La interna del peronismo vuelve a tensionarse con movimientos que evidencian las grietas profundas dentro de una coalición que intenta reconstruirse en tiempos de crisis. Este viernes, mientras Axel Kicillof se disponía a asumir formalmente la presidencia del Partido Justicialista bonaerense en La Plata, Máximo Kirchner se encontraba lejos de la capital provincial, recorriendo localidades del interior de Santa Fe y articulando un discurso que busca redefinir el rol de La Cámpora en el mapa político nacional. La simultaneidad de estos eventos no es casual: marca un punto de inflexión en las relaciones entre los dos sectores más importantes de la izquierda peronista.

El líder camporista aprovechó su visita a María Teresa para exponer una reflexión que, aunque dirigida al público local, representa una crítica implícita a la estrategia política adoptada por amplios sectores de la oposición. "No tenemos que pensar en espacios que sean simplemente anti-Milei. Tenemos que acostumbrarnos otra vez a pensar de manera más positiva y construir no en contra de alguien sino a favor de los intereses de la mayoría", sostuvo Kirchner durante su recorrida por la localidad santafesina. Estas declaraciones no deben leerse como un simple llamado al optimismo, sino como un posicionamiento estratégico que busca diferenciar a La Cámpora de otras fuerzas peronistas que, en su perspectiva, han caído en la trampa de estructurar su identidad política únicamente como reacción defensiva contra el gobierno libertario.

La gira del interior como estrategia de visibilidad

Durante su paso por Santa Fe, Máximo Kirchner realizó un itinerario cuidadosamente planificado que incluyó visitas a espacios productivos y sociales de la región. Acompañado por el presidente comunal Gonzalo Goyechea y la diputada nacional Florencia Carignano, el referente de La Cámpora ingresó a la Fábrica de Oportunidades, un complejo industrial donde se manufactura cemento y se realizan trabajos de acondicionamiento de contenedores marítimos destinados a la comercialización. Esta parada no fue simbólica: en la lógica camporista, mostrar capacidad productiva y generación de empleo se presenta como la alternativa concreta al discurso vacío que, desde su óptica, caracteriza a otros actores políticos.

Pero la actividad en la fábrica fue solo uno de varios compromisos. La agenda incluía también una visita a la Residencia de Adultos Mayores (RAM) de María Teresa, donde se abordaron cuestiones vinculadas con políticas sociales para poblaciones vulnerables. Posteriormente, Kirchner se trasladó al Parque Solar Colaborativo de la misma localidad, espacio que representa iniciativas de energía limpia y sustentabilidad. Finalmente, para cerrar su jornada, estaba programada una disertación en Puerto General San Martín a partir de las 20 horas. Este despliegue territorial responde a una estrategia clara: reconstituir la presencia camporista en territorios donde la organización había perdido protagonismo en los últimos años, generando narrativa de gestión y propuesta alternativa.

Las ausencias que hablan más que las presencias

Lo que resulta particularmente elocuente es lo que no sucedió: Máximo Kirchner no concurrió a La Plata para presenciar la asunción de Kicillof como presidente del PJ bonaerense. Según trascendidos del entorno cercano al diputado, esta inasistencia no fue caprichosa sino deliberada. Los voceros de Kirchner subrayaron ante los medios que, como congresal del partido, no existía obligación alguna de asistir al evento, y que además no había recibido invitación formal para el acto. Sin embargo, la política de explicaciones posteriores —aclarando por qué no estuvo presente— es en sí misma reveladora de una distancia que ya no puede ocultarse bajo la alfombra del discurso unitario.

El traslado de la presidencia del peronismo bonaerense desde Kirchner hacia Kicillof representa un cambio de guardia que algunos celebran como renovación y otros interpretan como relegación. La provincia de Buenos Aires sigue siendo, a pesar de los cambios electorales recientes, un territorio crucial en la política argentina. Que el gobernador asuma formalmente este cargo sugiere una voluntad de centralización del poder en manos del ejecutivo provincial. Para La Cámpora, esta maniobra puede significar una reducción de su capacidad de incidencia en las decisiones estratégicas que se tomen respecto a la orientación del peronismo bonaerense en los próximos meses.

Fricciones personales en medio de la competencia política

Paralelamente a estos movimientos de mayor envergadura, salieron a la luz tensiones más personales que evidencian cuán deterioradas están las relaciones entre los sectores en pugna. Carlos Bianco, ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires y estrecho colaborador de Kicillof, respondió públicamente a comentarios que la diputada peronista Mayra Mendoza había realizado sobre su estado de salud en un grupo de chat privado. La reacción de Bianco no fue templada: calificó la situación de "penosa y patética", y expresó su malestar por la filtración posterior a la prensa, caracterizándola como un acto que venía "de quien viene". Esta pugna de menor escala, pero no por eso irrelevante, ilustra cómo las fracturas políticas se traducen también en conflictos personales que erosionan cualquier posibilidad de coexistencia armónica.

Lo que está en juego en este enfrentamiento es mucho más que posiciones administrativas o diferencias tácticas sobre cómo enfrentar al gobierno nacional. En realidad, se trata de dos visiones contrapuestas sobre qué debería ser el peronismo en la Argentina contemporánea. De un lado, la propuesta de Máximo Kirchner apunta a reconstruir un proyecto político basado en narrativas de transformación y propuesta positiva, superando la lógica de oposición al gobierno de turno. Del otro, la consolidación del poder de Kicillof sugiere una apuesta por anclar el peronismo en la gestión de territorio concreto, en la que el gobernador ha demostrado tener capacidad ejecutiva. Entre ambas estrategias, existe poco espacio para mediaciones que no impliquen capitulación de uno u otro sector. Y mientras avanzan en sus iniciativas separadas, el peronismo argentino continúa fragmentándose, permitiendo que otras fuerzas políticas ocupen el espacio que la desunión deja disponible.