La confluencia entre dos fuerzas políticas de distinto origen pero convergentes en la batalla por retener poder genera siempre más preguntas que respuestas. Eso sucede cuando se reúnen en secreto y luego salen a confirmar lo que todos sospechaban, pero con matices que revelan fisuras más profundas. Así ocurrió este jueves en Balcarce 50, donde volvieron a sentarse los dirigentes del oficialismo y su principal socio político para diseñar una arquitectura electoral que trascienda 2025 y se proyecte hacia los comicios presidenciales de 2027. Lo que importa no es simplemente que se junten, sino qué dicen cuando se van: que buscan una alianza "en todo el país". Eso cambia el tablero porque implica que la fragmentación no es irreversible y que existe voluntad de bloque, al menos en la superficie.

Minutos antes de que el cielo sobre la plaza central del poder descargara sus últimas gotas de lluvia, dos figuras clave del espacio amarillo cruzaron las puertas de la Casa Rosada. Fernando de Andreis, diputado nacional y secretario general de Pro, además de brazo derecho del expresidente Mauricio Macri, llegó primero a la explanada. Lo seguía Cristian Ritondo, jefe de la bancada de Diputados y referente territorial bonaerense. Ambos portaban el uniforme no escrito de su partido: camisas claras, sin corbata, el vestigio de una identidad forjada durante la gestión 2015-2019. Se abrazaron en la explanada antes de ingresar a las 16.57, cuando los esperaba el equipo negociador del Gobierno: Diego Santilli como jefe de Gabinete, Martín Menem en su rol de titular de la bancada oficialista, y Eduardo "Lule" Menem desde la subsecretaría de Relaciones Institucionales. Este fue el segundo encuentro en tan solo dos semanas, precedido por un contacto directo entre Karina Milei y Macri que puso en marcha esta engañosa maquinaria de acercamiento.

La mesa de negociación y sus límites invisibles

Durante aproximadamente dos horas, desde las 17 en punto, se desplegó una conversación cuya agenda parecía minuciosamente preparada. Según los testimonios que trascendieron, Ritondo abrió con un toque de humor que funcionaba también como alivio tensional: una observación sobre la sesión maratónica de Diputados del día anterior. Luego, Santilli coordinó los tiempos, con café servido, en una atmósfera que buscaba simular normalidad. Pero debajo de esa superficie civilizada existían líneas rojas muy claras. Al salir del encuentro, tanto De Andreis como Ritondo enfatizaron un punto específico: habían realizado un "repaso de los distritos" pero sin incluir ninguno de los que actualmente administra Pro. Esa aclaración no era menor. De Andreis fue directo al respecto cuando un periodista cuestionó si la primera exigencia había sido que LLA respetara los territorios gobernados por los amarillos. Su respuesta funcionó casi como un desmentida mediante la confirmación: "No nos vamos a sentar a poner ese tipo de condiciones. El repaso que hicimos fue de los distritos donde Pro no gobierna."

Las candidaturas siguen siendo materia pendiente, según reconoció el mismo Ritondo: "Para las candidaturas falta muchísimo". Esto es relevante porque da cuenta de que la alianza declarada públicamente aún no se traduce en definiciones concretas. Sin embargo, algo se movió en términos de compromiso político inmediato. Pro había dado muestras de alineamiento legislativo en los días previos al encuentro: dos proyectos de importancia para el Gobierno obtuvieron el aval de los diputados amarillos, a saber, la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central e Inocencia Fiscal II. En el Senado, más recientemente, los candidatos judiciales del Gobierno recibieron respaldo de la misma bancada. Estos gestos no son gratuitos en el lenguaje político; son formas de demostrar que la alianza existe antes de que exista en los papeles.

La instrucción del expresidente y el dilema legislativo

Antes de ingresar a la Casa Rosada y después de salir, De Andreis y Ritondo comunicaron con Macri. El expresidente había transmitido una instrucción directa: "Que hagamos todos los esfuerzos posibles para blindar el cambio en la Argentina y que no vuelva el kirchnerismo". Esta frase funciona como brújula de la estrategia: lo que importa no es maximizar ventajas propias sino evitar retrocesos. Es una lógica defensiva. Sin embargo, los intereses no son enteramente alineados. Mientras LLA busca que Pro respalde la reelección de Milei en 2027, los amarillos pretenden como mínimo mantener su hegemonía en la Ciudad Autónoma, un bastión de poder que les genera ingresos de capital político y financiero considerables.

