El sistema electoral argentino vuelve a ser territorio de disputa política. Mientras el Gobierno impulsa eliminar o suspender las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), una voz influyente dentro de la coalición opositora plantea una posición que cuestiona el cambio de reglas electorales según las conveniencias del momento. Martín Goerling, jefe del bloque de senadores del PRO, expresó su rechazo categórico a modificar el sistema cada vez que cambian los vientos políticos, alegando que las reglas fundamentales de la democracia requieren estabilidad y consenso amplio entre la dirigencia. Este posicionamiento introduce una grieta interesante dentro de las negociaciones entre el macrismo y La Libertad Avanza, dos fuerzas políticas que comparten gobierno pero que divergen en cuestiones de envergadura institucional.
La cuestión de las PASO trasciende el mero mecanismo electoral. Desde su implementación en 2009, estas primarias se convirtieron en un termómetro de la intención de voto y en una herramienta de selección interna de candidatos. Sin embargo, su obligatoriedad generó fricciones permanentes según los resultados que arrojaba cada elección. El argumento de Goerling apunta a un problema medular: la tentación de los actores políticos de ajustar las reglas según les favorezca en cada coyuntura electoral. "No se puede querer cambiar el sistema cada dos años, en función de la coyuntura, o de lo que digan las encuestas", expresó el senador, subrayando que decisiones de esta magnitud requieren un debate profundo que trascienda los intereses inmediatos de las fuerzas políticas en competencia.
La negociación entre PRO y La Libertad Avanza: acuerdos parciales
Las conversaciones entre el Gobierno y el PRO avanzan sobre múltiples frentes. Goerling reconoció que existen dos caminos posibles respecto a las PASO: la eliminación por ley, que requiere un trámite legislativo extenso y la aprobación de ambas cámaras, o la suspensión, que podría ocurrir de manera más expeditiva. El senador señaló que ya en 2025 se votó sin PASO porque el Congreso así lo decidió, lo que demuestra que la suspensión es un mecanismo viable sin necesidad de reforma legal. Esta distinción técnica es central para entender las posibilidades que baraja el oficialismo: mientras la eliminación definitiva enfrenta mayores obstáculos legislativos, la suspensión temporal ofrece una ruta menos engorrosa que mantendría abierta la posibilidad de revertir la decisión en el futuro.
Sin embargo, el jefe de bloque senatorial del PRO no se cierra completamente a la posibilidad de cambios. Goerling manifestó disposición a "modernizar" las PASO mediante otras reformas específicas: eliminar la obligatoriedad para quienes no compiten (evitando competencias contra sí mismo), ajustar los pisos electorales de los partidos más pequeños y regular la proliferación de avisos publicitarios en medios audiovisuales. Estos matices sugieren que el PRO no rechaza de plano cualquier modificación al sistema, sino que busca diferenciarse de lo que considera un cambio arbitrario motivado por conveniencias electorales del momento. La propuesta de modernización contiene un reconocimiento implícito: el sistema actual tiene problemas de diseño que merecen atención, pero no deben resolverse mediante la eliminación completa de las primarias.
La tensión entre estabilidad institucional y adaptación política
El planteo de Goerling toca un nervio crucial de la política democrática: la tensión entre la necesidad de reglas estables que inspiren confianza en el sistema electoral y la posibilidad de que esas reglas se vuelvan inadecuadas con el tiempo. Las democracias requieren un cierto grado de predictibilidad en sus instituciones, especialmente en aquellas que regulan la competencia por el poder. Modificar las reglas electorales cada vez que una fuerza política considera que le conviene genera desconfianza en la integridad del sistema y debilita la legitimidad de los procesos democráticos. Por el otro lado, las instituciones tampoco pueden quedar congeladas en el tiempo si se demuestran ineficaces o inadecuadas para los desafíos contemporáneos. La pregunta que emerge es cuál es el balance correcto entre ambas necesidades.
La resistencia del PRO a la eliminación de las PASO también debe leerse en el contexto de sus propios intereses políticos. Goerling manifestó explícitamente que el macrismo aspira a tener un candidato presidencial propio en 2027, resaldando la postulación del exministro de Hacienda Hernán Lacunza. Las PASO son útiles para un partido que busca diferenciarse y demostrar su capacidad de convocatoria electoral de manera independiente. En ese sentido, la posición del PRO contiene una capa de coherencia: mantener un sistema que permite que cada fuerza política mida su caudal electoral por separado favorece a quienes aspiran a competir de manera autónoma. Sin embargo, esto no invalida el argumento institucional más amplio que esgrime Goerling sobre la necesidad de estabilidad en las reglas del juego democrático.
El senador fue claro al aclarar que su posición respecto a las PASO es personal, aunque señaló que en la última reunión del PRO la postura era mantenerlas como herramienta válida. Esta distinción entre postura partidaria e inclinación personal es relevante porque muestra que en la coalición de derecha argentina hay debates internos genuinos sobre cuestiones institucionales, y que no todo está decidido de antemano en función de los acuerdos con el Gobierno. El PRO ha construido su identidad como un partido que se diferencia por su énfasis en instituciones y estado de derecho, lo que le da coherencia a su planteo actual. Goerling subrayó que "el sistema político requiere un debate profundo y serio", invitando a que la discusión trascienda la arena de las negociaciones puertas adentro entre dirigentes.
Las implicancias futuras del cambio electoral
La resolución de esta disputa sobre las PASO tendrá consecuencias significativas para la política argentina de los próximos años. Si el Gobierno logra eliminar o suspender indefinidamente las primarias, el panorama electoral de 2027 será radicalmente diferente al que existe actualmente. La ausencia de PASO restringe la capacidad de los votantes para manifestarse sobre las preferencias dentro de cada fuerza política, concentrando el poder de selección de candidatos en los aparatos partidarios. Para el PRO, que busca consolidarse como una alternativa electoral distinguible del oficialismo libertario, esto podría reducir sus posibilidades de mostrar su propio caudal electoral y fortalecer la narrativa de que es simplemente un satélite de La Libertad Avanza. Para otros actores políticos, especialmente los que componen la oposición fragmentada, la eliminación de PASO podría dificultar aún más la articulación de candidaturas competitivas. Por el contrario, si se mantienen las PASO en su formato actual o se introducen reformas que las modernizen sin desmantelarlas, la estructura de competencia electoral seguiría permitiendo que los electores expresen preferencias internas dentro de cada espacio político, manteniendo una capa adicional de legitimidad democrática en el proceso de selección de candidatos. Los debates sobre estas cuestiones no son puramente técnicos: definen cómo se estruturan las competencias políticas, quién tiene poder para elegir candidatos, y cuánta agencia conservan los ciudadanos en la definición del panorama electoral.



