La reciente gira de Mauricio Macri por la región Centro del país marca un punto de inflexión en la estrategia territorial del partido PRO. Lejos de los reflectores de la capital, el expresidente ha optado por una metodología descentralizada que busca fortalecer los lazos con gobiernos provinciales clave, a la vez que tensa el debate interno sobre ética pública y cambio político. Durante su visita a Santa Fe y Entre Ríos, donde se encontró con los gobernadores Maximiliano Pullaro y Rogelio Frigerio respectivamente, Macri ha sembrado interrogantes sobre el futuro de la coalición gobernante y su capacidad para mantener una línea de conducta ejemplar en medio de señalamientos sobre comportamientos cuestionables en el Ejecutivo nacional.

Una estrategia de reposicionamiento territorial

La presencia de Macri en estas provincias no responde a un capricho mediático, sino a un plan deliberado de reorganización interna. El encuentro denominado "Próximo paso" forma parte de un modelo de reunión que ya ha sido replicado en Buenos Aires, Chaco, Corrientes y zonas del conurbano bonaerense. Esta mecánica busca convocar a la dirigencia regional de PRO bajo una consigna unificadora, permitiendo que figuras como Macri se posicionen como articulador político sin pretender candidaturas inmediatas. Cuando se le preguntó directamente si aspiraría nuevamente a la presidencia, el expresidente respondió con una broma: "Estoy entrenando para correr 100 metros", lo cual evidencia su intención de mantener una distancia estratégica respecto de competiciones electorales futuras, al menos en el discurso público.

La visita a Paraná, donde se reunió con Frigerio antes de trasladarse a Santa Fe, permitió a Macri enunciar un mensaje que condensa la visión del partido: "Los argentinos merecen que el cambio sea irreversible, que esté blindado para que el populismo no venga a destruir todo como lo hizo luego de nuestra gestión". Esta afirmación sitúa al expresidente en una posición de continuidad ideológica respecto de la administración Milei, al tiempo que reivindica su propia gestión como punto de referencia para lo que vendrá. Lo que subyace en este discurso es una tensión entre apoyar el actual gobierno y mantener autonomía política para futuras maniobras de alianza.

El dilema de la conducta pública en tiempos de cambio

Sin embargo, el núcleo más incisivo de la intervención de Macri en Santa Fe residió en sus advertencias sobre el comportamiento ético de los funcionarios públicos. Frente a una audiencia que lo acompañaba en el recorrido de la obra del Estadio Multipropósito destinado a los Juegos Suramericanos 2026, el expresidente enfatizó: "Hay que estar cerca de la gente, hay que tener un comportamiento ejemplar porque si no, aquel que está haciendo el esfuerzo no tolera que no haya un comportamiento ejemplar". Esta declaración constituye una crítica velada a situaciones que han generado inquietud en la administración nacional, particularmente los cuestionamientos respecto de la declaración jurada patrimonial del jefe de Gabinete Manuel Adorni.

La insistencia de Macri sobre este punto no es casual. Reflejan una preocupación política genuina en sectores de PRO respecto de que escándalos o irregularidades vinculados a funcionarios puedan contaminar la narrativa del cambio que tanto Macri como Milei pretenden instalar. Es un recordatorio de que la ciudadanía que votó esperando una transformación política se resiente si percibe que las mismas prácticas que criticaba persisten bajo nuevas formas. La tensión es real: el Gobierno nacional necesita del apoyo parlamentario de PRO para aprobar leyes claves, pero al mismo tiempo, figuras como Macri desean mantener una cierta distancia crítica que les permita presentarse como guardianes de la corrección política.

Los gobernadores locales como peones de una nueva configuración

La comitiva que acompañó a Macri en Santa Fe incluyó a la diputada nacional Gisela Scaglia, presidenta de PRO en la provincia, y al intendente de Venado Tuerto Leonel Chiarella, quien además ocupa la presidencia del Comité Nacional de la Unión Cívica Radical. La presencia de Chiarella es particularmente significativa, ya que indica una estrategia de articulación con actores radicales cercanos a Pullaro, lo cual apunta a fortalecer la coalición provincial denominada Unidos. Este conglomerado político integrado por PRO, radicales, socialistas y demoprogresistas representa un modelo de alianza que contrasta con la polarización nacional.

Pullaro, quien recientemente logró la sanción de una reforma constitucional provincial que le permite acceder a la reelección tras un primer mandato, cuenta con el apoyo explícito de Macri. El expresidente manifestó: "Mi desafío es acompañar, junto a Gisela Scaglia, la renovación. Creo que sería muy bueno para la provincia que, ya que tuvo una reforma inteligente para permitir una reelección, pueda llevarla adelante". Esta declaración posiciona a Macri como respaldo del gobernador local en su proyección política, lo cual refuerza la estructura de poder provincial pero también genera tensiones internas. Hay sectores dentro de PRO que buscan incorporar a La Libertad Avanza a la coalición gobernante santafesina, pero esta maniobra enfrenta resistencia de actores como los socialistas, quienes ponen límites a la participación de figuras libertarias.

