La provincia de Córdoba experimenta una reconfiguración de fuerzas dentro del espacio peronista que tiene como protagonistas a dos figuras que heredan no solo el apellido de uno de los gobernadores más influyentes de las últimas décadas, sino también su capacidad para canalizar aspiraciones políticas amplias. La muerte de José Manuel De la Sota en 2018 dejó un vacío en el liderazgo peronista cordobés que, lejos de cerrarse, se ha ido profundizando con el paso de los años. Lo que sucede ahora es que ese vacío comienza a disputarse nuevamente, y esta vez son las mujeres de su familia quienes ocupan el centro de la escena pública. La importancia de este movimiento radica en que pone en evidencia las fracturas que siempre existieron dentro de lo que se conocía como "cordobesismo", esa alianza política que durante décadas funcionó como una máquina electoral prácticamente inexpugnable. Hoy esa máquina está rota, sus piezas dispersas, y quienes intenten reconstruirla deberán hacerlo con lógicas muy distintas a las que prevalecieron en el pasado.
El regreso a la escena: Candelaria y su proyecto de recuperación
La periodista Candelaria de la Sota, hija mayor del exgobernador, sorprendió recientemente a la clase política cordobesa al organizar un homenaje nacional a su padre. El acto, realizado hace pocos días, marcó un punto de inflexión: fue la primera vez en casi ocho años que se realizaba un reconocimiento de esa envergadura a nivel nacional dedicado al "Gallego". Según sus propias explicaciones, Candelaria consideraba que su padre merecía un espacio donde se recuperara su legado y sus ideas sobre el país. No se trató de un acto nostálgico o meramente recordatorio, sino de una iniciativa con pretensiones de proyección hacia el futuro. Para ello, utilizó como eje central los contenidos de un ciclo televisivo que De la Sota había ideado y grabado bajo el nombre "Puentes", pero que nunca llegó a transmitirse. Ese material, que permanecía guardado, ahora se convertirá en el núcleo de un streaming que llevará el título "Tomar la posta", una expresión que sintetiza la intención explícita de continuar una labor política interrumpida.
El acto convocó a figuras del mundo académico, empresarial y político. Hablaron el politólogo Federico Zapata, especializado en análisis político; Santiago Siri, un experto en tecnología; y el economista Martín Redrado, quien se desempeñaba como interlocutor regular del exgobernador en sus últimos años de vida. También participaron mediante mensajes grabados el sacerdote Pepe Di Paola, conocido por su labor en villas miserias, y José Luis Manzano, empresario que fue figura destacada de la Renovación peronista durante los años ochenta. Esta selección de oradores no es casual: responde a una narrativa específica que Candelaria quiso construir alrededor de la figura paterna. Se trata de voces que representan distintos sectores: la reflexión política, la innovación tecnológica, el análisis económico, la acción social y la historia peronista. Es decir, una aproximación multifacética al legado de De la Sota que lo presenta como un político de horizontes amplios, capaz de dialogar con espacios diversos.
Natalia: la ruptura con el oficialismo y la construcción de alternativas
Mientras Candelaria avanzaba con su proyecto de recuperación simbólica, su hermana Natalia de la Sota ya estaba en otro terreno: el de la política institucional activa. Como diputada nacional, Natalia había integrado durante años el bloque oficialista provincial a través del partido "Hacemos por Córdoba", la estructura que gobierna la provincia bajo la conducción de Martín Llaryora. Sin embargo, en agosto del año anterior, tomó la decisión de alejarse de ese espacio y lanzar su propio proyecto denominado "Defendamos Córdoba". Esta ruptura no fue un acto impulsivo, sino el resultado de discrepancias políticas profundas. Su alianza posterior con el Frente Grande y el Partido Laborista marcó un punto de quiebre histórico: era la primera vez en décadas que se producía una fragmentación de tal magnitud dentro del peronismo cordobés organizado.