Sobre la cuestión de las PASO 2027, otra arista de la negociación, Ritondo eludió comprometerse de manera tajante. Su respuesta reveló el cálculo político detrás de cada palabra: "Las PASO no tienen ni todo en contra, ni todo a favor. Milei y Macri han sido resultado de la PASO; pero sabemos que tienen un costo, que la población tendría que ir a votar seis veces si además hay PASO provinciales, y que son un gasto elevado." De Andreis agregó una precisión que marcaba el peso específico de su partido dentro del sistema: "La influencia de Pro está en Diputados". Con 12 bancas en la Cámara Baja, Pro posee capacidad de obstrucción, no de imposición. Eso les da poder pero no soberanía. En el Senado, donde el Gobierno espera presionar para eliminar las primarias, la situación es distinta y aún incierta. Pro prometió esperar la posición de esa cámara antes de definir su voto.

En el plano económico, Santilli presentó datos que le permiten mantener optimismo: la inflación "viene bien", lo cual en el lenguaje oficial significa que las proyecciones de reducción se cumplen. El jefe de Gabinete también profundizó en cifras de crecimiento y repasó el anuncio de créditos hipotecarios que había encabezado el ministro de Economía, Luis Caputo, el día anterior. Estos son elementos sobre los cuales Pro construye su argumento: si el plan económico funciona, la estabilidad política es más viable y la reelección presidencial se vuelve probable. Pero Pro también tiene su propia lectura de riesgos. Sus dirigentes advierten sobre las consecuencias de una oposición que logre mostrarse competitiva: "El peronismo está vivo, sabemos la flexibilidad que tiene para juntarse y medir mínimo 30 puntos. Eso puede ser letal en la previa de una elección porque los mercados empiezan a moverse y te hacen entrar en un espiral de crisis". Es la lección que aprendieron en carne propia durante 2019.

Las tensiones internas que persisten bajo la alianza

Aunque la alianza se confirme en lo formal, existen fracturas dentro de ambos espacios que no desaparecen simplemente por decisión de las cúpulas. En Pro conviven dirigentes con grados muy distintos de disposición a confluir con el Gobierno. Macri, según fuentes cercanas, está dispuesto a "agotar todas las instancias" para "blindar el cambio" y evitar repetir su propia experiencia de 2019, cuando no logró la reelección. Sin embargo, su antiguo ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, se mueve como precandidato para enfrentar a Milei, lo que genera una contradicción explícita con la línea oficial del partido. Del lado del Gobierno, la situación es igualmente paradójica: Pilar Ramírez, una dirigente ligada a la órbita de Karina Milei, también aparece como candidata a nivel porteño, compitiendo con la influencia del ala amarilla.

Macri ha insistido ante sus interlocutores en que el Gobierno debe mostrar gestos concretos que recuperen la confianza perdida. Los desaires acumulados pesan: desde las vueltas necesarias para aprobar la Ley de Ficha Limpia, pasando por los acuerdos entre LLA y el peronismo que excluyeron a Pro de posiciones en la Auditoría General de la Nación, hasta la pérdida de la presidencia de la Bicameral de Inteligencia. Cuando Macri pidió el cambio de Manuel Adorni como jefe de Gabinete, sus palabras cayeron mal en una Casa Rosada donde tanto el Presidente como su hermana sostenían al funcionario. Estos detalles importan porque revelan que la alianza no es genuina comunión sino cálculo de conveniencia mutua.

Las consecuencias de este acercamiento pueden leerse de múltiples formas. Para quienes dentro de Pro creen en la convergencia, una alianza consolidada representaría mayor estabilidad para el programa económico y menores probabilidades de sobresaltos en los mercados financieros. Para los especialistas en Casa Rosada ligados a Karina Milei, los fundamentos del plan están suficientemente enraizados como para no depender de apoyos adicionales. Entre ambas visiones existe una brecha que el tiempo y los resultados económicos irán ensanchando o cerrando. Lo cierto es que la alianza declarada este jueves aún carece de definiciones concretas en materia de candidatos y estrategias territoriales, lo que sugiere que el verdadero trabajo político apenas comienza. Las reuniones de laboratorio, como esta, son apenas el prólogo de negociaciones mucho más ásperas que vendrán cuando sea momento de repartir bancas y territorios.