El estadio como símbolo de gestión y corrupción

No fue accidental que Macri dedicara buena parte de su visita a recorrer la obra del Estadio Multipropósito. Rodeado de hormigón y perfiles de hierro, el expresidente empleó el sitio como plataforma para argumentar sobre la capacidad de gestión pública eficiente. Su razonamiento pivotó en la comparación directa entre el modelo de licitaciones transparentes que, según su perspectiva, caracterizó su administración, y las prácticas que caracterizó como corruptas en gobiernos anteriores. "La competencia sana, como se demostró durante nuestro gobierno, hace licitaciones transparentes. Los mismos constructores que estaban en los 'cuadernos' terminan construyendo 30 o 40 por ciento más barato en tiempo y forma, con lo cual depende de la conducción política que se termine con la corrupción en Argentina", expresó.

Esta afirmación se vincula con un fenómeno histórico identificado durante la gestión macrista: la reducción de costos en proyectos de infraestructura cuando se implementaban mecanismos de licitación abierta. Sin embargo, también contiene una lectura estratégica del pasado reciente. Al evocar los "cuadernos" —referencia directa a la documentación que registraba pagos irregulares en gobiernos anteriores— Macri intenta establecer una línea de demarcación moral entre su administración y administraciones previas. El mensaje implícito es que la calidad institucional y la conducta ética de los gobernantes determinan la eficiencia en la ejecución de obras públicas.

Diagnóstico económico y respaldo con matices

En cuanto a la evaluación del programa económico nacional, Macri adoptó una posición de respaldo matizado. Afirmó que "estamos en el rumbo correcto" refiriéndose al conjunto de políticas implementadas por la administración Milei, pero aclaró de inmediato que "hay muchas mejoras posibles en la implementación". Esta fórmula permite al expresidente alinearse con el Gobierno en lo estratégico mientras se reserva críticas en lo operativo, una posición que le otorga flexibilidad política.

Particularmente, Macri reiteró una convicción de larga data respecto de la política tributaria: "La Argentina necesita bajar mucho más los impuestos para que haya más crecimiento, más empleo y más oportunidades". Esta posición se enmarca en una visión sobre el rol del Estado y la iniciativa privada que ha caracterizado al PRO desde su fundación, pero que también presenta convergencias con el programa libertario. Sin embargo, la ausencia de críticas explícitas a Milei contrasta con lo que Macri sí permitió respecto de otras figuras políticas. Cuando se le preguntó sobre Patricia Bullrich, quien ocupara un rol central en la coalición gobernante, respondió lacónicamente que "hace rato" que no habla con ella, lo cual sugiere cierta distancia o fricción que no explicita públicamente.

Implicancias y horizontes inciertos

La gira de Macri por el Centro del país abre una multiplicidad de interpretaciones sobre los derroteros de la política argentina en los próximos meses y años. En primer lugar, evidencia que PRO mantiene capacidad de organización territorial independiente del Gobierno nacional, lo cual le proporciona un margen de autonomía política para futuras negociaciones. En segundo lugar, el énfasis en la conducta ética de los funcionarios públicos sugiere una preocupación genuina en sectores del partido respecto de que escándalos puedan socavar la legitimidad de la transformación política en curso.

Por otra parte, la estrategia de fortalecimiento de gobiernos provinciales aliados, como los de Pullaro y Frigerio, indica que PRO está preparándose para escenarios electorales futuros en los cuales la geografía política puede fragmentarse de manera distinta a la actual. La coalición gobernante nacional puede llegar a bifurcarse según los intereses provinciales, generando dinámicas donde partidos que hoy se presentan como aliados nacional podrían competir en territorio. La incorporación de actores radicales en estas estructuras provinciales, particularmente a través de figuras como Chiarella, también señala una búsqueda de diversificación política que permita a PRO mantener presencia en espacios donde el radicalismo mantiene gravitación electoral.

Finalmente, la pregunta implícita que flota sobre estas actividades es si Macri está siendo genuinamente continuista respecto del programa de Milei o si, por el contrario, está sentando las bases para una diferenciación futura. Los observadores políticos deberán prestar atención a cómo se desarrollan los próximos encuentros de "Próximo paso" en otras regiones, qué nivel de crítica explícita emerja respecto de decisiones del Gobierno nacional, y si las advertencias sobre conducta ética trascienden el plano del discurso hacia acciones concretas de supervisión o presión política. La configuración de alianzas electorales para 2025 y 2027 dependerá significativamente de cómo se resuelvan estas tensiones latentes.