Una meseta incómoda en tiempos de incertidumbre
La gestión presidencial de Javier Milei ha llegado a un punto de equilibrio que preocupa más de lo que tranquiliza. Después de atravesar un primer semestre marcado por caídas sucesivas en su respaldo público, los números de aprobación se congelaron en 42% durante tres meses consecutivos. Este estancamiento representa un escenario ambiguo: el derrumbe se detuvo, pero la recuperación nunca llegó. Para un gobierno que apuesta a revalidar su mandato en las elecciones de 2027, esta meseta plantea interrogantes profundos sobre su capacidad de expandir su base electoral y sobre qué aspectos de su gestión mantienen la confianza de menos de la mitad de los argentinos.
Los datos provienen de Poliarquía, una de las firmas consultoras con mayor trayectoria en el relevamiento de opinión pública nacional. El análisis comparativo entre enero y julio del presente año expone la magnitud del desgaste acumulado en solo seis meses: la aprobación presidencial retrocedió 9 puntos, mientras que la evaluación positiva del Gobierno cayó 12 puntos. En paralelo, creció la percepción de corrupción dentro del equipo ministerial, que aumentó 11 puntos en el mismo período. Estos números no son anecdóticos. Revelan un deterioro institucional profundo que el oficialismo ha intentado contener en los últimos tres meses, aunque sin éxito de reversión.
Entre julio y septiembre, el panorama mostró matices. Ciertos indicadores lograron recuperarse parcialmente: la imagen positiva del Gobierno sumó 3 puntos, y la percepción sobre si la administración "gobierna para la mayoría de la gente" ganó 4 puntos. Sin embargo, otros aspectos continuaron su tendencia descendente. La evaluación de la situación económica retrocedió otros 3 puntos, mientras que la confianza en que "el Gobierno sabe cómo resolver los problemas pero necesita tiempo" se desplomó 6 puntos adicionales. Este último dato es particularmente revelador: indica que la paciencia de los ciudadanos se agota, independientemente de argumentos sobre procesos de largo plazo.
La fractura de género: una grieta sin precedentes en la política argentina
El hallazgo más sorprendente del informe de Poliarquía refiere a la brecha de género, que alcanzó dimensiones nunca antes registradas en más de 30 años de medición. Mientras que el 52% de los hombres valora positivamente la gestión presidencial, apenas el 32% de las mujeres sostiene esa posición. Los 20 puntos de diferencia representan una ruptura sin equivalentes en la apreciación pública de cualquier líder político en el país. Para contextualizar: esta brecha se ha duplicado desde el comienzo del mandato, cuando promediaba 9 puntos en 2024, subió a 11 puntos en 2025 y escaló progresivamente hasta alcanzar su máximo actual en el trimestre junio-septiembre de 2026.
Los analistas plantean explicaciones que trascienden la economía. Si bien las mujeres registran históricamente mayor sensibilidad hacia asuntos cotidianos —ingresos familiares, costo de vida, acceso a servicios, empleo—, la magnitud de esta brecha sugiere que existe un componente vinculado al estilo de liderazgo y comunicación presidencial. El tono combativo, los gestos provocadores y la retórica confrontacional que caracterizan la expresión pública de Milei parecen impactar de manera desproporcionada en la población femenina. Este fenómeno plantea un desafío estructural para cualquier intento de reelección, ya que las mujeres constituyen aproximadamente el 52% del electorado potencial en Argentina.
Las pérdidas de apoyo no se distribuyen homogéneamente en la coalición de gobierno. Entre los votantes que eligieron a Patrícia Bullrich en 2023 —una base considerada cercana al oficialismo— la aprobación cayó 8 puntos solo entre agosto y septiembre. Los sectores de nivel socioeconómico alto, tradicionalmente afines al proyecto económico libertario, registraron una caída de 10 puntos en el mismo período. Acumulativamente, estos segmentos perdieron 18 y 22 puntos respectivamente desde el inicio del año. Estos números indican que Milei está perdiendo apoyo precisamente entre quienes deberían ser sus aliados naturales, lo cual complica significativamente su panorama electoral.
