Las maniobras políticas de cara a los comicios presidenciales de 2027 ya están en marcha, y uno de los actores más activos en este movimiento es Mauricio Macri, quien desde su rol dentro del PRO impulsa una estrategia territorial ambiciosa que busca posicionar al partido amarillo como fuerza autónoma capaz de disputar poder en toda la nación. Mientras el gobierno libertario mantiene su rumbo económico, la formación que fundara el expresidente realiza un trabajo de hormiga en las provincias, insistiendo en que acompañar una gestión no significa renunciar a tener candidatos propios ni a marcar diferencias en aspectos clave de la agenda pública.
En las últimas jornadas, Macri encabezó nuevamente actos de convocatoria en Jujuy, continuando con una secuencia de actividades que mantiene desde marzo pasado. Durante su intervención en el norte argentino, pronunció frases que dejan clara la postura del espacio: afirmó que le comunicó al mandatario nacional la necesidad de trabajar en equipo, aunque reconoce que "no tuve eco". Con ese tono, también enfatizó: "Nuestro rol es fundamental, les guste o no a muchos", una declaración que evidencia la intención del PRO de establecerse como pieza indispensable en cualquier construcción política futura. El expresidente precisó además cuál es su función en esta etapa: actuar como mentor de nuevas camadas de dirigentes, una posición que le permite mantener influencia sin estar en la primera línea del debate coyuntural.
Una gira que abarca todo el territorio nacional
El recorrido iniciado hace varios meses forma parte de un plan deliberado de expansión territorial. La primera estación importante fue el acto de marzo en Parque Norte, un encuentro de magnitud que funcionó como puntapié inicial para una estrategia que ya pasó por ciudades como Resistencia, Mendoza, Santa Fe, Vicente López y Mar del Plata. Cada parada reúne a legisladores, dirigentes locales, equipos técnicos y referentes que trabajan en la construcción de propuestas de gestión. El próximo destino confirmado será la Patagonia, con probabilidad de concretarse entre finales de octubre e inicios de noviembre. Dentro de esa región, Chubut aparece como opción privilegiada, principalmente porque en esa provincia gobierna Ignacio Torres, un nombre que forma parte del núcleo duro del PRO a nivel subnacional.
Según lo que se conoce, el partido ha establecido una meta clara para las próximas elecciones: presentar 150 candidatos a intendentes en toda la Argentina. Aunque los nombres aún no se han hecho públicos, fuentes internas del espacio indican que ya existe una nómina confeccionada que será revelada estratégicamente. La idea subyacente es simple pero ambiciosa: mostrar quién integra la nueva generación de liderazgos del PRO y demostrar capacidad de penetración en territorios donde actualmente no gobiernan. Dirigentes consultados subrayan que "la idea es mostrar quiénes son la nueva camada de dirigentes del PRO" y que "buscamos ser competitivos en cada territorio". Este mensaje busca posicionar al partido amarillo no como apéndice de La Libertad Avanza, sino como estructura política con vocación de poder autónomo.
Alianzas cautelas y diferencias marcadas
La relación entre el PRO y el gobierno de Javier Milei presenta un carácter particular: apoyo estratégico que no excluye las discrepancias públicas sobre puntos específicos. En los últimos tiempos, esta dinámica se hizo evidente en discusiones presupuestarias, particularmente en torno a los recortes propuestos para programas de discapacidad. Estos enfrentamientos ponen de manifiesto que para el PRO, acompañar la orientación macroeconómica del oficialismo no implica avalar cada decisión individual. Esta postura, aunque pueda parecer contradictoria a primera vista, responde a una lógica de preservación: el partido busca construir una narrativa de responsabilidad de gestión diferenciada de los libertarios, buscando atraer a sectores que valoran el cambio pero critican ciertos aspectos de la implementación.
En paralelo, ambas fuerzas están acelerando conversaciones para definir acuerdos electorales conjuntos en distintos distritos. Los dirigentes de PRO y La Libertad Avanza han identificado 17 jurisdicciones donde el partido amarillo no ejerce gobiernos provinciales, y en esas zonas evalúan cómo construir alianzas que maximicen la penetración electoral. El análisis incluye mapeos de fortalezas territoriales de cada espacio y la posibilidad de incorporar a otros actores políticos. En ese contexto, el radicalismo aparece como potencial socio, junto a fuerzas provinciales diversas. Sin embargo, los acuerdos finales dependerán en gran medida de negociaciones con los gobernadores, quienes poseen peso decisivo en sus respectivas jurisdicciones. Macri, en tanto, continúa manteniendo conversaciones permanentes con dirigentes del PRO, radicales y otros espacios políticos, según lo que trascendió desde su entorno cercano.
La estrategia delineada por el expresidente y los cuadros dirigentes del PRO refleja una apuesta por mantener relevancia política en un escenario electoral que se perfila complejo. La consigna interna para 2026 es clara: el partido debe estar preparado para dar un "próximo paso", presentándose como garante del cambio y con candidatos competitivos en cada rincón del país. Esto implica que mientras colabora con la administración libertaria, construye en paralelo una estructura propia que podría funcionar tanto en una continuidad de la alianza como en escenarios donde las fuerzas tomen rumbos divergentes. Esta maniobra dual, si bien permite flexibilidad estratégica, también expone al PRO a críticas de ambos lados: algunos libertarios podrían cuestionar el afán autonomista del partido amarillo, mientras que la oposición tradicional podría señalar su complicidad con un gobierno cuyas políticas es frecuente que critique.
Las consecuencias del movimiento territorial protagonizado por Macri pueden interpretarse desde múltiples perspectivas. Por un lado, el PRO fortalece sus posiciones en distritos clave y diversifica su base de poder, lo que le permitiría negociar desde posiciones más sólidas en 2027. Por otro, esta construcción de estructura propia podría profundizar las tensiones con La Libertad Avanza si los libertarios perciben que el partido amarillo prioriza sus intereses sobre los de la coalición. El resultado dependerá de variables imposibles de controlar en la actualidad: cómo evolucione la economía, qué suceda con la aprobación del gobierno, y si emergen nuevos actores políticos que reconfiguren el tablero. Lo que sí es observable es que en el PRO existe determinación de no quedar subordinado a nadie en 2027, buscando ser jugador decisivo en cualquier escenario que se presente.



