La política argentina vuelve a girar alrededor de una pregunta que parece no tener respuesta definitiva: ¿qué hará Mauricio Macri en 2027? La respuesta llegó esta mañana, aunque envuelta en ironía y gestos que dicen más de lo que las palabras podrían confesar. En el epicentro de la sede partidaria de Pro, ubicada en Balcarce 412, el expresidente lanzó una frase que resonará en los próximos meses: "¿Clamor? Para que cante de vuelta. Voy a volver a cantar". Una broma que esconde una realidad política más compleja: mientras Javier Milei lucha contra sus propios demonios internos —la guerra entre Santiago Caputo y Martín Menem ha tensionado al máximo la administración libertaria—, Macri teje una red territorial que podría definir el futuro electoral del país. Importa porque estamos ante el posible surgimiento de una tercera alternativa en una contienda donde el gobierno libertario busca su continuidad y el kirchnerismo intenta recuperarse de sus propias debilidades institucionales.
La estrategia del fortalecimiento silencioso
Lo que sucedió esta mañana en la jefatura de Pro no fue un acto menor. Mientras los cronistas interrogaban a Macri sobre sus intenciones presidenciales, él respondía con chanzas que funcionaban como cortina de humo de una operación política más seria: una cumbre nacional de legisladores amarillos convocada para blindar la estructura del partido. La intendenta de Vicente López, Soledad Martínez, vicepresidenta de la tienda política, fue explícita en sus objetivos: fortalecer "la presencia y la articulación política del partido a nivel nacional". No se trataba de un encuentro de rutina. La convocatoria incluyó a representantes de prácticamente todas las provincias del territorio nacional, desde Buenos Aires hasta Santiago del Estero, pasando por Santa Fe, Córdoba, Mendoza y Misiones. La presencia simultánea del jefe de Gobierno porteño Jorge Macri, senadores como Pablo Petrecca y Guillermo Montenegro, diputados destacados como Fernando de Andreis y Silvia Lospennato, evidencia una coordinación que apunta a algo concreto: preparar el terreno para lo que vendrá.
La enunciación de Martínez durante el encuentro resulta reveladora: "Independientemente de lo que suceda en términos electorales en 2027, el Pro tiene que llegar mucho más fortalecido como partido a ese momento de lo que hemos llegado al proceso electoral de 2025". Esta frase contiene una admisión implícita. El Pro de 2025 —que enfrentó las elecciones legislativas de este año— no llegó con la musculatura que la dirigencia consideraba necesaria. Por eso, el énfasis en reconstruir, en articular, en prepararse para un escenario donde la variable Macri podría resultar decisiva.
Los viajes provinciales: recolección de aliados y medición de terreno
Mientras el gobierno nacional se debate en sus propias contradicciones, Macri ejecuta una estrategia de posicionamiento territorial que recuerda a las grandes campañas de construcción política. En los últimos días, el expresidente ha visitado gobernadores de distintos signos, bajo el paraguas de su campaña rebautizada como "Próximo paso". Esos encuentros no son casuales. Con Maximiliano Pullaro en Santa Fe —un radical que no descarta construir una alternativa a Milei que incluya críticos del oficialismo— la conexión es especialmente significativa. Con Alfredo Cornejo en Mendoza —aliado del ejecutivo nacional—, la jugada es diferente: mantener canales abiertos. Con Martín Llaryora en Córdoba, la lógica se repite: tejer vínculos que podrían resultar vitales en un tablero electoral fragmentado.
Estos desplazamientos regionales tienen un doble propósito. Por un lado, miden el pulso territorial, evalúan dónde está el Pro en cada provincia, qué capacidad de movilización retiene, cuáles son los ánimos de los dirigentes locales. Por el otro, posiciona a Macri como una figura de proyección nacional que transita el territorio sin estar atrapado en la dinámica palaciega de Buenos Aires. Mientras Milei se debate entre Caputo y Menem, mientras Karina Milei intenta mantener el control institucional, Macri camina provincias bajo un lema que suena a renovación.
La coalición denominada Provincias Unidas tiene clara su intención: contar con Macri como aliado en 2027. Sin embargo, el expresidente navega un escenario interno complejo dentro de su propio partido. Los referentes porteños, encabezados por Cristian Ritondo, apuestan a mantener la alianza con La Libertad Avanza en la provincia más poblada del país. Macri, en cambio, parece dispuesto a considerar otras posibilidades, al menos a nivel nacional. Esta tensión interna es el precio de su flexibilidad estratégica.