Economía: el colapso de confianza en la solución de problemas
La evaluación de la situación económica se deterioró nuevamente en septiembre. El 52% de los consultados juzga negativamente la economía actual, un incremento de 3 puntos respecto de agosto, mientras que la percepción positiva retrocedió 4 puntos hasta alcanzar apenas el 14%. La perspectiva retrospectiva es aún más acusadora: el 55% considera que el país está peor que hace un año. Sin embargo, las expectativas futuras funcionan como "un colchón relativo": mientras el 52% evalúa el presente de manera negativa, solo el 41% cree que la situación empeorará en los meses próximos. Esta brecha de 11 puntos sugiere que persiste una esperanza residual, aunque cada vez más frágil.
Los problemas económicos de índole personal concentran el descontento de la ciudadanía. Las preocupaciones de este tipo escalaron desde el 56% de menciones en julio al 60% en septiembre. Dentro de este universo, los bajos salarios encabezan las inquietudes con el 20% de las menciones, cifra descripta como "récord en la serie histórica". Le siguen el desempleo y la inflación. En contraste, la evaluación de la economía personal mostró una leve recuperación de 2 puntos, alcanzando el 39% de evaluaciones positivas. Esta dicotomía —preocupación por problemas macro, pero relativa conformidad con la situación individual— refleja un fenómeno psicosocial común: la tendencia a responsabilizar a factores externos o estructurales por dificultades que afectan al conjunto, mientras se atribuye la propia situación a factores personales.
Sobre la cuestión de a quién favorece el Gobierno, el sentimiento predominante es abrumador. El 70% de los argentinos opina que la administración actúa pensando solo en "algunos sectores", un aumento de 3 puntos respecto de agosto. Solo el 29% considera que el Gobierno gobierna para "la mayoría de la gente". Este dato, aunque con ligera mejora respecto del peor momento en julio, sigue siendo condenatorio: refleja que siete de cada diez ciudadanos perciben una gestión sesgada hacia intereses particulares en lugar de universales.
El escenario electoral: Cristina emerge como alternativa en la competencia de 2027
Un interrogante central en la política argentina es quién será el candidato presidencial de cada espacio en los comicios de 2027. Aunque el panorama de opciones sigue siendo restrictivo, Poliarquía incluyó en su encuesta un ejercicio de preferencia entre tres figuras: Cristina Kirchner, Javier Milei y Mauricio Macri. Los resultados revelan un reacomodamiento significativo. Kirchner encabeza con el 38% de preferencias, Milei le sigue con el 34% y Macri cierra con el 18%. El 5% de votos en blanco y el 4% de no sabe/no contesta completan el cuadro.
La fortaleza de Cristina Kirchner en este escenario resulta paradójica: se encuentra detenida en su domicilio y impedida por ley de ser candidata a través de mecanismos judiciales. Aún así, su capacidad de convocatoria permanece intacta. Según Poliarquía, los números de la expresidenta reflejan "el piso del rechazo a Milei". En otras palabras, muchos argentinos que optan por ella lo hacen más como rechazo a la gestión actual que como adhesión genuina a su propuesta política. Esto no resta relevancia a las cifras, pero sí matiza su interpretación.
La distribución geográfica y socioeconómica de preferencias muestra patrones consolidados. Kirchner domina ampliamente en el Gran Buenos Aires, donde alcanza el 60%, y entre los sectores de menores ingresos. Milei, por su parte, concentra su apoyo mayoritario en los niveles socioeconómicos altos, donde llega al 44%, y en el interior del país, con el 37%. Macri crece proporcionalmente con la edad de los encuestados. Nuevamente, la variable de género aparece como significativa: la brecha entre hombres y mujeres respecto de la intención de voto a Milei alcanza casi los 20 puntos, replicando el patrón observado en la aprobación de su gestión.