Lo que hace particularmente significativa la posición de Natalia es que no solo se alejó del oficialismo, sino que generó un conflicto abierto con Juan Schiaretti, uno de los dos pilares sobre los que descansaba la estructura peronista cordobesa desde la muerte de su padre. Schiaretti, quien había sido gobernador en dos períodos y luego se desempeñó como vicegobernador bajo Llaryora, se presentó en 2024 como candidato presidencial sin lograr una votación significativa. Posteriormente, encabezó la lista de diputados de "Provincias Unidas" en las elecciones legislativas de 2025. Durante esa campaña, señaló públicamente que Natalia había optado por ir "hacia el kirchnerismo". Ella, a su turno, cuestionó la información que recibía Schiaretti, argumentando que ambos estaban en "posiciones distintas" precisamente desde el momento en que el exgobernador había sellado un acuerdo con el espacio libertario.
Los resultados electorales de febrero de 2025 consolidaron la posición de Natalia: obtuvo el 8,75% de los votos en las elecciones legislativas y retuvo su banca como diputada nacional. Aunque quedó tercera en la contienda, el porcentaje permitía demostrar que su proyecto tenía capacidad de convocatoria. Desde entonces, la construcción política de Natalia ha girado alrededor de una propuesta que se presenta a sí misma como una "alternativa" tanto a los libertarios como al kirchnerismo. Para ello, trabaja junto a dirigentes como Juan Manuel Olmos, Victoria Tolosa Paz y Guillermo Michel, conformando un espacio que busca diferenciarse tanto de la derecha como de la izquierda peronista.
Las raíces del poder: cómo se construyó el imperio de De la Sota
Para entender la magnitud de lo que está sucediendo actualmente en Córdoba, es necesario retroceder hasta 1998, cuando De la Sota logró un quiebre histórico en la política provincial. Hasta ese momento, la Unión Cívica Radical había dominado de manera prácticamente hegemónica la provincia durante décadas. El "Gallego" fue quien rompió esa hegemonía y llevó al peronismo al poder mediante una coalición llamada Unión por Córdoba. Esta alianza no era un mero agrupamiento peronista, sino que incorporaba a partidos de centro y centro-derecha, reflejando una visión del peronismo local que priorizaba la autonomía provincial respecto a las directivas nacionales que provenían de Buenos Aires. En 2003, De la Sota fue reelegido gobernador, consolidando su proyecto. Luego, mediante un mecanismo de sucesión ordenada, cedió el lugar a Juan Schiaretti, quien gobernó la provincia durante dos períodos consecutivos. Posteriormente, De la Sota retornó a la gobernación en 2011 y completó dos mandatos más. Finalmente, en 2023, llegó a la gobernación Martín Llaryora, quien también formaba parte de esta estructura política aunque con características propias.
Lo que caracterizó a esta construcción política fue su capacidad para mantener una cierta cohesión interna a pesar de la existencia de tensiones evidentes. Analistas políticos locales hablaban, sin necesidad de hacerlo públicamente, de una división entre "delasotistas" y "schiaretistas", dos sectores que, aunque convivían en el mismo espacio, tenían diferencias de enfoques y de liderazgos personales. Sin embargo, esas tensiones nunca llegaron a fragmentar la estructura de poder porque existía un acuerdo tácito sobre cómo distribuir los recursos y las posiciones. Con la muerte de De la Sota en 2018 en un accidente automovilístico, ese equilibrio comenzó a resquebrajarse. El exgobernador fallecía en un momento en el que estaba activamente explorando su candidatura a la presidencia de la nación, en un intento por construir una alternativa de centro-izquierda frente al macrismo que gobernaba el país.
