La política argentina sigue escribiéndose en los pasillos, las oficinas ministeriales y los almuerzos discretos. Lejos de los focos mediáticos y las declaraciones públicas, se están produciendo movimientos que revelan fracturas, realineamientos y cálculos electorales que condicionarán el próximo ciclo electoral. En los últimos días, una serie de cambios aparentemente desconectados comenzaron a formar un patrón: renuncias estratégicas, viajes internacionales con lecturas políticas conflictivas, y reposicionamientos de figuras que parecían relegadas del mapa de poder. Estos movimientos no son aleatorios. Detrás de ellos existe una lógica que trasciende las explicaciones oficiales y expone las tensiones no resueltas dentro del gobierno nacional y las provincias.
El pacto rosarino y la geometría del poder nacional
A fines de la semana pasada, las explicaciones que llegaron desde Casa Rosada sobre la partida de Federico Angelini del Ministerio de Seguridad Nacional fueron tan públicas como insuficientes. El funcionario vinculado a la estructura bullrichista había estado cumpliendo tareas en la cartera encabezada por Alejandra Monteoliva. Sin embargo, lo que generó inquietud en distintos espacios políticos fue el destino de su movimiento: se dirigía hacia Santa Fe, específicamente hacia la estructura de seguridad provincial bajo el comando del gobernador Maximiliano Pullaro.
Quienes conocen los detalles de esta transición revelan que el trasfondo es más profundo que un simple cambio de función. La decisión de mantener a Manuel Adornino en la jefatura de gabinete, pese a las expectativas de sectores cercanos a Patricia Bullrich, fue el disparador que aceleró el viaje de Angelini hacia el interior. Desde los círculos allegados al funcionario, la explicación fue categórica: se marchaba porque su jefa política había decidido así, en una muestra de disciplina y alineamiento que trasciende las estructuras ministeriales. Bullrich, quien actualmente encabeza el bloque de senadores libertarios, mantiene públicamente su pertenencia a La Libertad Avanza, aunque las tensiones con el Presidente y su hermana Karina Milei, quien dirige la secretaría general de la Presidencia, son cada vez más palpables.
El vínculo entre Bullrich y Pullaro no es reciente ni casual. Ambos dirigentes se conocieron durante la etapa de Mauricio Macri en el gobierno nacional. Mientras Bullrich conducía la cartera de Seguridad, Pullaro ejercía idéntica función en Santa Fe bajo la administración del socialista Miguel Lifschitz. Ese período de colaboración conjunta dio nacimiento al Plan Bandera, un dispositivo que logró reducir de forma dramática la presencia del narcotráfico en Rosario, una ciudad que años antes había sido epicentro de la violencia vinculada al tráfico de drogas. Esa experiencia compartida forjó lazos que persisten hasta hoy. Desde el entorno de la senadora, describen esta relación como una "amistad" genuina, nacida de la necesidad de resolver un problema común y consolidada mediante resultados concretos que les otorgaron prestigio más allá de las fronteras provinciales. Existe, sin embargo, una aspereza en el vínculo: Pullaro apoyó a Horacio Rodríguez Larreta durante las internas radicales de 2023, decisión que Bullrich no ha perdonado completamente.
Desde el gobierno santafesino, se reconoce sin ambigüedades que existe "buena onda" con la senadora bullrichista. Las autoridades provinciales dan por sentado que Angelini ocupará "alguna secretaría" en la estructura de seguridad local, consolidando de esta forma la presencia del proyecto político de Bullrich en territorio santafesino. Este movimiento tiene implicancias que van más allá de la estructura organizativa de una provincia. Bullrich aparece en las encuestas como una de las dirigentes mejor posicionadas de cara a los comicios presidenciales que se avecinan, aunque aún falte tiempo para que cristalicen las definiciones electorales. La construcción de una base territorial sólida en provincias estratégicas como Santa Fe es una táctica clásica en la política argentina para quien aspira a competir en elecciones nacionales.
Los viajes que hablan más que las palabras
En abril, una fotografía circuló por los espacios políticos nacionales e internacionales generando interpretaciones contradictorias. El gobernador peronista de Catamarca, Raúl Jalil, fue registrado en China sonriendo junto a Dilma Rousseff, ex presidenta brasileña y actual directora del banco de los Brics. La imagen resultaba curiosa en más de un sentido. Jalil es un gobernador que habitualmente acompaña al gobierno nacional en las votaciones legislativas, un apoyo que lo ha convertido en una pieza funcional para la administración Milei en el Congreso. Sin embargo, aquí estaba, reunido con una figura central de un bloque económico que agrupa a Brasil, India, China, Rusia y Sudáfrica, naciones que representan una cosmovisión geopolítica alternativa a la que el gobierno nacional ha abrazado mediante su alineamiento con Estados Unidos y la administración Trump.
