El sábado pasado, desde las tribunas del estadio de Amstelveen en territorio neerlandés, la selección argentina femenina de hockey alcanzó su tercer título mundial, doblando la rodilla a un equipo holandés que llegaba como favorito. No fue un triunfo espectacular en el marcador —la paridad reinó durante los noventa minutos de juego— pero la definición desde los doce pasos dejó a las argentinas en lo más alto del podio. Esa victoria no solo representa un nuevo capítulo glorioso en la historia del deporte de la pelota pequeña en el país, sino que también marca el regreso a primer plano de Aníbal Fernández, quien desde su rol como máximo dirigente de la Confederación Argentina de Hockey (CAH) presenció el momento de gloria. Lo que sucedió en aquellas tribunas holandesas contrasta de manera abrupta con un pasado reciente lleno de turbulencias, conflictos internos y cuestionamientos que atraviesan el organismo que hoy dirige.
Celebración en cancha, herencias complicadas en la gestión
La escena de Fernández saltando junto a las jugadoras, intercambiando abrazos con el entrenador Fernando Ferrara y participando en la ceremonia de premiación resulta, en cierto modo, irónica. Apenas una década atrás, el mismo dirigente había renunciado a su posición de presidente luego de que un conflicto masivo obligara a cinco jugadoras clave del plantel a alejarse de la selección. Entre ellas estaba Rosario Luchetti, subcapitana en ese entonces, quien en 2014 hizo pública su decisión de abandonar Las Leonas con una declaración contundente: "Al no compartir los mismos valores con la actual dirigencia de la Confederación Argentina de Hockey, a través de este medio quiero hacer pública mi renuncia". A su salida le siguieron Silvina D'Elía, Carla Rebecchi, Mariela Scarone y Daniela Sruoga. Fue una sangría de talento que sacudió los cimientos del hockey femenino argentino. Los motivos exactos de esas deserciones nunca fueron completamente esclarecidos en la esfera pública, pero las diferencias sobre la dirección técnica y los valores institucionales fueron el eje de la discordia.
Ante aquel cimbronazo, Fernández sostuvo en su momento que durante su gestión no había tomado decisiones que desagradaran a las deportistas. Según su versión, el entonces entrenador Carlos Retegui —apodado "Chapa"— había llegado al cargo gracias a consensos alcanzados con varias integrantes del seleccionado. Sin embargo, Luciana Aymar, quien fuera capitana del equipo, ofreció un relato diferente en una conferencia de prensa realizada en el Cenard. Aymar sugirió que lo conveniente era que Retegui se trasladara a la rama masculina y que era necesario buscar nuevo técnico para las mujeres. Esta confrontación de narrativas evidenció un quiebre profundo en la cadena de comunicación entre la conducción confederal y las jugadoras.
La renuncia de 2014 y los ecos de un conflicto sin cierre
Lo que comenzó como una disputa sobre cuestiones deportivas escaló rápidamente hacia consideraciones políticas. Fernández, luego de la crisis, interpretó su situación como resultado de una persecución en su contra. Su explicación fue contundente: viajó a Londres para reunirse con la máxima autoridad de la Federación Internacional de Hockey (FIH) y comunicar su intención de renunciar. La justificación que ofreció resonó en clave política más que deportiva: entendía que permaneciendo en el cargo podría perjudicar al hockey argentino. Se retiró de la presidencia, aunque no de la escena pública ni de la política nacional. Su salida de la CAH coincidió con una época particularmente activa en su carrera política, donde ocupaba roles en la administración nacional.
Lo que sucedió posteriormente amplió significativamente el ámbito de conflictividad. En mayo de 2014, meses antes de que Fernández renunciara, la sede de la Confederación Argentina de Hockey fue allanada. La Policía Metropolitana, actuando conforme a órdenes judiciales, ingresó al edificio. El juez federal Julián Ercolini lo imputó sobre la base de una denuncia presentada por la Oficina Anticorrupción, cuya dirección estaba a cargo de Laura Alonso. Las acusaciones fueron graves: abuso de autoridad, incumplimiento de deberes de funcionario público, negociaciones incompatibles con su cargo y estafa. El eje de la investigación giraba en torno a un subsidio estatal de 56 millones de pesos otorgado a la entidad un día antes de que Fernández reasumiera como jefe de Gabinete en la administración nacional. Según la imputación, esos fondos estaban destinados a la construcción de infraestructura deportiva, pero en algunos casos las obras no se realizaron. Este aspecto judicial permaneció latente durante años, sin resolverse completamente.
El retorno y la construcción de un nuevo relato
A pesar de ese historial, en 2021 Fernández fue elegido nuevamente para presidir la CAH, en esta ocasión por unanimidad, sucediendo a Miguel Grasso. Su regreso fue presentado como un nuevo comienzo, una oportunidad de enmendar caminos. Durante el período previo al Mundial 2022 que se disputaba en Ámsterdam, Fernández concedió declaraciones en los que reflejó su perspectiva sobre el desempeño esperado de las selecciones argentinas. En un evento realizado en la embajada de Bélgica, fue consultado sobre las chances de los equipos femenino y masculino. Su respuesta fue característica: "Yo no sé pensar en otra manera que no sea en positivo, en optimismo, con respecto al resultado de los equipos argentinos en el Mundial. Estoy convencido que están muy bien preparados". También utilizó la plataforma para argumentar sobre la importancia de mejorar la infraestructura del hockey nacional. Enfatizó que durante su primera gestión había logrado conseguir 6 millones de dólares para la construcción de 46 canchas en el territorio nacional. Estos números, según su narrativa, demostraban su compromiso con el desarrollo material del deporte.
Cuando Las Leonas ganaron el torneo mundial, Fernández estaba presente. Su presencia física en las tribunas, su participación en los festejos junto a las jugadoras y el director técnico, y su visibilidad en la ceremonia de premiación representaron, de alguna manera, un cierre simbólico de ciclos anteriores. Las imágenes de celebración permitieron reconstruir su imagen pública en el ámbito deportivo, asociándola con un éxito colectivo de dimensiones considerables. El hockey femenino argentino, que había experimentado crisis institucionales y deportivas hace menos de una década, ahora se presentaba como potencia mundial. Y el máximo dirigente confederal, quien había estado en el centro de aquellas tormentas, ahora participaba del festejo.
Implicancias y proyecciones de un retorno al poder deportivo
La victoria de Las Leonas abre diferentes posibilidades interpretativas sobre el estado actual de la institución y sus perspectivas futuras. Por un lado, el éxito deportivo podría interpretarse como indicador de que los conflictos fueron superados y que la organización ha mejorado sus estructuras de funcionamiento. Las jugadoras que ahora portan el título mundial trabajaron bajo una estructura diferente a la que generó las renuncias masivas de 2014. Por otro lado, algunos analistas podrían argumentar que el éxito deportivo no necesariamente refleja resoluciones profundas en los conflictos institucionales, sino simplemente el talento y dedicación de un grupo de atletas excepcionales que lograron trascender las dificultades organizacionales. La cuestión judicial que pendía sobre Fernández también permanece como un elemento sin cierre definitivo en esta narrativa. El tiempo dirá si el nuevo mandato estará atravesado por similares turbulencias o si efectivamente representa un giro hacia la estabilidad institucional en el organismo que dirige el hockey argentino.