Un dato que beneficiaría al oficialismo emerge del análisis de posibles convergencias electorales. Si se sumaran los votos de Milei (34%) con los de Macri (18%), la coalición alcanzaría el 52%. Esta proyección asume un escenario donde la alianza entre La Libertad Avanzada y el PRO prospera, absorbiendo también a los votantes que actualmente se distribuyen entre opciones menores. Sin embargo, mantener esa coalición unida hasta 2027 presenta desafíos políticos no menores, considerando las tensiones históricas entre ambas fuerzas y sus diferencias programáticas.
El deterioro institucional en tres dimensiones
El análisis de Poliarquía sistematiza el desgaste de la gestión Milei en tres planos interconectados. Institucionalmente, se debilitó la narrativa anticasta que fue central en la campaña presidencial, junto con la imagen general del Gobierno y la percepción de integridad de sus funcionarios. Este debilitamiento resulta particular porque la "casta" fue el enemigo discursivo que Milei enfrentó en su llegada al poder. Su pérdida de potencia simbólica sugiere que, transcurridos dieciocho meses de gestión, el argumento del cambio ha perdido capacidad movilizadora.
En el plano económico, empeoraron tanto la lectura de la situación presente como las perspectivas futuras. Los números de inflación, aunque bajaron respecto de sus picos históricos de 2023 y 2024, continúan siendo problemáticos para la vida cotidiana. El poder adquisitivo de los salarios no ha acompañado el proceso desinflacionario, generando una brecha cada vez mayor entre los objetivos macroeconómicos de la administración y la experiencia microeconómica de la población.
En materia de expectativas, se contrae el horizonte temporal que los ciudadanos otorgan al Gobierno para resolver los problemas del país. Este indicador continúa en descenso trimestral, sugiriendo que la paciencia política es un recurso finito. Paralelamente, se debilitan las señales que indican mejoras futuras, erosionando la capacidad del oficialismo de mantener esperanza mediante promesas de resolución a mediano plazo.
Proyecciones y encrucijadas para el próximo año y medio
El panorama electoral y de opinión pública que emerge de estos datos plantea escenarios diversos según cómo evolucionen los próximos dieciocho meses. Si la economía continúa mejorando en términos de estabilidad macroeconómica pero sin resolver los problemas de poder adquisitivo, es probable que Milei mantenga su base de apoyo sin lograr expansión significativa. La brecha de género persistiría, complicando cualquier intento de construir una coalición mayoritaria sin la incorporación decisiva de votantes femeninos.
Un segundo escenario supone que la convergencia entre La Libertad Avanzada y el PRO se consolida institucionalmente, permitiendo que en las elecciones se presente una oferta unificada de la centroderecha. En ese caso, la coalición alcanzaría una magnitud electoral competitiva, aunque no necesariamente mayoritaria. Este camino requeriría que ambas fuerzas resuelvan diferencias sustantivas en materia de política social, regulación económica y narrativa política.
Un tercer escenario contempla que la fragmentación electoral persista, multiplicando candidatos y fragmentando aún más el voto. En tal contexto, el 38% de Cristina Kirchner en el escenario hipotético podría resultar competitivo, especialmente si logra mantener la cohesión de su espacio político y si el descontento económico se profundiza.
Las implicaciones de estos datos trascienden el cálculo electoral inmediato. Revelan que la gestión Milei ha enfrentado desafíos severos en su primer año y medio, logrando detener el derrumbe pero sin conseguir un punto de despegue hacia recuperación. La ausencia de expansión de apoyo, combinada con pérdidas en segmentos que deberían ser aliados naturales, sugiere que la coalición gobernante enfrenta limitaciones estructurales en su capacidad de crecer. Simultáneamente, la fortaleza residual de opciones políticas que se presentan como alternativas —incluso en circunstancias legales complejas— indica que el electorado argentino mantiene abiertas varias posibilidades de futuro político, sin haber cerrado definitivamente su evaluación sobre las opciones disponibles. El resultado final dependerá de dinámicas económicas, políticas y de comunicación que se desarrollarán en los próximos veintiuno meses.