La misión que llevó a Jalil hasta China fue presentada como una iniciativa comercial organizada por el CFI, organismo que nuclea a los gobernadores del país. Junto a Jalil viajó Sabino Vaca Narvaja, ex embajador argentino en China durante la gestión de Alberto Fernández y actual asesor del CFI. La foto, capturada alrededor de mediados de abril, fue acompañada del regalo protocolario tradicional: un poncho de vicuña catamarqueño, obsequio que forma parte de la diplomacia regional argentina. Desde el círculo del gobernador catamarqueño, la justificación fue ágil: "Trump se juntó con Xi Jinping", ironizaron, en un gesto que pretendía colocar el encuentro en la lógica de la diplomacia pragmática moderna. Sin embargo, en los espacios políticos más atentos, la imagen fue interpretada como un recordatorio de que incluso dentro de un gobierno que se presenta como radicalmente proalineado con Washington, existen gobernadores que se permiten mantener canales abiertos hacia otras potencias regionales. Jalil, con su demostración de flexibilidad, dejaba constancia de que los gobiernos provinciales no son marionetas automáticas del poder central, sino actores con márgenes de autonomía política que aprovechan cuando la coyuntura lo permite.
Los negocios privados de los grandes inversores
A mediados de abril, antes de ser recibido formalmente por el Presidente en Casa Rosada, Peter Thiel pasó por el despacho de Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado. El megaempresario fundador de Palantir, una empresa dedicada a análisis masivo de datos y con operaciones en defensa e inteligencia, tenía el contacto previo: se conocían de una cena organizada en Washington por el entonces embajador argentino Alec Oxenford. El encuentro en Buenos Aires fue discreto, el ambiente distendido, y la conversación tocó temas que iban mucho más allá de la política operativa.
Thiel se sinceró durante esa charla privada. La compra de una residencia en Barrio Parque, uno de los barrios más exclusivos de la capital, respondía a un deseo explícito: "alejarse del ruido" que caracteriza la vida política y mediática estadounidense. Pero había más. El empresario expresó preocupación por un eventual triunfo de los demócratas en las próximas elecciones presidenciales de Estados Unidos, lo cual lo hacía mirar hacia afuera de su país de origen. Thiel también se quejó de los altos impuestos que enfrenta en Estados Unidos, una preocupación compartida por muchos empresarios ultraricos de ese país. La compra de una segunda propiedad en Punta del Este, en Uruguay, completaba el cuadro de un inversor que se posicionaba geográficamente de forma tal de tener opciones de refugio fuera de Estados Unidos si las circunstancias políticas y fiscales tornaban insostenible su residencia norteamericana. Lo que más relevancia tuvo en los círculos políticos fue la mención de conocedores de la conversación respecto de que Thiel está "fascinado" con el Presidente. Esto cobra importancia cuando se considera que días después, el 23 de abril, Thiel fue recibido en Balcarce 50. Ese día fue especialmente notable por una razón: fue el primero en el que los periodistas acreditados fueron impedidos de ingresar a la casa presidencial por orden expresa del Presidente. La convergencia de hechos generó lecturas diversas: algunos interpretan que la presencia de un inversor de la talla de Thiel en Argentina representa una apuesta de capital privado estadounidense hacia el modelo político que Milei representa; otros ven en el reserva del encuentro un indicador de las formas que adopta la diplomacia corporativa de alto nivel.
La reorganización radical en clave de unidad
Dentro del radicalismo, la última semana trajo sorpresas. Leonardo Chiarella, joven presidente del partido e intendente de Venado Tuerto, sorprendió a la estructura partidaria con la convocatoria de una reunión de gobernadores radicales en la histórica sede de calle Alsina. La reunión fue, en todos sus aspectos, estudiadamente cuidadosa. Chiarella, conocedor de las posiciones divergentes que mantienen los gobernadores respecto del gobierno nacional, se encargó de cada detalle con minuciosidad. Llegó a su oficina temprano, supervisó el salón donde se desarrollaría el encuentro, y dispuso que hubiera medialunas, sandwiches, café y mate para garantizar comodidad a los participantes. Exactamente a las once de la mañana, esperaba a los gobernadores en la puerta.