Las críticas veladas y la toma de distancia
Lo que Macri dijo durante su participación en el Foro de Presidentes sobre Política y Democracia de la Universidad Austral la semana pasada resultó más contundente que cualquier declaración directa. Habló de que Milei se comportaba como un "profeta", caracterizó al gobierno como "intolerante" frente a la crítica, reivindicó los liderazgos tecnocráticos que él mismo representaría. Estas palabras funcionan como un marcador de distancia que prepara el terreno discursivo para una posible confrontación electoral en el futuro. No es una ruptura abierta —Macri continúa diciendo que no descarta apoyar a Milei si el gobierno funciona—, pero sí es una reserva de espacio político propio.
Cuando se le consultó esta mañana sobre Patricio Bullrich —la ministra de Seguridad que proviene del Pro y actualmente se desempeña en el gobierno libertario—, la respuesta de Macri fue minimalista: "Ella está en La Libertad Avanza". No fue una puerta que cerrara con estrépito, pero tampoco una invitación a converger. Es la distancia del que se guarda las cartas.
Su evaluación del kirchnerismo, en cambio, resulta más interesante desde una perspectiva estratégica. Afirmó que la fuerza que gobernó entre 2003 y 2015, y luego entre 2019 y 2023, está "desarmada", que no es la misma del 2015 o 2019. Atribuyó esto a que "todos están peleados" y mencionó el rol de la Justicia en las causas de corrupción. Esta caracterización tiene implicancias electorales claras: si el kirchnerismo no representa una amenaza coherente, entonces el verdadero dilema para 2027 no será entre un gobierno de continuidad y un retorno progresista, sino entre distintas formas de gobernar la derecha y el centro-derecha.
Cuando se refirió a la denuncia de Sergio Schoklender —exapoderado de la fundación de Madres de Plaza de Mayo que declaró que Aníbal Fernández había financiado una "usina de denuncias" contra dirigentes de Pro durante años—, Macri le otorgó "crédito" a las acusaciones. Utilizó la frase "ejército de demolición" para referirse a la estructura que, según su perspectiva, trabajó durante su presidencia y la de Cambiemos para obstaculizar las políticas que su gobierno intentaba implementar. Esto no es nuevo en el discurso de Macri, pero sí adquiere relevancia nuevamente en este contexto de reposicionamiento político.
El contexto más amplio: qué cambia en 2027
Para entender por qué las acciones de Macri en estos días adquieren relevancia, es necesario considerar el panorama político más amplio. El gobierno de Milei enfrenta una crisis de gobernabilidad que va más allá de los conflictos personales. La inflación, aunque en descenso, aún golpea los ingresos reales de la población. Los rechazos a las iniciativas legislativas del ejecutivo se han multiplicado. El gabinete ha experimentado cambios constantes. En este escenario de debilidad relativa del oficialismo, Macri busca posicionarse como una alternativa que combine continuidad económica con institucionalidad más sólida.
El expresidente no está ignorando el hecho de que el Pro llegó al 2025 con menos fuerza de la que hubiera deseado. Sus resultados electorales en la última contienda legislativa fueron moderados. Por eso, la reconstrucción de la estructura partidaria es fundamental. Si Macri logra llevar al Pro a 2027 como una fuerza territorial fortalecida, habría ganado una posición de negociación extraordinaria, independientemente de si decide ser candidato o no.
Las perspectivas abiertas y sus posibles consecuencias
El escenario que se abre a partir de estas acciones es múltiple y cada uno de sus desenlaces posibles tendría implicancias distintas para la política argentina. Si Macri decide finalmente presentarse como candidato presidencial, contaría con una estructura partidaria reconstruida y con conexiones territoriales renovadas. Esto podría fragmentar aún más el espacio de la derecha argentina, dividiendo votos entre una opción libertaria y una opción de centroderecha más tradicional, con potenciales consecuencias en la gobernabilidad post-electoral. Alternativamente, si Macri decide no competir pero mantiene su rol como constructor de coaliciones, podría funcionar como árbitro de negociaciones entre distintas fuerzas, un papel que ha desempeñado en el pasado y que le otorgaría influencia sin responsabilidad ejecutiva directa. Un tercer escenario sería que el desgaste del gobierno libertario se profundice y Macri termine siendo llamado como candidato de unidad por sectores transversales. También existe la posibilidad de que Milei logre estabilizar su administración, recuperar capital político y entonces Macri deba recalibrar sus movimientos. Lo que resulta claro es que el expresidente está utilizando estos meses de 2024 y lo que queda de 2025 para asegurar que, cualquiera sea el escenario que se concrete, el Pro y él mismo estarán en posición de influir sobre los eventos que vendrán.



