En el corazón del territorio que concentra el 50% de las exportaciones de soja y cereales argentinas, Máximo Kirchner optó por un despliegue sin estridencias. Durante dos jornadas que transcurrieron entre viernes y sábado, el diputado nacional recorrió distintos puntos de Santa Fe con una puesta en escena deliberadamente modesta, alejada de los actos multitudinarios que históricamente caracterizaron la movilización kirchnerista. Su decisión de pernoctar en las instalaciones de un camping municipal en lugar de un establecimiento hotelero de lujo reflejaba el tono que pretendía imprimir a su visita: cercanía, sencillez, ausencia de pretensiones.

La llegada de Kirchner a la provincia coincidió con un momento de profunda fragmentación del peronismo santafesino. Carlos De Grandis, intendente de Puerto General San Martín y figura histórica del justicialismo regional, reveló detalles de una negociación que evidencia el perfil bajo que el dirigente bonaerense buscaba mantener. "No pude convencerlo de hospedarse en un hotel, tampoco de participar en un asado masivo", confesó el jefe comunal. En su lugar, Kirchner propuso algo más íntimo: una parrilla con chorizos sencillos, sin la pompa que suele rodear a figuras de su envergadura. La ausencia de grandes concentraciones de militantes completaba el cuadro de una estrategia de bajo impacto mediático.

Una provincia en descomposición política

Lo que ocurría simultáneamente en Buenos Aires potenciaba el significado de esta retirada táctica. Mientras Máximo se movía por el interior santafesino, Axel Kicillof asumía la conducción del peronismo bonaerense en un acto que subrayaba las fracturas internas del movimiento. El entorno del gobernador minimizó la ausencia de Kirchner en ese acto: Carlos Bianco, uno de sus colaboradores más estrechos, se permitió el lujo de relativizar su falta de concurrencia. "No sé si estaba invitado, porque era una reunión del Consejo", manifestó, en una declaración que funcionó más como distanciamiento que como aclaración. El mensaje implícito era contundente: las diferencias entre el exministro de Economía y el líder de La Cámpora seguían siendo territoriales e ideológicas.

Pero Santa Fe presentaba un escenario aún más complejo. El peronismo provincial atravesaba lo que podría describirse como un colapso organizativo sin precedentes. El PJ santafesino estaba atomizado en múltiples líneas sin un liderazgo capaz de generar expectativas electorales. Figuras como Juan Monteverde, identificado con Ciudad Futura, o Caren Tepp, diputada nacional considerada como sangre nueva del movimiento, no estuvieron presentes en la recorrida de Kirchner. Tampoco asistieron dirigentes vinculados a Agustín Rossi, otro sector relevante del peronismo provincial. La ausencia simultánea de estas fracciones no era negligencia ni casualidad: reflejaba que en Santa Fe no había un proyecto común que convocara a todos los actores.

La respuesta tardía de la cúpula partidaria y el fantasma de nuevas fracturas

La dirigencia provincial había experimentado hace poco el impacto de una exigencia de renovación. Hace exactamente un mes, varios sectores internos habían solicitado apertura y diálogo. La respuesta llegó apenas esta semana, mediante una comunicación de dos carillas firmada por Guillermo Cornaglia y la cúpula que lidera. El documento reconocía la necesidad de instancias de debate interno "productivas para fortalecer al partido", pero su tono defensivo delataба la crisis subyacente. La conducción provincial adhería "plenamente" al sostenimiento del sistema de Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) como mecanismo de selección de candidatos, y exhortaba a legisladores a mantener esa postura en los ámbitos parlamentarios. Al mismo tiempo, instaba a evitar confrontaciones y divisiones internas, una petición que funcionaba como diagnóstico de lo que estaba sucediendo.

Bajo la superficie de esa comunicación oficial se movía una amenaza más seria. Según relevamientos de la prensa local, Omar Perotti, ex gobernador de la provincia, había estado cerca de protagonizar un "portazo" como respuesta a la falta de respuesta de la conducción. Perotti mantenía diálogos frecuentes y encuentros con el senador nacional Marcelo Lewandowski, movimientos que podían interpretarse como búsqueda de alternativas ante el bloqueo institucional que experimentaba. La amenaza de nuevas escisiones se cernía sobre la estructura partidaria ya fragmentada.

En este contexto de descomposición, Máximo Kirchner se permitió articular un mensaje que iba más allá de la política partidaria local. Durante su recorrida por Santa Teresa, en el epicentro de la producción agropecuaria, explicó su presencia con una frase que pretendía romper con los esquemas confrontacionales: "Vine a escuchar; la gente en el interior tiene otro ritmo". Junto a Florencia Carignano y el presidente comunal Gonzalo Goyechea, visitó espacios que hablaban de economía productiva de base: la Fábrica de Oportunidades, donde se elabora cemento y se adaptan contenedores marítimos; una fábrica de adoquines; el Parque Solar Colaborativo; el vivero municipal y la huerta que abastece comercios. Cada parada era un argumento visual contra la improvisación: reconstrucción desde lo concreto, desde lo que funciona en territorios pequeños.

Rechazo a la lógica anti y construcción de alternativas positivas

El discurso que Kirchner articuló durante el acto en el teatro de Puerto General San Martín marcaba una distancia deliberada con ciertas lecturas que circulaban en sectores del progresismo. "No tenemos que pensar en espacios que sean simplemente anti Milei, ni anti nada", afirmó con énfasis. La declaración funcionaba como rechazo a frentes reactivos, a coaliciones construidas únicamente sobre el rechazo al oficialismo. En su lugar, Kirchner proponía "pensar de manera más positiva y construir no en contra de alguien, sino a favor de los intereses de la mayoría". Era una intervención que buscaba trazar una línea divisoria dentro del propio campo peronista: entre quienes creían en la capacidad de propuesta y quienes veían el futuro político como una batalla defensiva.

El énfasis en la "escucha" no era retórica decorativa. Kirchner subrayaba que su movimiento debería acostumbrarse a "buscar esa síntesis que saque a la Argentina del lugar donde Milei la lleva cada vez de una manera más acelerada, y que a grandes luces se empieza a ver que es negativa para la gran mayoría". Luego completó el cuadro económico con una referencia que conectaba el presente con el pasado reciente: la deuda contraída durante la gestión Macri no debería recaer sobre los más vulnerables, sino distribuirse de manera equitativa en función de la capacidad de cada uno. Era la formulación de una justicia social que pretendía servir como paraguas para sectores dispares.

Su paso por Santa Fe también funcionó como antesala de otros movimientos que se avecinaban en la provincia. Natalia De la Sota, diputada nacional por Córdoba pero con relevancia en la región, llegaría el lunes a Rosario para una nueva ronda de encuentros. Su agenda incluía un almuerzo con empresarios y dirigentes, seguido de una reunión con militantes. A diferencia de la discreción que rodeó la visita de Kirchner, esta incluiría a referentes de distintas líneas internas: Pablo Corsalini, intendente de Pérez, y la misma Caren Tepp de Ciudad Futura. Acompañando a De la Sota estaría Diego Giuliano, del Frente Renovador, un diputado nacional cuyo nombre figuraba en las grillas de posibles candidatos a gobernador para 2027. Los movimientos se superponían, las ambiciones se entrecruzaban, y Santa Fe seguía siendo el tablero donde se jugaba una partida aún sin reglas claras.