La asistencia fue significativa: Pullaro de Santa Fe fue el primero en arribar, seguido minutos después por Alfredo Cornejo de Mendoza. El mensaje implícito era claro: aunque los gobernadores radicales tienen posturas diferentes frente al gobierno nacional, la unidad partidaria debía preservarse. Los obsequios que Chiarella entregó a cada mandatario provincial revelaban atención al detalle: bolsas con productos locales de Venado Tuerto, incluyendo una tabla de madera con el escudo, queso artesanal, salamines, dulce de leche casero, y chutney de pimientos y cebollas. La broma del senador de La Pampa Daniel Kroeneberger ("Sólo les pedimos que no se los coman ahora") y las risas que siguieron, evidenciaron que el clima fue de camaradería genuina. Este tipo de encuentro, aparentemente protocolar, tiene funciones políticas más profundas: en la Argentina, la capacidad de mantener unida una estructura partidaria mientras sus referentes tienen posiciones divergentes respecto del poder ejecutivo es una demostración de liderazgo organizacional.
El regreso del empresario político
Roberto García Moritán estuvo prácticamente ausente de los reflectores políticos desde su paso por el ministerio de Desarrollo Económico de la Ciudad de Buenos Aires durante la actual gestión de Jorge Macri. Sin embargo, esta semana se conoció que el empresario y ex legislador porteño prepara un regreso al ruedo político. Su ingreso será al Partido Demócrata Progresista, la misma institución que tuvo en su historia como figura central al pensador Lisandro de la Torre, y que mantiene una presencia significativa en la política del interior del país, particularmente en Santa Fe.
El acto formal de afiliación estaba previsto para el miércoles en el auditorio del Instituto de la Visión, ubicado en la zona de universidades porteñas que alberga a Ciencias Sociales y Medicina. García Moritán pronunciaría una disertación titulada "La Ciudad del Futuro: Pensando juntos nuevos horizontes", donde expondría sus ideas sobre desarrollo urbano, modernización estatal y la proyección de la capital nacional. Detrás del regreso de García Moritán actúa Oscar Moscariello, ex legislador porteño que ocupó la embajada en Portugal durante la era Cambiemos y que integra la Junta Nacional del PDP. El retorno político de García Moritán, aunque centrado en Buenos Aires y la esfera urbana, representa un movimiento más dentro de la reorganización política que caracteriza estos meses: dirigentes que exploran nuevos espacios, partidos que buscan fortalecer su presencia territorial, y una reconfiguración general del mapa político que precede a decisiones electorales mayores.
Lo que cambia y las incertidumbres que persisten
El conjunto de estos movimientos, tomados en perspectiva, revela una realidad política que trasciende las declaraciones públicas y los comunicados oficiales. Por un lado, existen tensiones claras dentro de la estructura de gobierno: Bullrich construye poder territorial mientras mantiene formalmente su pertenencia a La Libertad Avanza, pero con creciente distancia respecto de las decisiones presidenciales. Por otro lado, los gobernadores provinciales demuestran que, a pesar del poder centralizador del ejecutivo nacional, conservan márgenes de autonomía política que les permiten mantener canales hacia actores diversos, tanto internos como internacionales. El radicalismo, a través de Chiarella, intenta sostener una unidad partidaria que facilite el diálogo con el gobierno pero que no inhiba posturas particulares. Y figuras que parecían alejadas de la política, como García Moritán, buscan reingresar a través de nuevos canales institucionales. La cuestión que persiste es si estos alineamientos y realineamientos son producto de una estrategia coordinada de actores que buscan posicionarse para 2025 y más allá, o si responden a iniciativas desconectadas de figuras que siguen lógicas propias. Del análisis de estos movimientos emergen escenarios diferentes: algunos observadores ven en ellos la configuración natural de un sistema político plural que, aún dentro de gobiernos con pretensiones autoritarias, conserva dinámicas de negociación. Otros interpretan que se trata de síntomas de fragilidad institucional, de un gobierno que no logra consolidar adhesiones sólidas y que enfrenta fugas sistemáticas de poder hacia gobernadores provinciales y dirigentes que mantienen capacidades propias. Lo cierto es que las semanas y meses venideros clarificarán si estos movimientos conducen a una recomposición política estable o si, por el contrario, inauguran un período de volatilidad acentuada.