Los últimos pasos: De la Sota y su acercamiento kirchnerista
Los meses previos a su muerte, De la Sota había realizado movimientos políticos que apuntaban en una dirección diferente a la que seguía Schiaretti. Había mantenido reuniones con Máximo Kirchner, hijo de la expresidenta Cristina Kirchner, con la intención de construir una "unidad más amplia" del peronismo que permitiera enfrentar al gobierno macrista. Su relación con la familia Kirchner había sido históricamente contradictoria: hubo momentos de acercamiento y otros de confrontación, pero De la Sota consideraba que podía reproducirse en el nivel nacional la misma lógica que había funcionado en Córdoba, es decir, una coalición amplia que superara las divisiones internas del peronismo. También mantenía diálogos con Sergio Massa, buscando construir alianzas que trascendieran las tradicionales líneas de fractura dentro del movimiento peronista.
Esa línea política que De la Sota estaba explorando en sus últimos tiempos de vida es la que, de alguna manera, aparece reflejada en el acto de homenaje que organizó Candelaria hace poco. La invitación a "todos" los dirigentes del peronismo, la presencia de voces que representaban distintas tradiciones y pensadores que dialogaban con el kirchnerismo (como Pepe Di Paola) sugieren una intención de recuperar esa búsqueda de unidad amplificada que caracterizaba los últimos pasos políticos del exgobernador. No se trata de un retorno al pasado, sino de una reactivación de una lógica política que quedó trunca en 2018.
El presente fragmentado: Llaryora, Schiaretti y la disolución del pacto
La estructura política que gobierna Córdoba hoy bajo la conducción de Martín Llaryora ya no responde a los mismos códigos que caracterizaban el "cordobesismo" de décadas anteriores. El gobernador ha ampliado su coalición incorporando sectores del radicalismo y de Pro, es decir, fuerzas políticas que antes eran rivales dentro de la provincia. Schiaretti, por su parte, desembarcó en la Cámara de Diputados en 2024 tras una fallida incursión en la competencia presidencial el año anterior. Su acuerdo con el espacio libertario generó una distancia respecto a los sectores que aún reclaman una identidad peronista más tradicional.
Natalia de la Sota, que quedó tercera en las elecciones legislativas de 2025 con su lista de "Defendamos Córdoba", ha marcado una línea claramente diferenciada respecto a Llaryora y Schiaretti. Su decisión de no acercarse al peronismo oficial y en cambio construir una alternativa propia que incluye alianzas con el Frente Grande y el Partido Laborista refleja una búsqueda de identidad política que recupera elementos del legado de su padre pero los proyecta hacia nuevas coordenadas. La diputada nacional no descarta presentarse como candidata a gobernadora en las próximas elecciones, una posibilidad que genera interrogantes sobre el futuro de las fuerzas peronistas en la provincia.
Perspectivas futuras: escenarios y consecuencias de la reconfiguración
La reconfiguración que está experimentando el peronismo cordobés en estos momentos abre múltiples escenarios posibles. Por un lado, la activación de la memoria política de De la Sota a través de los proyectos de Candelaria y el posicionamiento de Natalia como referente de un espacio alternativo podrían generar una reagrupación de sectores que sienten que sus valores e identidades políticas no están siendo representados por las estructuras oficiales actuales. Por otro lado, la fragmentación podría profundizarse, resultando en una Córdoba política más atomizada, donde la capacidad de construir mayorías amplias se vea comprometida. El hecho de que Llaryora tenga que decidir en los próximos meses si los libertarios serán sus aliados electorales o si intentará un regreso hacia las fuentes del peronismo añade una capa de incertidumbre adicional a este panorama. La posición de Natalia como tercera fuerza, construyendo una alternativa que se diferencia tanto de los libertarios como del kirchnerismo, podría consolidarse o podría revelarse como una construcción transitoria. Los proyectos de Candelaria, orientados hacia la recuperación simbólica del legado paterno mediante plataformas digitales y audiovisuales, podrían contribuir a reposicionar ese legado en la opinión pública o podrían terminar siendo iniciativas con alcance limitado. La medida en que estas distintas propuestas logren convocar a sectores amplios de la sociedad cordobesa determinará si estamos asistiendo a un renacimiento del peronismo provincial o a su dilución definitiva en un contexto de fragmentación política generalizada.



