buscar un entendimiento con el PRO para consolidar una coalición que impida sorpresas desfavorables. Jorge Macri, por su parte, intentó cerrar estas brechas con un mensaje conciliador emitido hacia finales de la semana, reconociendo que "puede haber algunas diferencias" pero enfatizando la necesidad de hacer "los máximos esfuerzos para evitar volver al pasado", una clara referencia a gobiernos anteriores de signo peronista en la Ciudad.
El escenario que se despliega en Buenos Aires durante estos meses previos a 2027 ofrece múltiples lecturas según desde dónde se observe. Para algunos analistas políticos, estas tensiones representan el inevitable roce entre socios que negocian desde posiciones de fuerza relativa diferente. El PRO permanece como una estructura territorial y electoral consolidada en la capital, mientras que La Libertad Avanza constituye una fuerza política nueva pero con capacidad de movilización importante. La competencia entre ambos espacios por influencia y protagonismo refleja simplemente el funcionamiento normal de la política cuando actores con intereses propios intentan optimizar sus posiciones futuras. Para otra perspectiva, sin embargo, estas grietas anticipan una posible ruptura que beneficiaría directamente a opciones políticas que se sitúan fuera de la coalición de gobierno. La dispersión del voto opositor al oficialismo podría convertirse en una ventaja para candidatos que representen continuidades con gobiernos anteriores o nuevas propuestas alternativas. Finalmente, existe una lectura que enfatiza cómo la dinámica política porteña funciona con relativa autonomía respecto de lo que ocurre en el nivel nacional, lo que significaría que los acuerdos o desacuerdos entre La Libertad Avanza y el PRO responden a lógicas locales que no necesariamente se alinean con las prioridades presidenciales.


